Lo que le está pasando a Assange debería aterrorizar a la prensa. Y, sin embargo, su situación se está topando con la indiferencia y el desprecio burlón. Una vez que sea expulsado de la embajada, será juzgado en los Estados Unidos por lo que publicó
Assange está solo. Cada día que pasa es más difícil para él. Ese es el objetivo. Nos corresponde a nosotros protestar. Somos su última esperanza, y me temo que la última esperanza para una prensa libre.
El riesgo de que un director o un redactor jefe de un medio sea extraditado por sus publicaciones debería disparar las alarmas y el debate público en nuestras sociedades democráticas, pero no vemos en ningún lugar un debate de este tipo.