Los «chalecos amarillos» son pequeña burguesía y trabajadores atomizados y precarizados que «no pueden vivir sin el coche», a los que una subida del precio de la gasolina coloca en la quiebra.
El momento decisivo de esta historia quizá fuera la última crisis financiera, porque supuso el golpe definitivo a la industria. La gente perdió su casa, su empleo. Perdió la esperanza. Y, al mismo tiempo que sucedía esto, el Estado gastó cientos de miles de millones de dólares en rescatar a los banqueros que habían causado el problema.
El economista Fouad Abdelmoummi señala que no solo se trata de un problema de lugares aislados, al margen de las grandes vías de comunicación, sino que Marruecos adquiere “un juguete de tamaño faraónico” que no puede ni debe pagar.