Literatura
La lectura es una apertura a la inteligencia, a la imaginación, a convertirse en otros, a caminar-volar-nadar-explorar-bucear- por lo más oscuro y lo más luminoso de los humanos y sus circunstancias. El lector puede ser como un devoto, un peregrino, un místico, una suerte de empedernido auscultador de almas.
Y ya lo ves, ahí están Trump -que a sus pies, para que recojan las migajas que él les arroja, postra a mandatarios peleles y otros peones- y el príncipe saudí, y los dueños del petróleo, y los intermediarios del gran capital, como los capataces financieros que construyen puentes desechables. Ahí están.
“En situaciones extremas, la literatura sale a presión, como por la grieta de una tubería reventada. El documento del oficial del Kursk es bueno porque es necesario. Mientras la muerte trepaba por sus piernas, ese hombre se entregó con fría vehemencia a la literatura”, apunta el autor de Que nadie duerma.