Colombia: la dificultad de romper la inercia de la historia

Iván Cepeda tiene la difícil tarea de convencer de que vale la pena intentar un camino con profundo sentido social diferente al tradicional y que la paz sigue siendo un camino, aunque difícil de transitar. Abelardo de la Espriella se presenta como lo novedoso pero sus propuestas políticas, económicas y militares son una (re)encarnación de todas las recetas aplicadas sin éxito. Dicen que en Colombia existe la costumbre de tropezar muchas veces con la misma piedra.

“Sorpresa electoral en Colombia” titularon la mayoría de los medios de comunicación al informar que el candidato de extrema derecha, Abelardo de la Espriella, obtuvo un 44% de los votos superando por tres puntos a Iván Cepeda (41%), el candidato de continuidad del proyecto político del presidente Gustavo Petro.

Es verdad que la amplia gama de las encuestas pronosticaba un resultado diferente y de allí “la sorpresa”. Aunque parezca increíble, la construcción de sentido en todos los procesos electorales todavía se hace en base a las numerosas encuestas que circulan. Estas influyen de manera directa en cómo se perfilan en los últimos días de campaña los propios candidatos y sus fuerzas políticas y -salvo contadas excepciones- las expectativas están acorde a ellas. Por lo tanto, si las encuestadoras que –supuestamente- hacen un trabajo riguroso no “aciertan”, pues hay “sorpresa”.

En realidad, conociendo la historia de Colombia –y de América Latina- la gran sorpresa hubiera sido un triunfo de Cepeda en primera vuelta, tal como esperaban muchos de sus seguidores. Doscientos años de historia no se cambian de la noche a la mañana. Desde que nuestros países se independizaron las clases dominantes ejercieron la hegemonía educativa-cultural, sea con gobiernos civiles o militares. Lo extraño no es que triunfe otra vez la derecha. Lo raro es que un gobierno de izquierda logre mantenerse por la vía electoral teniendo en contra los grandes aparatos jurídicos, económicos, mediáticos y electorales.

Los cambios positivos logrados por Gustavo Petro en sus cuatro años de gobierno han tenido serias dificultades para llegar al conocimiento y corazón de toda la población. Ni que hablar de lo que implica enfrentar el “sentido común” construido por aquellos que gobernaron desde la independencia en 1810. No hay que olvidar que Petro es el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia. Por eso es asombroso que gran parte del discurso de las derechas consista en demonizar a Petro y a la izquierda como si hubieran gobernado décadas y todos los problemas de ayer y hoy fueran su responsabilidad.

La frase “dato mata relato” es muy usada por los políticos cuando intentan mostrar los cambios durante su gestión frente a los partidos opositores y sus comunicadores que los ocultan o tergiversan. Lamentablemente la frase es apenas una expresión de deseos.

Con los datos en la mano Iván Cepeda puede mostrar cómo la presidencia de Petro ha favorecido a los sectores más vulnerables, las clases populares. Sin embargo, no lo votaron masivamente. Vivimos en la época del “asesinato de la verdad” como gusta señalar Aram Aharonian, periodista de mil batallas. Esto lo han comprobado Lula da Silva, o Evo Morales, solo para citar algunos ejemplos. Es conocida la anécdota de una mujer pobre beneficiada por los planes sociales de Lula que consideraba que no tenía nada que agradecerle a Lula, sino a dios.

Colombia llegó a esta elección presidencial del 31 de mayo con mejores indicadores sociales que los presidentes anteriores. La inflación anual del 13,12% heredada de la presidencia de Iván Duque bajó al 5% y ni siquiera la crisis en Medio Oriente afectó la economía o produjo un proceso inflacionario. La tasa de desempleo es la más baja en lo que va del siglo y descendió la pobreza multidimensional, que mide la situación general en educación, salud, vivienda y empleo.

De allí que surja la pregunta si lo racional (los datos) puede incidir en un voto que muchas veces está motivado por emociones o los estímulos mediáticos, combinados la extravagancia de un candidato, en este caso Abelardo de la Espriella.

La paz no vende

Gustavo Petro hizo de la consigna “Paz total” una parte esencial de su proyecto político. En un país donde la violencia de todo tipo es parte de la vida cotidiana hace por lo menos 70 años, o desde el asesinato del candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, la paz no es un tema secundario. Esto quiere decir que casi nadie en Colombia tiene memoria de vivir sin la violencia cotidiana.

De hecho, el período de guerra civil entre liberales y conservadores (1948-1958) que dejó entre 200 mil y 300 mil muertes, es conocido en Colombia simplemente como «La Violencia». Luego vinieron las guerrillas, los carteles de la droga, los sicarios, los paramilitares, los atentados terroristas y las numerosas masacres cometidas por las Fuerzas Armadas. Violencia sin fin.

Paradójicamente –o no- pareciera que la mayoría de la población sigue creyendo que la única forma de acabar con la violencia es… con más violencia. Paradójicamente, porque las experiencias de Andrés Pastrana (1998-2002), Álvaro Uribe (2002-2010), Juan Manuel Santos (2010-2018) e Iván Duque (2018-2022) demuestran lo contrario. Ninguno de ellos logró derrotar a las guerrillas, ni eliminar el narcotráfico o pacificar el país.

Santos se atrevió a un cambio y rompió con Uribe (su padrino político) para firmar los Acuerdos de Paz con las guerrillas. Estaba tan convencido de que la población lo apoyaría que incluso convocó en 2016 a un plebiscito para ratificarlos. Pero lo perdió frente a Uribe y Duque que lideraron la campaña en contra de los Acuerdos.

Santos y Uribe

Tampoco hay que olvidar que en Colombia se inventó el término «parapolítica», la combinación de «paramilitar» y «política» que comenzó a utilizarse cuando, en la década de 2000, se reveló que numerosos dirigentes políticos —congresistas, gobernadores, alcaldes y funcionarios— habían establecido acuerdos con los grupos paramilitares de extrema derecha vinculados al narcotráfico. Claro que todo el mundo sabe que la influencia de los narcos en la política colombiana venía de mucho antes: en 1982 el famoso Pablo Escobar llegó al Congreso de la mano del Partido Liberal.

Es más, a pesar de décadas de “guerra contra el narcotráfico”, impulsada, financiada y respaldada por Estados Unidos, Colombia sigue ocupando el primer lugar mundial en la producción de cocaína. Además, las violencias provocaron un éxodo interno masivo. Durante años Colombia encabezó el ranking mundial de desplazados internos: más de ocho millones de personas obligadas a abandonar sus hogares por las violencias. Mucho antes de que Petro accediera a la presidencia en 2022.

Una elección en segunda vuelta se define por múltiples factores coyunturales y un error o mal paso puede inclinar la balanza para uno u otro lado. Iván Cepeda tiene la difícil tarea de convencer de que vale la pena intentar un camino con profundo sentido social diferente al tradicional y que la paz sigue siendo un camino, aunque difícil de transitar. Abelardo de la Espriella se presenta como lo novedoso pero sus propuestas políticas, económicas y militares son una (re)encarnación de todas las recetas aplicadas sin éxito.

Dicen que en Colombia existe la costumbre de tropezar muchas veces con la misma piedra.

Pedro Brieguer
Fuente: Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE), 5 de junio de 2026
Editado por María Piedad Ossaba
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