Elección presidencial en Colombia: la sorpresa de la primera vuelta y sus lecciones
Mano tendida contra mano de hierro

Cepeda deberá lograr una jugada difícil: movilizar a los abstencionistas, convencer a un centro desconfiado y superar la impopularidad del legado de su mentor, el presidente Petro.


El resultado de la primera vuelta de la elección presidencial colombiana, el 31 de mayo, constituye un triple sismo político: desbarató las encuestas, asestó un duro revés al establishment conservador tradicional («uribista») y reveló las fallas de la estrategia de la izquierda en el poder (Pacto Histórico).

Una victoria engañosa para el «outsider» de extrema derecha: Abogado penalista sin experiencia política, Abelardo de la Espriella llegó primero con el 43,8 % de los votos, unos 670 000 votos de ventaja sobre su rival. Su retórica, calcada de la de Donald Trump y Nayib Bukele (presidente salvadoreño), que promete «mano dura» contra la inseguridad y la construcción de 10 megacárceles, caló hondo en las regiones del centro del país, donde la criminalidad urbana es una preocupación mayoritaria. Este éxito es aún más llamativo porque aniquiló a la candidata del establishment conservador, Paloma Valencia, que apenas obtuvo el 7% de los votos pese al respaldo del expresidente y figura tutelar de la derecha, Álvaro Uribe.

El «Pacto Histórico» en alerta: El candidato de la izquierda, Iván Cepeda, a quien todas las encuestas daban como ganador, solo alcanzó el 40,9 % de los sufragios. Lejos de ser una victoria, este resultado se percibe como un rendimiento por debajo de lo esperado. Los expertos coinciden en que la campaña de Cepeda cometió varios errores estratégicos: excesiva focalización en temas de paz (aunque sea un legado del presidente Petro), ausencia en los debates e incapacidad para conectar con las preocupaciones inmediatas de los votantes, como la inseguridad, la corrupción y la salud.

Un rechazo a la continuidad más que una elección ideológica: El resultado parece menos una adhesión masiva al programa de extrema derecha que un voto de rechazo a la política de «Paz Total» del presidente Gustavo Petro. Esta apuesta por negociar con los grupos armados es percibida mayoritariamente como un fracaso, pues la violencia y el número de combatientes activos han aumentado. Los electores de las regiones centrales manifestaron claramente su preferencia por una solución de seguridad, mientras que las zonas costeras, donde el Estado ha estado más presente mediante proyectos de desarrollo, respaldaron más la continuidad.

Perspectivas para la segunda vuelta: una campaña bajo tensión

La segunda vuelta, prevista para el 21 de junio, se presenta como una campaña corta (20 días), brutal y dominada por la psicología del «voto útil» y el miedo.

La batalla por los trasvases de votos: ¿dónde están los 3 millones de electores faltantes? La ecuación matemática es simple: ninguno de los dos finalistas alcanzó la mayoría, y para ganar la elección habrá que convencer a casi 3 millones de electores adicionales.

El reservorio conservador: La candidata que quedó tercera, Paloma Valencia (7%), apoyó de inmediato a de la Espriella, al igual que el expresidente Uribe. Esta correlación de fuerzas parece ya ampliamente consolidada en la derecha.

El centro, verdadero árbitro: Los 1,2 millones de electores de centro, liderados por Sergio Fajardo (alrededor de 1 millón de votos) y Claudia López (225 000 votos), representan la clave de la elección. Sin embargo, el electorado de centro es, por definición, refractario a las instrucciones de voto en bloque. Claudia López se ha posicionado claramente contra de la Espriella, pero eso no garantiza que sus votantes se trasladen automáticamente hacia Cepeda.

La arriesgada apuesta por la abstención: El presidente Petro ha identificado él mismo el objetivo a alcanzar: los abstencionistas y los jóvenes. Para lograrlo, su estrategia es clara: demonizar a su adversario, calificado con razón de «fascista», y presentar la elección como el último baluarte para salvar la «democracia» y las conquistas sociales.

Las armas de la campaña: miedo, debates y contexto social explosivo

La estrategia del «voto-miedo»: El resultado de la elección dependerá de la capacidad de cada bando para cristalizar los temores de los electores. De un lado, de la Espriella juega con el miedo a la inseguridad y a una «venezolanización» del país. Del otro, Cepeda juega con el miedo a una deriva autoritaria y al retorno de un Estado represivo.

El desafío de los debates: La primera campaña estuvo marcada por la ausencia de debates, una estrategia que perjudicó a Cepeda. El candidato de izquierda ahora pide confrontaciones directas, mientras que su adversario, en posición de fuerza, podría tener menos que ganar con ellos. Para los expertos, estos debates serán cruciales para que los indecisos se definan.

Un polvorín social en Cali: Más allá de las urnas, el ambiente es eléctrico. En Cali, la segunda ciudad del país y bastión de la izquierda, circulan rumores de movilizaciones y violencia poselectoral, reavivando el trauma de las protestas de 2021. El alcalde Alejandro Eder ha prometido tolerancia cero, pero el clima sigue siendo uno de los más preocupantes del país, anunciando una transición potencialmente turbulenta.

En resumen, esta segunda vuelta es un escrutinio de humor y rechazo, más que de adhesión programática. La dinámica parece favorable a de la Espriella, que dispone de una base conservadora unida y un mensaje simple contra la inseguridad. Cepeda, por su parte, deberá lograr una jugada difícil: movilizar a los abstencionistas, convencer a un centro desconfiado y superar la impopularidad del legado de su mentor, el presidente Petro.

Fausto Giudice, 4 de junio de 2026

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