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El frondoso samán, árbol de la lluvia

El frondoso samán, árbol de la lluvia

Lo rodean referentes de la Independencia de Venezuela, incluyendo cañones y rifles de la época. Marca el punto visitado por el Libertador Simón Bolívar con sus tropas en su paso por Aragua.

El frondoso samán o árbol de la lluvia, adorna las tierras calientes del centro y los Llanos de Venezuela, brindando refugio y alimento al ganado. Presente desde tiempos ancestrales, se ha hecho parte de la historia venezolana, siendo el Samán de Güere su representante más conocido, testigo de la gesta independentista.

Dueño de una elegancia particular, gran tamaño y majestuosidad, pertenece a la familia de las leguminosas. Se adapta con facilidad a distintos terrenos y climas, por lo que está presente en buena parte de los territorios del mundo.

El samán, es el árbol emblemático del estado Aragua,  crece abundantemente en zonas de clima caliente. Tiene una forma particular, semejante a un paraguas, y sus flores son espigas de tonos blanco y rosado. Se le llama árbol de la lluvia porque cierra sus hojas ante cualquier señal de precipitaciones, cuando el cielo se torna oscuro o se avecina una tormenta.

Frondoso samán

Este árbol puede alcanzar entre 10 y 25 metros de altura. Posee una elegancia particular. Sus ramas son de gran longitud pero, a pesar de su fortaleza, pueden resquebrajarse ante vientos intensos.

Se adapta fácilmente a condiciones agrestes del terreno, pues tolera altos niveles de alcalinidad y acidez. Puede crecer en terrenos no muy fértiles. Resiste la sequía y, cuando ya pasa a la etapa de la madurez, puede soportar charcos a su alrededor. Lo único que no tolera son los lugares fríos, por encima de los 700 metros de altura sobre el nivel del mar.

La corteza del samán es rugosa, de forma acanalada, con una amplia y hermosa cima en forma de copa, que alcanza un diámetro de hasta 20 metros. Su follaje es frondoso con hojas compuestas. Usualmente florece entre los meses de enero a mayo. Las flores, de tono rosado, son de gran tamaño y nacen en ramilletes al final de los tallos. Tienen estambres blancos que sobresalen, por lo que son especialmente atractivas para las abejas.

Los frutos del samán están dentro de una vaina de color verde , que adquiere un tono marrón rojizo al madurar. La pulpa, seca y oscura, posee un agradable y dulce sabor. Cada vaina tiene de cinco a diez semillas. La raíz del frondoso samán se encuentra profunda en la tierra. Es amplia y tan fuerte que puede llegar a destruir muros, aceras, calles, por lo que  se recomienda no plantarla cerca de edificaciones.

Árbol de la lluvia

El árbol de la lluvia es una especie originaria de la zona intertropical de América. Se encuentra desde el sur de México hasta Perú y Brasil, llegando hasta Venezuela. Fue incorporado en las islas del Pacífico como Hawái y a otros continentes como el asiático, especialmente en la India tropical.

En Venezuela el frondoso samán es ampliamente conocido, particularmente en los valles y llanuras de Aragua y Carabobo, donde cubre grandes extensiones en los potreros. También se le llama carabali, cenicero, daugení, lara, uraro y sanaguare.

Su nombre científico es Samanea Samán. Se le conoce también con las denominaciones Pithecolobium saman, Albizia samán, guango, campano, cenízaro, Mimosa Samán y urero. En Brasil lo llaman gipio y bordao de velho;  caritom, campaño, samaguare, genízaro, laro tabaca, tabaca de monte y algan obillo,  en Colombia.  Mientras que en Cuba le dicen algarrobo del país y almácigo blanco. Además se le conoce como «carreto» en Honduras y El Salvador, rain tree en Estados Unidos y mankeypod, en Hawái

Debido a su gran tamaño, esta especie requiere lugares amplios para su crecimiento, pues su tronco, altura, y copas, necesitan espacio suficiente para desarrollarse, y lograr una buena producción de frutos. Puede reproducirse mediante la siembra de semillas, o por el cultivo de tallos.

Extraordinarias propiedades

Son conocidas las propiedades ornamentales, alimenticias e incluso medicinales del majestuoso samán. Destaca por su gran potencial como alimento para el ganado vacuno, gracias a su valor nutritivo y proteico. Además, posee compuestos lipídicos, carbohidratos solubles y minerales.

El consumo de las vainas ofrece un alto valor en proteínas, 15%, casi el doble que el maíz. Esto lo convierte en un elemento complementario eficiente en la dieta de los animales productivos. Poseen también un alto contenido en taninos, astringentes usados en muchos casos por la industria farmacéutica.

Y es que todo en el samán es útil. Las hojas también tienen propiedades alimenticias, aunque no suelen ser empleadas como tal. Sus flores no solo son ornamentales, además atraen a las abejas gracias a su gran cantidad de néctar, por lo que son útiles para la producción de miel.

Sus múltiples propiedades medicinales son empleadas para tratar cáncer, eczemas, enteritis, inflamaciones, dolores y afecciones de la garganta, dolores estomacales y tuberculosis. Incluso se emplea para tratar enfermedades endémicas como la malaria. Por otro lado, tiene propiedades antimicóticas, antipiréticas, astringentes, refrescantes, laxantes y analgésicas.

El fruto contiene además saponinas, esteroides, alcaloides, flavonoides, taninos y resinas, que tienen una poderosa acción antimicrobiana. El sumo de esta fruta es acuoso y ayuda a combatir bacterias patógenas. Con la corteza se elaboran infusiones que actúan como sedante natural. Aplicada en forma de cataplasma, es buena para el estreñimiento, mientras que la corteza interna hervida, junto con hojas tiernas, es empleada para atacar la diarrea. Las semillas trituradas se utilizan para prevenir y aliviar el dolor de garganta.

Madera fina

El árbol de la lluvia puede almacenar en sus raíces porciones suficientes de agua, y sostiene deslizamientos de terrenos por el agarre de sus raíces.

La madera del samán  es reconocida entre las más fuertes y duraderas. Es de un color blanquecino y suave textura, pero fuerte y dura al mismo tiempo. Por ello está calificada de alta calidad y suele utilizarse además, como leña y carbón.

Tiene un sin número de usos: fabricación de muebles, cajas, ruedas para carretas, edificación de establos, cercas, divisiones, tablas y gabinetes. Es especialmente valorada en países como Hawai, Tailandia y Filipinas, donde es empleada en la creación de artesanías y otros productos locales.

La corteza de este árbol sirve además de base para las orquídeas, y contribuye a que se desarrollen con fortaleza y vistosidad. Por otro lado, de su semilla también se puede obtener un aceite con un porcentaje de 5.6 de ácidos grasos libres, y está compuesto por nueve ácidos grasos, más del 90% de ellos insaturados.

El que a buena sombra se arrima

En los llanos, el samán constituye el perfecto refugio para el descanso del ganado vacuno. Sus ramas proporcionan una fresca protección, pues sus hojas tienen un parecido similar a las de los helechos.

El extenso crecimiento de la copa del frondoso samán y su sistema radicular, permite que se almacene una gran porción de agua de lluvia dentro del terreno. De esta manera, a la sombra del samán el pasto siempre está verde, por lo que además aporta alimento de calidad para el ganado.

Las poblaciones, regiones y lugares donde se encuentran potreros, se benefician de su existencia, pues ríos y otros afluentes, incrementan su contenido de agua. En consecuencia, el terreno cercano no sufre devastación ni arrastre de los suelos. Además, el aire suele ser más puro, favoreciendo el desarrollo en armonía de la fauna y la flora.

Un árbol que se autoalimenta

Al ser una leguminosa, el samán puede auto proveerse de nitrógeno, uno de los componentes más relevantes en la nutrición de las plantas.

En su amplio sistema de raíces crecen múltiples nódulos, en los que se alojan cantidades de bacterias que habitan en simbiosis con el frondoso samán. Estas bacterias, tienen la tarea de procesar el nitrógeno que transita en el aire, y que llega hasta las partículas de la tierra y a las raíces del árbol.

Durante este proceso, reciben hidratos de carbono de los que se alimentan, usando en mínima cantidad el nitrógeno que se encuentra en el suelo. Esto favorece el florecimiento del árbol y permite que, debajo de su copa, crezca pasto de alta calidad, muy diferente al que crece en campo abierto.

Testigo de la historia

 

En muchos países el frondoso samán es respetado y tomado como un símbolo. En Venezuela es árbol sagrado desde tiempos ancestrales, reverenciado y asociado íntimamente en la vida de los indígenas.

No hay árbol venezolano tan identificado con nuestra historia como el samán. Su elegancia y robustez representa la fortaleza del pueblo venezolano.

Bajo la sombra de un árbol de la lluvia se juntaron para conquistar la libertad. Ubicado en la avenida Intercomunal Santiago Mariño de Turmero, estado Aragua, el Samán de Güere, fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1933, por ser protagonista de la naturaleza, de nuestra historia precolombina y de épocas de libertad.

Postal del Samán de Güere, 1914. Cortesía de Wikipedia.

Lo rodean referentes de la Independencia de Venezuela, incluyendo cañones y rifles de la época. Marca el punto visitado por el Libertador Simón Bolívar con sus tropas en su paso por Aragua.

Su majestuosidad fue apreciada por el botánico Alexander von Humboldt con anterioridad. Pero son muchos los científicos, historiadores, poetas y demás destacados personajes que han admirado a este frondoso samán. Entre ellos Rafael María Baralt, Fernando Bolet, Jacobo Borges y Andrés Bello. Este último escribió en Londres Alocución a la poesía, que compara al Libertador Simón Bolívar con el Samán de Güere.

La palabra Güere tiene origen indígena y significa «zona de rayado», en referencia al proceso de rayar la yuca para preparar el casabe. El mismo nombre lleva el valle entre Turmero y Maracay donde se ubica el árbol, una montaña de pequeña altura, y el río Güere, en cuyo margen vivía una pequeña población indígena.

 

Haiman El Trudi

Con información de Vereda ULA, PDVSA, Venezuela Tuya y Hablemos de flores.

Fotos cortesía de Alba Ciudad y Centro de Diversidad Cultural

Fuente: Haiman El Troudi

Editado por María Piedad Ossaba