Homenaje a Mateo Kramer – Lo absurdo de una muerte temprana

Te quedaste por siempre y travestido en todo, en árbol, en semilla, en niño, en río, en montaña, en pájaro, en pez, en anhelo, en sueño…

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De Ossaba a Carlos Alberto Ruiz Socha Los pájaros han emprendido de nuevo el vuelo, las mariposas danzan libertinas el furor de su existencia y por los aires navegan las ideas travestidas en polen fecundador de ideas revolucionarias.

Desde hace mucho tiempo soñamos despiertos con una nación nueva, poblada de hombres y mujeres deseosos de justicia y paz duradera. Entre vivires y desvivires compartidos con amigos y camaradas de bastos continentes, luchamos por encontrar el equilibrio social del universo.

Un día llegaste al Cauca desde las altiplanicies Cundiboyacenses, atrás había quedado la Universidad Nacional de Bogotá; venías con la firme intención de convertir tus estudios matemáticos en cálculos de vida y en resultados libertarios; más lejos aún  habían quedado relegados los Alpes Suizos que te vieron nacer, sus nevadas montañas, sus asépticas ciudades, las madrigueras de las multinacionales, los cofres-fuertes  de los bancos que atesoran los millonarios botines de gobiernos y de hombres inescrupulosos.

Ahora tu hogar son las indómitas montañas de los Andes, los valles del Cauca, las aguas del océano Pacifico…, el mundo entero.

Te recordamos en tu épico trabajo en la Minga nacional de resistencia indígena y popular, en las jornadas cañeras, en los discursos salidos de los labios de amigos que te conocieron y que aseguran que ” Mateo el suizo no había nacido para él, Mateo el mono había nacido para los demás“; te recordamos en la comunidad de Insá, en las fiestas alegres de la capital del valle, en las postreras conversaciones que tuvimos en los albores de la última primavera parisina. También se fueron volando con nuestros corazones los adioses, cuando de nuevo te embarcaste hacia la tierra elegida por tus sueños.

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Ahora eres mito y en el mito el tiempo no cuenta, ya que los tiempos no conservan su acostumbrada lógica. La sabiduría popular da bien cuenta de ello y ya circulan las anécdotas: Cuando el mono estuvo en Cali hace dos meses, comenta alguien, nos bebimos unas cervezas deliciosas y refrescantes como para ahogar las penas de este infierno político. Yo lo vi con mis propios ojos, agrega otro, cuando llegó de la Maria Piendamó conduciendo un carro de humo y fuego y transformándose en duende enorme y de fuerza descomunal, descargó en pocos minutos los bultos de papa, zanahoria, plátano, yuca y los aljibes gigantes de agua fresca y guarapo, destinados a refrescar y a alimentar a los valerosos cañeros que soportaban con heroico tesón, las difíciles jornadas de protesta.

Homenaje y siembra de Mateo en Insá, Cauca

Una mujer añade: ayer estuve con él en lo alto de la montaña y mientras me desgranaba sus historias sociales y cooperativas,  me dio dos besos furtivos repletos de esperanza. Mañana,  ajusta Juan de Dios, lo vi pasar por el largo camino de herradura galopando en la yegua rusia, batiendo al aire sus cabellos y sembrando el sendero de sonrisas. Nosotros también hablamos con él dentro de ocho días, dijeron las gemelas, le dimos una bebida de yerbas milagrosas, para que se curara del dolor que aquejaba su garganta.

Lo vimos anteayer, ayer, hoy y mañana y lo vimos dentro de 100 años, porque “el mono” está aquí, vino y se quedó para siempre con nosotros. A veces llega triste, en otras ocasiones su corazón desborda de emociones y aplaca la dureza del fatigante trabajo de los campos.

Te quedaste por siempre y travestido en todo, en árbol, en semilla, en niño, en río, en montaña, en pájaro, en pez, en anhelo, en sueño…

Ossaba, París, 13 de diciembre de 2008