Están aprovechando la tragedia sísmica para lavarle la cara al régimen genocida de Israel, para alinear a Colombia con los peores dictadores del mundo: Netanyahu, Trump y el rey de Marruecos.
El gobierno del Ilegítimo Abelardo autorizó el ingreso de 82 miembros del ejército más asesino y degradado del planeta, las Fuerzas de Defensa de Israel -FDI-. Permitió el ingreso inconstitucional de esos militares para facilitar la propaganda limpiadora de crímenes de lesa humanidad con la supuesta ayuda humanitaria.

En ese grupo de invasores sionistas figuran militares con alto rango, responsables de violaciones a los Derechos Humanos, quienes pueden enfrentar juicios ante la Corte Penal Internacional. Roni Kaplan, el más visible de ellos, es capitán y portavoz de las FDI para la prensa internacional hispanohablante y asiática. Es un uruguayo con nacionalidad israelí quien reside en Jerusalén. Tiene una denuncia en su país original por delitos de lesa humanidad, exigen su captura para que se investigue su complicidad como coautor de genocidio contra el pueblo de Palestina.
La brigada “humanitaria” israelí está haciendo videos simulando participar en labores de rescate en lugares críticos de Cali donde ya fueron auxiliadas las víctimas por parte del pueblo caleño y rescatistas voluntarios provenientes de México, Los Topos Aztecas.
Los colombianos respetamos a los judíos, que sean semitas o jazares, y respetamos sus creencias. Reconocemos el Estado de Israel, así como también reconocemos el Estado de Palestina. Lo que no aceptamos es la ideología supremacista sionista de los dirigentes del Estado Israelí, la misma que provocó la Nabka o “Desastre”, un éxodo de 750.000 palestinos en 1948 por ataques de los paracos sionistas; la misma ideología que convirtió la Franja de Gaza en el campo de concentración a cielo abierto más grande del mundo; la misma que viene asesinando al pueblo palestino desde hace 77 años; la misma que en los últimos tres años ha asesinado a 22.000 niños, 12.000 mujeres, 40.000 hombres, 1.600 trabajadores de la salud, 390 trabajadores de la ONU, 259 periodistas, 120 académicos; la misma que ha provocado más de 173.000 heridos y 14.400 desaparecidos.
Los militares israelíes llegaron cuatro días después de ocurrido el terremoto 7.4 cuando ya habían transcurrido más de 100 horas consideradas la ventana de la vida en que aún se puede rescatar gente entre los escombros.
Por razones ideológicas, el gobierno nacional había impedido el ingreso de rescatistas de Brasil, China y México, lo cual impidió que se salvaran más vidas. Demuestra esto que la ideología va a impregnar todas las decisiones de este mandato que apenas empieza.
¿Por qué la presencia de una delegación militar extranjera? ¿Por qué no enviaron civiles? Porque Colombia acaba de ingresar al “Eje autoritario del mal” que está alineando países contra las naciones demócratas y progresistas del mundo. Este Eje del mal pretende imponer una agenda guerrerista en los países que suma a su club.
Eso implica la militarización de las actividades de interés general, de los eventos de interés político y económico, de las políticas públicas. Implica también excluir a Colombia de tratados internacionales que regulen la justicia (Corte Penal Internacional), de instituciones que ideológicamente son contrarias a los amos anglo sionistas.
Colombia, en una semana, se volvió un país paria, protectorado de USrael.
La forma como se está gestionando el terremoto evidencia el afán de reconstruir sin importar que todavía hay gente atrapada. Esto constituye el preludio del gran negocio inversionista de préstamos y endeudamiento del país con la banca agiotista internacional, la entrada de empresas de los países del Escudo de las Américas que buscan participar con multimillonarios contratos y beneficios económicos de la reconstrucción.
¿Nos vamos a dejar imponer esa agenda de los gobiernos globalistas? ¿Vamos a permitir que nos impongan las prioridades de ellos relegando a un segundo plano las urgencias nacionales?
La soberanía es una de esas urgencias. Sin soberanía quedamos a merced de los peligrosos caprichos imperiales, nos exponemos a perder los derechos sociales adquiridos mediante la lucha democrática y popular, renunciamos a la dignidad lograda con el rompimiento de relaciones con el Estado genocida de Israel, nos introducirán en guerras ajenas, se bloquearán las reformas pendientes con los históricamente excluidos.
Y lo peor, empezarán a preparar la interferencia a las elecciones del año 2030 para seguir disponiendo del país como ya lo lograron parcialmente. Los 82 militares que acaban de ingresar son apenas una primera avanzada; así comenzaron en otros países y ya han obtenido prebendas que les permiten comprar tierras para sus fines colonizadores.
El Estado de Israel es un peligro para las democracias del mundo. Está dirigiendo ataques digitales y militares contra personalidades que le son contradictores; interviene en elecciones democráticas, inunda con cuentas falsas y bots las cuentas en Gmail y Telegram. Ha recurrido a operaciones encubiertas para tapar el genocidio en Gaza, ha alterado resultados electorales en países árabes y latinoamericanos. Compañías israelíes desinforman y manipulan con pirotecnia informática.
El Ilegítimo Abelardo dijo: “Netanyahu está haciendo lo que debe hacer para defender a su pueblo, eso es justamente lo que yo también voy a hacer”. Pareciera que Abelardo quiere devolvernos a los años 80 cuando los empresarios y narcos trajeron al militar israelí Yair Klein*. Este mercenario vino a inundar de sangre el territorio nacional. Fundó una empresa para entrenar grupos paramilitares y carteles del narcotráfico durante esa década fatídica. Impartió instrucción militar en técnicas de asalto, manejo de explosivos y combate urbano a grupos de autodefensas (Magdalena Medio) y a sicarios al servicio de capos como Gonzalo Rodríguez Gacha “El Mexicano” y Pablo Escobar. En 2001, Klein fue condenado por la justicia colombiana a 10 años y 8 meses de prisión por terrorismo y concierto para delinquir; nunca su país lo extraditó, nunca pagó condena.
Ahora, esos importadores de sufrimiento y métodos de guerra sucia se pasean por las calles de Cali y Pereira autorizados por el nuevo cómplice y aliado del sionismo, el Ilegitimo Abelardo. Se disfrazan de socorristas humanitarios, no llevan tres días y ya están hostigando a los rescatistas voluntarios caleños, los amenazan inclusive porque se ponen banderas de Palestina o pegan afiches sobre el genocidio en Gaza.
Las Fuerzas de Ocupación de Israel -FOI- no son bienvenidas en Colombia; son una delegación invasiva no grata en suelo colombiano. Representan la barbarie, el más anacrónico y bestial colonialismo, racismo y apartheid crueles, la humillación y sometimiento más infame de un pueblo inerme aniquilado durante décadas. Las FOI son equivalentes a las SS alemanas nazis que masacraron a los judíos. Sus métodos de seguridad son tan aterradores como los utilizados por los perros guardianes de Hitler.
Los colombianos como los palestinos de Gaza, también hemos padecido la violencia terrorista del Estado sionista de Israel. Desde cuando otro contingente de soldados israelíes arribó a Puerto Boyacá a enseñar a las autodefensas campesinas a matar. Iniciaron una de las peores épocas de terror en la historia nacional.
Ahora, 82 militares sionistas simulan rescatar personas, tienen trato preferencial por la institucionalidad colombiana, han originado trabas a las labores de los rescatistas que se han jugado la vida. Son una tropa extranjera que no puede transitar por Colombia, por mandato de la Constitución Política. Visten uniforme militar, no están cumpliendo labores de rescate y salvación de vidas entre los escombros; casi que suplantan funciones del ejército nacional.
Aceptar la presencia de militares israelíes en suelo colombiano es normalizar la convivencia con tropas foráneas en nuestro país. Para completar, el gobierno ilegitimo ya anunció la llegada de tropas usamericanas para realizar operaciones conjuntamente con el ejército de Colombia bajo sospechosos acuerdos de cooperación.
Cualquier tránsito de tropas extranjeras debe tener la validación del Senado de la República. Por razones constitucionales, éticas, de dignidad nacional, políticas, históricas, el pueblo colombiano no puede permitir la presencia del ejército genocida israelí en Colombia, el cual pretende inicialmente hacer propaganda geopolítica para salvarse del repudio mundial hacia sus atrocidades en alianza con el ejército de USA.
El pueblo colombiano apoya la soberanía, autodeterminación y derechos a la vida del pueblo palestino. Como la mayoría de países agrupados en la ONU, rechaza el exterminio que el Estado sionista de Israel viene haciendo desde 1948 contra los hermanos de Palestina.
Es indispensable defender la supervivencia del pueblo palestino, de la paz y la prosperidad en esa castigada nación.
Es indispensable un pronunciamiento por parte de la sociedad civil colombiana, de los movimientos sociales, de las organizaciones populares, los comités agrarios, la minga indígena, los sectores sindicales, los universitarios, las primeras líneas de resistencia, los profesores, los afrodescendientes, las mujeres.
Urge una postura enhiesta e iluminadora por parte del Pacto Histórico acerca de la presencia militar israelí, violatoria de la Constitución, provocadora en sus formas, invasora e irrespetuosa con los nativos de Colombia.
Las organizaciones podrían manifestarse en todas las ciudades, en especial en Cali y Pereira, donde siguen haciendo política lavatoria estas fuerzas de ocupación. Se podrían convocar plantones, marchas, comunicados, asambleas, jornadas de apoyo al pueblo masacrado de Palestina.
Es un deber ético, de dignidad y de solidaridad con los pueblos oprimidos del mundo, denunciar la estratagema maliciosa del sionismo al tratar de ganar simpatía con la presencia de soldados “rescatistas” de las mal llamadas Fuerzas de Defensa de Israel.
Tigrillo L. Anudo, 17 de agosto de 2026
* Yair Klein, nacido en 1943, es un exmilitar y mercenario israelí cuya actuación en Colombia quedó estrechamente ligada a la expansión del paramilitarismo
durante la década de 1980. Llegó al país entre 1987 y 1988 a través de su empresa de seguridad, Spearhead Ltd., y participó en el entrenamiento de grupos paramilitares y sicarios vinculados, entre otros, a las autodefensas de Puerto Boyacá y a redes del narcotráfico asociadas al Cartel de Medellín.
Sus cursos incluían tácticas de combate, manejo de armas y explosivos y métodos de acción contrainsurgente. Parte de esos entrenamientos se desarrolló en zonas como Puerto Boyacá y en propiedades vinculadas posteriormente a estructuras paramilitares, entre ellas la finca Las Tangas. La justicia colombiana terminó condenándolo en ausencia por delitos relacionados con el concierto para delinquir y la instrucción en tácticas terroristas.
Klein fue detenido en Rusia en 2007 en virtud de una solicitud colombiana de extradición y de una circular roja de Interpol. Permaneció detenido hasta 2010, cuando Rusia rechazó su entrega a Colombia después de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos considerara que su extradición podía exponerlo a graves riesgos para su vida e integridad. Tras su liberación regresó a Israel.
Décadas después, su nombre continúa apareciendo en decisiones de la justicia transicional colombiana. Sentencias de Justicia y Paz han documentado nuevamente el papel desempeñado por Klein en la profesionalización y el escalamiento militar de estructuras paramilitares, así como sus relaciones con actores colombianos, incluidos miembros de las fuerzas armadas de la época.
Su trayectoria constituye así uno de los episodios más significativos de la dimensión internacional del paramilitarismo colombiano. Para las víctimas y para las investigaciones judiciales aún abiertas, el caso Klein sigue siendo relevante no solo por los entrenamientos que impartió, sino también porque permite reconstruir las redes políticas, militares, empresariales e internacionales que facilitaron la expansión de esas estructuras armadas y su participación en graves violaciones de derechos humanos. Descarga libro El caso Klein. El origen del paramilitarismo en Colombia, por Olga Behar y Carolina Ardila Behar [Ndlr La Pluma]