No hay garantías para las elecciones presidenciales del próximo 21 de junio.
1. Persisten dudas sobre el manejo y la seguridad del software electoral bajo el control de una empresa privada.
2. No existe la votación libre desprovista de constreñimiento al elector y compra de votos.
3. Uno de los candidatos tiene apoyo de algunos gobiernos extranjeros que incurrieron en injerencia en los asuntos internos de Colombia.
4. Los grandes medios de comunicación apoyan abiertamente a uno de los candidatos.
5. Arreció una campaña sucia para generar miedo en contra de uno de los candidatos. La oposición votó “emberracada” como en el plebiscito por la paz.
6. No hay competencia de ideas, argumentos y programas como debería ocurrir en la contienda partidista. Lo que hay es una banalización de la política.
7. Las instituciones del Estado están al servicio de favorecer a un candidato y perjudicar a otro.
8. Hay una alta permisividad con las cuestionadas actuaciones y expresiones de uno de los candidatos. El establecimiento premia las conductas sociópatas.
Asistir a votar el próximo 21 de junio es validar un sistema electoral que no es transparente. Todo vale en la puja por la obtención de votos. No hay reglas claras en los debates para que se produzcan verdaderos diálogos, donde prime la argumentación, no los insultos y descalificaciones.
Los asesinos de siempre quieren volver a gobernar. Se proponen retomar la dirección del Estado a como dé lugar. Lo tienen todo a su favor, dinero, propaganda, espectáculo, medios masivos, sistema electoral, asesores internacionales, fábricas de bots, perfiles falsos, bodegas – plataformas digitales, gobiernos injerencistas, libretos panfletarios, clichés.
El censo electoral fue modificado ilegalmente cinco días antes del 31 de mayo (primera vuelta) para aumentar el número de mesas y votantes, muchas mesas fueron encontradas posteriormente con más votos de los que podía recibir. Se permitieron extemporáneamente más de 800.000 cédulas para votar. La diferencia de De la Espriella con Cepeda dan más de 600.000 votos en el preconteo. El software tiene una alta vulnerabilidad. El registrador se negó a entregar el código fuente del software electoral, lo cual facilitaría transparencia de las elecciones. Los hermanos Bautista, los mismos de Thomas Greg and Sons que tramitaba los pasaportes. El registrador no ha permitido ninguna auditoria sobre el software.
La compra de votos sigue campante en ciudades y municipios pequeños. La campaña de Abelardo De la Espriella obtiene muchos votos por esta vía. Se aprovechan de la necesidad y nula cultura política de la gente. Las “mayorías” que otorgan el triunfo a este tipo de campañas no son el símbolo de la democracia, sino la máscara de la colonización mental y económica que históricamente ha dominado al pueblo colombiano. Es tan poderosa la mercantilización del voto que ni el despertar del pueblo oprimido y democrático consigue competirle. Existe una falla estructural en el sistema electoral; mientras hayan “ciudadanos” sin las libertades que lo hacen soberano para decidir y tomar decisiones por sí mismo, no existe una auténtica democracia.
La “democracia capitalista” no permite la igualdad de garantías para todos los candidatos. Ella está diseñada para favorecer a los candidatos afines a su sistema político económico de exclusión social, barbarie y burla de los derechos fundamentales. La cultura dominante moldea las instituciones y habitantes para que voten por los candidatos de la clase opresora. A Gustavo Petro le permitieron ganar en el 2022 porque temieron un nuevo estallido social. Sin estallido, Petro no hubiera ganado.
Los resultados electorales de la segunda vuelta en junio 21 están interferidos por todos los factores mencionados. En ese escenario, las probabilidades de un repunte y triunfo del progresismo están reducidas en comparación a los resultados de la segunda vuelta de 2022. Hoy no hay el estallido social que precedió aquellas elecciones. Hoy, lo que hay es una sistemática guerra sucia contra el candidato Iván Cepeda y un plan articulado internacionalmente para que la ultraderecha gane las elecciones. Ese plan está antecedido por sucesos que revelan la dinámica conspirativa alentada por gobiernos de varios países. La imposición mediática del presidente Javier Milei en Argentina, la imposición mediática-anticonstitucional y autoritaria del presidente Daniel Noboa en Ecuador, la imposición fraudulenta con intervención directa del gobierno de Estados Unidos del presidente Nasry Asfura en Honduras, el secuestro del presidente Nicolás Maduro en Venezuela por fuerzas especiales de los Estados Unidos, los ataques con misiles a lancheros en aguas internacionales.
El plan de poner un presidente de ultraderecha en Colombia ha sido cuidadosamente preparado. Tiene múltiples acciones, muchas de ellas no han salido a la luz pública. Las más conocidas fueron las visitas de políticos y exfuncionarios colombianos de la ultraderecha al Congreso y Presidencia de los Estados Unidos. También está la visita de funcionarios estadounidenses al alcalde de Medellín, Fico Gutiérrez, al alcalde de Bogotá Carlos Fernando Galán, y al alcalde de Barranquilla Alejandro Char.
Los dineros invertidos en la campaña de Abelardo De la Espriella ya superaron de lejos los topes permitidos por la Ley. Son dineros que nunca van a aparecer en registros contables porque ingresaron y se gastaron en las sombras, los operados en compra de votos, por ejemplo. La inversión en bodegas digitales, en bots, en Inteligencia Artificial es de gran magnitud. La cuantía de los pagos a los “voluntarios” que recogieron firmas fraudulentas en los parques y calles de los municipios para respaldar la candidatura de De la Espriella nunca se sabrá. Si hacen investigaciones, no llegarán a ningún puerto porque las instituciones están a favor de ese candidato.
Vienen por todo. No pudieron escoger un mejor lacayo, el estadounidense Abelardo De la Espriella quien juró defender por encima de cualquier otro objetivo los intereses de los Estados Unidos. Todo para los americanos y sionistas. El Eje Trump – Noboa – Milei – De la Espriella está actuando coordinadamente en la manipulación de las elecciones presidenciales de Colombia. Marco Rubio y Bernie Moreno también están muy activos. Están reviviendo la Doctrina Monroe, luego irán por Brasil y México. No se andan con medias tintas, es un plan macabro, sin contemplaciones.
Gran parte de la clase media votó por De la Espriella. Muchos trabajadores de salario mínimo votaron por De la Espriella. Casi toda la clase media alta y alta votó por De la Espriella. El analfabetismo político, el egoísmo y la falta de empatía siguen siendo mayoría en Colombia. Somos una sociedad despreciable. La decadencia cultural nos infecta a todos. Primero banalizamos la ética, luego el mal, ahora banalizamos la política. La dimensión política, quizás la más significativa del ser humano, se redujo a estridencia, show, espectáculo, frases anodinas, fariseísmo, trivialidad, patrioterismo. Al mundo lo gobiernan los idiotas elegidos por otros idiotas.
Lograron instalar una figura caricaturesca labrada en el mundo de la mafia dentro del “imaginario político” de la sociedad colombiana. Así como a Milei en Argentina. El 31 de mayo (primera vuelta presidencial) un copioso conglomerado votó por una propuesta vacía, una propuesta sin propuesta, es decir una propuesta que carece de un proyecto de nación. De la Espriella es la versión 4.0 del Matarife. Lo que demuestra que la aprobación de los valores mafiosos, paramilitares y de ultraderecha echaron raíces en Colombia. Somos un país neonazi, apoyamos el genocidio en Gaza y en otros lugares. Gran parte de la sociedad es una masa amorfa cuya máxima aspiración es obtener mucho dinero. Y esta mentalidad aplaude, legitima los hombres exitosos, aunque sean tramposos y criminales como De la Espriella. El síndrome “papá Uribe” sigue en el inconsciente de los colombianos. Ahora es el “papasito Abelardo”.
En este contexto, ¿qué significa ir a la segunda vuelta del 21 de junio? Significa que vamos a ir a las urnas como ganado al matadero. Es de una alta incertidumbre lo que esa jornada va a dejar. Para no decir que ya el resultado está arreglado. Estas elecciones son de un elevado valor simbólico, existencial y económico para la ultraderecha mundial. La política colombiana no está desconectada de las tramas y componendas internacionales. Somos un rico botín. No representamos una comunidad con raíces andinas. No somos una cultura. No somos unos saberes ancestrales. No somos un pulmón del planeta. Para ellos, somos los minerales que siguen dormidos en nuestras montañas y selvas. Somos las reservas de agua que a ellos hacen falta. Somos la plusvalía que quieren arrebatar. Somos las empresas públicas, que entre todos construimos, para privatizarlas a su favor. Somos tierras de las que se quieren adueñar.
Ya se tomaron Argentina, Ecuador, Chile, Venezuela, Bolivia, Honduras. Y en Colombia seguimos aferrados al parlamentarismo, a la inexistente democracia, al dictado de la oligarquía acaparadora. El progresismo ganó una presidencia en 2022, pero el Estado siguió arrodillado al poder de la Delincuencia Política Organizada, del narcoparamilitarismo ultraderechista. Este Estado es el que va a evitar que vuelva a ganar el proyecto político del Pacto Histórico. Esto no es una democracia. Esto es el reinado de la sinrazón. Medio país votando por un patán mafioso, y el otro medio votando por la vida sin violencia. Medio país votó por una propuesta que sólo ofrece asesinar el medio ambiente con fracking – glifosato, asesinatos de las personas que no piensen como la ultraderecha. Esto es una distopia. Un infierno. Una olla a presión. Un caldero. Un sinsentido. La propuesta de De la Espriella emana odio y sed de venganza injustificada; es decir, lo mismo que hemos vivido por décadas y que ahora con una propuesta alterna anhelamos superar.
¿Qué hacer entonces? Por supervivencia tenemos que ser imaginativos, no entregarnos como vacas arrastradas al degolladero. Pensemos en un plan B, un plan C y hasta en un D. La democracia capitalista es una farsa. Las elecciones se realizan para maquillar un sistema de opresión, violencia económica institucional y muerte. La gente se sigue muriendo por falta de atención médica, por inanición, porque no le alcanza para pagar tantas obligaciones tributarias. Este sistema social es un suplicio, una condena. Estamos trabajando para sostener una cantidad de entidades burocráticas, de gente parasitaria que nada hace por el pueblo. Mientras sigan existiendo cámaras de comercio, peajes, 4 x 1.000, notarias onerosas, impuestos prediales a las casas donde vive la gente, impuestos caros por todo, medicinas sin control de precios, servicios públicos caros, carne incomprable, arriendos caros y otros sin fin, seremos esclavos, se nos va la vida trabajando para pagar unas castas infames de políticos y funcionarios con todas sus necesidades satisfechas. Mientras haya políticos y funcionarios que nos humillan con sus elevados salarios, sus carros, fincas y tren lujoso de vida, esta sociedad no deja de ser una ridícula comedia. Quienes mejor viven en Colombia son ellos.
Si la sociedad no reacciona con otras formas de participación política nos van a aniquilar. Nos van a dejar sin lo poco que aún tenemos. Los jóvenes están empezando a manifestarse contra el fascismo mafioso vendido como “firmes por la patria”. Están saliendo a las calles. Ese podría ser un plan B. Toma pacífica de calles y espacio público con la movilización social. Consignas como “no queremos la vuelta del fascismo”. “La democracia es una farsa”. “Sólo el poder popular en esta mondá”. “El analfabetismo político no es elector legítimo”. “Las supuestas mayorías están enfermas de egoísmo”. “Queremos un proyecto de nación”. Los jóvenes pueden agregar una demanda justa a sus anhelos. Invocar un gobierno que les haga realidad la posibilidad de conseguir su propia casa, meta a la que ya renunciaron porque el actual sistema económico niega el derecho a la vivienda, fomenta la especulación con los precios inmobiliarios.
Estamos atrapados en formas lumpen-burguesas de decisión política. Las elecciones son una práctica lumpen de manipulación y compra de conciencias. Miren a Sergio Fajardo reclamando superioridad moral, invitando a no apoyar ningún extremo o sea apoyar con el voto en blanco a Abelardo. El centro no existe, se inclina a la derecha. Fajardo, un audaz vividor de nuestros impuestos. Lleva 3 elecciones presidenciales recibiendo miles de millones de pesos por reposición de votos. Ni siquiera un comerciante de El Hueco tiene esa habilidad para comerciar. Fajardo, un negociante de la política con séquito a bordo que también recibe sus dividendos.
Colombia está premiando al estamento narco paramilitar ultraderechista con su voto a De la Espriella. Se normalizó la forma de vida traqueta anti cultura, anti valores. La mentalidad de gran parte de la sociedad es paramilitar y fascista. Es el fruto de la mediocre educación institucional, la falsa religiosidad, la muerte de la empatía y el arribismo social. La educación, el Estado, en manos de una oligarquía vendepatria, parasitaria e inútil nos privó de construir una nación para el buen vivir de todos. Nunca le interesó invertir en educación de calidad, en ciencia y tecnología, en laboratorios de innovación científica -industrial – tecno agrícola – ambiental – cibernética – robótica – transición energética. Y este vacío existencial es el que propone el que es virtualmente el presidente de Colombia. Seguir en ese país que él mismo denomina “país de cafres”.
Más que la derrota en las urnas, la peor derrota sería aceptar el triunfo de un representante del “proyecto político” más abyecto y pernicioso. Eso significa un suicidio colectivo. Miremos lo que está ocurriendo en Argentina, el pueblo está sin trabajo, comiendo carne de burro, los jóvenes están sin universidad, sin dinero para una salida. La dignidad nos está llamando. ¿Cómo renunciar a un proyecto político que, aunque imperfecto, con muchas concesiones a la oligarquía canalla, está apenas despegando en nuestros 200 largos años de vida republicana? Si los jóvenes no toman la bandera de la dignidad vamos a sufrir más que durante los nefastos gobiernos del Matarife. El momento aciago de infamia que vivimos los colombianos no los resuelve unas elecciones que ya están interferidas. Debemos liberarnos de las trampas de la democracia burguesa que cambia presidentes para que no cambie nada.
La indignidad es no tener planes alternativos para enfrentar el posible triunfo de De la Espriella. Aceptar como vacas la descarga eléctrica es inmolarse innecesariamente. El autoritarismo elegido en las urnas no es legítimo, la sociedad tiene el derecho a no reconocerlo, a levantarse pacíficamente para rechazarlo con contundencia. El derecho a la desobediencia civil empodera a la ciudadanía para no caer en una vida miserable de esclavos económicos y mentales.
Con la democracia burguesa han impuesto regímenes de terror, saqueadores de las riquezas nacionales, explotadores de la fuerza de trabajo, expoliadores de las empresas públicas, asesinos del pensamiento crítico. Lo han hecho durante siglos. La humanidad debe avanzar hacia el Poder Popular. La democracia capitalista se oxigena con la desigualdad y el saqueo. Todos los presidentes que pone deben avalar la estructura de clases dominante y dominada; no puede moverse hacia formas verdaderamente democráticas (gobierno del pueblo) para redistribuir la riqueza y dirimir los conflictos sociales.
Si se posesiona un hipotético gobierno de De la Espriella vendrán irremediablemente marchas a lo largo y ancho del territorio nacional ocasionadas por su criminal “programa de gobierno”. Habrá sufrimiento, habrá represión violenta, se repetirá la historia trágica de nuestros hermanos de clase. Entonces, es mejor adelantar esas jornadas de resistencia, con organización, decisión, objetivos en pro del bien común y el respeto a la vida. Que salgan las reservas éticas a las calles. Que brille el pundonor, la honorabilidad, la dignidad, la empatía, la unión del pueblo autoconvocado. ¡No más opresión oligárquica! ¡No más sufrimiento social! ¡No más impunidad! ¡No más circo electoral! ¡No más corrupción! ¡No más odio! ¡No más racismo ni clasismo! ¡No más manipulación mediática!
El voto humano en un país demasiado antropocéntrico va a decidir la suerte de nuestra biodiversidad florística, animal, geológica, climática. ¿Cómo traducir el sentir de nuestros animales en votos? Si los animales hablaran, si ellos pudieran votar, ellos que nos superan en número, ellos que llegaron primero que nosotros, decidirían mejor el destino de todos que el propio reino humano. Pero, finalmente, los votos de los animales serían borrados en los E 14. El sistema electoral de la democracia capitalista no es garantía ni para los humanos ni para los animales.
Sólo el pueblo digno podrá detener cualquier intento de destruir la poca democracia que nos han dejado. Sólo la férrea lucha popular evitará la implantación de una dictadura fascista antiderechos fundamentales. Sólo un pueblo soberano defenderá la integridad del territorio y la patria.
La voluntad del pueblo, el Poder Popular abrirá los caminos de la paz. Cada acto violento puede ser respondido con movilización social hasta que el último colombiano sea un veedor y defensor de la concordia. La voluntad popular desterrará a cada político y funcionario corrupto. Cuando el pueblo notifique a un delincuente de cuello blanco ninguna justicia de bolsillo lo podrá absolver; quedará apartado de la vida pública por siempre. La transformación cultural es la garantía de que el fascismo no regrese a gobernar.
Sólo el pueblo con su movilización se salva de la trampa burguesa de un sistema electoral hecho a la medida de la corrupción inherente a su naturaleza de explotación y saqueo.
La segunda vuelta, un tiro en el pie…
Tigrillo L. Anudo para La Pluma, 4 de junio de 2026