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Ser o no ser…

Ser o no ser…

La única razón de ser de un ser, es ser… (Henri Laborit)

La nación chilena tiene ante sí la posibilidad de eliminar para siempre todo vestigio jurídico de la dictadura. Ocasión única en la vida de un país, la inmensa mayoría entiende que recuperar las libertades públicas y los derechos ciudadanos es garantía de un futuro promisorio. Rechazar la nueva Constitución equivale a escoger un destino de servidumbre. El 4 de septiembre próximo pueden abrirse, efectivamente, las Grandes Alamedas… [N de Poltika]

Henri Laborit

El célebre etólogo nos legó una muy elaborada explicación para la cuestión de saber porqué el ser humano se deja dominar y vive una existencia de esclavo sometido al poder de otros seres humanos.

Étienne de la Boétie entregó su análisis de la servidumbre moderna a mediados del siglo XVI en su conocido Discurso de la Servidumbre Voluntaria: el sometimiento sería una cuestión de cobardía moral.

Marx y Engels hicieron lo propio a fines de la primera mitad del siglo XIX en su fenomenal Manifiesto Comunista, tomando como prisma la organización de las relaciones económicas.

Henri Laborit, abordando la cuestión desde el ángulo biológico, arrojó una poderosa luz sobre la dominación de unos sobre otros, que no sería sino el resultado de una elección: someterse o morir.

El partido que toma en Chile la clase política parasitaria por la conservación de la Constitución de la dictadura puede explicarse por todas y cada una de las razones expuestas por los autores citados. El servilismo consciente, la cobardía, la costumbre, como explica Étienne de la Boétie, que reducen el ser humano a una condición inferior a la del resto del Reino Animal. La búsqueda de las migajas que ofrecen los amos de un modelo económico basado en la explotación del prójimo, en la interpretación de Marx y Engels. El sometimiento obligado por la amenaza de desaparecer, como dice Henri Laborit.

El ser unicelular (en realidad todo ser vivo) explica Laborit en un libro que lleva por título Elogio de la Fuga, se ve confrontado al entorno en que vive, en el que encuentra experiencias ‘gratificantes’ que le facilitan la existencia, y experiencias ‘desagradables’ al punto de constituir una amenaza para su supervivencia.

Naturalmente el ser unicelular tiende a acercarse o a mantenerse en el sitio en que encontró experiencias ‘gratificantes’.

Pero ocurre que otros seres unicelulares le disputan ese lugar. La alternativa entonces se resume a huir o a luchar. En la imposibilidad de la fuga, al ser unicelular no le queda sino luchar o, si es más débil, someterse para conservar la vida, lo que se traduce en una inhibición de la acción. El sometido salva su vida, pero la convierte en un horror.

“La inhibición motriz (…) recurre al sistema inhibidor de la acción. Recientemente hemos podido mostrar (Laborit y col., 1974) que el sistema inhibidor de la acción, al permitir lo que se ha convenido en llamar el esquive pasivo, está en el origen de la reacción endocrina de “stress” (Selye, 1936) y de la reacción simpática vasoconstrictora de espera de la acción. La reacción adrenalínica que por el contrario vasodilata la circulación muscular, pulmonar, cardíaca y cerebral, es la reacción de fuga o de lucha; es la reacción de “alarma”, que permite la realización de la acción. De este esquema resulta que todo lo que se opone a una acción gratificante, aquella que satisface el deseo innato o adquirido, pondrá en juego una reacción endocrino-simpática, perjudicial, si ella dura, al funcionamiento de los órganos periféricos. Ella da nacimiento al sentimiento de angustia y se encuentra en el origen de las afecciones “psicosomáticas”.”

El alto consumo de psicotrópicos y estupefacientes –que actúan sobre el sistema nervioso central ya sea excitándolo o deprimiéndolo– que se constata en la masa de dominados se explica en razón del sufrimiento físico y psicológico que produce el sometimiento.

Curiosamente el mismo fenómeno se verifica en parte de los dominantes, aquellos que ven, con miedo, que los dominados se rebelan y no aceptan la dominación.

Dicho de otro modo, “el aprendizaje del castigo activa el sistema inhibidor de la acción, y no queda más que la sumisión con sus consecuencias psicosomáticas, la depresión o la fuga hacia el imaginario de las drogas y las enfermedades mentales o de la creatividad” (creatividad por definición libre del esquema de dominación).

Si uno acepta la interpretación biológica de Henri Laborit, concluye que durante 42 años Chile se ha debatido en un esquema de dominación que enferma no solo a la población sometida, sino también a la casta dominante.

Basta con mirar el panorama político nacional para darse cuenta que la histeria de “amarillos”, “estadistas”, políticos parasitarios y empresarios beneficiarios de la Constitución de la dictadura no se explica sino por un peligro que ven con horror: el fin de un régimen que les garantiza su supervivencia y el dominio político, económico, financiero y cultural por sobre la masa de dominados.

En el caso de los tres primeros, –amarillos, estadistas y políticos parasitarios–, uno no puede sino recordar las palabras del ya citado Henri Laborit:

“El mono dominado no se somete al mono líder por placer, como nos muestran las profundas perturbaciones de su funcionamiento neurobioquímico y endocrino, sino para evitar un disgusto aun más grande que resultaría de la agresión de la que sería objeto si no se sometiese. Imagine que los monos hablasen, es probable que existiese un discurso lógico para permitirle al mono dominado “sublimar” su sumisión, un discurso lógico que le diría que su sufrimiento lo eleva por encima de él mismo por el bien del clan, por la supervivencia del grupo, y que su sacrificio no será inútil.”

Los esbirros de los monos dominantes se justifican a sí mismos, imaginando ser héroes griegos de la Batalla de Salamina cuando en realidad no son sino secuaces de un poder que los avasalla, los herederos del traidor anónimo de las Termópilas…

Entre los traidores y el pueblo de Chile se levanta la memoria de Salvador Allende y sus compañeros asesinados, para quienes valen eternamente las palabras de Simonide de Ceos, inscritas en la cumbre del monte Kolonos en homenaje a Leónidas y los suyos:

“Viajero, ve y dile a Esparta que aquí yacemos por haber obedecido sus leyes”

Caminante, informa a los lacedemonios que aquí yacemos por haber obedecido sus mandatos. »

Por su parte, la masa de ciudadanos privados de libertad, de soberanía y de capacidad de decisión está en movimiento: poniendo en marcha “La reacción adrenalínica que (…) vasodilata la circulación muscular, pulmonar, cardíaca y cerebral, (…) la reacción (…) de lucha; la reacción de “alarma”, que permite la realización de la acción.”

De una parte, la inmensa mayoría de la población se extrae de las condiciones que lo someten a las terribles “afecciones psicosomáticas”, y se libera en la acción.

De otra parte, la casta dominante se sume en la depresión o la hiperexcitación agresiva que le genera la perspectiva de perder sus privilegios.

Si Henri Laborit tiene razón, –si la única razón de ser del ser, es ser–, todo un pueblo aprobará una nueva Constitución, único modo de garantizar su propia supervivencia, eliminando de una plumada las amenazas de esa minoría voraz y egoísta que no se satisface sino con el poder omnímodo.

¿Cómo podrían detener esta ola de vida? ¿Cómo podrían derrotar el instinto de supervivencia de millones y millones?

La mentira y la manipulación no bastan.

La nación chilena tomó consciencia del aparato jurídico-político que parió la dictadura y protegió la Concertación, que ha servido de prisión aherrojando a generaciones enteras.

La alternativa del 4 de septiembre es simple: libertad o sometimiento.

Un pueblo libre puede perfeccionar sus estructuras jurídicas precisamente porque es libre. Desde 1980 hasta ahora no hemos sido sino un objeto de dominación y explotación, un pueblo enfermo de sometimiento.

El APRUEBO es el remedio.

Luis Casado para La Pluma, 24 de julio de 2022

Editado por María Piedad Ossaba

Publicado por Politika