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El cinismo, la prepotencia y el embuste de un mandatario corrupto de tinte fascista como Iván Duque que deja una Colombia exhausta

El cinismo, la prepotencia y el embuste de un mandatario corrupto de tinte fascista como Iván Duque que deja una Colombia exhausta

Según la organización Indepaz, durante este su gobierno no solamente han sido asesinados 930 líderes y defensores de derechos humanos sino que además han ocurrido 261 masacres, sin contar el índice de desplazamiento forzado.

Colombia, ciertamente, es el país del realismo mágico. Su realidad es macondiana. Tras lidiar históricamente con gobiernos oprobiosos y corruptos, algunos de ellos caracterizados por su frivolidad y estulticia como el de Andrés Pastrana Arango (1998-2002), ha tenido que soportar la desgracia de haber elegido un insulso mandatario como Iván Duque Márquez, quien durante su cuatrienio que finaliza el próximo 7 de agosto, además de servir de títere del cuestionado e impresentable expresidente Álvaro Uribe Vélez, rompió todos los límites de cinismo, corrupción y descaro.

Duque, es otro de los presidentes de Colombia que deshonró la dignidad de su alto cargo. Se va por la puerta de atrás, salpicado de graves acusaciones de corrupción administrativa, de total desconexión con la ciudadanía, de desprecio a los sectores populares, y de haber llegado a la Casa de Nariño gracias a los nexos de su vergonzoso sector político, el uribismo, con capos del narcotráfico.

Alcanzó la Presidencia de la República gracias a que su progenitor fue un obsecuente correveidile de un sector de la narco-derecha colombiana como el turbayismo, cuyo máximo líder, el exmandatario Julio César Turbay Ayala (1978-1982), lo tuvo en altos cargos del Estado. De ahí que su vástago que está a pocos días de culminar su desastrosa administración, haya tenido como sus mentores a dos bribones de la política colombiana: Juan Manuel Santos, primero, y Uribe Vélez después.

Sin ninguna experiencia y con un escasísimo bagaje intelectual Duque Márquez, un neoliberal y ultraconservador con tintes fascistas, ejerció las funciones de su cuatrienio con la única mira de beneficiar a la criminal élite colombiana y al gran capital transnacional a costa de sacrificar la garantía de los derechos fundamentales de la población. Su mal gobierno deja un país exhausto. Todos los indicadores de gestión así lo indican. Su gobierno sumió al país en la pobreza: hoy deja a más de 21 millones en la penuria. Más de siete millones de colombianos no tienen capacidad de solventar su dieta alimenticia diaria. Se atravesó al Acuerdo de Paz suscrito en 2016 con la insurgencia de las FARC y se empeñó en hacerlo “trizas”, como lo demuestran las mortíferas cifras: 930 líderes sociales y 245 exguerrilleros que se habían reincorporado a la sociedad, asesinados.

Un discurso de vergüenza

Siembra vientos y cosecharás tempestades”, dice al adagio popular que se aplica perfectamente a lo que ha sido el pésimo gobierno de Duque y que se pudo constatar en el vergonzoso discurso que pronunció en la instalación del Congreso de la República, el pasado miércoles 20 de julio. Primera vez en la historia que un Presidente de Colombia es abucheado en varias oportunidades en el legislativo. “Mentiroso, mentiroso”, le gritaron repetidamente los congresistas que se posesionaron.

Duque salió muy mal del Congreso y con su imagen por los suelos, tras un discurso provocador que irritó e indignó a la mayoría de parlamentarios que lo escuchaban.

La división en el recinto fue tan notoria que no se recuerda una alocución presidencial tan controversial como la que dio Iván Duque. Abucheos, lánguidos aplausos de la bancada uribista y de los generales de la Fuerza Pública, gritos, interrupciones y toda una algarabía ante lo que fue, para los congresistas del Pacto Histórico que lidera el presidente electo Gustavo Petro, el cierre del nefasto gobierno de un mandatario que le dio la espalda al país y que se vanaglorió de hechos que no sucedieron y de logros intangibles.

En definitiva, el discurso de Duque durante la instalación del Congreso fue el fiel reflejo de sus funestos cuatro años de gobierno: desconexión, indolencia, ineptitud, desvergüenza, soberbia y ego. Desperdició su última oportunidad de hablar con franqueza y demostró que jamás estuvo a la altura de las necesidades y de la realidad del país.

Sin el más mínimo reparo, Duque comenzó diciendo: ¡Hemos cumplido!, para luego empezar a enumerar lo que para él fueron los logros más importantes de su gestión, pero que más bien se parecía a la descripción de un país de fantasía en el que todo funciona perfecto. No tuvo reparo en sostener que durante su administración “ha brindado más tierra a los campesinos de Colombia”, lo que le valió que la oposición de manera airada le gritara: “¡mentiroso!”.

Además y con absoluto descaro dijo que le ha brindado todo el apoyo necesario a la transitoria Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y a la Comisión de la Verdad, pasando por alto de manera intencional que su campaña se hizo alrededor de la promesas de hacer “trizas” el Acuerdo de Paz, y que estando en el poder buscó por todos los medios torpedear el normal funcionamientos de estos organismos, creados como resultado de los diálogos de La Habana

Su desfachatez no quedó ahí. Dijo cínicamente que durante su gestión “actuamos brindando a más del 88 por ciento de los líderes de nuestras comunidades, garantías para su protección”. Sin embargo, las cifras demuestran todo lo contrario. Según la organización Indepaz, durante este su gobierno no solamente han sido asesinados 930 líderes y defensores de derechos humanos sino que además han ocurrido 261 masacres, sin contar el índice de desplazamiento forzado.

Otra de las mentiras fue decir que las mujeres han sido protagonistas de este Gobierno, pues incumplió la paridad, no hubo una representación significativa y no desperdició oportunidad para irse en contra de la legalización del aborto.

Duque se va con un 70 por ciento de desaprobación, salpicado por graves escándalos de corrupción, abucheado, sin escuchar a la oposición –como ha ocurrido en años anteriores–, creyendo que fue el mejor presidente de un país que solo existió en su cabeza y siendo protagonista de uno de los más oscuros capítulos de la trágica y triste historia de Colombia.

CronicÓn.net, 21 de julio de 2022

Editado por María Piedad Ossaba