Las coincidencias entre el totalitarismo y la receta neoliberal de la última dictadura cívico-militar y el Gobierno de Milei a 50 años del golpe de Estado en Argentina
Este 24 de marzo de 2026 la Argentina conmemora medio siglo del último golpe cívico-militar de su historia. Lo hace en una escena política novedosa y disruptiva, en la que el crecimiento de diferentes expresiones de la ultraderecha de matiz fascista amplifica el lugar en la opinión pública de las voces que cuestionan consensos fundantes de la etapa democrática iniciada a finales de 1983. No es la primera vez que esos consensos son impugnados, pero sí es la primera vez, en cuatro décadas, que la impugnación proviene del propio Estado. Esta situación inédita convoca a revisar el modo en que el pueblo argentino elaboró su relación con el pasado traumático: ¿qué tipo de legitimidad pretendió construir la dictadura? Y, ¿qué contenido y significado se le dio al consenso democrático que rechazó los crímenes cometidos?
El golpe del 24 de marzo de 1976 inició uno de los períodos más oscuros de la historia argentina. Fue ese el día en que una Junta Militar con apoyo civil, liderada por los jefes de las tres Fuerzas Armadas, tomó el poder de facto e instauró una dictadura que duraría siete años. No fue una sorpresa para nadie. Jaqueado por una gravísima crisis política y económica, el Gobierno de Isabel Martínez de Perón había convocado elecciones adelantadas. La inminencia de una asonada militar estaba en boca de toda la dirigencia política y era anticipada abiertamente por la prensa. El poder castrense había sido desde la década de 1930 un componente estructural de la vida política argentina, que alternó durante décadas entre gobiernos civiles y militares.

Este aciago acontecimiento no se produce en un vacío histórico: coincide con un escenario político singular, en el que la Presidencia de tinte fascista de Javier Milei reabre debates que la democracia argentina había tendido a saldar en torno a la memoria, la verdad y la justicia.
Diversos organismos internacionales y sectores de la sociedad civil han advertido que el actual Gobierno ultraconservador y neoliberal impulsa un proceso de “deslegitimación de las políticas de memoria” construidas desde 1983. En particular, se señalan discursos oficiales que relativizan los crímenes de la dictadura, cuestionan consensos como el “Nunca Más” y promueven la noción de una supuesta “memoria completa”, interpretada por numerosos analistas como una forma de negacionismo o justificación del terrorismo de Estado.
Esta disputa simbólica se vuelve más significativa al observar los paralelismos que críticos del Gobierno Milei establecen entre el proyecto económico actual y el implementado durante la dictadura por el entonces ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz. Aquel programa neoliberal, basado en la liberalización financiera, la apertura irrestricta de mercados y la desindustrialización, solo pudo aplicarse en un contexto de supresión violenta de derechos políticos y sindicales. La experiencia histórica muestra que ese modelo profundizó la desigualdad social y dejó una pesada herencia de endeudamiento externo.

Desde esta perspectiva, la coincidencia entre el aniversario del golpe y un gobierno que reivindica un “capitalismo de mercado extremo”, con un Estado reducido a su mínima expresión, adquiere un valor aleccionador. No se trata de afirmar una identidad mecánica entre contextos históricos distintos, sino de advertir que ciertos proyectos económicos y culturales tienden a mostrar una relación tensa con la ampliación de derechos y con la densidad democrática. Como han señalado expertos de Naciones Unidas, el debilitamiento de las políticas de memoria y de justicia transicional socava las garantías de no repetición y, con ello, los cimientos mismos del Estado de derecho.
La principal lección que emerge de esta “anomalía histórica” es que la democracia no es un logro irreversible. A cincuenta años del golpe de 1976, la experiencia argentina recuerda que el autoritarismo no siempre retorna bajo la forma de dictaduras militares clásicas, sino que puede manifestarse en liderazgos personalistas y autoritarios, en la desvalorización de los derechos humanos y en la naturalización de discursos excluyentes en pleno siglo XXI.
La memoria, entonces, no es solo un ejercicio retrospectivo, sino una herramienta crítica para interrogar el presente y defender la vigencia sustantiva de la democracia frente a nuevas formas de autoritarismo.

Un plan represivo clandestino y sistemático
La dictadura de 1976, sin embargo, se distinguió de sus predecesoras. Se propuso una reconfiguración radical de las relaciones entre el Estado y una sociedad que percibía como corrupta y enferma, y aplicó un plan represivo clandestino y sistemático de una escala inédita el país, al tiempo que impulsó la aplicación a pie juntillas del modelo económico neoliberal.
Dicha dictadura, autoproclamada como “Proceso de Reorganización Nacional” se basaba en la idea de eliminar la supuesta amenaza de comunismo que habría encontrado lugar en América Latina luego de la Revolución cubana de 1959. En ese sentido, el golpe de 1976 formó parte del Plan Cóndor orquestado por Estados Unidos que se sostuvo sobre operaciones conjuntas de terrorismo de Estado, represión y persecución en los países del Cono Sur con el fin de eliminar al poder de la izquierda en un contexto de Guerra Fría.
Este sanguinario gobierno de facto, solo en materia humana, dejó un saldo de 30.000 desaparecidos, cientos de bebés que fueron secuestrados y arrebatados de su identidad, miles de personas violadas, torturadas y asesinadas, y una gran cantidad de exiliados.

Desde el mismo momento en que se depuso a la presidenta Martínez de Perón se implementó el estado de sitio y la ley marcial, se disolvió el Congreso, se estableció el patrullaje militar y se removieron a los miembros de la Corte Suprema de Justicia. De esa forma, se anulaba el sistema republicano y la Junta asumía el control absoluto del Gobierno. El 29 de marzo, el general Jorge Rafael Videla asumió la Presidencia de facto e inmediatamente comenzaron las persecuciones y secuestros de miles de personas, se instaló la censura y se realizaron actos de espionaje.
Es importante señalar que el golpe fue posible no solo gracias al apoyo de Estados Unidos, sino también al apoyo de buena parte de los sectores políticos de derecha, así como de la Iglesia católica, los medios hegemónicos y la elite rural. Por esa razón se habla de un golpe cívico-militar.
El libro colectivo ‘Los restos de la dictadura. Persistencias y transformaciones a 50 años del golpe de Estado de 1976’ reúne aportes de investigadores de las ciencias sociales argentinas que, a medio siglo del golpe del 24 de marzo de 1976, proponen una lectura crítica de los efectos de largo plazo del terrorismo de Estado y del proyecto político, económico y cultural del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”.

La obra surge de las Jornadas realizadas en marzo de 2026 en el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y se inscribe en una tradición académica que busca pensar la dictadura no solo como un pasado clausurado, sino como una matriz que continúa estructurando prácticas, instituciones y conflictos de la democracia contemporánea.
Lejos de limitarse a una reconstrucción histórica del régimen militar, el volumen se orienta a identificar “restos”, es decir, huellas persistentes, inercias y transformaciones que atraviesan la economía, la cultura política, las formas de sociabilidad, las instituciones educativas, las políticas de memoria y los debates públicos actuales. Esta perspectiva permite superar una mirada transicional centrada exclusivamente en la ruptura entre dictadura y democracia, y pone el acento en las continuidades estructurales que explican desigualdades persistentes y disputas simbólicas aún abiertas.
Del golpe de 1976 a la democracia condicionada
El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, anunciado por la cadena nacional de radiodifusión y acompañado por el despliegue coordinado de las Fuerzas Armadas en todo el territorio, instauró un régimen de excepción permanente basado en el estado de sitio y el control militar de la sociedad. El libro subraya que este acto fundacional no fue únicamente una respuesta coyuntural a la crisis política previa, sino un proyecto refundacional que buscó reordenar de manera duradera la estructura social argentina.

Desde esta perspectiva, la dictadura no solo aniquiló a la oposición política mediante un plan sistemático de desaparición forzada, tortura y asesinato, sino que también desmontó formas previas de organización social, sindical y política, generando un disciplinamiento cuyos efectos se proyectaron más allá de 1983. La transición democrática, si bien restituyó las instituciones constitucionales y habilitó políticas pioneras de memoria, verdad y justicia, se desarrolló sobre un terreno ya profundamente reconfigurado por el terror estatal.
Impunidad residual y crisis del consenso democrático
Uno de los aportes centrales del libro es el análisis de la “impunidad residual” como un rasgo constitutivo de la democracia argentina. Aunque el país se consolidó como referente internacional en justicia transicional —con hitos como la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), el Juicio a las Juntas y la reapertura de los procesos por crímenes de lesa humanidad—, la obra señala que persisten zonas grises: causas inconclusas, responsabilidades civiles poco investigadas y resistencias institucionales al pleno esclarecimiento de los hechos.
A 50 años del golpe, este legado se expresa en la fragilidad del llamado “consenso democrático”. Diversos trabajos del volumen analizan la emergencia de narrativas políticas que relativizan el terrorismo de Estado, equiparan la violencia estatal con la de las organizaciones armadas y cuestionan el carácter sistemático de los crímenes cometidos por la dictadura. Estas lecturas, que ganaron visibilidad en el debate público reciente, tensionan los acuerdos construidos desde el “Nunca Más” y reabren disputas sobre el sentido del pasado y los límites de la democracia.

Disciplinamiento social y desigualdad estructural
Desde el punto de vista sociológico, este trabajo bibliográfico sostiene que el terror no operó únicamente como represión física, sino como un mecanismo de transformación profunda de las relaciones sociales. El miedo, el silenciamiento y la desarticulación de la acción colectiva produjeron subjetividades marcadas por la desconfianza y la autocensura, rasgos que aún inciden en la participación política y en la tolerancia social frente a la desigualdad.

Estas continuidades explican, en parte, la coexistencia de instituciones democráticas formales con altos niveles de exclusión y precariedad social, un fenómeno que no es exclusivo de Argentina sino compartido por otros países del Cono Sur.
Derechos humanos y políticas de memoria: entre el “Nunca Más” y las nuevas disputas
Un eje central del libro es la evolución de las políticas de memoria. Desde el informe “Nunca Más” hasta las políticas estatales de las décadas posteriores, la memoria del terrorismo de Estado se constituyó como un pilar de la democracia argentina. Sin embargo, los autores advierten que la memoria no es un patrimonio fijo, sino un campo de disputas permanente, atravesado por cambios generacionales, contextos políticos y transformaciones culturales.

En la actualidad, estas tensiones se expresan en debates sobre el alcance de las políticas de derechos humanos, el rol del Estado en la preservación de archivos y sitios de memoria, y la búsqueda aún inconclusa de personas desaparecidas y de niños y niñas apropiados. Organismos internacionales han alertado recientemente sobre retrocesos en estas áreas, señalando que la erosión de las políticas de memoria debilita las garantías de no repetición y el Estado de derecho.
Proyección regional: repercusiones en América Latina
También el libro sitúa el caso argentino en una perspectiva latinoamericana. El “Proceso de Reorganización Nacional” formó parte de un ciclo regional de dictaduras articuladas por la Doctrina de Seguridad Nacional y, en muchos casos, por mecanismos coordinados de represión como el Plan Cóndor. Las experiencias argentinas de memoria, verdad y justicia influyeron de manera decisiva en otros países de la región, contribuyendo al reconocimiento del derecho a la verdad y al juzgamiento de crímenes de lesa humanidad.
No obstante, los autores advierten que las disputas actuales en Argentina también anticipan dilemas regionales: el avance de discursos negacionistas, la equiparación de violencias y la tensión entre demandas de orden y garantías de derechos humanos. En este sentido, los “restos” de la dictadura no solo interpelan a la sociedad argentina, sino que constituyen una advertencia para las democracias latinoamericanas contemporáneas.

A 50 años del golpe, el libro invita a repensar la democracia no solo como un régimen institucional, sino como un proceso histórico aún atravesado por los legados del terror estatal.
Acceso al libro

El presente libro, producto de las Jornadas «Los restos de la dictadura», realizadas en el Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG) los días 26 y 27 de marzo de 2026, invita a pensar sobre la historia reciente de la Argentina. Desde el fin del ciclo de dictaduras militares, y a 50 años del último golpe de estado, la propuesta es convocar a la reflexión sobre los impactos sociales de largo plazo del proyecto político, económico y cultural legado por esa irrupción, a partir del análisis de los modos en que la misma ha condicionado a la sociedad argentina desde el retorno a la democracia.
Se buscan las huellas profundas del «Proceso de Reorganización Nacional» allí donde nos hemos acostumbrado a no verlas, en la superficie de las prácticas sociales, económicas, políticas culturales de nuestra democracia efectivamente existente, pero también en sus inercias y en los tejidos subyacentes.
Los textos de Los restos de la dictadura. Persistencias y transformaciones a 50 años del golpe de Estado de 1976 están centrados sobre diversos aspectos de este ciclo —rupturas, continuidades y reverberaciones de un proyecto que tuvo un objetivo refundacional—, con el fin de contribuir, desde el campo de las ciencias sociales, a la reflexión sobre ese pasado y sus consecuencias presentes.
Para acceder al libro en archivo PDF, ingresar al siguiente enlace:
Los restos de la dictadura. Persistencias y transformaciones a 50 años del golpe de Estado de 1976