Quiero farmear aura*

Farmear el aura traduce un sueño, una aspiración, una transgresión indispensable para tener salud de cuerpo y alma.

Quiero farmear aura pero soy tímido en las calles. Quiero mostrar flow pero no me concentro. Veo a los chicos tomarse el espacio público, pararse uno frente a otro, agitar sus manos como haciendo gelatina el aire, dibujar gestos, dar saltos gatunos o perrunos, lanzarse al piso duro, rebotar como balones, estirar sus cabezas, amagar con todo el cuerpo como saliendo de trancones.

Al principio no entendí esos esguinces, acrobacias espontáneas, danzas, movimientos jeroglíficos, contorsiones, juegos ceremoniosos de ojos y saludos. Pero de verlos tanto desde cierta distancia empecé a comprender esos retos, esos desafíos respetuosos, esas competencias con premios de puntos o recursos, esos jaleos como revolviendo natilla.

Y así me fui adentrando en esa novedad de los jóvenes, así fui introyectando la nueva búsqueda de sentido, el nirvana juvenil, la energía escondida, el fuego que los enfervoriza, el deseo en formación, el ikigai o tesoro prometido. Y sí, ahí comprendí un poco más, aunque la mente con los filtros de tik tok se me bloqueaba. Hay que soltar, hay que dejar fluir la percepción, libre de juicios, soberana en la mirada, empática en el contacto.

Y me fue gustando. ¿Cómo no agradarle a uno ver a chicos enfrentados a chicas al aire libre en igualdad de condiciones? No son solo muchachos, hay muchas chicas que reclaman su lugar en el espacio. Y dele. Dele que es quien tenga más estilo porque el estilo es lo natural en cada uno, dele que es quien es más auténtico, qué es lo que cada quien cultiva y puede mostrar con flow, seguridad, proyección, presencia, carisma, carácter. Y lo más insólito, están saliendo de sus habitaciones para reunirse en nuevas comunidades, léase bien COMÚN – UNIDADES.

Quiero farmear aura pero ya no soy tan elástico, eso me salía cuando hacía teatro. Quiero farmear aura, pero en el tinglado de mi imaginación contra mis fantasmas que no dan tregua, para ver si tienen más presencia que la mía, para ver si me ayudan a completar mis vacíos.

Quiero farmear aura pero a solas conmigo mismo. El aura hay que mostrarla, cada quien tiene lo suyo. Los chicos sí que la tienen, a eso juegan seriamente. Su actitud, su identidad, su arquetipo, están vibrando en las calles. Saben que los graban pero ellos buscan la esencia.

Por eso me encanta esta nueva puesta en escena. Los chicos quieren mover sus energías, emociones y anhelos. Esos enfrentamientos inofensivos los desconectan de los móviles. Son más ellos, buscan sus mejores socavones. Resignifican el espacio público que les pertenece. Y, ¿por qué ahora? Cuando los terremotos nos recuerdan lo frágil y efímera que es la vida.

Pareciera que quisieran sacralizar los momentos de la competencia.

Si el aura es la luz que irradia cada ser, los chicos están buscando en ellos mismos lo que les está negando el curso caótico e incierto del mundo. Sienten extraviada su sustancia en un planeta que parece girar sin rumbo conocido. Quizás están indagando hacia dónde pueden dirigir su propio destino.

¿No será que se sienten sofocados en un universo que agotó las posibilidades para ellos? ¿Será acaso un juego terapéutico para gestionar por ahora una realidad externa que no aceptan? Ya no miran hacia afuera, empiezan a mirar hacia dentro. Buscan respuestas en las expresiones súbitas de sus cuerpos y rostros, lo único que todos tenemos, lo último que perderemos.

El aura refleja lo que dentro tienen. Lo saben y lo tramitan. Lo cultivan y lo comparten.

Tal vez se resisten a vivir en las prisiones en las que vivieron sus padres: las fábricas, las oficinas, las escuelas, los hospitales, las iglesias.

Por eso se toman las plazas, los parques, las plazoletas, el espacio público que ya no lo es.

Quizás, quieren volver a la naturaleza (lo mejor del afuera) y a su propia naturaleza.

Respirar como seres libres, mirar el horizonte y las estrellas.

Farmear el aura, entonces, traduce un sueño, una aspiración, una transgresión indispensable para tener salud de cuerpo y alma.

Y quienes piensan que farmear aura es una nueva locura juvenil como lo fue el furor de los Therians están equivocados porque la locura, la verdadera locura es la que hace falta a la sociedad para sanarnos a todos de las esclavitudes inherentes a la modernidad y el coloniaje.

Los chicos están haciendo lo que aman, son libres, no están perdiendo el tiempo.

Quiero farmear aura con mis enemigos invisibles doblegándome en la soledad de mis subsuelos.

Quiero farmear sin salir de mi eterno escondrijo.

*“Farmear aura” (inglés aura farming) es una tendencia de internet que mezcla los videojuegos con la vida real. “Farmear” significa repetir una acción para ganar puntos, y el “aura” es el carisma o estilo de alguien. Por lo tanto, significa hacer cosas con actitud para parecer más seguro, misterioso o cool frente a los demás. [NDLR La Pluma]

Tigrillo L. Anudo, 24 de agosto de 2026