En Colombia la motosierra no es un símbolo neoliberal, ha sido un instrumento de muerte y terror

El terror no es un componente marginal sino estructural del tipo de capitalismo que se ha construido en Colombia y por eso bien lo pudiéramos denominar capitalismo motosierrero, al que no le ha faltado el componente neoliberal, que se ha implementado desde hace más de 30 años. En estos momentos, lo que se plantea es la radicalización de la arista económica y antisocial de la motosierra (y de ahí la referencia a Javier Milei), pero también se enuncia una guerra abierta contra gran parte de la sociedad colombiana, la humilde, la trabajadora, la campesina, la indígena, negra y plebeya.

A menudo se dice que el programa de “La Patria Milagro” del candidato de la extrema derecha en Colombia es una copia del de Javier Milei en la Argentina, y por eso se pueden identificar con un mismo símbolo distintivo, usado como metáfora, el de la motosierra. Esa es una comparación superficial, que no va al fondo del asunto, un asunto de suma gravedad: mientras que el bufón argentino empleó el término motosierra como símbolo de su campaña de desmantelamiento de gran parte del Estado, para significar que iba a destruir y arrasar con todo aquello que considerara innecesario dentro del aparato público, inscrito en su perspectiva libertaria, en lo que se incluyen educación, salud, cultura, ciencia…, en el caso colombiano también se anuncia la privatización, mercantilización y precarización que se está viviendo en Argentina, pero con un elemento adicional, y típicamente colombiano, la violencia brutal contra grandes segmentos de la población. Y no estamos hablando solo de la violencia económica y social que genera el proyecto de la extrema derecha, que se simboliza con una motosierra en el caso de Argentina, y en Colombia “la Patria Milagro” anuncia, sin pelos en la lengua, el despido de 700 mil trabajadores del Estado, eliminar 10 ministerios y más de un centenar de instituciones públicas.

La motosierra, artefacto de terror

En Colombia, debe recordarse un elemento macabro que aconteció hace poco tiempo, tan poco que está viva y fresca la crueldad de lo que realizaron los paramilitares. En concreto, cuando en este país se menciona la motosierra no se está haciendo referencia a un símbolo o a una metáfora, empleada para enfatizar el carácter destructivo del proyecto seudolibertario en términos sociales, económicos y culturales, sino que se alude a un instrumento de trabajo que fue convertido, por parte de las bandas paramilitares, en un artefacto de tortura, dolor y muerte. Así, a punta de motosierra fueron asesinados miles de colombianos humildes y otros expulsados de sus tierras, cuando, con una saña propia de nazis y sionistas que nos debería avergonzar ante el resto del mundo, fueron desmembrados vivos y estando en pleno uso de sus facultades seres humanos y, en algunos casos, para completar la infamia asesina, sus restos fueron lanzados a caños y ríos infestos de cocodrilos, para que no quedaran huellas de las personas que fueron torturadas con crueldad.

Hoy debe recordarse que la motosierra ha sido empleada en la forma más atroz que pueda imaginarse, no para cortar árboles o descuajar monte, sino para desmembrar seres humanos que sufrieron una de las más terribles formas de tortura y muerte. Está claramente establecido el momento y el lugar en que empezó a utilizarse la motosierra, en el municipio del Trujillo, Valle del Cauca, en 1990. Un nefasto día de ese año, relata una crónica de El Tiempo [que no es precisamente un periódico de izquierda o algo por el estilo]:

“A los Cano Valencia les habían llegado rumores de que, en las ver

edas de Cristales, Salónica y Playa Alta, en Trujillo, Valle, paramilitares al servicio de los narcotraficantes Henry Loaiza, ‘el Alacrán’, y de Diego Montoya, ‘Don Diego’, descuartizaban gente con motosierras y machetes, o la usaban como blanco de tiro, con ayuda de miembros del Ejército y la Policía.

El 23 de marzo de 1990, los rumores se convirtieron en realidad. Cerca de las 8:00 p.m., en medio de un fuerte aguacero, un grupo de paramilitares y efectivos del Ejército llegó a La Argelia, la finca de los Cano en La Sonadora, una vereda entre Trujillo y Riofrío. Ángela Valencia de Cano, de 70 años, debió soportar, parada en el corredor de su casa, los gritos de dolor de su hijo José Dorniel Cano mientras era torturado en la alcoba principal, y ver cómo 10 hombres ataban de pies y manos a sus otros dos hijos, Rubielider y José Alvem, y a Ricardo Burbano, un trabajador de la finca.

Sus gritos de misericordia solo obtuvieron como respuesta golpes en la cara. El hombre que la encañonaba con una pistola le dio varias veces con la cacha. A José Dorniel lo molieron a golpes, le amputaron los dedos y le arrancaron los testículos con un arpón. Cuando estaba al borde de la inconsciencia porque no habían logrado sacarle información, los victimarios dejaron la habitación y amenazaron con asesinarlos a todos. Ángela oyó tres disparos. Tendida en el corredor, supo que sus hijos estaban muertos. José Dorniel se desangró. Dejó una viuda y siete huérfanos”. [Trujillo: una tragedia que no cesa, El Tiempo, marzo 9 de 2008].

Y Alfredo Molano en una crónica sobre la masacre de Macayepo, perpetrada el 14 de octubre de 2000, escribió: “Al contrario de lo que se cree, en Macayepo no hubo una masacre al estilo de la de El Salado o la de Chengue, ejecutadas en la plaza principal y al son de tamboras y vallenatos. Fue una matazón que dejaba cuerpos destrozados con motosierra en los caminos a medida que Cadena amasaba su capital con ganado robado. Todo amparado. Todo desfigurado”. [Alfredo Molano, “Viaje al pueblo masacrado por los paramilitares”, Soho, 22 de abril de 2013. Disponible en: Viaje al pueblo masacrado por los paramilitares – Soho].

Estos dos testimonios indican que acá en Colombia cuando se habla de motosierra no se hace referencia a una metáfora que alude solo a la destrucción social y económica de un país que genera el proyecto neoliberal libertario, sino a muerte y, sobre todo, terror, como a puede verse con toda crudeza en la película Perro como perro [2007].

Lo significativo radica en que quienes han usado la motosierra como “máquina de terror” sean los mismos que defendió en sus primeros litigios como abogado el candidato de la extrema derecha y el mismo haya dicho sobre los asesinos de la motosierra que “la única paz real fue la de los paramilitares” y los haya adulado porque supuestamente “salvaron a Colombia”.

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Renán Vega Cantor
Fuente: Rebelión, 20 de junio de 2026
Editado por María Piedad Ossaba