Joan Manuel Serrat, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2024
Serrat en diez canciones inolvidables

El cantautor catalán ha sido reconocido “por el alcance de una trayectoria artística que trasciende la música y se hace referente cívico”.

Joan Manuel Serrat. Foto: EFE/ Kiko Huesca

El cantante y compositor Joan Manuel Serrat ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2024, según ha hecho público hoy en Oviedo el jurado encargado de su concesión.

“No saben con cuánta alegría y emoción recibo la noticia de la concesión del premio”, ha manifestado Serrat en un comunicado. “No encuentro mejor manera que una distinción tan prestigiosa como esta para despedir una carrera profesional larga y satisfactoria como la mía“.

El jurado ha premiado al autor de Mediterráneo “por el alcance de una trayectoria artística que trasciende la música y se hace referente cívico, sumando a las letras de sus canciones la fuerza del himno colectivo con voluntad universal”.

Las canciones de Joan Manuel Serrat son la banda sonora del siglo XX en nuestro país. Lo que no conoció de primera mano lo aprendió en sus poetas de cabecera e introdujo aquellos textos en melodías inolvidables. En su repertorio está la guerra civil, la posguerra, la dureza de la vida en los barrios, el amor a su familia, a sus amigos, a sus hijos, las relaciones sentimentales, la política, la defensa del desarrollo sostenible…Joan Manuel Serrat son la banda sonora del siglo XX en nuestro país. Lo que no conoció de primera mano lo aprendió en sus poetas de cabecera e introdujo aquellos textos en melodías inolvidables. En su repertorio está la guerra civil, la posguerra, la dureza de la vida en los barrios, el amor a su familia, a sus amigos, a sus hijos, las relaciones sentimentales, la política, la defensa del desarrollo sostenible…

El flamante Premio Princesa de Asturias de las Artes, designación con la que acaba de ser reconocido, nos invita a revisitar sus composiciones imprescindibles, si bien somos conscientes de que faltan muchas de ellas. Según ha hecho público este miércoles en Oviedo el jurado encargado de su concesión, los motivos del reconocimiento remiten al “alcance de una trayectoria artística que trasciende la música y se hace referente cívico, sumando a las letras de sus canciones la fuerza del himno colectivo con voluntad universal”.

El jurado ha premiado al autor de Mediterráneo “por el alcance de una trayectoria artística que trasciende la música y se hace referente cívico, sumando a las letras de sus canciones la fuerza del himno colectivo con voluntad universal”.

Joan Manuel Serrat, premio Princesa de Asturias de las Artes 2024.

“En el trabajo de Serrat, de honda raíz mediterránea, se aúna el arte de la poesía y la música al servicio de la tolerancia, los valores compartidos, la riqueza de la diversidad de lenguas y culturas, así como un necesario afán de libertad”, continúa el acta del jurado. 

Defensor del diálogo frente a la crispación, la obra de Joan Manuel Serrat es un exponente de su irrenunciable vocación de tender puentes entre países y generaciones”, concluía el acta.

[Joan Manuel Serrat, el legado inolvidable del artesano de la canción]

Nacido un 27 de diciembre de 1943, el ‘noi de Poble-sec’ abandonó los escenarios el 23 de diciembre de 2022, más de cincuenta años después de que el grupo barcelonés Els Setze Jutges lo integrara en sus filas a comienzos de los años 60. Eran los años de la eclosión de la nova cançó catalana, movimiento que impulsó la música en catalán y reivindicó su lengua y su cultura en pleno franquismo.

Serrat creció en el humilde Poble-sec, donde la gente trabajadora sobrevivía en torno al puerto pesquero. El Noi ha reivindicado más de una vez su condición de charnego. Su madre, Ángeles, era aragonesa, de Belchite: de ella heredó el gusto por la zarzuela y la copla de Juanito Valderrama o Concha Piquer, las letras de Quintero, León y Quiroga. Quizás por ello en su cante se atisbe un sutilísimo deje flamenco. Su padre, Josep, fue un anarquista catalán afiliado a la CNT.

Licenciado en Ingeniería Técnica Agrícola, fue en su etapa universitaria cuando comenzó a tener mayor contacto con el mundo de la música. En 1964 grabó su primer disco en solitario, Una guitarra, y se estrenó como intérprete en 1965. Solo un año más tarde protagonizó su primer recital en solitario en el Palau de la Música de Barcelona. En 1966 publicó Ara que tinc vint anys y Cançó de matinada, con los que alcanzó los primeros puestos de las listas de éxitos en España.

Serrat es la voz de la concordia. Sin embargo, su trayectoria hasta llegar a conciliar a casi todos no fue, precisamente, un camino de rosas. En 1968 fue elegido para representar a España en Eurovisión, pero se vio envuelto en una sonora polémica por la canción “La, la, la”, compuesta por El Dúo Dinámico.

[Serrat, la voz conciliadora: el principio del fin del eterno cantor]

Le ofrecieron interpretarla en Eurovisión y, motivado por las críticas de sus camaradas catalanes, exigiría cantarla en su lengua. Aquella intemperancia le valió el veto en TVE, que se prolongó hasta 1974. El régimen franquista inició una campaña en su contra y en 1975 tuvo que exiliarse en América Latina por criticar a la dictadura. 

Aunque vilipendiado en España por cantar en catalán, y en Cataluña —de esto no hace tanto— por hacerlo en castellano, en su despedida recibió el abrazo unánime y emocionado de sus seguidores. Desde entonces, su figura no solo atraviesa las ideologías enfrentadas, sino que trasciende la sucesión de generaciones. Su obra, escrita en catalán y en español, fue acogida con idéntico entusiasmo en América Latina.

Serrat y la poesía

Conocido también por sus adaptaciones de poemas, el gran éxito fue el disco Dedicado a Antonio Machado, poeta (1969). Las grandes compañías, que ya custodiaban la carrera de una estrella pop, no consideraron rentable la producción de un álbum en homenaje a un poeta, pero él se mostró incorruptible con la industria hasta el final de su vida. Finalmente, fue un éxito de ventas, pero “no tuvo una recepción por parte de la cátedra de lo más halagüeña”, dijo Serrat el 26 de julio del año 2000, cuando recogió el I Premio Internacional Audiovisual Antonio Machado en Sevilla.

El homenaje a Machado en forma de disco es la cumbre de popularidad más alta que ha alcanzado la poesía española. No hay ciudadano que piense en el verso “Caminante no hay camino” sin la melodía vocal al fondo. El mismo álbum contiene “La saeta”, que le permitió reunirse presencialmente con el cantaor flamenco Camarón, un año antes de su muerte, para la interpretación simultánea.

Miguel Hernández fue publicado en 1972. Serrat ha confesado siempre que la conexión personal con el poeta de Orihuela es aún más intensa que con el autor de Campos de Castilla. Este disco contiene la inolvidable “Nanas de la cebolla”, con música de Alberto Cortez, y la majestuosa “Para la libertad” (otro verso en boca de todos).

Tras musicar a Machado, a Hernández y al catalán Joan Savat-Papasseit en Serrat / 4 (1970) —más tarde incorporaría versos de otros poetas como Luis Cernuda, Lorca o Eduardo Galeano a sus canciones—, el cantautor barcelonés realizaría la primera incursión en un poeta entonces vivo. Mario Benedetti participó en la creación de El sur también existe (1972), título extraído del poema del uruguayo, que supone un canto de amor a América Latina.

Algunos discos como Mediterráneo, En tránsito, Cada loco con su tema, Utopía, Banda sonora d’un temps, d’un país o Mi niñez ya son parte inseparable de la memoria sentimental española desde la segunda mitad del siglo XX. 

En los últimos años de su carrera estuvo muy ligado a Joaquín Sabina. Cultivan una amistad que se remonta mucho tiempo atrás, pero la enfermedad de uno y otro —Serrat padeció cáncer y Sabina, un ictus— les unió definitivamente. En 2007 se encontraron, pasada la tormenta, con la clara voluntad de celebrar la vida. La gira Dos pájaros de un tiro fue un verdadero gozo para sus seguidores y tendría algunas réplicas en años posteriores.

Un elenco con más de diez músicos (compartidos entre las bandas de uno y otro) acompañaron las mejores canciones de los dos grandes autores españoles. Hasta 60 personas formaron parte de la aventura. Rancheras, rumbas, baladas, rock and roll… Un repertorio con todo tipo de géneros y estilos, un tour que se prolongó en tres ocasiones. La última, justo antes de la pandemia, tuvo como fatal desenlace la caída de Sabina al foso del escenario durante una actuación en el WiZink Center.

La trayectoria de Serrat se caracterizado también por su compromiso y defensa de la democracia y los derechos humanos. En 1978 apoyó sin reservas la Constitución Española y en las décadas de los setenta y los ochenta se convirtió en un símbolo en muchos países de Iberoamérica, no solo por su calidad artística, sino también por su compromiso frente a la dictaduras y regímenes dictatoriales militares. En los últimos años se ha mostrado muy crítico con la deriva tomada por el independentismo catalán y ha criticado duramente la convocatoria del referéndum del 1 de octubre de 2017.

El idilio con América Latina

El idilio con América Latina se remonta a 1968, cuando realizó su primer viaje tras la polémica de Eurovisión. Augusto Algueró, que lo había invitado a cantar “Penélope”, lo acoge en el Festival de la Canción de Río de Janeiro. Más tarde se desplazó a Buenos Aires, cuando en Argentina gobernaba Juan Carlos Onganía, predecesor de Rafael Videla. Allí se encuentra con el escritor y dramaturgo Max Aub y el cineasta Luis Buñuel, que permanecen exiliados.

A Cuba viaja en 1971, cuando el espíritu del Che Guevara planeaba sobre la Isla, solo cuatro años después de ser asesinado en Bolivia. Fue detenido en el Malecón de La Habana por llevar el pelo largo, pero se llevó consigo amistades eternas: la del recientemente fallecido Pablo Milanés y la de Silvio Rodríguez, entre otras. 

Doctor honoris causa por varias universidades españolas e iberoamericanas, Serrat ha sido condecorado, además de en España, en Venezuela, Argentina, Francia, Colombia, Chile, Ecuador, Uruguay, Perú y México. Medalla de Oro en las Bellas Artes (1994) y al Mérito en el Trabajo (2006) de España, ha sido reconocido con la insignia de la Orden de Águila Azteca de México (2010) y la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio del Gobierno de España (2022).

Entre otras distinciones, ha recibido el Premio Nacional de Músicas Actuales (2010), el Grammy Latino a la persona del año (2014) y el Premio Odeón de Honor (España, 2022). En 2023 fue nombrado Hijo Adoptivo de Orihuela y recibió el Premio Abogados de Atocha por su defensa de los derechos humanos.

El jurado del Premio Princesa de Asturias de las Artes 2024 ha estado integrado por Claude Bussac, Josep Maria Flotats i Picas, Sergio Gutiérrez Sánchez, Maribel López Zambrana, Antonio Lucas Herrero, Joan Matabosch Grifoll, Isabel Muñoz Villalonga, María Pagés Madrigal, Helena Pimenta Hernández, Martha Thorne, Rosa Torres-Pardo y Carlos Urroz Arancibia, presidido por Miguel Zugaza Miranda y actuando de secretaria Sandra Rotondo Urcola. La candidatura ha sido propuesta por Antonio Gutiérrez Vegara, exsecretario general de CC.OO.

Quisiera agradecer al jurado el haber valorado tan generosamente mis méritos y también dar las gracias a todos aquellos que en esta ocasión y en otras anteriores propusieron unir mi nombre a la lista de galardonados por este Premio”, declaraba Serrat en el comunicado que ha hecho público.

Este ha sido el primero de los ocho Premios Princesa de Asturias que se conceden este año, cuando se cumple su cuadragésima cuarta edición. En los próximos días se fallarán los correspondientes a Comunicación y Humanidades, Deportes, Ciencias Sociales, Letras, Cooperación Internacional, Investigación Científica y Técnica y Concordia.

El acto de entrega de los Premios Princesa de Asturias se celebrará, como es tradicional, en el mes de octubre en una solemne ceremonia presidida por los Reyes de España, acompañados por la Princesa de Asturias y la Infanta doña Sofía.

Jaime Cedillo

Fuente: El Español-El Cultural, 24 de abril de 2024

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Joan Manuel Serrat en diez canciones inolvidables

Joan Manuel Serrat, en una imagen de 2018.

Las canciones de Joan Manuel Serrat son la banda sonora del siglo XX en nuestro país. Lo que no conoció de primera mano lo aprendió en sus poetas de cabecera e introdujo aquellos textos en melodías inolvidables. En su repertorio está la guerra civil, la posguerra, la dureza de la vida en los barrios, el amor a su familia, a sus amigos, a sus hijos, las relaciones sentimentales, la política, la defensa del desarrollo sostenible…

El flamante Premio Princesa de Asturias de las Artes, designación con la que acaba de ser reconocido, nos invita a revisitar sus composiciones imprescindibles, si bien somos conscientes de que faltan muchas de ellas. Según ha hecho público este miércoles en Oviedo el jurado encargado de su concesión, los motivos del reconocimiento remiten al “alcance de una trayectoria artística que trasciende la música y se hace referente cívico, sumando a las letras de sus canciones la fuerza del himno colectivo con voluntad universal”.

“En el trabajo de Serrat, de honda raíz mediterránea, se aúna el arte de la poesía y la música al servicio de la tolerancia, los valores compartidos, la riqueza de la diversidad de lenguas y culturas, así como un necesario afán de libertad. Defensor del diálogo frente a la crispación, la obra de Serrat es un exponente de su irrenunciable vocación de tender puentes entre países y generaciones”, concluía el acta.

Paraules d’amor (1968)

Escrita en catalán e incluida en el disco Com ho fa el vent (1968), es una exquisita canción de amor de un Serrat que acaba de cumplir 24 años. Recuerda una relación sentimental de la adolescencia, transcurrida hace una década. Lo más interesante no es el evocador lenguaje, en el que ya se atisba una sutileza casi exclusiva, sino en la constatación de un punto de vista: el amor es distinto a todo lo demás a los quince años.

“Palabras de amor sencillas y tiernas. / No sabíamos más, teníamos quince años. / No habíamos tenido demasiado tiempo para aprenderlo, / apenas despertábamos del sueño de los niños”, reza el estribillo en su traducción española. 

        

Cantares (1969)

El homenaje a Antonio Machado en forma de disco —Dedicado a Antonio Machado, poeta (1969)— es la cumbre de popularidad más alta que ha alcanzado la poesía española. No hay ciudadano que piense en el verso “Caminante no hay camino” sin la melodía vocal al fondo. Además, es realmente una adaptación, pues el poema original se queda en el recitado que Serrat incluye hacia la mitad del tema.

El mismo álbum contiene “La saeta”, que le permitió reunirse presencialmente con el cantaor flamenco Camarón, un año antes de su muerte, para la interpretación simultánea: Serrat; al recitado; el de la Isla, al cante.

Penélope (1969)

“Penélope” ha sido, hasta su retirada, otro clásico en su setlist. Lo que casi nadie sabe es que la música de esta bellísima balada corresponde a Augusto Algueró, un compositor ineludible en la canción en español del siglo XX. 

Serrat decide actualizar el mito de Ulises y Penélope, que en la Odisea espera a que venga su hombre de la guerra de Troya. La protagonista de la canción escrita por el noi de Poble-Sec lleva un bolso de piel marrón y “espera que llegue el primer tren / meneando el abanico”. El giro final del argumento ha dado lugar a múltiples interpretaciones entre los exégetas.

Fiesta (1970)

El arreglo orquestal de “Fiesta”, incluida en el disco Mi niñez, tiene más de medio siglo y aún nadie lo ha superado en otra versión. Este canto a lo popular, una de las señas de identidad en el cancionero de Serrat, seguía siendo uno de los momentos álgidos en sus directos hasta el final de su carrera.

La canción también da muestras del agudísimo observador que ha sido Serrat, una capacidad que ha enriquecido cada una de sus letras. “Y con la resaca a cuestas / vuelve el pobre a su pobreza / vuelve el rico a su riqueza / y el señor cura a sus misas”, rezan algunos de los versos más conocidos.

Mediterráneo (1971)

Era mayo de 1971 y Serrat necesitaba descansar. El desasosiego al que se vio sometido por su anterior mánager, Lasso de la Vega, le llevó hasta un hotel a pie de playa en Calella de Palafrugell, situado en la Costa Brava. Contemplando las embarcaciones de los pescadores varadas en la orilla, se le reveló ese momento de inspiración irrepetible.

Más de 200 palabras que condensan un paisaje y una forma de vida. Un alumbramiento, “Mediterráneo”, en el que también cabe el registro de un carácter: “Soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino, tengo alma de marinero”, reza el estribillo de la canción, que sirve de colofón a la sensualidad de sus estrofas.

Lo que ocurre “de Algeciras a Estambul” ya es patrimonio de la música popular en español. Optimista, profunda y melancólica, la canción dedicada al Mare Nostrum dejó de ser de Serrat para ser de todos. Hoy lo asume con orgullo. La interpretó por primera vez en la terraza de aquel hotel, el Can Batlle, ante Rosa Moret, la propietaria, y su marido. Más tarde el mítico Juan Carlos Calderón cogería las riendas de la producción, insertándole unos arreglos jazzeros inolvidables.

Pueblo blanco (1971)

Aunque hubiera sido bastante, en aquel disco Serrat no solo nos legó “Mediterráneo”. Las diez canciones de este álbum se grabaron en cinco días en los estudios Fonitz Zetra de Milán, donde el sello discográfico Zafiro enviaba entonces a los artistas de su plantilla, gracias al talento y la disposición del ingeniero Plinio Chiesa, que murió al año siguiente. 

Sin embargo, lo importante de este inolvidable álbum es el momento de composición: ese disco guarda la esencia marinera de su tierra y el aroma de su gente, por más que se manufacturara en el país transalpino. “Pueblo blanco”, canción inspirada en Mojácar (Almería), es un crudísimo retrato de la España de posguerra.

La magnífica recreación de este universo nos recuerda a la España vaciada: “Por sus callejas de polvo y piedra / por no pasar ni pasó la guerra, / solo el olvido”. La canción, de una solemnidad terrible, presenta versos tan rotundos como estos: “Y me pregunto pa’ qué nace la gente / si nacer o morir es indiferente”. O los que concluyen: “Los muertos están en cautiverio / Y no nos dejan salir del cementerio”.

Lucía (1971)

El Serrat más inspirado escribió esta canción, también del disco Mediterráneo, a un antiguo amor. La letra conserva los trazos poéticos que exige el canto a una pérdida, aunque esta vez es la melodía la que eleva a “Lucía”. No obstante, esta canción epistolar contiene versos de una sofisticación apabullante: “Perdóname si hoy busco en la arena / una luna llena que arañaba el mar”, escuchamos justo antes del estribillo.

Es aquí, en el corazón de esta balada, donde el compositor logra una fantástica mezcla de consición y belleza: “No hay nada más bello / que lo que nunca he tenido, / nada más amado que lo que perdí”. 

Aquellas pequeñas cosas (1971)

Esta exquisita miniatura es otra de las joyas correspondientes al álbum Mediterráneo. Como los mejores poetas, canta a lo cotidiano, a “Aquellas pequeñas cosas” que “te sonríen tristes y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve”. El compositor refleja su preocupación por los momentos de vida que se esfuman.

Serrat se despidió del cine como protagonista interpretando esta canción en Mi profesora particular (Jaime Camino, 1973). Dos guionistas de lujo, los escritores Juan Marsé y Jaime Gil de Biedma, confeccionaron la historia de los personajes interpretados por Serrat y Analía Gade.

Nanas de la cebolla (1972)

El álbum Miguel Hernández fue publicado en 1972. Serrat confiesa que la conexión personal con el poeta de Orihuela es aún más intensa que con el autor de Campos de Castilla. El arreglista Francesc Burrull, conmovido por esos poemas que hasta entonces no conocía, escribió las ceremoniosas orquestaciones para la Sinfónica de Madrid, lance crucial en la producción.

Así la solemnidad de “Nanas de la cebolla”, con música de Alberto Cortez, y la majestuosa “Para la libertad” (otro verso en boca de todos). La cadencia de “Nanas de la cebolla” le va como un guante a una letra dolorosa en la que el poeta contaba cómo en prisión alimentó a su hijo con pan y cebolla.

De vez en cuando la vida (1983)

En los años 80 Serrat ya era una leyenda. Alejado de proclamas, aunque nunca dejó de defender la democracia o los derechos humanos, su poética se vuelve mucho más terrenal. “De vez en cuando la vida” es una joya imperecedera de una delicadeza irrestible.

Un reconciliatorio canto a lo esencial desde la más honda ternura que le lleva a pronunciar, con una voz ya más gastada, versos de esta dimensión: “De vez en cuando la vida / toma conmigo café / y esta tan bonita que da gusto verla. / Se suelta el pelo y me invita / a salir con ella a escena”. La melodía, en la que destaca el piano de Ricard Miralles, resulta también deliciosa. 

Jaime Cedillo

Fuente: El Español-El Cultural, 24 de abril de 2024

Editado por María Piedad Ossaba