Túnez 2011-2021: una historia a seguir

La regularidad y la densidad de los movimientos sociales (un millar por mes) dan testimonio de las dificultades que corroen al país y de la persistencia de las frustraciones de sectores marginados de la sociedad.

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El 14 de enero es la “fiesta nacional de la revolución” de Túnez. Pero exactamente diez años después de la fuga de Ben Ali, todavía nos preguntamos qué es lo que realmente se está celebrando. Si bien es difícil echar una mirada fría a la secuencia de los acontecimientos y a la combinación de las temporalidades, para captar la multitud de actores que han aparecido en la escena y desaparecido del radar desde esta fase insurreccional, no se puede negar la inclinación del país y de sus ciudadanos hacia dinámicas nuevas y contradictorias.

Hacer un balance de los diez años de Túnez desde 2011 es una tarea delicada. Aún pasará tiempo antes de que podamos dar cuenta de la lógica de un espectacular levantamiento que causó la salida de un militar que se había convertido en presidente de la República en un “golpe de estado médico” en 1987, y que el mundo se había acostumbrado a creer inamovible. Si bien es difícil observar echar una mirada fría a la secuencia de acontecimientos y la combinación de temporalidades, para captar la multitud de actores aparecidos en la escena y desaparecidos de los radares, no se puede negar la inclinación del país y de sus ciudadanos en dinámicas nuevas y contradictorias.

¡Proceso de un sueño inacabado!, por Hamzi Mazhoudi, Túnez

Multiplicidades

La sorpresa ante al crescendo insurreccional, junto con la parálisis progresiva de la dirigencia del país, culminaron en el final de una fase de 29 días que los tunecinos llaman thawra, separando  un antes y un después diversamente apreciados. La palabra árabe significa a la vez “rebelión” y “revolución”, dividiendo a aquell@s para l@s que el 17 de diciembre de 2010 en Sidi Bouzid es el verdadero desencadenante y a los adeptos de la canonización del 14 de enero, cuando Zine El Abidine Ben Ali vuela a Arabia Saudita. La decisión del gobierno central de hacer del 14 de enero la “fiesta nacional de la revolución” no impide que los habitantes de Sidi Bouzid conmemoren regularmente el 17 de diciembre como el día memorable determinante.

La autoinmolación de Bouazizi, objeto de consideraciones contrarias, lo hizo entrar en la historia de la Túnez contemporánea como un protestatario que volvió la violencia contra sí mismo. Aunque este vendedor ambulante no es ni el primero ni el último que se ha suicidado por fuego, este shahid/mártir de  un tipo nuevo modifica la imaginación y el lenguaje políticos tunecinos, ya que proporcionará el modelo para una serie de actos de insumisión, en particular la inmolación del periodista Abderrazak Zorgui el 25 de diciembre de 2018.

Los golpes teatrales y los desórdenes inducidos por la fuga de múltiples responsables han producido una aceleración alimentada por el sentimiento compartido por categorías sociales agotadas por un régimen cada vez más inicuo e incapaz de responder a las múltiples necesidades del país. Las semanas que siguieron a la fase insurreccional fueron más mortíferas, mezclando negociaciones políticas y sit-ins de protesta y dando lugar a acuerdos progresivos para apaciguar la escena política y detener el desmantelamiento en curso.

Al mismo tiempo, en un contexto (de tensiones que van hasta la violencia, la opinión pública se desgarra a propósito de los calificativos de los acontecimientos, de los supuestos escenarios, de los actores implicados, del papel del ejército, de la policía y de la gendarmería, y del número de muertos y heridos de los cuales se espera, hasta la fecha, el recuento y el anuncio oficiales.

Después de décadas de un régimen de información vertical e impuesto, Túnez pasa a un sistema de comunicación radicalmente transformado: los canales se diversifican (entre los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales), las voces se multiplican, las historias se cruzan y se contradicen, las explicaciones y las críticas se entrelazan sin agotar nada ni conducir al surgimiento de un liderazgo estable: nueve jefes de gobierno y doce formaciones se han sucedido en diez años, tantos como durante los períodos de Bourguiba y Ben Ali juntos.

La competencia salvaje, especialmente para los puestos políticos, no indica que la situación esté bajo control. Los canales de televisión (15) y las emisoras de radio (unas 50) proliferan sin poder descifrar las transformaciones en el seno de las familias, entre los sexos, en los hábitos públicos y en las mentalidades. Desde 2011, l@s tunecin@s  han estado compartiendo análisis, interpretaciones, formas de pensar y creer, votos, estilos de vida y, por supuesto, percepciones de una thawra con múltiples rostros, repercusiones y retroalimentaciones.

Juego de palabras (Vol significa robo en francés)-Viñeta de Willis

Instituciones: sí, pero…

El logro más tangible de la Revolución Tunecina sigue siendo la Constitución, que fue proclamada en la noche del 26 al 27 de enero de 2014 en un júbilo y una tregua que puso fin a un largo proceso de brazos de hierro y negociaciones. La Asamblea Nacional Constituyente elegida en octubre de 2011 pasó por tormentosos debates de identidad, asesinatos políticos (entre ellos el del diputado Mohamed Brahmi el 25 de julio de 2013), una suspensión de los trabajos (en agosto de 2013), cuatro borradores del texto constitucional y una dinámica de redacción movilizadora, antes de acordar una versión de compromiso, con un espíritu laico, que no siempre se respeta en la práctica. Hoy en día la Constitución está llena de paradojas y ambigüedades (sobre todo en lo que respecta al islam), llena de carencias (habla de derechos más que de deberes), e incluso de bloqueos.

El dispositivo constitucional, con la amputación del Tribunal que debía completarlo en el transcurso del año, ha permitido, sin embargo, organizar tres oleadas de elecciones: legislativas en 2014 y 2019, municipales en mayo de 2018 y presidenciales en 2014 y 2019. Habrá dado dos presidentes de la República elegidos en dos vueltas por sufragio universal: Béji Caïd Essebsi (2014-2019) y Kaïs Saïed (2019- ) y sirvió para instalar pacíficamente un interino (Mohamed Ennaceur, julio-octubre de 2019), debido al fallecimiento prematuro del entonces presidente.

La sucesión de acontecimientos electorales no impidió el desgaste de la voluntad de votar (las elecciones municipales de mayo de 2018 movilizaron al 35% de los votantes inscritos) ni el deterioro de las condiciones de trabajo y de gobierno de la Instancia Superior Independiente de las Elecciones (ISIE) elegida en abril de 2011 para poner fin a la supervisión del Ministerio del Interior, uno de los instrumentos fuertes del régimen de Partido-Estado, que reinó en Túnez desde las elecciones de 1956.

¿La revancha contra el sistema de partido único reside en los 221 partidos oficiales nacidos desde 2011? Los diputados de la actual Asamblea de Representantes del Pueblo (ARP) sólo pertenecen a veintiuno de ellos y el partido a la cabeza (Ennahdha, de obediencia islamista) sólo representa el 8% de los inscritos en las listas electorales que no abarcan  la mitad de la población tunecina (unos 12 millones). La ineficacia del trabajo parlamentario revela que la oferta de este “régimen de asamblea”, impulsado tras décadas de congelación autoritaria, inestable y accionado por medios opacos, es una herramienta inadecuada de la realidad cambiante.

La aparente fluidez institucional refleja la energía de los actores que han surgido de todas partes, después de una larga hibernación, y que acaparados por la competencia inmediata. Estos procesos aíslan a las fuerzas que compiten por sus objetivos electorales, al tiempo que las aíslan de las necesidades económicas y sociales de un país que, sin embargo, se ha levantado contra las desigualdades estructurales, la falta de perspectivas de trabajo -especialmente para los graduados-, el mal funcionamiento del sistema judicial, la ausencia de derechos y libertades sociales. La corrupción adopta formas sistémicas, ya que el derrumbe de 2011 debilitó la autoridad del Estado, aumentó la parte de informalidad en el tejido económico y la preeminencia de los privilegios adquiridos.

La regularidad y la densidad de los movimientos sociales (un millar por mes) dan testimonio de las dificultades que corroen al país y de la persistencia de las frustraciones de sectores marginados de la sociedad. Una de las movilizaciones más largas (desde 2016) y más significativas de los últimos años es la de Kamour, en el Sur, en plena región petrolera. Allí, como en otros lugares, los habitantes reclaman el derecho a la dignidad (karama), que se planteó en los levantamientos de 2010/2011 y que aún no tiene un contenido concreto.

Los meses de enero en la historia tunecina

Creatividades y frenos

Una de las consecuencias de las que puedo dar testimonio es la de mi relación con la escritura, hasta ahora limitada a una práctica profesional de académica francófona en un país antiguamente colonizado por Francia. Gracias al desbloqueo, yo creé un blog en junio de 2011, entrenándome a analizar noticias a través de la historia y luego orientando mi trabajo de consignación hacia el campo cultural y editorial, en pleno auge. El seguimiento de la producción intelectual tunecina me ha permitido comprender mejor este co-lingüismo que modela las formas de intercambio, de escribir y de pensar de más de una generación, antes y después de la mía, bañada en culturas contiguas y desfasadas, en ósmosis y/o en conflicto, hablando entre líneas, en diálogo o en discordia.

La emancipación de la palabra que reina desde 2011 me confirma en este diagnóstico que constituye, en mi opinión, uno de los recursos de la vida política y cultural tunecina. En efecto, el espacio público se ha enriquecido y diversificado con la abolición de la censura, lo que ha contribuido a ampliar los modos de expresión, a multiplicar los contenidos y a variar las formas de transmisión. A pesar de la falta de medios, la burocracia y la falta de infraestructuras, una ebullición creadora ha tocado el conjunto de los ámbitos culturales:  literaturas en lengua árabe y francesa, el cine documental y de ficción, los cortometrajes y largometrajes, los enfoques musicales varios, las propuestas teatrales, el auge de talentos fotográficos, las innovaciones digitales, el desarrollo de los soportes de vídeo…

La producción despega pero sin conocer la difusión y recepción deseadas, especialmente en el territorio tunecino. Faltan los canales de mediación y valorización duradero (laboratorios, museos, exposiciones…). Como las desigualdades regionales persisten, esta creatividad dista mucho de irrigar a un país que sigue privado de políticas públicas que le proporcionen puestos de trabajo locales, medios de transporte adaptados, seguridad en los lugares públicos, libertad de empresa y de circulación. Como estos requisitos previos tardan en llegar, vemos la persistencia de los movimientos migratorios de los jóvenes, que parten de manera legal o irregular, desalentados por la falta de horizonte, de libertades individuales y de respeto por parte de las autoridades.

La crisis sanitaria de 2020 revela con mayor crudeza la eterna disparidad entre el equipamiento y los recursos en las regiones, las lentitudes burocráticas en las inversiones, la inadaptación de las leyes, la rigidez de los capitales hacia los sectores agrícolas y culturales, pero que son prometedores y generadores de empleo. El aumento de las desigualdades   descontento popular y un sentimiento de injusticia social que se incuba en la mente de las personas, oscurece las perspectivas y envenena la vida y las relaciones públicas y privadas, hasta la violencia.

Terminaré este cuadro contrastado con dos índices que han tardado diez años en emerger, en feudos escondidos por la inercia: el estremecimiento del sector judicial, hasta entonces paralizado por su obediencia a la política y a las prácticas de concusión, y el inicio de la movilización por el medio ambiente, tras el escándalo de los residuos italianos descargados en el puerto de Sousse en diciembre de 2020.

La historiadora que soy ha elegido hacer de los acontecimientos que aún están frescos en las memorias un tema pedagógico, sobre la base de las huellas  que existen y que están a nuestro alcance. Por el momento, Internet ofrece la oportunidad de volver sobre este pasado y permite a las generaciones más jóvenes cuestionarse sobre los vídeos, lemas, imágenes y escritos de este decenio particular. Las fuentes disponibles sobre esta historia cercana merecen ser estudiadas y comparadas con el fin de restituir el hilo de lo acontecido, contribuyendo al mismo tiempo a formar el indispensable espíritu crítico que necesita la educación, que también es un sector a la deriva.

Hypo-crie, mural de Ouméma Bouassida, Markez Chaker, Sfax, 2016

Kmar Bendana كمار بندانا

Original: Tunisie 2011-2021 : une histoire à suivre

Traducido por  María Piedad Ossaba para La Pluma y Tlaxcala, 19 de enero de 2020

Editado por  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

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