La película “Epicentro” : Hubert Sauper en Cuba

“El sabor del Imperio está en nuestros labios, semejante  al sabor de la sangre en la selva”, confirmado por el historiador Howard Zinn: “ Ahora el sabor del imperio poseía tanto a los políticos como al sector empresarial de todo el país”.

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En su nuevo documental, Hubert Sauper deja África (la Tanzania de La Pesadilla de Darwin, el Sudán de Venimos como Amigos) por Cuba. En el desamparado panorama cinematográfico actual (siempre japoneserías, siempre comedias con o sin Florence Foresti, siempre mujeres que quieren emanciparse, o mucho más fuertes que los hombres, o ambas), Epicentro se destaca, por su actualidad (¿en qué punto está Cuba ahora?) y por la riqueza de los materiales culturales e históricos que utiliza.

En primer lugar, se pueden retener las imágenes “a la altura de hombre”: a medida que la cámara se pasea por La Habana, el deterioro de los edificios (óxido, humedad) es evidente. Pero es una constatación banal: los palacios construidos por los colonos españoles están hoy subdivididos y poblados por familias modestas que no tienen los medios para mantenerlos. Al menos, los barrios centrales de La Habana siguen siendo populares (se sabe lo que sucede cuando se rehabilitan los centros de las ciudades). Y se pueden comparar con las villas donde se amontonan los pobres e incluso las clases medias en el resto de América Latina, como en las chabolas de la primera secuencia de Soy Cuba, de Mijail Kalatozov (1964), bajo el régimen de Fulgencio Battista y del padrino usamericano, con sus barracas a las que se accedía por desvencijadas pasarelas, en una zona inundable. De manera más general, Sauper nos muestra todos los problemas económicos de la isla, y las consecuencias de la solución encontrada para compensar la retirada de la URSS, ahora Rusia, y el desarrollo del turismo, que paradójicamente, para mantener viva la Revolución y la independencia, conduce a despojar a los cubanos de zonas enteras de La Habana y de Cuba.

Pero la ambición de la película va mucho más allá: se trata de presentar a Cuba como el centro, cósmico y político, del mundo. Sauper parece haberse inspirado aquí en el chileno Patricio Guzmán y en su Cordillera de los Sueños: las primeras imágenes muestran el firmamento sobre Cuba, y la película se abre y se cierra sobre una metáfora cósmica: la de las olas furiosas que barren el Malecón de La Habana. Pero Sauper no tiene el poder poético de Guzmán, y Cuba aparece sobre todo como el epicentro de los cambios históricos ocurridos desde hace cinco siglos: la explotación de América por la trata negrera y la esclavitud, el colonialismo y, finalmente, el imperialismo: fue en Cuba donde, por primera vez, se izó la bandera de USA fuera del territorio usamericano (hoy ondea en 8 o 900 bases militares en el extranjero).

Sauper hace así de 1898 la fecha simbólica del advenimiento del Imperio usamericano, cuando la explosión, el 15 de enero, del USS Maine, (atribuida a los españoles*), ofreció a los USA el casus belli que necesitaban para entrar en guerra, en abril, contra España, para “liberar” la isla, es decir, para apoderarse de las últimas colonias españolas ( además de Cuba, los USA se apoderaron de Puerto Rico y Filipinas) y se aseguraron el monopolio del control de las Américas.

Portada del New York World de Pulitzer, 17 de febrero de 1898: «La explosión fue causada por una bomba o un torpedo»

Pero es la guerra mediática lo que interesa a Sauper, la ofensiva mediática que ha permitido vender la agresión como una intervención humanitaria, destinada a socorrer a los cubanos oprimidos por los  viles españoles (con toda su poderosa tecnología, el siglo XXI no ha inventado nada) : los dos magnates rivales de la prensa de la época, Joseph Pulitzer (del que se suele dar otra imagen), desde el New York World, y Randolph Hearst, desde el New York Journal, compitieron con imágenes y relatos horrendos sobre la crueldad de los españoles, publicando, por ejemplo, fotos falsas de campos de concentración donde los presos cubanos morían de hambre. Más aún, en 1898, Thomas Edison (también conocido bajo otra luz) inventó el cine de propaganda y fabricó  seudo-reportajes de guerra en los que los extras fusilaban a los rebeldes cubanos, según el modelo del Tres de Mayo de Goya.

Este bombardeo mediático sobreexcitó al público y permitió fabricar una opinión pública que reclamaba la entrada en guerra.

La película de Sauper es, por lo tanto, una reflexión sobre el poder de la propaganda que, a fuerza de repetirlos y alimentarlos, transforma los mitos en realidad. Pero si Cuba se ha resistido al poder militar de los USA, también ha resistido a su mítica reescritura de la historia. Una de las mejores escenas de la película muestra a un grupo de niños viendo un “documental” usamericano sobre la intervención en Cuba: primero siguen las imágenes con la boca abierta – hasta que la voz en off declara: “Así fue como la bandera (española) de la tiranía fue sustituida por la bandera de la libertad”… es decir,¡la bandera de los USA! En ese momento, los niños gritan: “¡No! ¡Mentira!” Asimismo, los niños que se expresan en la película saben “deconstruir” tal película gringa que muestra la batalla naval en la rada de Santiago, donde los barcos yanquis destruyeron, uno tras otro, los barcos españoles que intentaban escapar del bloqueo: lejos de admirar esta “hazaña”, saben que la escena fue rodada en una bañera, con maquetas y trucos.

El episodio del USS Maine permite también hacerse una idea del personaje de Theodore Roosevelt: secretario de Estado de la Armada, desempeño un papel importante en la marcha hacia la guerra; una vez declarada, renunció para alistarse como teniente coronel de los Rough Riders (Jinetes Duros) y fueron sus hazañas bélicas las que le permitieron convertirse en Presidente de 1901 a 1909, y abogar por la diplomacia del “Big Stick” (Gran Garrote).

La toma de posesión de Cuba por parte de los USA fue un acontecimiento decisivo en la historia del imperialismo usamericano: hasta entonces limitados por la Doctrina Monroe (el control del patio trasero latinoamericano), los USA decide entonces convertirse también en los amos del resto del mundo. Wikipedia (mismo artículo) reproduce el feroz editorial del Washington Post del 2 de junio de 1898: “El sabor del Imperio está en nuestros labios, semejante  al sabor de la sangre en la selva”, confirmado por el historiador Howard Zinn: “ Ahora el sabor del imperio poseía tanto a los políticos como al sector empresarial de todo el país”.

Desde el punto de vista histórico, la idea de Cuba como epicentro es, por lo tanto, irrefutable. Pero es este aspecto de la película que Libération (decididamente un diario de extrema derecha: incluso Le Monde felicita a Sauper por no tomar partido en esta película) denigra, bajo la pluma de Laura Tuillier :

“Desde el punto de vista de la propaganda, Hubert Sauper explora la novela nacional del país”; “se habría podido prescindir de este peligroso recubrimiento teleológico (es decir, la idea de Cuba como “epicentro original de la expansión sin fin de la potencia americana”)”.  Por otra parte, a Laura Tuillier le gustaba la idea de “que consiste en recoger, a lo largo de las noches, un relato oficial tan repetido y distorsionado que se convierte en una especie de cuento vago que los niños cuentan riendo. En otras palabras, cuando ella analiza la película, hace un contrasentido total: denunciando los mitos de la historia de los USA, Sauper hace propaganda; recordando la liberación de Cuba por Fidel Castro y sus “barbudos”, contribuye a construir mitos. La Sra. Tuillier no quiere escuchar el fervor de esos niños negros, orgullosos de que su país haya derrotado a los USA y de que la victoria de la Revolución haya puesto fin a la esclavitud.

Pero es este papel invasivo de los niños negros el que es cuestionable, porque distorsiona la primera concepción de la película (la del “epicentro”): ¿no se equivocó Sauper al dejarse seducir por la labia de dos niñas atrevidas e histriónicas, así como por una joven bocazas, cuyas estruendosas declaraciones sólo desembocan en lugares comunes:

“Todos los pueblos son buenos, son los gobernantes  los que son malos” o “afortunadamente, frente a los problemas, tenemos el alcohol y la salsa” (y una escena hace de Cuba el país donde ¡los bebés bailan antes de poder caminar!). Por otra parte, no se puede evitar encontrar incómoda la manera en que Sauper, para las necesidades de la película, halaga las ilusiones de las niñas que quieren convertirse en actrices o cantantes “como Beyoncé” (porque si el pueblo cubano  resiste a los mitos históricos de los USA,  resiste menos bien a las seducciones del espectáculo hollywoodiense).

La última parte de la película  también se ve afectada por una falta de gusto, que es también una falta moral o política: en una película que casi siempre daba voz a los negros, aparece de repente una criatura de ensueño, toda blanca, con el rostro de la  Virgen, (que tiene la cámara bajo su hechizo), que viene a dar lecciones a los niños negros, dándoles una clase de teatro de dudoso gusto, o enseñándoles a descifrar una película de propaganda (lo que estos niños parecían hacer muy bien por sí mismos).  Ella misma es la encargada de expresar el alma de Cuba, entonando a voz en cuello una canción que reduce a los niños cubanos al papel de público silencioso…, ¿Quién es, entonces este tipo de dea ex machina? Es Oona Castilla Chaplin, nieta de Charlie Chaplin, una hispano-chilena de cultura anglosajona quien jugó un papel protagónico en Game of Thrones, Juego de Tronos, que hace ver  El Dictador a los niños,  de manera completamente pasiva (“Es mi abuelo”, señala ella solamente).

Epicentro es, por tanto, un documental de un contenido extremadamente rico, aunque no aporta sobre la Cuba actual todas las informaciones que se esperaban —para ello se puede leer Y Dios entró en La Habana, de Manuel Vázquez Montalbán, aunque data de 1998; también se puede recordar un notable documental catalano-español  de 2002, Balseros, de Carles Bosch y Joan Maria Domènech : comenzó en 1994, durante la gran crisis de los balseros cubanos, que intentaban llegar a Florida en embarcaciones improvisadas, pero cabe destacar especialmente la continuación que los autores  aportaron en 2002, al ir a ver cuál había sido el destino  de los siete candidatos a la emigración que habían seguido, y constataron la brecha entre sus sueños y la realidad que habían encontrado en los USA.

Epicentro concluye así sin haber profundizado realmente la pregunta: ¿En qué punto está Cuba? y su conclusión es muy amarga: la utopía es otro hilo de la película, y Cuba aparece como una utopía, o una ucronía, en el sentido de que no sería una promesa, sino un anacronismo. Es allí, según el autor,  su atractivo: los turistas quieren vivir esta experiencia antes de que el huracán de la Historia la arrastre. Sin embargo, se le puede reprochar una cierta falta de coherencia en la forma (pero también  algunas curiosas faltas de gusto), lo que afortunadamente hace que sea menos convincente para aquellos que quisieran, a pesar de todo, esperar, su demostración.

NdE

* Sobre la explosión del USS Maine, una serie de investigaciones, llevadas a cabo de 1974 a 2002 en los USA, todas concluyeron que los españoles no tuvieron nada que ver, sino que probablemente fue debido a la combustión espontánea de la antracita utilizada como combustible, provocando la explosión del depósito de municiones.

Rosa Llorens Ρόζα Λιώρενς

Original: Le film Epicentro : Hubert Sauper à Cuba

Traducido por María Piedad Ossaba para La Pluma y Tlaxcala, 16 de octubre de 2020

Editado por Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

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