En Israel, la única derecha es la extrema derecha

La extrema derecha no necesita de todas estas distracciones. Todos los demás lo necesitan. Y esa es la única diferencia entre los dos bandos, tan pequeña que es difícil decir cuál es preferible.

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No existe una derecha no extremista en Israel. No hay forma de que pueda haber una derecha no extremista en Israel. Cuando la ocupación es lo que define los contornos – moralidad, ley, justicia, democracia, igualdad –  así como la imagen internacional de Israel, no puede haber una derecha moderada. Sólo hay una extrema derecha o una auténtica izquierda. No hay término medio. Hay blanco o negro, no hay gris.

 Itamar Ben-Gvir de Otzma Yehudit [Fuerza Judía] se dirige a los periodistas, 1 de agosto de 2019.  Foto Olivier Fitoussi

Cualquiera que apoye la perpetuación de la ocupación es de extrema derecha. No hay nadie  más a la derecha; ¿qué puede ser más extremo que apoyar una cruel dictadura militar que durante décadas ha brutalizado a miembros de otra nación y les ha privado de sus derechos? ¿Qué puede ser más racista que apoyar sistemas distintos de derechos y valores para dos pueblos? ¿Y qué puede ser más ultranacionalista que creer que uno de estos pueblos es superior al otro?

Sólo una persona que rechaza todo esto y que está dispuesto a hacer casi cualquier cosa para poner fin inmediatamente a esta situación es de izquierda. Todos los demás se equivocan a sí mismos y engañan a los demás en un esfuerzo hipócrita para sentirse mejor.

Después de 52 años, no queda ningún sedante. La mascarada según la cual  la ocupación es temporal ha terminado, y con ella la posibilidad de ser un liberal sin dejar de apoyar la ocupación. No hay partidarios ilustrados de la ocupación. No existe un enfoque moderado de la ocupación perpetua.

Uno puede estar escandalizado por los kahanistas, asqueado de Otzma Yehudit y desear su derrota, pero la verdad es que, excepto por su estilo brutal y feo, no hay mucha diferencia entre ellos y la mayoría de los partidos. La derecha israelí tiene amplias fronteras e incluye a todos los partidarios de la ocupación, activos y pasivos, entusiastas o apáticos, en resumen, a la gran mayoría de los israelíes.

El miércoles, el azar llevó a Benjamin Netanyahu y Benny Gantz en Cisjordania. Esa mañana, el Primer Ministro se reunió con los colonos de Efrat y les prometió: «Ninguna comunidad  y ningún residente nunca será desarraigado. »

Poco después, a pocos kilómetros de distancia, su supuesto principal rival de campaña declaró: «El Valle del Jordán permanecerá bajo el control israelí para siempre.» Entonces busquen la diferencia. No la hay. No hay fin a la ocupación con Efrat y no hay fin a la ocupación con el Valle del Jordán. No hay solución de dos Estados sin la  retirada en las fronteras de 1967, lo que significa que aproximadamente la mitad de los habitantes d de este país recibirá alrededor de una quinta parte, sin una solo colonia, ni en un valle ni en una montaña.

No hay diferencia entre Gantz, que permanece sólo en el Valle del Jordán, y Netanyahu, que permanece en Efrat. Ninguno de ellos quiere poner fin a la ocupación, ni cree en una solución de dos Estados, ni por supuesto, en un único Estado democrático. Por esta razón, Gantz no es el mal menor, es un mal, tanto como Netanyahu.

Aunque los votantes de Gantz se consideran más iluminados y más humanos que los partidarios de Netanyahu, no lo son. Simplemente son más elocuentes. Las únicas diferencias están en las cuestiones secundarias.

Cuando Bezalel Smotrich [líder de Tkuma, Resurrection, un fascizante partido ultraortodoxo, NdlT] declaró la semana pasada que los delincuentes judíos y palestinos no son iguales ante la ley – «No hay comparación entre un hermano y un enemigo» – estalló una tormenta. Que el cielo no lo permita, gritaron los liberales, eso es apartheid.

Pero Smotrich el «racista» (a diferencia de todos los demás) simplemente describió una situación que ha existido durante décadas bajo gobiernos moderados de derecha, centro e izquierda -bajo el control del ejército, del servicio de seguridad  del Shin Bet y los sistemas judiciales, los héroes de la nación- y a la que sólo se oponen un puñado de verdaderos izquierdistas. Smotrich dice lo que la mayoría de los israelíes piensan, ya sea que lo apoyen, sean indiferentes o ciegos hacia él.

Después de todo, no somos como esta gente. Así que creamos un modelo conceptual para disimular la fealdad. Existen normas legales y puestos avanzados ilegales; si sólo eliminamos los puestos avanzados, seremos justos. Existe el terror palestino, sin razón, sin contexto y sin justificación, y es por eso que no podemos poner fin a la ocupación ahora. Tal vez en otro momento. Existe el derecho al retorno de los refugiados palestinos, que es antisemitismo, por lo que no hay ningún interlocutor para las conversaciones de paz y no hay nada que discutir.

La extrema derecha no necesita de todas estas distracciones. Todos los demás lo necesitan. Y esa es la única diferencia entre los dos bandos, tan pequeña que es difícil decir cuál es preferible.

Gideon Levy

Original: In Israel the only right Is the far right

Traducido por María Piedad Ossaba  para La Pluma y Tlaxcala, 5 de agosto de 2019

Editado por Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

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