Mendoza: un programa agrario desde las organizaciones campesinas-indígenas

Así como el drama campesino-indígena ancestral de nuestra región no cabe en la biografía de la trama política, no es sin disputar esos escenarios que se fortalece la lucha histórica de las organizaciones de base en la provincia y en Argentina. Discutir la precariedad rural urge en todas las temporalidades e intersticios posibles, en el campo, en la ciudad, en las esferas partidarias o en el movimiento popular.

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Éste es un triunfo, madre, pero sin triunfo,
nos duele hasta los huesos el latifundio.
Ésta es la tierra, padre, que vos pisabas,
todavía mi canto no la rescata.
Y cuándo será el día, pregunto cuándo
que por la tierra estéril vengan sembrando
todos los campesinos desalojados.

Armando Tejada Gómez-César Isella

Existen dos ideas arraigadas en la comprensión urbana promedio de Mendoza y Argentina: una es la noción de que la provincia ostenta orgullosamente el mote de ser “una de las más conservadoras”; la otra -un poco más sofisticada- es aquella intuición de que en su territorio, al igual que en todo el país, tanto campesinos como indígenas son un retrato folclórico de algo que ya no esta.

Tanto en la primera como en la segunda afirmación se condensan dos grandes desvaríos históricos, no casualmente alentados desde la historiografía liberal y las élites locales. Por un lado el olvido premeditado de las tradiciones políticas libertarias que han poblado la región cuyana, por otro un ejercicio de negación y silenciamiento del sujeto campesino y sus formas de re-creación, así como de las luchas indígenas cultivadas en el ancho territorio provincial.

Desde las resistencias pehuenches, puelches, huilliches y huarpes hasta las actuales estrategias de organización campesino-indígena en Mendoza, perdura una impugnación al orden colonial y sus formas de sometimiento que se explicita en la apropiación de la tierra y la explotación de sus trabajadores en toda la ruralidad provincial. Tal vez, la mejor manera de describir el lastre que oprime y precariza a las comunidades productoras, agricultoras y puesteras en nuestra provincia, sea lo que otro mendocino -Armando Tejada Gómez- sintetizo en prosa: nos duele hasta los huesos el latifundio.

El estado actual de la ruralidad mendocina no difiere de los condicionamientos históricos desde la “conquista del desierto”[i] a esta parte: la propiedad de la tierra esta en manos de grandes corporaciones locales y extranjeras, los desalojos[ii] de puesteros y trabajadores rurales continúan legitimados por la legalidad patronal vigente, los recursos económicos y las políticas estatales resultan un estipendio hegemonizado por entidades privadas (como lo son la COVIAR, ProMendoza, Coprosamen y otras) en detrimento de la extensa actividad de base. La única salida a esta captura política de los destinos agrarios es la organización popular.

Un programa agrario desde abajo para Mendoza

El pasado 25 de mayo un conjunto representativo de organizaciones campesinas, indígenas y rurales de Mendoza se reunieron con el objeto de esbozar una propuesta programática para el desarrollo agrario de la provincia, intentando así revertir las viejas lógicas de construcción política tradicional: en lugar de ser las organizaciones las que debían oír a los dirigentes políticos hablar de sus problemáticas, serian las mujeres y hombres del campo las que pondrían en palabras los reclamos del sector.

Fue así que la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra (UST), el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE-Rural), la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), la Organización de Trabajadores Rurales de Lavalle (OTRAL), el Sindicato de Contratistas de Viña, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y un vasto abanico de espacios de resistencia agraria, presentaron su programa de acción para la problemática rural local a la pre-candidata a gobernadora Anabel Fernández Sagasti.

Entre los objetivos de este encuentro histórico se discutieron la necesidad de alcanzar la soberanía alimentaria en la provincia, promover la agroecología y la producción de alimentos saludables, desarrollar las fuerzas y medios productivos de la provincia promoviendo el buen vivir en el campo, frenar y revertir el éxodo rural, fortalecer el arraigo y lograr una distribución equilibrada de la población en el territorio mendocino, evitando las consecuencias negativas de la concentración en pocos centros urbanos y sus cordones periféricos de marginalidad y exclusión. Así mismo se propuso generar puestos de trabajo de calidad en el campo, garantizar los derechos de los campesinos y otras personas que trabajan en medios rurales consagrados en Naciones Unidas, reivindicar la igualdad de las mujeres del campo frente a los hombres en todos los niveles, promover los derechos de los pueblos originarios y la reforma agraria popular.

La actividad se desplegó en comisiones temáticas en las que se expresaron la problemáticas de tierra, agua, comercialización, infraestructura comunitaria, vivienda rural, juventud agraria, feminismo campesino y popular, horticultura, ganadería y otras. El producto de esas discusiones hechas del dolor que padecen los y las trabajadoras de la tierra en Mendoza, quedó registrado por escrito como un reclamo que no cesa.

Así como el drama campesino-indígena ancestral de nuestra región no cabe en la biografía de la trama política, no es sin disputar esos escenarios que se fortalece la lucha histórica de las organizaciones de base en la provincia y en Argentina. Discutir la precariedad rural urge en todas las temporalidades e intersticios posibles, en el campo, en la ciudad, en las esferas partidarias o en el movimiento popular. En la línea de lo ocurrido los días 7 y 8 de mayo, cuando delegadas y delegados de movimientos campesinos de todo el país debatieron la suerte de la lucha agraria nacional en el Primer Foro Nacional por un Programa Agrario, Soberano y Popular[iii], en este caso desde Mendoza se volvió a reivindicar la tradición libertaria de nuestro suelo y una vez más se explicitó el lugar político y geográfico de campesinas, agricultores y trabajadores rurales como espacio antagónico a este modelo neoliberal desperdigado por toda America Latina.

[i] El eufemismo de “conquista” remite al genocidio indígena más cruento realizado sobre actual territorio argentino, a expensas de la consolidación clases dominantes encarnadas en el Ejercito Argentino entre 1878 y 1885.

[ii] Recientemente un fallo de la Suprema Corte de Mendoza declaró la inconstitucionalidad de la ley 9048, que prorroga la suspensión de desalojos de la Ley 6086 amenazando la formas de vida y trabajo de mas de 4000 familias abocadas a la producción caprina en la provincia. https://vaconfirmamendoza.com.ar/?articulos_seccion_3539/id_8138/la-ust-repudia-el-fallo-de-la-corte-a-favor-de-jose-cartelone-y-contra-la-ley-que-protege-a-apuesterosa-de-mendoza/imprimir/imprimir

[iii] Foro Agrario: La unidad campesina por venir

 http://www.biodiversidadla.org/Noticias/Foro-Agrario-La-unidad-campesina-por-venir

Oscar Soto para La Pluma, 27 de mayo de 2019

Editado por María Piedad Ossaba