Colombia, la sociedad arrodillada

Contemplamos escenas propias de la ciencia ficción donde la sociedad es subyugada por grandes corporaciones financieras, o una casta política, que oprimen y controla su subsistencia.

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“El amor por el prójimo” resultó ser solo un discurso que adorna iglesias y cultos religiosos. Lo que se ama se defiende, y defenderlo implica poner en riesgo nuestras comodidades en menor o mayor medida.

Pero esta es una sociedad carente de dignidad que no arriesga nada, que no le importa tener como Fiscal General de la Nación a Néstor Humberto Martínez, un funcionario corrupto vinculado al caso Odebrecht.

Fotograma: Happiness

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Y es la ausencia de dignidad lo que hoy nos deja a merced de la tiranía. El silencio y falta de acción ante la injusticia, la corrupción y la infamia, ahora nos lleva a contemplar escenas, propias de la ciencia ficción, donde la sociedad es subyugada por grandes corporaciones financieras, o una casta política, que oprime y controla su subsistencia.

Estamos a merced de una economía depredadora que acumula riqueza en pocas manos, y que nunca tendrá límites. Es una economía neoliberal que se apropia de lo público, de la naturaleza, la educación y la cultura, que todo lo controla y explota para generar ganancia sin importar a quiénes hay que destruir o matar.

Es el pueblo al que destruyen y matan. Tierras, biodiversidad, ríos, empresas del Estado, y cualquier tipo de economía -formal o informal- es devorada por el modelo económico que mata de sed a niños y niñas en la Guajira, y que hoy también mata de hambre a las familias de los vendedores ambulantes que son perseguidos, declarados ilegales, y multados por el Estado colombiano.

Encontrarse en Colombia escenas de gente multada por consumir alimentos a vendedores ambulantes, es encontrarse con un sistema opresor y tiránico que solo se reproduce en la misma medida en que un pueblo decide quedarse de rodillas.

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Hoy el problema en Colombia no es de construir o corregir leyes, sino de desobedecer las que existen. Por fortuna en nuestro país hay voces disidentes y dignas que protestan y se toman las calles: no son mayoría, pero su rebeldía supera el arrodillamiento de millones.

Alexander Escobar  para La Pluma, 19 de febrero de 2019

Publicado por REMAP