Una investigación de Haaretz, basada en testimonios de soldados del ejército israelí, fuentes de Gaza e imágenes satelitales, revela cómo Israel está creando una red de milicias armadas en Gaza.
Vídeos publicados por milicias de Gaza, tomados de sus perfiles de Facebook.
La misión que se pidió a los soldados que llevaran a cabo fue insólita desde el primer momento, incluso antes de que la situación se agravara y se empuñaran las armas. Se la denominó «actividad coordinada» en la zona de Jan Yunis. Los coordinadores eran soldados israelíes destinados en la Franja de Gaza y miembros de una milicia palestina armada opuesta a Hamás.
Pero la palabra «coordinación» resulta engañosa en este contexto. Los soldados no tenían idea de dónde se estaban metiendo. Solo retrospectivamente comprendieron que estaban presenciando un mecanismo de arbitraje tras una disputa en el seno de una de las milicias que operan en Gaza.
«Al parecer, uno de los miembros del clan que estaba con nosotros había disparado accidentalmente contra la esposa de otro hombre armado», contó a Haaretz un soldado de combate israelí familiarizado con el incidente. «Ante nuestros ojos, allí mismo, se fijó el precio y el otro hombre simplemente le disparó en las piernas. Todos los presentes lo aceptaron como si fuera una sentencia legítima. Nosotros nos quedamos allí, completamente conmocionados».

Este incidente, ocurrido a comienzos de este año, es solo un efecto colateral de la creciente colaboración entre el ejército israelí y las milicias de Gaza. Otra manifestación de esta difuminación de fronteras es la siguiente: según testimonios recogidos por Haaretz, los milicianos circulan libremente alrededor de los numerosos puestos avanzados del ejército israelí establecidos en Gaza. Un oficial que sirvió en Gaza dijo haber visto a «muchos milicianos» al visitar algunos puestos militares. Los hombres armados realizan demostraciones de fuerza, las filman y suben las imágenes a sus páginas de Facebook con fines de propaganda y reclutamiento.
Por su parte, el ejército israelí y el Shin Bet brindan protección a las milicias debido a su oposición a Hamás y mantienen estrechos vínculos con ellas. Existe entre ambos una sinergia basada en intereses. «¿Qué hay de malo en eso? Es bueno», declaró el año pasado al respecto el primer ministro Benjamín Netanyahu. Fuentes de Gaza dijeron que el ejército israelí incluso proporcionó a los milicianos apoyo de artillería y drones durante operaciones contra Hamás en la limitada zona que aún controla.
Pero las milicias no solo actúan contra los combatientes de Hamás, sino también contra los gazatíes que simplemente intentan sobrevivir. Según información recopilada por la ONU, algunos hombres armados se coordinaron con el ejército israelí para expulsar a gazatíes de sus hogares. Un oficial de la Fuerza Aérea israelí relató lo que vio mientras seguía a las milicias con un dron de vigilancia y ataque junto a un agente del Shin Bet.
«Los vimos llegar en dos o tres camionetas, muy parecidas a las de Hamás. Simplemente corrieron y dispararon contra la gente», dijo. «Entraron en cada edificio, saquearon todo lo que pudieron, salieron con montones de cosas y luego incendiaron la casa».
En los últimos meses, Haaretz ha seguido a las milicias que Israel está fomentando. Su activación ya había sido documentada por medios locales e internacionales. Pero la cartografía basada en imágenes satelitales y vídeos de las redes sociales, junto con conversaciones con palestinos de Gaza, información recopilada por la ONU, declaraciones públicas de las propias milicias y testimonios de soldados y mandos israelíes, revela la profundidad y amplitud de la cooperación. Las pruebas dibujan un panorama claro: las milicias palestinas armadas se han convertido en un brazo operativo del ejército israelí y del Shin Bet dentro de Gaza.

Este proyecto de milicias también tiene repercusiones políticas. Israel afirma que cualquier avance en el plan de Trump para poner fin a la guerra de Gaza depende del desarme de Hamás. Este, por su parte, considera a las milicias una amenaza y exige su disolución antes de proceder a su propio desarme.
Mientras tanto, sobre el terreno, suenan las alarmas. Poco después de iniciarse el proyecto, soldados dijeron a Haaretz que esta dinámica podría desembocar en atrocidades que recordaran la masacre de Sabra y Chatila. El oficial de la Fuerza Aérea que habló con Haaretz subrayó: «Ves al Estado de Israel, al ejército israelí y al Shin Bet enviando milicias armadas y entrenadas a cometer crímenes de guerra, y soy yo quien tiene que protegerlas durante sus operaciones para que no resulten heridas».
El proyecto de milicias de Gaza ya tiene una historia. En las primeras etapas de la guerra se informó de que Israel contemplaba activar clanes como órgano de gobierno alternativo a Hamás. El trasfondo era la oposición del Gobierno israelí al regreso de la Autoridad Palestina a Gaza.
En junio de 2025, Netanyahu admitió públicamente que «siguiendo el consejo de responsables de seguridad, activamos en Gaza clanes opuestos a Hamás». Respondía a las acusaciones de que el Gobierno había armado a «criminales afiliados al Estado Islámico», en referencia a los hombres de Yasser Abu Shabab, quien dirigía una milicia en la zona de Rafah y hablaba frecuentemente con medios internacionales. Cuando resultó herido, según se informó, fue evacuado a Israel para recibir tratamiento.
Yasser Abu Shabab ha muerto, pero el proyecto del que llegó a ser símbolo sigue evolucionando y expandiéndose, especialmente desde que se anunció el alto el fuego de octubre de 2025. Gaza quedó dividida en dos: más de la mitad bajo control del ejército israelí y el resto bajo control de Hamás.
Ahora hay cinco grupos armados destacados en Gaza, con nombres como Fuerzas Populares y Fuerza de Ataque Antiterrorista. Los vídeos que publican en internet muestran a veces decenas de hombres armados y, según fuentes de Gaza, algunos de estos grupos cuentan ya con centenares de miembros. Cada uno opera en una zona definida bajo control del ejército israelí, y Haaretz ha identificado una aparente actividad miliciana en un sexto lugar. Los grupos están desplegados en Beit Hanún, Shujaiya, Deir al-Balah, Jan Yunis y Rafah.
La proximidad de las bases milicianas a la línea de separación entre el ejército israelí y Hamás —la llamada Línea Amarilla— les permite lanzar fácilmente operaciones en territorio controlado por Hamás. Fuentes de Gaza, declaraciones de las propias milicias e informaciones de medios internacionales arrojan luz sobre sus actividades e indican que en los últimos meses se han producido violentos enfrentamientos entre milicianos y combatientes de Hamás en distintos puntos de Gaza. Los milicianos anunciaron haber matado a combatientes de Hamás en Rafah. Se registraron choques mortales en Jan Yunis y alrededor de los campamentos de refugiados del centro de Gaza. Los milicianos se jactaron de haberse apoderado de armas de Hamás y amenazaron con perseguir a sus miembros.
Soldados dijeron a Haaretz que las milicias participan en las actividades operativas del ejército israelí. Un oficial de la Fuerza Aérea afirmó que este envía milicianos a zonas de difícil acceso, en lo profundo del territorio controlado por Hamás, incluso para recuperar drones utilizados en el contrabando. «Les dicen: “Traednos el dron y quedaos con lo que haya dentro”. Ya sean armas o drogas, se lo llevan todo».
Un comandante de milicia de la zona de Deir al-Balah confirmó su cooperación con el ejército israelí para expulsar a gazatíes. «Transmitimos a la gente los mensajes de la parte israelí: que abandone el lugar», dijo en un vídeo publicado en mayo. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) declaró ese mismo mes que había recibido informes de fuerzas milicianas que ordenaban evacuar a los gazatíes, y que familias desplazadas habían informado de llamadas telefónicas de personas que se identificaban como fuerzas israelíes y les ordenaban marcharse en breve.
En junio, la ONU citó a gazatíes desplazados que dijeron haber huido «cuando las fuerzas israelíes —apoyadas por palestinos armados— avanzaron hacia sus zonas residenciales mientras lanzaban munición explosiva desde el aire». No está claro dónde participaron exactamente las milicias en la expulsión de gazatíes, pero en los últimos meses los residentes de la zona situada dentro de la Línea Amarilla fueron desalojados de los lugares donde vivían, ya fueran casas o refugios temporales. Sus expulsiones coincidieron con operaciones del ejército israelí para ampliar el territorio bajo su control y reducir el controlado por Hamás.
En diversos vídeos, las milicias exhiben hombres armados en vehículos, ejercicios de combate, demostraciones y marchas armadas, desfiles y amenazas, todo ello concebido para desafiar a Hamás. Fuentes de Hamás dijeron a Haaretz que no pueden permitirse renunciar a las «armas defensivas» mientras las milicias sigan armadas y recibiendo apoyo, pues se convertirían en sus objetivos.
A finales de julio, la Junta de Paz del presidente usamericano Donald Trump anunció un acuerdo para aplicar la siguiente fase del plan de paz de Trump para Gaza. Los artículos 8 y 10 del nuevo acuerdo vinculan explícitamente el desarme de Hamás con la retirada del ejército israelí del enclave y con el desarme de las milicias. Pero Netanyahu rechazó oficialmente el plan. Mientras tanto, ocho países árabes y musulmanes emitieron una declaración condenando su decisión, y Jared Kushner, yerno y asesor de Trump, llegó a Israel la semana pasada para impulsar los esfuerzos diplomáticos.
Mientras los enviados de Trump buscan un avance, el estamento de defensa y los mandos sobre el terreno no se hacen ilusiones sobre los aliados elegidos por Israel. Altos cargos militares dijeron a Haaretz que las principales figuras de las milicias no son dirigentes políticos ni una alternativa legítima de gobierno a Hamás. Son, más bien, antiguos jefes de bandas y narcotraficantes que aprovecharon el caos y el vacío de poder en Gaza para beneficio personal.
Fuentes de Gaza señalaron que algunos milicianos son antiguos miembros de las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina. Un jefe de milicia, Shawqi Abu Nasira, expuso su postura en un vídeo: «Permanecí en la zona y, como todos los demás, fui atacado por Hamás. Mi hijo y mi hija murieron, mi casa sufrió daños. Es importante que me defienda a mí mismo, al pueblo palestino y mi honor». Abu Nasira confirmó que sus hombres se coordinaban con Israel en asuntos de seguridad y militares, y acusó a Hamás de promover los intereses de Irán. «Tomé la decisión de liberar la tierra de Hamás. Si la gente dice que eso me convierte en colaborador, entonces soy colaborador».
«Simplemente odian a Hamás y reciben de Israel muchos beneficios y poder; eso es suficientemente bueno para ambas partes», dijo el oficial de la Fuerza Aérea. Muchos miembros del estamento de defensa israelí consideran una apuesta peligrosa la decisión de armar a las milicias y poner partes de Gaza bajo su control. Haaretz preguntó al ejército israelí qué recomendaciones había formulado al nivel político sobre el proyecto, cómo trabajaba para reducir el riesgo para los soldados y evitar la muerte de gazatíes inocentes, y cuál era la postura de su asesor jurídico. En respuesta, el ejército remitió a Haaretz al Shin Bet, que no contestó.
Los recintos milicianos identificados por Haaretz destacan en medio de la destrucción total que los rodea. Al cotejar imágenes satelitales de Planet Labs con vídeos publicados en internet, Haaretz confirmó actividad miliciana en cinco recintos. Un sexto recinto visible en las imágenes presenta los mismos indicios reveladores que los otros cinco, como tiendas de campaña y equipamiento, pero todavía no se ha documentado actividad sobre el terreno.
Las bases de las milicias están a solo unos cientos de metros de los puestos avanzados del ejército israelí. Tienen indicativos de llamada en la red de radio militar, aparecen en los mapas de las sesiones informativas y sus hombres armados están señalados en los sistemas de mando y control del ejército.
Las imágenes satelitales y las grabaciones sobre el terreno también revelan obras de infraestructura y fortificación en algunos recintos. Junto a la base miliciana de Shujaiya, por ejemplo, se arrasó un gran cementerio y se lo sustituyó por una extensa zona de entrenamiento. Al menos un recinto miliciano fue equipado con las mismas barreras de hormigón utilizadas para proteger posiciones israelíes. Soldados dijeron a Haaretz que el ejército había construido recintos provisionales para las milicias, provistos de estructuras móviles.
Las pruebas procedentes de los recintos resultan especialmente llamativas ante el estancamiento de la reconstrucción de Gaza. Según organismos humanitarios, más de dos millones de habitantes viven hacinados en condiciones duras, y centenares de miles residen en tiendas entre las ruinas.
Las imágenes satelitales y los vídeos del terreno muestran una expansión especialmente importante del recinto de la milicia Abu Shabab, en el este de Rafah. Exhiben maquinaria pesada de ingeniería trabajando, la pavimentación de un nuevo campo de entrenamiento y nuevas estructuras móviles equipadas con aparatos de aire acondicionado Tornado. La milicia también ha mostrado un parque infantil con césped artificial, una mezquita, una tienda de comestibles con estanterías totalmente abastecidas y una tienda de ropa. En Shujaiya, otra milicia filmó a sus miembros repartiendo patinetes de colores a los niños. Fuentes del ejército israelí dijeron que parte del equipamiento procede de Israel.

Estos vídeos forman parte de una campaña para atraer nuevos partidarios, pese a que las milicias operan bajo el patrocinio del ejército israelí y en cooperación con Israel, y carecen de legitimidad entre la población local.
Altos mandos del ejército israelí y responsables de defensa dijeron que no pretenden convertir a las milicias en un gobierno alternativo a Hamás y reconocieron sus capacidades limitadas. «No tienen capacidad para arrebatar el control a Hamás y, sin la protección y el apoyo del ejército israelí, no sobrevivirán militarmente frente a él», afirmó un alto oficial. Los mandos superiores describen las milicias como una solución temporal y localizada.
«Utilizarlas es mucho más una restricción operativa que una necesidad táctica», dijo el oficial. «En última instancia, necesitamos una fuerza local capaz de mantener el orden en las zonas bajo control del ejército israelí y realizar trabajos en lugares donde tenga una ventaja relativa sobre nuestros soldados».
Sin embargo, el ejército israelí no tendrá la última palabra sobre el futuro de las milicias. Este dependerá de la presión que Trump ejerza sobre Israel y de si Netanyahu está dispuesto a avanzar por la vía diplomática.
Yarden Michaeli, Yaniv Kubovich y Jack Khoury, Haaretz, 27 de agosto de 2026
Gráficos: Nadav Gazit
Traducido por Tlaxcala
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