Berlín 1932 – Magdeburgo 2026: El espectro del «Querfront» y la trampa de los populismos transversales
Lo que nos dicen las elecciones en Sajonia-Anhalt

Sajonia-Anhalt se ha convertido en el espejo de las nuevas fracturas políticas alemanas. En las elecciones regionales del 6 de septiembre de 2026, el bloque gubernamental encabezado por Sven Schulze (CDU) se vio golpeado por un doble empuje populista. La AfD, liderada por Ulrich Siegmund, se impuso con el 43,8 % de los votos —un resultado inédito para un partido clasificado de extrema derecha en una elección regional bajo la República Federal—, mientras que la BSW, con el 5,3 % de los votos, superó por los pelos el umbral del 5 % que le permite entrar en el Landtag.

Noviembre de 1932: Joseph Goebbels y Walter Ulbricht organizan una huelga común insurreccional de los transportes en Berlín, dirigida contra el «socialfascismo» en el poder (los socialdemócratas definidos como «enemigo principal» por el camarada Stalin).

Septiembre de 2026: la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) y la Alternativa para Alemania (AfD) hacen causa común para deshacerse de la democracia cristiana que gobierna Sajonia-Anhalt, el Land más desheredado de la Alemania reunificada.

¿Sería Ulrich Siegmund un Joseph Goebbels posmoderno, y Sahra Wagenknecht una Walter Ulbricht del siglo XXI?

Preguntas y paralelismos históricos al día siguiente del escrutinio del domingo 6 de septiembre, en el que los electores de Sajonia-Anhalt renovaron el parlamento del Land.

Resultados de las elecciones del 6 de septiembre al Landtag
Resultados de las elecciones del 6 de septiembre al Landtag

Introducción

La recomposición en curso del panorama político alemán, particularmente exacerbada en las regiones orientales como Sajonia-Anhalt en vísperas de los comicios de septiembre de 2026, reactiva una clave de lectura histórica específica: la del Querfront (el frente transversal). Este concepto remite a la convergencia táctica, en noviembre de 1932, del Partido Comunista (KPD) y del Partido Nacionalsocialista (NSDAP) durante la huelga salvaje de los transportes (BVG), que buscaba paralizar la República de Weimar en su capital, entonces cuarta metrópoli más poblada del mundo y bastion industrial de una clase obrera numerosa, fuerte y diversa.

Hoy, el frecuente alineamiento de los votos en el Landtag de Magdeburgo entre la Alternativa para Alemania (AfD) y la Bündnis Sahra Wagenknecht (BSW) reaviva ese recuerdo histórico: el de una alianza de los extremos contra los partidos tradicionales del centro.

“El mariscal (el presidente von Hindenburg) y el cabo (Adolf H.) luchan junto a nosotros por la paz y la igualdad de derechos”: cartel electoral del partido nazi, 1933
“El mariscal (el presidente von Hindenburg) y el cabo (Adolf H.) luchan junto a nosotros por la paz y la igualdad de derechos”: cartel electoral del partido nazi, 1933

1932: La huelga de la BVG o el cinismo absoluto de los extremos

En noviembre de 1932, la República de Weimar vivía sus últimas semanas de existencia en un clima de guerra civil latente y de crisis económica total. Es en ese contexto explosivo cuando estalla, del 3 al 7 de noviembre, una huelga salvaje de los empleados de la Berliner Verkehrsgesellschaft (BVG), la compañía de transportes públicos de Berlín.

Oficialmente, el movimiento protesta contra una rebaja salarial. Oficiosamente, lo que está en juego es altamente político. El movimiento está codirigido por la Revolutionäre Gewerkschafts-Opposition (RGO) (el sindicato del KPD dirigido por Walter Ulbricht) y la Nationalsozialistische Betriebszellenorganisation (NSBO) (la rama obrera del NSDAP pilotada por Joseph Goebbels).

Durante cuatro días, comunistas y nazis bloquean juntos las calles de Berlín, recogen fondos en las mismas huchas y agreden a los esquiroles. El objetivo común no es mejorar la suerte de los obreros, sino paralizar el Estado, desacreditar al sindicalismo socialdemócrata republicano (ADGB) y derrocar al gobierno de Franz von Papen. La alianza es puramente táctica, alimentada por un odio común a la democracia liberal. El curso de la historia demostrará el trágico cegamiento del KPD, convencido de que el eslogan «Después de Hitler, será nuestro turno» se cumpliría: ya en febrero de 1933, los comunistas serán los primeros internados en los campos de concentración nazis.

2026: El laboratorio de Sajonia-Anhalt o la convergencia parlamentaria

Casi un siglo después, Sajonia-Anhalt se ha convertido en el espejo de las nuevas fracturas políticas alemanas. En las elecciones regionales del 6 de septiembre de 2026, el bloque gubernamental encabezado por Sven Schulze (CDU) se vio golpeado por un doble empuje populista. La AfD, liderada por Ulrich Siegmund, se impuso con el 43,8 % de los votos —un resultado inédito para un partido clasificado de extrema derecha en una elección regional bajo la República Federal—, mientras que la BSW, con el 5,3 % de los votos, superó por los pelos el umbral del 5 % que le permite entrar en el Landtag.

Símbolo de esta debacle, el propio Sven Schulze perdió su escaño directo en su circunscripción de Magdeburgo III, superado por el candidato de la AfD Christian Mertens (35,2 % frente a 31,7 %). Según los resultados provisionales comunicados durante la noche por la Landeswahlleitung en Halle, la CDU se desploma al 17,2 % de los votos (frente al 37,1 % en 2021), por delante del SPD (9,3 %), los Verdes (8,9 %) y Die Linke (8,6 %); el FDP, con el 2,6 %, queda fuera del Landtag. La participación, cercana al 80 %, alcanza un nivel histórico para este Land.

En el Landtag de Magdeburgo, la interacción entre estas dos fuerzas no adopta la forma de barricadas comunes, sino de un alineamiento de voto sistemático. La BSW y la AfD se unen regularmente en temas clave:

• Política exterior: Voto conjunto de resoluciones que exigen el fin de la ayuda militar a Ucrania y el restablecimiento de los canales energéticos con Rusia.

• Sociedad: Voto idéntico para exigir cuentas sobre la gestión pasada de la crisis del Covid-19 o para bloquear la financiación de los medios públicos (MDR/ARD).

• Inmigración: Fuerte convergencia retórica a favor de un techo drástico al derecho de asilo y del uso de tarjetas de pago para los refugiados, en lugar de pagos en efectivo, con el fin de impedirles enviar dinero a su país de origen.

Paralelismos y divergencias en cifras

• Objetivo final y relación con el sistema:

◦ 1932 (KPD-NSDAP): Un proceso revolucionario y subversivo dirigido a derrocar violentamente las instituciones de la República de Weimar y establecer un régimen dictatorial.

◦ 2026 (AfD-BSW): Una estrategia institucional y sistémica centrada en la captación del descontento electoral. La Alternativa para Alemania (AfD) ganó la elección en Sajonia-Anhalt con el 43,8 % de los votos —un resultado inédito para un partido clasificado de extrema derecha en una elección regional alemana—, sin llegar no obstante a la mayoría absoluta de escaños (42 de 83 requeridos).[1]

• Modalidades y métodos de acción:

◦ 1932 (KPD-NSDAP): Un recurso a la acción ilegal, violenta y paramilitar, caracterizado por dinámicas de sabotaje y enfrentamientos armados directos con las fuerzas del orden.

◦ 2026 (AfD-BSW): Una acción estrictamente legal, parlamentaria y pacífica, apoyada en los mecanismos del derecho de voto. La Bündnis Sahra Wagenknecht (BSW) superó por los pelos la fatídica barrera del 5 % requerida para obtener escaños, con el 5,3 % de los votos —confirmando que el acceso del partido al Landtag pendía de un hilo.[2],[3]

• Matriz ideológica:

◦ 1932 (KPD-NSDAP): Un antagonismo doctrinal absoluto que oponía la ortodoxia marxista-leninista del KPD al nacionalsocialismo racista y antisemita del NSDAP.

◦ 2026 (AfD-BSW): Una convergencia propia del populismo transversal (teoría de la herradura). Esta sinergia captó el voto de protesta contra la antigua coalición gubernamental: la CDU se desplomó al 17,2 % (frente al 37,1 % en 2021, es decir, más de la mitad de su electorado perdido), el SPD y los Verdes se mantienen por los pelos en un solo dígito (9,3 % y 8,9 % respectivamente), y el FDP, con el 2,6 %, queda fuera del Landtag.[4],[5],[6]

• Naturaleza de la interacción política:

◦ 1932 (KPD-NSDAP): Una colaboración operativa y física directa sobre el terreno, que materializa el modelo histórico de un Querfront asumido.

◦ 2026 (AfD-BSW): Una alianza objetiva cuyo cordón sanitario (Brandmauer) fue formalmente reafirmado nada más conocerse los resultados por la secretaria general de la CDU, Franziska Hoppermann, para quien toda cooperación con la AfD sigue «excluida». La cuestión de una abstención táctica de la BSW en una eventual tercera vuelta de la elección del Ministro-presidente —que permitiría mecánicamente a la AfD dirigir el Land sin coalición formal— ya no es hipotética: la AfD reivindica ahora un mandato para gobernar pese a la ausencia de mayoría absoluta, y su líder Ulrich Siegmund ha planteado la perspectiva de nuevas elecciones en caso de fracaso en la formación de gobierno, que según él beneficiarían aún más a su partido.

Las enseñanzas de la teoría de la herradura (Hufeisentheorie)

El caso contemporáneo ilustra la pertinencia y los límites de la teoría de la herradura en ciencia política. Esta tesis postula que los extremos políticos terminan por reunirse en sus extremidades.

En 1932, el KPD y el NSDAP coincidían en su rechazo visceral al pluralismo democrático y al capitalismo. En 2026, la AfD y la BSW validan esa curva compartiendo un mismo electorado de protesta antiélite, un fuerte resentimiento antiliberal y una nostalgia económica y diplomática hacia el bloque socialista del Este.

Sin embargo, la comparación se detiene donde empieza el respeto a la Ley Fundamental. Mientras que la colusión de 1932 buscaba deliberadamente el caos para enterrar la democracia, la BSW de Sahra Wagenknecht busca ante todo integrarse en las coaliciones gubernamentales para imponer allí sus condiciones, especialmente frente a una CDU desestabilizada y un electorado con serias dudas sobre el liderazgo nacional de Friedrich Merz.

Conclusión prospectiva

La Sajonia-Anhalt de 2026 no es el Berlín de 1932: la BSW y la AfD no pretenden derrocar la Ley Fundamental por las armas, sino instrumentalizar las reglas del juego democrático para imponer una agenda soberanista y conservadora. El precedente de 1932 recuerda no obstante a las democracias occidentales que los extremos no necesitan apreciarse para paralizar las instituciones: les basta con identificar un enemigo común en el centro del tablero político, como lo confirma, en Magdeburgo, la capacidad del bloque AfD-BSW para saturar el debate público y atascar los mecanismos institucionales tradicionales.

Al día siguiente del escrutinio, se perfilan tres dinámicas —ya en marcha más que simplemente prospectivas— para la estabilidad política de la República Federal:

1. La parálisis por la minoría de bloqueo: La obtención por el bloque AfD-BSW de una minoría crítica en el Landtag podría paralizar los nombramientos constitucionales y presupuestarios, forzando a la CDU y al SPD a concesiones programáticas importantes, especialmente en los ámbitos migratorio y energético.

2. La erosión definitiva del cordón sanitario (Brandmauer): Bajo la presión de un electorado protestatario creciente, la obligación de la BSW de posicionarse en las votaciones para la elección del Ministro-presidente regional podría romper el tabú de la abstención táctica, legitimando de facto el acceso de la AfD a responsabilidades ejecutivas.

3. La onda de choque federal: Un derrumbe de los partidos de gobierno tradicionales en el Este, unido a una polarización creciente en torno a las cuestiones de seguridad y las relaciones con Rusia, presenta el riesgo de acelerar la crisis de liderazgo en Berlín, debilitando la posición de Alemania en el seno de las instancias europeas y multilaterales.

Este tercer escenario se verificó de inmediato: la derrota de la CDU se imputó directamente al canciller Friedrich Merz, mientras que en el extranjero, el empresario Elon Musk y el líder de la Lega italiana Matteo Salvini felicitaron la victoria de la AfD —Musk llegando incluso a proponer una cooperación a la que Ulrich Siegmund respondió favorablemente. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde están previstas elecciones regionales dos semanas después, la ministra-presidenta socialdemócrata Manuela Schwesig advirtió que, por primera vez en la historia de la República Federal, un partido clasificado de extrema derecha acababa de ganar claramente una elección regional.

El Estado de bienestar en el centro de la discordia doctrinal

Si la AfD y la BSW convergen en el terreno del conservadurismo social, la inmigración y la política exterior (Rusia/Ucrania), sus matrices económicas revelan una oposición de naturaleza doctrinal fundamental en cuanto al papel del Estado y la redistribución.

1. La BSW: Un dirigismo estatal de inspiración socialista y proteccionista

El programa económico de la Bündnis Sahra Wagenknecht se inscribe en la continuidad de la izquierda antiliberal, readaptada a un soberanismo industrial:

• Intervencionismo y redistribución: La BSW propugna un refuerzo masivo del Estado de bienestar, financiado por una fiscalidad más elevada sobre las grandes fortunas, los altos ingresos y los superbeneficios de las multinacionales.

• Regulación del mercado: El partido exige el tope a los precios de la energía y de los alquileres, así como un aumento significativo del salario mínimo legal hasta 15 euros la hora.

• Soberanismo industrial: La BSW milita por la protección de la industria alemana frente a la globalización mediante medidas proteccionistas, a la vez que reclama el fin de la transición ecológica planificada («Green Deal»), que considera destructiva para los empleos obreros.

2. La AfD: Un gran contraste entre el neoliberalismo de origen y el populismo social en el Este

La línea económica de la AfD es históricamente más compleja, dividida entre su fundación neoliberal de Europa occidental y su base electoral obrera en el Este:

• Desregulación y bajada de impuestos: El programa oficial de la AfD sigue profundamente anclado en una lógica de reducción del papel del Estado. El partido reclama la supresión del impuesto sobre el patrimonio, del impuesto de sucesiones y una drástica bajada de los impuestos a las empresas.

• El «populismo social» del Este: En Sajonia-Anhalt, bajo el impulso del ala nacional-populista, la AfD suaviza su discurso sobre las pensiones y las ayudas sociales para seducir a las clases populares. Sin embargo, condiciona estrictamente el Estado de bienestar a los ciudadanos alemanes exclusivamente («chovinismo social» o preferencia nacional).

• Flexibilidad laboral: A diferencia de la BSW, la AfD se opone tradicionalmente a las regulaciones demasiado estrictas del mercado laboral, al refuerzo de los sindicatos y a los aumentos bruscos del salario mínimo impuestos por el Estado.

Síntesis de los puntos de ruptura económicos

• Financiación de los servicios públicos: La BSW quiere gravar a los ricos; la AfD quiere reducir el gasto del Estado (en particular la ayuda internacional, los presupuestos de integración de refugiados y las subvenciones climáticas).

• Filosofía del mercado: La BSW desconfía del capitalismo y busca frenarlo; la AfD defiende a los empresarios y a las pequeñas y medianas empresas (Mittelstand) frente a la burocracia estatal.

Imagen de portada: De izquierda a derecha, Walter Ulbricht y Sahra Wagenknecht; Ulrich Siegmund y Joseph Goebbels: un fotomontaje satírico de estética inspirada en John Heartfield que establece un paralelismo entre la crisis política de la República de Weimar y la Alemania contemporánea, contraponiendo la convergencia táctica entre comunistas y nazis durante la huelga de los transportes de Berlín de 1932 con el acercamiento parlamentario entre el BSW y la AfD en Sajonia-Anhalt en 2026.

Fausto Giudice, 7 de septiembre de 2026
Traducido por Tlaxcala

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