Destituir a Trump, objetivo de varios parlamentarios de EEUU

Lo de Trump y Venezuela es casi un sainete, una zarzuela. Movilizó a gran parte de la flota estadounidense para asesinar a personas que viajaban en lanchas menores y amenazar a Nicolás Maduro. Y todo terminó con el secuestro de Maduro, pero también con el afiatamiento de las autoridades socialistas bolivarianas en el gobierno y en las fuerzas armadas.

Al parecer (los hechos lo confirman) a Donald Trump comienza a cerrársele el círculo. El ostracismo lo está envolviendo. Con cierta rapidez sus mismos colegas del partido republicano manifiestan –ya sin ambages- que el pederasta Trump, que el loco Trump, que el bestial Trump, que el Trump monigote de Netanyahu, debe ser destituido de su cargo.

Durante más de un año la prensa independiente a lo largo y ancho del planeta mostró las características de animalidad y egolatría enfermiza que caracterizaban al mandatario estadounidense.

Primero, fue el asalto al edificio del Congreso con cientos de sus partidarios aleonados e incitados por él, dispuestos a destruir no solo ese edificio, sino la democracia de esa nación.
Luego vino el asunto del “muro” en la frontera con México y sus torpes patochadas, asegurando que el gobierno de los charros y mariachis debería pagar su construcción.

A continuación, Donald inició la persecución a migrantes, soltándoles las amarras a policías bestiales como los del ICE, acusando además a miles de extranjeros de ser “asiduos a comer perros y gatos”, además de traficar drogas.

Más tarde llegó aquello del “Golfo de U.S.A.”, intentando reemplazar al actual e histórico nombre del Golfo de México.

Lo peor vino después.

Lo de Trump y Venezuela es casi un sainete, una zarzuela. Movilizó a gran parte de la flota estadounidense para asesinar a personas que viajaban en lanchas menores y amenazar a Nicolás Maduro. Y todo terminó con el secuestro de Maduro, pero también con el afiatamiento de las autoridades socialistas bolivarianas en el gobierno y en las fuerzas armadas.

Postuló insistentemente al Premio Nobel de la Paz basando su concurso en u hecho totalmente rebatible: que había logrado acabar con tres o cuatro guerras, lo que era insanablemente falso.

Mientras que a la venezolana Corina Machado, principal líder de la oposición al gobierno de Maduro, que obtuvo ese premio (también inmerecidamente por cierto), Trump la sacó del escenario de las negociaciones con , enviándola a las sombras de la política internacional.

Finalmente, la ácida guindilla de la torta trumpista: se dejó mangonear por el indiscutido genocida israelí, Benjamín Netanyahu para nutrir de armas a Israel y acompañarlo, con acciones bélicas, en ataques a Irán…aun habiendo sido informado por varios senadores de su propio partido respecto a que Irán no representaba un peligro para EEUU, y que todo el asunto se reducía a la mesiánica intención de Israel por dominar a su amaño el Oriente Medio.

“Convertiré Gaza en un lujoso resort”… “Si quiero, puedo ser presidente de Venezuela”… “Desataré un infierno sobre Irán”…”Haré desaparecer esa civilización (la persa, ergo, Irán).

Frases del desquiciado mandatario que se suman a sus acciones afiebradas, mismas que ahora utilizan varios parlamentarios y empresarios norteamericanos para intentar sacarlo del cargo presidencial.

¿Podrán? El mundo espera que sí. Bueno, casi todo el mundo, pues Javier Milei y José Antonio Kast, opinan que el colorín deschavetado está haciendo un magnífico gobierno para EEUU y para el mundo.

Arturo Alejandro Muñoz para La Pluma, 11 de abril de 2026

Editado por María Piedad Ossaba