“Feminismo, antirracismo y ecologismo no son causas aisladas, sino partes de un frente común para encarar la crisis sistémica generada por el capitalismo”

El análisis de Fraser destaca el papel del cuidado social, tradicionalmente asociado a las mujeres, como uno de los pilares que el capitalismo explota y pone en riesgo. Al integrar el feminismo en la lucha contra el capitalismo, la filósofa norteamericana reivindica la importancia de reconocer y valorar el trabajo de cuidado, así como de combatir la desigualdad de género.

“Feminismo, antirracismo y ecologismo no son causas aisladas, sino partes de un frente común para encarar la crisis sistémica generada por el capitalismo”

La filósofa y politóloga estadounidense Nancy Fraser (1947) es reconocida por su crítica profunda al capitalismo, sistema sobre el cual esboza que no solo regula la economía, sino que estructura las relaciones de poder y dominación en la sociedad.

En reciente entrevista para el espacio ‘Diálogos por la democracia’ de TV UNAM que dirige el profesor estadounidense-mexicano John M. Ackerman, la reconocida académica y catedrática emérita de The New School en Nueva York, afirmó que el “capitalismo es un sistema integral de explotación”, explicando cómo las dinámicas económicas están entrelazadas con la política, el acceso a derechos y la distribución de poder. Su enfoque invita a repensar la democracia, no solo como un sistema electoral, sino como un proceso de emancipación social que debe enfrentar las estructuras de dominación capitalista.

Fraser explicó que el capitalismo devora las bases sociales y ecológicas que lo sostienen: el medio ambiente, el cuidado social y las instituciones políticas. Esto implica que la crisis actual no es solo económica, sino civilizatoria, afectando la cohesión social, el bienestar y la sostenibilidad planetaria. Su llamado a unir luchas sociales refleja una visión interseccional, donde el feminismo, el antirracismo y el ecologismo no son causas aisladas, sino partes de un frente común contra la crisis sistémica.

El análisis de Fraser destaca el papel del cuidado social, tradicionalmente asociado a las mujeres, como uno de los pilares que el capitalismo explota y pone en riesgo. Al integrar el feminismo en la lucha contra el capitalismo, la filósofa norteamericana reivindica la importancia de reconocer y valorar el trabajo de cuidado, así como de combatir la desigualdad de género.

Su enfoque de género es crítico y transformador, proponiendo que la emancipación de las mujeres debe ir de la mano con la transformación de las estructuras económicas y sociales.

Habló del alcance analítico de su libro ‘Capitalismo caníbal’ (Siglo Veintiuno Editores, 2023) en el que desarrolla la idea de que este voraz sistema económico consume los recursos naturales, el trabajo de cuidado y las instituciones democráticas, poniendo en peligro la supervivencia social y ecológica. Esta visión se refleja en la entrevista, donde la filósofa llama a la acción colectiva y a la construcción de alianzas entre movimientos sociales para enfrentar la crisis civilizatoria.

La entrevista a Nancy Fraser en ‘Diálogos por la democracia’ ofrece una mirada crítica y multidimensional sobre el capitalismo, resaltando la necesidad de articular luchas sociales diversas en un frente común. Su análisis político, sociológico y de género invita a repensar la democracia y la justicia social desde una perspectiva interseccional y transformadora.

La crisis de la reproducción social

Plantea que el capitalismo funciona como un orden social que depende de condiciones “no económicas” que no puede producir por sí mismo: naturaleza, poder público y reproducción social (crianza, sostenimiento de hogares, trabajo doméstico, afectos, cuidado de enfermos y mayores, organización comunitaria). El problema es estructural: para maximizar ganancias, el capital empuja a abaratar o externalizar esos costos, de modo que el cuidado queda infravalorado, feminizado y frecuentemente racializado.

Esta dinámica se intensifica en el capitalismo neoliberal/financiarizado: recortes del Estado social, mercantilización de servicios (salud, educación, dependencia), precarización laboral y extensión de jornadas. El resultado típico es una “pinza”: aumentan simultáneamente (a) la necesidad de cuidados (envejecimiento, crisis sanitarias, violencia social, migraciones forzadas) y (b) la presión para que hogares y comunidades los resuelvan con menos tiempo, menos ingresos y menos infraestructura pública. La crisis de cuidados no es un “fallo” accidental: es una contradicción recurrente de un sistema que drena aquello que lo hace posible.

Además, Fraser subraya que la acumulación capitalista opera no solo por explotación (trabajo asalariado) sino también por expropiación (apropiación de capacidades, recursos y tiempos sin plena reciprocidad ni protección). En el terreno del cuidado esto se expresa, por ejemplo, en las cadenas globales de cuidado: hogares del “centro” descargan cuidados en mujeres migrantes mientras los déficits se trasladan a comunidades y familias en los países de origen. Así, la reproducción social se reorganiza de manera transnacional, con costos afectivos y materiales que suelen quedar invisibilizados.

En clave de género, el diagnóstico apunta a que la igualdad no se juega solo en el mercado laboral, sino en la organización social del cuidado. Una agenda coherente con Fraser tiende a combinar: reconocimiento (visibilizar el cuidado como trabajo socialmente necesario), redistribución (corresponsabilidad social y fiscal), reducción (tiempos de trabajo y productivismo) y representación (voz política de trabajadoras de hogar, cuidadoras y comunidades). Sin reorganizar la reproducción social, cualquier “inclusión” de las mujeres en el mercado reproduce desigualdades y agotamiento

Articulación entre feminismo y ecologismo: una misma trastienda, dos frentes inseparables

La potencia de ‘Capitalismo caníbal’ está en mostrar que el capitalismo “devora” sus propias bases: ecosistemas y reproducción social son dos de sus condiciones de posibilidad. Por eso, en el planteamiento de Fraser, feminismo y ecologismo no se conectan solo por analogía moral (“cuidar a la naturaleza” como se cuida a otros), sino por una arquitectura común de dominación: ambos campos revelan cómo el capital convierte en insumo barato aquello que no produce (energía, agua, suelos, tiempo de vida, vínculos, salud).

En contextos extractivos, la conexión se vuelve tangible: la degradación ambiental (contaminación, pérdida de agua, deforestación) multiplica trabajo de cuidado (enfermedades, acceso a alimentos, búsqueda de agua, sostenimiento comunitario) y suele recaer de forma desproporcionada en mujeres, niñas y cuidadoras.

A la vez, la precariedad económica empuja a aceptar empleos peligrosos o mal pagos, reforzando la dependencia de actividades que intensifican el deterioro ecológico. Se configura así un círculo vicioso: daño ambiental → crisis de vida cotidiana → más sobrecarga de cuidados → menor capacidad de organización política.

Desde esta perspectiva, el “capitalismo verde” o las soluciones basadas exclusivamente en mercado pueden desplazar el problema: descarbonizar sin cambiar relaciones de propiedad y de poder puede generar nuevas zonas de sacrificio (minería para “transición”, acaparamiento de tierras, financiarización de la naturaleza) y nuevas cargas de reproducción social.

En paralelo, Fraser critica la posibilidad de un feminismo de élite compatible con la precarización: un feminismo centrado en “romper techos de cristal” puede convivir con una economía que sostiene ese ascenso sobre trabajadoras de cuidado mal pagadas y sobre territorios ambientalmente devastados.

La articulación feminismo–ecologismo, entonces, se vuelve un programa de justicia ecosocial: defender condiciones materiales para sostener la vida (salud, agua, energía, vivienda, tiempo) y democratizar decisiones sobre qué se produce, cómo y para quién. Un ecofeminismo como lo concibe Fraser no se reduce a una ética individual del consumo, sino que exige infraestructura pública de cuidados y transiciones justas que no sacrifiquen a quienes ya cargan con la reproducción social.

Se requiere un bloque contrahegemónico

A partir de su diagnóstico, Fraser propone una estrategia: construir un bloque contrahegemónico capaz de unificar luchas hoy fragmentadas (laborales, feministas, antirracistas, ecologistas, por vivienda y por democracia) en torno a un enemigo común: el capitalismo entendido como orden social. No se trata de “sumar causas” de manera aditiva, sino de mostrar sus conexiones estructurales para evitar que unas agendas sean usadas contra otras (por ejemplo, “empleo” contra “ambiente”, o “derechos” contra “redistribución”).

En términos programáticos, su horizonte se acerca a un socialismo democrático (más que a un reformismo limitado), entendido como control colectivo y democrático del excedente social y de las grandes orientaciones de inversión. Traducido en líneas de acción, esto implica, al menos, cuatro desplazamientos:

          • De la mercantilización a la provisión pública: reconstruir capacidades estatales y comunitarias en salud, educación, dependencia, vivienda y transporte, blindándolas de la lógica de rentabilidad
          • Del productivismo a la centralidad de la vida: reorganizar tiempos (reducción de jornada, corresponsabilidad, derechos laborales) para sostener reproducción social sin agotamiento.
          • De la transición “tecnocrática” a la transición justa: política industrial y energética con criterios de justicia territorial, empleo digno, descarbonización y reparación de daños ambientales.
          • Del antirracismo simbólico al antirracismo material: enfrentar jerarquías raciales y coloniales en mercados de trabajo, control migratorio, distribución ambiental del riesgo y acceso a bienes públicos.

Finalmente, Fraser insiste en que la crisis es también política: la captura corporativa del Estado, el vaciamiento de la representación y el auge de autoritarismos se alimentan de la inseguridad social que produce el propio sistema. Por eso, la acción política requiere disputar el sentido común (qué entendemos por “economía”, “seguridad”, “prosperidad”), ampliar democracia más allá de lo electoral y crear alianzas duraderas entre movimientos y sectores populares. La clave es evitar la falsa elección entre “orden liberal” y “populismos reaccionarios”, construyendo una alternativa que combine igualdad, sostenibilidad y ampliación de derechos.

Tres criterios para leer la entrevista

Para analizar la entrevista con esta lente, conviene observar: (1) cómo se nombra la relación entre economía y “trastienda” (cuidados, reproducción social, naturaleza); (2) qué tipo de unidad se propone entre movimientos (coalición pragmática o articulación estructural); y (3) si la salida se piensa como corrección del mercado o como transformación del orden social.

En Fraser, el punto decisivo es que la política emancipatoria debe atacar las condiciones que hacen rentable la devastación: la desvalorización del cuidado, la expropiación de territorios y la captura de lo público.

La entrevista

El diálogo periodístico completo subtitulado en español, en el siguiente video:

 

Publicado por Diálogos por la democracia/ Cronicón 30 de marzo/6 de abril de 2026

Editado por María Piedad Ossaba