NdT. Hemos optado por traducir Grand Delusion como La gran (des)ilusión, en eco deliberado del título de la película de Jean Renoir de 1937, La gran ilusión. La elección no es literal: busca conservar, en una sola fórmula, dos movimientos que atraviesan el texto de John Ganz. Por un lado, la ilusión colectiva que durante años envolvió al trumpismo, presentado por algunos como una restauración democrática o una reacción legítima contra el orden liberal. Por otro, la desilusión tardía de quienes terminan admitiendo que no había allí una doctrina ni un proyecto político coherente, sino una impostura, una estafa y una mascarada de poder.
El paréntesis en (des)ilusión intenta precisamente hacer visible esa ambivalencia: no se trata solo de una ilusión, sino también del momento en que esa ilusión empieza a deshacerse. El texto de Ganz no describe un simple error de apreciación, sino un cegamiento voluntario, cultivado y finalmente reconocido demasiado tarde por algunos de los intelectuales que quisieron ver en el trumpismo algo más que lo que era.
La adaptación de la imagen de La gran ilusión prolonga visualmente esa lectura. La paloma herida, atrapada entre alambres de espino, delante del decorado inmobiliario de “New Gaza”, condensa otro de los motivos centrales del artículo: la paz invocada como retórica encubre aquí una lógica de depredación, vulgaridad y negocio. Así, la referencia a Renoir no funciona solo como homenaje cinéfilo, sino como una forma de subrayar que, en este caso, la ilusión política desemboca en su propia descomposición.
Hay una palabra para estar perpetuamente atrasado. Un poco lerdo. No muy avispado. Como sociedad, en gran medida hemos decidido que no es una palabra que deba usar la gente civilizada: es cruel y denigra a los verdaderamente vulnerables. Pero, ¿cómo llamarlo si recién ahora a ciertas personas les cae la ficha de que este tipo, Trump, puede tener algo raro? Por ejemplo: Sohrab Ahmari, quien escribe en UnHerd (llamado así quizás porque nadie escucha):
El psicoanálisis habla de «determinación por el significante»: la manera en que la gente termina habitando la imagen que otros inscriben en ellos (padres, instituciones sociales y demás). Te convertís en lo que ellos dicen que sos. Así, Trump el populista reacio a la guerra ha terminado cediendo por completo el paso a su caricatura liberal: venal, errático, infantil, un agente del caos. Los gringos comunes hacen lo posible por proteger sus bolsillos y sus cuentas de jubilación de sus caprichos; otros líderes mundiales miran cada vez más más allá de él para prepararse para el orden internacional inestable que dejará atrás.
El psicoanálisis también habla de tener la cabeza en el orto. La respuesta obvia era que la caricatura liberal no era una caricatura en absoluto. Eran los hechos claros que cualquiera con dos ojos en la cara podía ver. Si a uno le faltaba educación o mundo, tal vez, tal vez, se lo podía disculpar por caer en el cuento. Pero un adulto con estudios universitarios y una familiaridad básica con las cosas de la vida debería haber sido capaz de verlo venir. La única forma de convencerse de que Trump era cualquier cosa que no fuera un estafador inmobiliario de cuarta que se abrió paso a los codazos en la escena mundial era la ambición o el engaño. Tiene que ser esto último, porque lo primero difícilmente se sacie con su empleo actual. Quizás esperaba conseguir un puesto en la justicia haciéndole de lacayo a JD Vance. Para su desgracia, Ahmari ahora es editor de una revista de tercera categoría. ¿Por qué, Sohrab, de nada le sirve al hombre vender su alma por el mundo entero… pero para dirigir UnHerd? Determinación por el significante, en efecto. Esto es lo que pasa cuando las pretensiones y la pomposidad le ganan al instinto de supervivencia: uno se convierte en un bufón. Así que no es un caso de deficiencia mental —de nuevo, sería terriblemente injusto con los discapacitados, que son inocentes de este pecado— sino de autoengaño deliberado..
Ahmari es un poco charlatán él mismo, que de vez en cuando adopta y abandona posturas intelectuales para causar efecto, así que se entiende que intente vender esta pavada, pero Christopher Caldwell me parece un tipo serio. Aun así, se las arregla para sentirse decepcionado con Trump a estas alturas y creer en disparates como este: «Contrario a lo que muestran los diarios, el trumpismo fue un movimiento de restauración democrática». No, realmente no lo fue. Siempre fue un verso. Y sigue escribiendo:
«Nadie que haya sido testigo del valor de Trump después de que le pegara la bala de un potencial asesino en Pensilvania en 2024 dudará de que tiene carácter. Pero sus virtudes no son las que se necesitan para dirigir un país libre. Jamás un presidente ha aprovechado tanto la confianza pública para llenarse los bolsillos. Trump aceptó la oferta de Qatar de un nuevo avión presidencial pensado como regalo personal; estableció una memecoin personal en la que los solicitantes de favores presidenciales podían depositar contribuciones multimillonarias. Podríamos seguir».
¿Donald Trump? ¿Corrupto? ¡No me digas! Usar las palabras «virtud» y «carácter» con cara seria refiriéndose a Trump es ridículo. Y también esta proyección:
«Trump de hecho ha avanzado en arreglar el Estado profundo. A sus partidarios les gusta imaginarlo como un tipo rudo, que ataja por izquierda, negociador duro al estilo Andrew Jackson, con el coraje para ignorar los ruegos de los intereses especiales».
Pero siempre hubo una línea roja: los usamericanos no esperaban que los defectos de carácter de Trump los pusieran en peligro en el ámbito de la política exterior. La política de USA hacia Irán ha sido hecha durante el último año por el yerno de Trump, Jared Kushner, y su amigote del rubro inmobiliario, Steve Witkoff, trabajando en consulta con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. Tanto Kushner como Witkoff llevan el título de «enviado especial para la paz», pero ninguno de los dos fue confirmado por el Senado, como deben serlo los diplomáticos de alto rango y los miembros del gabinete. Kushner ni siquiera presentó una declaración de bienes. Así que estos dos van al Medio Oriente a discutir con Netanyahu qué hacer con Irán. Netanyahu expone las prioridades de Israel, que implican, como mínimo, desarmar a Irán. ¿Qué prioridades usamericanas están promoviendo Kushner y Witkoff?»
[…]
«Kushner y Witkoff no son financistas ni diplomáticos de profesión, sino magnates inmobiliarios. En el Foro Económico Mundial de Davos en enero, con el presidente Trump presente, la dupla presentó una ilustración artística de un desarrollo costero gigantesco, al estilo Dubái, llamado “Nueva Gaza”, completo con un cronograma de construcción. Por supuesto, no se podía empezar a construir hasta que el terreno fuera comprado por quien planificara desarrollarlo, a menos que Israel decidiera neutralizar el lugar por la fuerza de las armas mientras tanto».
Apostaría bastante plata a que una buena parte de los seguidores de Trump ni siquiera sabe que Andrew Jackson es el tipo del billete de veinte verdes [los argentinos sí lo saben, que llaman el billete “un jackson”, NdT]. Ellos no tenían esas expectativas. En cierto modo son más vivos que Caldwell y Ahmari porque votaron a Trump porque les parecía un gángster sin escrúpulos y pensaron que era lo que el país necesitaba. Y siguen pensándolo: no estoy tan seguro de que la guerra sea tan impopular entre la base de Trump como a Caldwell le gustaría; a ellos les gusta porque Trump les dice que les guste. Eso es porque no son demócratas jacksonianos rústicos masticando pipas de maíz y apoyados en sus fusiles; son boomers atontados que miran Fox News 12 horas al día. Y, lo siento: muchísimos usamericanos sí esperaban que los defectos de carácter de Trump los pusieran en peligro en el ámbito de la política exterior. Por ejemplo, este usamericano. Era muy fácil verlo venir. Como escribí en 2024:
«Consideremos también las consecuencias de la política exterior de Trump con respecto a Israel y Palestina. Permítanme una expresión trumpiana: Trump es el peor presidente que tuvimos para Palestina. Porque básicamente no entiende nada del tema y le importa un comino. Las opiniones que tiene están guiadas por su islamofobia refleja. Y como no le importa demasiado, se lo delega a gente de su círculo que sí se interesa, que son o fanáticos o improvisados. Como su embajador en Israel David Friedman, que fue abogado de la organización Trump y tiene fuertes vínculos con el movimiento de colonos y organizaciones contrarias a la solución de dos Estados. O los Adelson, que básicamente moldearon todo el fallido enfoque de Trump en la región. O Jared Kushner, su yerno idiota, cuya única credencial en esta área es que resulta ser judío. (Creo que así es literalmente como piensa Trump: “Ah, Jared se puede encargar, es judío. Ah, poné a David para eso, habla mucho de Israel. El tipo de Israel. Ah, Sheldon me dijo esto, Miriam me dijo aquello”.) Esta gente no son diplomáticos, no son espías, no son estadistas, son unos tipos de la calle. Es exactamente a quien votás cuando votás a Trump: tipos de la calle».
No puedo reclamar ninguna sagacidad particular en el ámbito de la política exterior: simplemente estaba prestando atención. Y también lo estaban decenas de millones de usamericanos. Posta, los únicos que pueden ser tan pelotudos son los intelectuales. Es exactamente como observó Arendt cuando señaló cómo los intelectuales en Alemania «se inventaban ideas sobre Hitler… Cosas completamente fantásticas, interesantes y complicadas». Tranquilos —no digo que Trump sea literalmente Hitler; digo que es la misma falla de juicio de la que hablaba Arendt: la misma incapacidad para aplicar los conceptos correctos a la situación, es decir, que la persona en cuestión es un delincuente demente.
Como se ha señalado muchas veces, el personaje histórico al que más se parece Trump es quizás Napoleón III —o, al menos, la caricatura que hizo de él Karl Marx, como «un viejo pícaro astuto, […] concibe la vida histórica de las naciones y sus actos de Estado como una comedia en el sentido más vulgar, como una mascarada en la que los grandes trajes, las palabras y las posturas solo sirven para enmascarar la más ruin canallada». La más ruin canallada. Por favor, que lo llamen —de una vez— por su nombre.
Substack, John Ganz, Grand Delusion, 20 de marzo de 2026.
Traducido por Tlaxcala
Editado por María Piedad Ossaba