Cuba no está sola: 60 años de bloqueo, más de 60 años de dignidad

Los pueblos de Mesoamérica, el Caribe y del mundo entero debemos unificar nuestras voces, denunciar esta agresión en todos los escenarios y exigir a nuestros gobiernos que actúen con dignidad, defendiendo el principio de no injerencia y la cooperación entre pueblos hermanos. El bloqueo no ha derrotado a Cuba, ni lo hará. Lo que sí ha dejado al desnudo es la crueldad de un sistema imperialista que castiga la independencia y teme al ejemplo. Hoy, más que nunca, hay que decirlo sin miedo y sin ambigüedades: ¡No al bloqueo! Sí a la soberanía. Sí a la solidaridad internacional de los trabajadores.

Hablar de Cuba es hablar de una injusticia que ya no admite excusas ni silencios. Durante más de seis décadas, el imperialismo ha sostenido un bloqueo económico, comercial y financiero que no busca otra cosa que rendir por hambre a un pueblo que decidió ser libre y soberano.

Hoy, esa agresión se recrudece. No conformes con el daño acumulado, ahora se intenta asfixiar a la isla mediante un bloqueo energético, afectando directamente la vida cotidiana, la producción, el transporte, los hospitales y los hogares. No es una sanción: es un castigo colectivo. No es política exterior: es guerra económica.

Quien diga lo contrario miente. El bloqueo, considerado delito de lesa humanidad, no es contra un gobierno, es contra un pueblo.

Las medidas coercitivas unilaterales impuestas contra Cuba violan abiertamente el derecho internacional, los principios de la Carta de las Naciones Unidas y el derecho de los pueblos a decidir su propio destino. Se castiga a Cuba por no arrodillarse, por no someterse, por demostrar que otra forma de organización social es posible.

El objetivo es claro: provocar desesperación, escasez y sufrimiento para quebrar la voluntad popular. Eso tiene nombre, y la historia lo ha juzgado siempre con severidad.

La resistencia cubana es un ejemplo para el mundo

A pesar del cerco, el pueblo cubano sigue de pie. Trabajadoras y trabajadores, médicos, maestros, campesinos y jóvenes resisten con dignidad una agresión que ningún otro país ha soportado durante tanto tiempo.

Cuba no exporta miseria ni guerra. Exporta solidaridad, salud, educación y cooperación. Por eso molesta. Por eso la castigan. Y por eso despierta admiración entre los pueblos que luchan por justicia social y soberanía.

La solidaridad con Cuba no es un gesto simbólico: es un deber ético y político del movimiento obrero y popular internacional.

Defender a Cuba es defender la soberanía de todos. Permitir que una potencia castigue a un país por comerciar, cooperar o decidir libremente es aceptar un orden mundial basado en la ley del más fuerte. Hoy es Cuba; mañana puede ser cualquier nación que no obedezca los dictados imperiales.

Ningún país debe ser sancionado por ejercer su soberanía. Ninguna nación debe ser incluida en listas infames construidas para justificar agresiones. El bloqueo es el principal obstáculo para el desarrollo de Cuba, y su mantenimiento es una vergüenza histórica.

Es hora de alzar la voz y pasar a la acción.

El mundo ya ha hablado: año tras año, la inmensa mayoría de los países condena el bloqueo en la ONU. Pero no basta con votos. Se necesita movilización, presión política y solidaridad concreta.

Los pueblos de Mesoamérica, el Caribe y del mundo entero debemos unificar nuestras voces, denunciar esta agresión en todos los escenarios y exigir a nuestros gobiernos que actúen con dignidad, defendiendo el principio de no injerencia y la cooperación entre pueblos hermanos.

El bloqueo no ha derrotado a Cuba, ni lo hará. Lo que sí ha dejado al desnudo es la crueldad de un sistema imperialista que castiga la independencia y teme al ejemplo.

Hoy, más que nunca, hay que decirlo sin miedo y sin ambigüedades: ¡No al bloqueo! Sí a la soberanía. Sí a la solidaridad internacional de los trabajadores.

Cuba no está sola.

Omar Romero Díaz

Fuente: Cronicón, 10 de febrero de 2026

Editado por María Piedad Ossaba para La Pluma