La represa de Urrá se construyó contra la voluntad de los indígenas Emberá Katio del Alto Sinú.
Ellos advirtieron a través de su líder Kimy Pernía Domicó que ese megaproyecto traería degradación ambiental, pérdida de biodiversidad, desplazamiento de pueblos, fracturas sociales, cambios en los ciclos de vida del río, pérdida de la pesca (sustento de comunidades indígenas y campesinas), entre otras afectaciones.
Pero el “desarrollo” iba porque iba. Como siempre, pasando por encima de los derechos al buen vivir de nuestros indígenas; ignorando sus conocimientos ancestrales, sus relaciones armónicas con la naturaleza.
Los indígenas con Kimy a la cabeza marcharon por territorio cordobés a favor de la conservación del curso natural del río. Hablaron en foros internacionales sobre el desastre que se podría venir sobre las poblaciones ribereñas.
Entonces, el temible Carlos Castaño, quien trabajaba de la mano con empresarios capitalistas ligados a la producción de energía, ordenó callar la voz indígena. Kimy Pernía Domicó fue desaparecido, su cuerpo nunca fue hallado.

Kimy Pernía Domicó (1952-2001)
Se confirmó una vez más que el “modelo de desarrollo” escogido por la élite no tendría opositores. La vida, las culturas, la seguridad, la dignidad, el medio ambiente, valían menos que los beneficios económicos obtenidos por una pequeña red empresarial. Durante la construcción y entrada en operación de Urrá se instauró la “Seguridad Democrática”.
La historia se repitió con los indígenas Nutabes cuando se opusieron a la construcción de la represa Hidroituango. Ésta es otra tragedia anunciada. Los tiempos se van cumpliendo de acuerdo al mandato natural y la orgía de las ganancias.
La construcción de Hidroituango fue aún más violenta que la de Urrá. Desplazaron a los dueños de los predios, se tomaron zonas de su influencia con amenazas y chantajes, de nuevo los paramilitares cumplieron la misión de despejar de «trabas» el proyecto energético.
Como si fuera poco, esos terrenos posteriormente inundados fueron fosas comunes donde arrojaban los cadáveres que dejaba la guerra contra guerrilla. La energía producida allí está contaminada con agua de muertos.
La tragedia anunciada por Kimy y los Emberá Katios acaba de ocurrir. Más de la mitad del departamento de Córdoba está inundada, sus cultivos arrasados, miles de animales ahogados, miles de casas abandonadas, comercios en ruinas, pérdidas totales.
La represa Urrá, jugando con el beneficio económico privado, dejó llegar al tope el embalse, lo que fue un mal cálculo. Debió verter el agua “sobrante” al río sin medir las consecuencias. Miles y miles de metros cúbicos de agua por segundo. Una terrible avalancha hídrica. Una acción criminal que costó vidas humanas y caos. De nuevo, el “modelo de desarrollo” sepulta a los más pobres y enriquece a los más codiciosos.
Tigrillo L. Anudo para La Pluma, 9-2-2026