Italia: país cerrado, fábricas de armas abiertas

Mientras nuestras instituciones no tengan a su disposición una posible opción de acción no armada y no violenta, el chantaje de quienes piden dinero para estructuras militares y para las armas será fácil.

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El gobierno y los virus. Es obvio para todos (excepto para algunos patrones y políticos) que necesitamos cascos para la respiración artificial, no cascos para los pilotos de F-35. Necesitamos camas en terapia intensiva, no puestos de mando en los cuarteles.

La publicación del decreto de la Presidencia de Gobierno relativo a las últimas restricciones (endurecidas) relacionadas con el coronavirus, en particular para las actividades de producción, ha sido una sorpresa que no han apreciado los que trabajan por el desarme. Entre las líneas de las disposiciones de las leyes aprobadas, se prevé en efecto la posibilidad de que la industria de la defensa siga siendo operativa, mientras que la gran mayoría de las empresas, en cambio, deben permanecer cerradas.

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Reconversión, por Mauro Biani

La industria militar parece realmente intocable, y el gobierno de Conte considera la producción de sistemas de armamento entre las actividades estratégicas e indispensables. La respuesta fue inmediata por parte de quienes (como Sbilanciamoci, Rete Disarmo y Rete Pace) han subrayado el carácter insensato de poner en peligro la salud de miles de trabajadores con el riesgo de una nueva propagación del contagio sólo para no mermar los beneficios de la industria armamentística.

Es incomprensible que el gobierno no tenga el valor de ordenar su cese, a pesar de que el presidente de la Región del Véneto, Luca Zaia (de la Lega), declaró: Hasta hace algún tiempo, la industria bélica era considerada estratégica. Ahora hemos comprendido  que no nos importa, más vale disponer de una probeta, de un respirador».

Los sindicatos reaccionaron inmediatamente, provocando varias huelgas espontáneas incluso en algunas empresas de producción militar, demostrando que, cada vez con mayor frecuencia, son l@s trabajador@s quienes son l@s primer@s en tener una visión clara de las opciones que deberían ser más útiles para el país. Porque debemos salir de esta trágica situación de emergencia con perspectivas y opciones que se distancien de las lógicas que han determinado la reducción de las inversiones en salud (del 7% al 6,5% del PIB), el gasto militar que ahora ha aumentado de manera constante a más del 1,4%.

Lo que necesitamos es una verdadera alternativa, que sólo puede ser no violenta (y por lo tanto de desarme). Pero ¿cuál es la relación entre la no violencia y la emergencia de salud pública relacionada con el Covid-19? Hay una relación, por supuesto, porque se trata de una elección no sólo ética sino también moral. La política de la no violencia adquiere su pleno significado precisamente hoy; “de lo contrario no me es de ninguna utilidad”, dijo Gandhi, que la contemplaba como un instrumento para encontrar pan para los hambrientos, al igual como hoy tenemos que encontrar camas para los enfermos.

Es una no violencia que no tiene raíces antiguas. Se piensa en Raoul Follereau que reclamó a gritos “el costo de un día de guerra por la paz” o en Albert Schweitzer que, a principios del siglo XX, ya había comprendido el estrecho vínculo entre gastos militares e inversiones en salud. Hasta ayer, parecían dos soñadores cuya única utilidad es acabar como santos de parroquia, pero en cambio, anticiparon en un siglo lo que hoy, habiendo sido  puesto entre la espada y la pared por la evidencia, incluso los gobernantes europeos soberanistas están obligados a admitir: es mejor tener un respirador automático más, y una bomba o un misil menos.

Es  obvio para todos (excepto para algunos patrones y políticos) que necesitamos cascos para la respiración artificial, no cascos para los pilotos de F-35. Necesitamos camas en terapia intensiva, no puestos de mando en los cuarteles. La industria bélica no es un sector esencial y estratégico: esta situación puede ser una oportunidad de cambio y una reconversión necesaria (en primer lugar, hacia la producción para la salud pública).

Tal vez por primera vez, con el nuevo mundo nacido después del conflicto mundial que derrotó al nazismo y dio origen a la ONU, nos damos cuenta de que incluso la economía mundial está por debajo de la salud individual. Esta es una revolución que era impensable hace sólo unas semanas. Y todo el mundo entiende que para garantizar su propia salud y la de sus seres queridos, hijos, nietos y amigos, es absolutamente indispensable tener un sistema de salud pública que funcione. En Europa, en las buenas y en las malas, todavía tenemos uno, con sus cualidades y sus defectos; pero allí donde la salud se considera simplemente una mercancía, el impacto de la pandemia será aún más devastador.

Por esta razón, el compromiso de las redes y movimientos italianos en favor de la Paz y el Desarme se basa desde hace mucho tiempo en la exigencia de una drástica reducción de los gastos militares, en favor de los gastos sociales. Este es el principal objetivo de la campaña por la “Defensa civil, no armada y no violenta”. Cuando decimos: “otra defensa es posible”, significa que invertir el camino es algo necesario e inevitable. Mientras nuestras instituciones no tengan a su disposición una posible opción de acción no armada y no violenta, el chantaje de quienes piden dinero para estructuras militares y para las armas será fácil.

Mao Valpiana – Francesco Vignarca

Original: Paese chiuso, fabbriche d’armi aperte

Traducido por María Piedad Ossaba para La Pluma y Tlaxcala, 30 de marzo de 2020

Editado por   Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

Traduciones disponibles: Français