Ramadán

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La palabra ramadán designa, originalmente, el noveno mes del calendario lunar musulmán que se llama también «calendario de la Hégira». A título informativo, el punto de partida de ese calendario, es decir, la fecha de fundación de la era musulmana es la emigración — hiyra o Hégira — del profeta Mohammed de La Meca hacia Medina, el 13 de septiembre de 622. El mes de ramadán que debuta este año el 6 de mayo de 2019, según la aparición visible del creciente lunar, corresponde al año 1440.

© Mohammed Abou Aziz, 2016

Por deslizamiento semántico, la palabra termina designando tanto al mes como al ayuno que debe respetarse. De esta forma, se pueden oír expresiones como «hacer (el) ramadán», que significa «hacer el ayuno de ramadán». Esta aclaración vale para muchas hablas árabes, especialmente en el Magreb donde esta palabra designa implícitamente el ayuno. À título anecdótico, todavía se dice en el Magreb «hacer cuaresma» para decir que uno ayuna durante el ramadán. Efectivamente, durante el período colonial, los europeos de Argelia llamaban a menudo -y equivocadamente- al ayuno de ramadán «cuaresma de los musulmanes». Un proverbio árabe muy conocido en el cual el ramadán está claramente identificado como mes dice que no se debe «poner el ramadán delante del shaabán», lo que equivale a «poner el carro delante del caballo»

Durante este período de veintinueve o treinta días, los musulmanes son llamados, entre otros, a hacer ayuno desde el amanecer hasta la puesta del sol. De manera concreta, este ayuno –saum o siyam– consiste en no comer ni beber. Está acompañado por la abstinencia sexual, la obligación de no mentir, de no proferir injurias, de descartar pensamientos «impuros» y de manera general, de no cometer malas acciones. El no respeto a esas obligaciones invalida el ayuno. Las mujeres embrazadas, los enfermos y los viajeros están exentos de ayunar, y responsables de recuperar, cuando puedan, los días que no ayunaron. El día siguiente del fin del mes de ramadán es el del Aíd al Fitr, o para decirlo de otra manera, « fiesta de la ruptura del ayuno», llamada también « Aíd as-sjir », el pequeño Aíd, por oposición a otra gran fiesta religiosa, Aíd al Kebir (gran Aíd) o también Aíd al Adha, «fiesta del sacrificio».

El mes de ramadán, situado entre los meses de shaabán y de shaual, es el único del calendario hegiriano que es citado en el Corán. La sura II, llamada « La ternera », detalla sus prescripciones en relación a varios versos1 (ellas han sido también completadas por al-Sunna, la Tradición). Uno de ellos, muy conocido, indica que está permitido comer y beber (por la noche) hasta el momento donde se pueda distinguir de nuevo « un hilo blanco de un hilo negro » (II-183).

Y comed y bebed hasta que, del hilo negro (de la noche), distingáis con claridad el hilo blanco de la aurora; luego completad el ayuno hasta la noche.

Desde el punto de vista etimológico, la palabra ramadhān, que puede usarse como nombre o apellido, proviene de la raíz árabe r-m-d. Si bien sus significaciones son múltiples, ellas giran alrededor de la idea de calor, de un ser en llamas, de cenizas nacidas de un incendio o también, de las hogueras del verano. En un principio, ese mes se situaba en el verano, porque el calendario lunar tenía períodos que eran separadores con el fin de tornarlo fijo con respecto al calendario solar. Pero hoy, el calendario hegiriano sigue los ciclos lunares y «retrocede» así todos los años, entre diez y once días. De esta forma, el ramadán 1441 debería comenzar el 24 o el 25 de abril de 2020.

Cuarto pilar del islam y referencia histórica

En el plano religioso, la importancia de ramadán no proviene simplemente del hecho que sus prescripciones están detalladas en el Libro santo. En primer lugar, es el cuarto pilar del islam con la profesión de fe, el ruego, la limosna y la peregrinación a La Meca para todas y todos los que tienen los medios de hacerlo. Durante el segundo año de la instalación del Profeta en Medina el ayuno se tornó obligatorio. En esa época, esta práctica no era desconocida para los habitantes de la península Arábica, entre los cuales había judíos y cristianos.

Para los musulmanes, ayunar no es un acto de penitencia, sino una forma de auto purificación a la vez física y espiritual, así como también una manera de hacer acto de solidaridad con los necesitados. Para muchos creyentes es también una ascesis que permite la elevación espiritual y la afirmación colectiva de la fe.

En segundo lugar, el ramadán es también importante en el plano religioso porque, más allá del ayuno, es el mes durante el cual comenzó la revelación coránica. Efectivamente, fue durante la «noche del Destino», laylat al-qadr, que el Corán comenzó a ser transmitido al Profeta. En general, se admite, según la tradición, que esa noche «mejor que mil meses», y es cuando «descienden [sobre la tierra] los ángeles y también el Espíritu» (XCVII: al-Qadr, 1-2) se sitúa en las noches impares de los diez últimos días de ramadán. Tradicionalmente, la «noche del veintisiete» [día] reviste mucha importancia. Ella es la ocasión de veladas especiales, de reuniones de devoción y de invocaciones en las mezquitas o en otros lugares. Es el momento a partir del cual se puede dar la limosna del ramadán, zakat al-Fitr, que le debe su nombre al hecho que ella se hace en el momento del, o más exactamente, antes del Aíd el-fitr (ᶜId al-Fitr, «fiesta de la Ruptura [del ayuno]), lo que equivalía a cerca de 5 euros por persona en Francia en 2015. En muchos países, es la culminación de concursos de recitación del Corán, y es una tradición practicar la circuncisión de los niños. Finalmente, ese día veintisiete es a menudo cuándo los niños «ensayan» el ayuno por primera vez.

El ramadán tiene también una importancia a la vez religiosa e histórica. Es respectivamente el mes de la toma de La Meca por el Profeta en el año 8 de la Hégira (630), el del nacimiento de Husein, el nieto de Mohammed o el de la muerte de Jadiya, su primera esposa. Más importante es el hecho que, durante el mes de ramadán los musulmanes obtuvieron, en la batalla de Badr, su primera victoria militar contra sus enemigos mecanos en el año 2 de la Hégira (624). Ello tiene su importancia, ya que es, entre otros, este momento histórico en el cual grupos extremistas musulmanes recuerdan cuando ellos se empeñaron en justificar su aumento de activismo y la multiplicación de acciones violentas durante ramadán.

Una práctica social

Más allá del aspecto religioso –todas las noches, los creyentes están invitados a llevar a cabo ruegos supererogatorios (o nafila), o tarāwīh -el ramadán es un periodo con muchos contrastes. La noche, después de la ruptura del ayuno (iftār) que corresponde al momento de la llamada al rezo «del poniente» (magreb), la actividad social es intensa. Es así que la palabra ramadán dio nacimiento al término francés de «ramdam», significando una gran agitación, y no sin un color peyorativo: «alboroto». Reuniones familiares alrededor de mesas plenas de platos tradicionales, desplazamientos incesantes de coches, cafés tomados por asalto, vigilias, manifestaciones culturales, difusiones de culebrones exitosos en las televisiones, emisiones y charlas religiosas, programas de entretenimiento, todo esto se encuentra en la mayoría de los países musulmanes. Durante los últimos años, una tendencia nueva nació, venida de los países del Golfo: durante mucho tiempo limitado al domicilio familiar, el iftar y también la sa/uhūr, la « colación » de fin de tarde o también de fin de la noche, se realizan cada vez más seguido, para quien tenga los medios, en los grandes hoteles o restaurantes que preparan bufets desbordantes de comidas. Hasta ocurre que esas comidas estén patrocinadas por grandes empresas.

Dedicado a la abstinencia, ese mes es también el de los derroches, del incremento del consumo y de resentimiento exacerbado por las desigualdades, tanto más cuanto que los precios de los alimentos casi siempre tienden a aumentar. Cuidando de no agravar las tensiones sociales, las autoridades de los países involucrados intentan evitar las penurias y garantizar a los más necesitados un abastecimiento barato, aunque, para ciertos hogares, ese mes es sinónimo de dificultades financieras y de obligación de endeudarse para asegurar comidas que salgan de lo ordinario, como consumir carne todas las noches. A lo que se le agrega el hecho que la actividad económica está en sus niveles más frágiles durante la jornada en esos países. El efecto conjugado de ayuno y de la triple falta de cafeína, de nicotina y de sueño hace que las empresas y las administraciones de los países musulmanes están desacelerando, en perjuicio de las o los que recuerdan que ramadán no debe significar solamente una preocupación alimenticia. Durante el verano, periodo en el cual la productividad no es nunca muy elevada, el impacto negativo del ramadán sobre la actividad no cambia en lo absoluto la situación. Sin embargo, para los próximos años, el mes de ayuno va a coincidir con los meses más templados y ello penalizará la economía, incluso si el consumo será estimulado.

Finalmente, y esto es particularmente relevante para los países de Magreb, movimientos de no ayunadores reivindican regularmente el derecho a poder comer en pleno día sin tener que esconderse y, más aún, sin tener temor a ser perseguido por la policía. Esos contestatarios, poco numerosos, recuerdan que hubo una época, especialmente en el mundo árabe, cuando no ayunar (por cierto, discretamente) no constituía una ofensa ni un delito para las autoridades o ante los ojos de la sociedad.

Akram Belkaïd أكرم بلكايد

Original: Ramadan

Traducido por Cristina Santoro

Editado por Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي  –  María Piedad Ossaba

Fuente: Tlaxcala, 7 de mayo de 2019