Desde la perspectiva de Israel, los Hamasniks* no son nazis; son siete veces peores. A ojos de la mayoría de los israelíes, todo el mundo en Gaza es Hamás, y ser de Hamás significa estar condenado a muerte, aunque el muerto sea médico, maestro o contable.

Las imágenes del café ensangrentado en la playa de Gaza esta semana no dejaron lugar a dudas: Israel no está respetando ningún alto el fuego y la matanza masiva continúa, aunque a un ritmo más lento. Es doloroso, pero menos que antes.
El portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel balbuceó algo sobre «comandantes de la Nukhba que asistían a una reunión», sobre un comandante de compañía y tres comandantes de pelotón que fueron neutralizados, y sobre «planes terroristas» y «eliminación de una amenaza inmediata». Lo de siempre. No dijo una palabra sobre el niño que murió ni sobre las demás víctimas del bombardeo.
Todo comandante de pelotón de Hamás es considerado un objetivo legítimo y, a ojos de casi todos los israelíes, merece ser eliminado. Ser de Hamás significa estar condenado a muerte, aunque el muerto sea médico, maestro, contable municipal, trabajador social de un centro comunitario o agente de tráfico. Ha sido condenado.
Muchos israelíes creen que los Hamasniks son nazis y que todos ellos merecen morir.
Identificar a Hamás con los nazis rebaja el Holocausto hasta el punto de la negación [lo que se podría llamar “negasionismo”, NdT]. Pero ojalá el Estado de Israel tratara a Hamás como los Aliados victoriosos trataron a los nazis al final de la Segunda Guerra Mundial.

Ojalá Israel tratara a los miles de detenidos de Hamás que mantiene bajo custodia como trató a Adolf Eichmann. Desde la perspectiva de Israel, los Hamasniks no son nazis; son siete veces peores.
Mientras Israel está decidido a matar a todos y cada uno de quienes estén vinculados de algún modo con Hamás, y cree tener derecho a hacerlo, los Aliados establecieron una distinción clara según el grado de implicación civil.
El proceso de desnazificación –un término que la derecha israelí ha utilizado en relación con Hamás– distinguía entre los grandes criminales de guerra (que fueron juzgados, encarcelados durante largos años e incluso ejecutados), los activistas del Partido Nazi (que fueron despedidos de sus empleos y perdieron algunos de sus derechos), los menos implicados (que recibieron períodos de libertad condicional y multas) y la gran mayoría de los alemanes y ciudadanos de los países ocupados que eran partidarios pasivos del régimen.
Los nazis representaban la cúspide del mal humano, y sin embargo los Aliados no tenían una obsesión homicida por eliminar a todos y cada uno de ellos, sin importar cuánto tiempo llevara.
No es así en Gaza. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, habla de matar a «30 o 40» personas en Gaza cada noche, no solo a quienes representan un peligro inmediato.
«No deberían vivir», dijo esta semana, captando el espíritu de los tiempos en el Israel de hoy.

Su fórmula es simple y precisa: todo el mundo en Gaza es Hamás; por lo tanto, todo el mundo allí merece ser asesinado. Este ha sido el modus operandi desde el 7 de octubre, primero mediante un genocidio acelerado y ahora mediante un genocidio más limitado de naturaleza similar. Que todo el mundo coja su arma; hay que eliminar a cada Hamasnik.
Esto nos devuelve al debate, que debería haber terminado hace mucho, sobre el genocidio. Etiquetar a todo el mundo en Gaza como Hamás allana el camino al genocidio.
La destrucción sistemática de Gaza, no solo física sino, aún más, política y social, no es menos genocida por naturaleza que las matanzas. Impide la reconstrucción de una nación. Durante tres años, el Estado de Israel se ha dedicado a una muerte y destrucción constantes, sin que se vislumbre el final.
Gaza está siendo castigada aún más porque estos crímenes han llegado a ser plenamente aceptados por la opinión pública israelí. Es un crimen detener a decenas de médicos únicamente porque recibían su salario de Hamás.
Un crimen aún mayor es seguir masacrando a los mandos subalternos de la organización. En Núremberg fueron ejecutados 10 dirigentes nazis (13 más, si se cuentan los juicios estadounidenses posteriores). Israel ha exterminado a miles de “hamasniks”, incluso después de que entrara en vigor el alto el fuego.
Esta matanza se está produciendo sin atraer demasiada atención del público israelí en general, lo que no hace sino aumentar su gravedad. El sufrimiento de la Franja de Gaza es aplaudido.
¿Quieren equiparar a Hamás con los nazis? Entonces, al menos, trátenlos como a los nazis.
N. del T.
Hamasniks: -nik es un sufijo agentivo tomado de las lenguas eslavas (ruso -ник, con equivalentes en polaco y ucraniano), transmitido al hebreo moderno a través del yidis, la lengua de los hablantes que moldearon el hebreo hablado desde finales del siglo XIX. El sufijo arraigó y sigue siendo productivo, uniéndose tanto a raíces hebreas como a préstamos para indicar pertenencia o afiliación a un grupo, actividad o rasgo: kibbutznik, miembro de un kibutz; likudnik, miembro del Likud; refuznik, término que originalmente designaba a los judíos soviéticos a quienes se negaban visados de salida y, más tarde, en Israel, a los reclutas que se niegan a cumplir el servicio militar; facebooknik, alguien adicto a Facebook. El término «hamasnik» es marcadamente despectivo, sobre todo porque «hamás», aunque en árabe significa «celo», «ardor», «entusiasmo» o «pasión», en hebreo bíblico significa «violencia». El autor lo utiliza para subrayar, con ironía, la mirada homicida que la corriente dominante israelí dirige a la población de Gaza.
Gideon Levy, Haaretz, 19 de agosto de 2026
Traducido por Tlaxcala