Adolf y Donald, separados al nacer

Las declaraciones de Trump, desprecian el orden internacional y ensalzan el poderío bruto, plantean graves interrogantes sobre su salud mental y su aptitud para gobernar. Un discurso que, al dibujar fronteras con la fuerza y reducir aliados a botines, evoca peligrosos ecos del pasado. La alarma ya suena en ambos lados del Atlántico. La derecha chilena, mientras, aplaude babosamente el espectáculo.

Titular del semanario aleman Der Spiegel

En menos de un siglo, el mundo ha caído en manos de dos locos…
al menos, uno de ellos se suicidó horas antes de ser atrapado

Brenda Stefan (México), analista internacional, conferencista y asociada senior de @AtlanticCouncil, detalló en su cuenta de X (@B_Estefan) los principales puntos de la entrevista que Donald Trump concedió al diario estadounidense The New York Times (NYT).

Tanto la lectura de esas declaraciones, así como las conclusiones que él mismo entrevistado expresa, obligan a dudar seriamente de la salud mental de míster Donald, o al menos, permiten asegurar que no posee ninguna –pero absolutamente ninguna- capacidad para ocupar tan alto cargo.

Los puntos destacados por Brenda Stefan de la entrevista de Trump en el NYT, son los siguientes:

-Trump afirma que su poder como comandante en jefe está limitado únicamente por su propia moral y su propia mente

-Desestima el derecho internacional como un freno real: dice que no lo necesita y que él decide cuándo aplica

-Sostiene que la fuerza nacional –y no las leyes, tratados o convenciones- debe ser el factor decisivo entre potencias

-Afirma que la OTAN es esencialmente inútil sin EEUU y admite que podría tener que elegir entre preservar la alianza u obtener Groenlandia

-Califica las normas del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial como cargas innecesarias para una superpotencia

-Deja claro que, en su visión, el poder de EEU es el factor determinante y que presidentes estadounidenses fueron demasiado cautelosos para utilizarlo con fines políticos o económicos

-Defiende la ‘propiedad’ territorial –en particular sobre Groenlandia– como psicológicamente necesaria para el éxito, y sostiene que ofrece ventajas que no se obtienen mediante arrendamientos, tratados o la simple firma de documentos

-La conversación con el NYT deja claro que para Trump la soberanía y las fronteras nacionales son secundarias frente al “papel de EEUU como protector de Occidente”

Portada Nazi-Trump

No es una exageración apuntar que, míster Trump, está repitiendo varias de las opiniones que el führer alemán acostumbraba expresar en sus afiebrados discursos ante una masa de miembros del partido nazi, poco antes, y también durante, la Segunda Guerra Mundial.

Cambie usted, querido lector, el nombre de Austria por el de Canadá, el de Polonia por México y el de Rusia por Groenlandia, y tendrá una rápida similitud de los intereses que movían a Hitler y los que hoy mueven a Trump.

Además, respecto de Venezuela, ella es lo mismo que África del Norte significaba para el dictador alemán.
Es muy duro escuchar o leer y no reaccionar ante declaraciones tan hostiles y soberbias, como aquellas que Trump manifestó: “estaré al mando de Venezuela durante años”, “no estaré contento con nada que no sea la propiedad de Groenlandia”, y cuando le preguntaron si había algún límite a su capacidad de utilizar el poderío militar estadounidense, dijo: “Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”.

Prensa alternativa estadounidense, así como varios representantes demócratas en el Parlamento, y algunos Republicanos, han comenzado a acusar a Donald Trump de estar construyendo un andamiaje que es propio de una dictadura… pero, de una dictadura personal, ya que el mandatario se esfuerza sin pudor ni raciocinio en atacar, insultar, ningunear y perseguir desde la Casa Blanca –con todo el poder que esta ostenta– a quienes no aceptan ni concuerdan públicamente con sus políticas.

En Europa, dignatarios como los de Dinamarca han salido al paso de Trump, luego que este asegurara “Necesitamos a Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional y Dinamarca no va a poder hacerlo”.

El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, afirmó en redes sociales: “Nuestro país no es un objeto de retórica de una superpotencia. Somos un pueblo. Un país. Una democracia. Eso debe ser respetado, especialmente por amigos cercanos y leales”.

Por otra parte, el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos Stephen Miller –un verdadero lacayo trumpista – afirmó que EEUU “tiene derecho a anexionarse Groenlandia, porque ella debería ser parte de Estados Unidos. No hay necesidad siquiera de pensar o hablar de esto en términos de una operación militar. Nadie va a enfrentarse militarmente a Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”.

Realmente, opiniones de desquiciados o de salvajes invasores y ladrones.

Al interior de EEUU muchas voces se alzan en contra, y cada día son más aquellas que llaman a organizarse para detener las desquiciadas intentonas del ‘orangután naranja’ por poner a EEUU en grave peligro frente a un mundo que, a su vez, también podría organizarse para revertir el eslogan trumpista, cambiándolo por “Make The World Great Twinned And Peaceful”.

Pese a todo lo ya descrito en estas líneas, y pese además al posible desquiciamiento de Donald Trump (un narciso egoísta y peligroso), la derecha y ultraderecha chilena manifiestan admiración y pasión de adolescentes rocanroleros por deschavetados asesinos como Trump, y como otros “dignatarios” que tenemos más cerca.

Arturo Alejandro Muñoz para La Pluma

Publicado por Prensa Opal, Semanario alemán Der Spiegel, 9 de enero de 2025

Editado por María Piedad Ossaba