Cuando los pueblos llegan al poder: el significado político en Colombia de la fórmula presidencial Iván Cepeda-Aída Quilcué

Hoy Colombia se enfrenta a una pregunta histórica: ¿sera posible que la democracia colombiana abra los espacios políticos y brinde las garantías necesarias para que los pueblos que han sufrido la guerra y la exclusión también gobiernen el país? La respuesta no la darán los analistas ni los políticos. La respuesta la dará el pueblo colombiano en las urnas. Y sea cual sea el resultado, algo ya quedó claro: las voces de los territorios, de las víctimas y de los pueblos indígenas ya no están dispuestas a quedarse al margen de la historia.

El candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda Castro, escogió como su fórmula vicepresidencial a la senadora y lideresa indígena del departamento del Cauca, Aída Quilcué Vivas.

Tras el contundente triunfo del Pacto Histórico en las elecciones parlamentarias del pasado domingo 8 de marzo, en las que la única y más importante fuerza de izquierda en Colombia logra 25 senadores y 39 representantes (aunque esa cifra puede subir en el conteo de votos de los escrutinios que se llevan a cabo), ahora se consolida  este partido en cuanto a su arraigo social con la selección por parte del candidato Iván Cepeda Castro de su fórmula vicepresidencial, la senadora y activista de los pueblos indígenas, oriunda del departamento del Cauca, Aída Quilcué Vivas.

Esta fórmula presidencial en la actual coyuntura política y social de Colombia tiene un profundo significado histórico.

Más allá de las simpatías o diferencias políticas, esta fórmula plantea una pregunta que el país no puede ignorar: ¿qué significa que quienes han sido víctimas de la violencia y la exclusión ahora aspiren a gobernar Colombia?

Una candidatura que nace de la lucha

Durante décadas, la política colombiana ha estado dominada por las mismas corruptas, caducas y ensimismadas oligarquías económicas y políticas. Los apellidos cambian, pero el poder casi siempre ha estado en los mismos círculos. Por eso la fórmula Cepeda y Quilcué tiene un significado distinto.

Iván Cepeda Castro ha sido reconocido por su trabajo en la defensa de las víctimas del conflicto armado, como activista de derechos humanos ha sido incansable su trabajo en la búsqueda de la verdad sobre la violencia que ha golpeado al país y que él sufrió en carne propia por la trágica muerte en 1994 de su padre, Manuel Cepeda Vargas, en manos del paramilitarismo al servicio de los gobiernos de ultraderecha.

Aída Quilcué, por su parte, representa la resistencia de los pueblos indígenas. Nació en Páez, Cauca, territorio del pueblo nasa, y desde muy joven vivió de cerca la violencia que durante años ha azotado esas regiones.

Su liderazgo se consolidó dentro del Consejo Regional Indígena del Cauca, una de las organizaciones sociales más importantes del país. Allí se formó en la defensa del territorio, de la vida y de los derechos colectivos.

El dolor que se volvió lucha

La historia de Aída Quilcué no es una historia fácil. En el año 2008, su esposo, el líder indígena Edwin Legarda, fue asesinado por miembros del Ejército en el Cauca. Ese hecho sacudió al país y se convirtió en un símbolo del dolor que han sufrido muchas comunidades.

Sin embargo, lejos de callarla, ese crimen fortaleció su lucha por la justicia y los derechos humanos.

Quilcué siguió caminando con su pueblo, participando en movilizaciones como la histórica Minga indígena de 2008, que llevó miles de los pueblos ancestrales a Bogotá para exigir respeto por sus territorios y el cumplimiento de acuerdos con el Estado.

Cuando los excluidos aspiran legítimamente a gobernar

Lo que hoy representa esta fórmula presidencial es algo más profundo que una simple candidatura. Es el reflejo de un cambio que viene creciendo desde hace años en Colombia: los movimientos sociales ya no solo quieren protestar, también quieren  y aspiran a gobernar. Y eso incomoda a muchos.

Incomoda porque rompe con la idea de que la política solo pertenece a las oligarquías y empresarios. Incomoda porque pone en el centro a las víctimas del conflicto, a los pueblos indígenas, a quienes históricamente han estado por fuera del poder.

Pero la democracia, si quiere ser verdadera, debe abrir espacio para todas las voces del país.

Indígenas del Cauca saludaron designación de su lideresa Aída Quilcué como fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda.

Una disputa por el futuro de Colombia

La fórmula Cepeda-Quilcué también representa una disputa más profunda sobre el rumbo del país.

De un lado está la Colombia tradicional, marcada por el poder de las venales oligarquías políticas y económicas.

Del otro, una Colombia que emerge desde los territorios, desde los movimientos sociales, desde quienes durante años han defendido la vida en medio de la violencia.

Por eso esta candidatura no se puede leer solo como un hecho electoral. Es también un símbolo de un país que busca transformarse.

La pregunta que queda en el aire

Hoy Colombia se enfrenta a una pregunta histórica: ¿sera posible que la democracia colombiana abra los espacios políticos y brinde las garantías necesarias para que los pueblos que han sufrido la guerra y la exclusión también gobiernen el país?

La respuesta no la darán los analistas ni los políticos. La respuesta la dará el pueblo colombiano en las urnas. Y sea cual sea el resultado, algo ya quedó claro: las voces de los territorios, de las víctimas y de los pueblos indígenas ya no están dispuestas a quedarse al margen de la historia.