Centenarios, bicentenarios e intervencionismo en América Latina 2026

Es una paradoja histórica que el año 2026 esté destinado a conmemorar el bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá al mismo tiempo que se levanta la nueva época de la Doctrina Monroe bajo el “Corolario Trump” con la primera intervención directa de los Estados Unidos en Suramérica a través del bombardeo lanzado el sábado 3 de enero sobre distintos puntos de Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa.

Al comenzar un nuevo año ¿cuál es el contraste entre el Congreso Anfictiónico de Panamá y el “Corolario Trump” iniciado con una intervención en Venezuela?

Es una paradoja histórica que el año 2026 esté destinado a conmemorar el bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá al mismo tiempo que se levanta la nueva época de la Doctrina Monroe bajo el “Corolario Trump” con la primera intervención directa de los Estados Unidos en Suramérica a través del bombardeo lanzado el sábado 3 de enero sobre distintos puntos de Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa. Nada importa que reaccione la comunidad latinoamericana y otros gobiernos del mundo, así como de nada han servido las normas y reglas del derecho internacional. El intervencionismo ha sido contundente y América Latina carece de fuerza y coordinación para imponer el respeto a la soberanía de cada Estado en la región.

Hace doscientos años, por convocatoria de Simón Bolívar, quien era en aquellos momentos Libertador Presidente de Colombia y Encargado del Mando Supremo del Perú, se reunió en Panamá el primer congreso de los nuevos Estados independientes, con el propósito de lograr una gran confederación continental. Este Congreso Anfictiónico, como fue denominado, se inició el 22 de junio de 1826 y concluyó el 15 de julio.

Es una paradoja histórica que el año 2026 esté destinado a conmemorar el bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá al mismo tiempo que se levanta la nueva época de la Doctrina Monroe bajo el “Corolario Trump” con la primera intervención directa de los Estados Unidos en Suramérica a través del bombardeo lanzado el sábado 3 de enero sobre distintos puntos de Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa. Nada importa que reaccione la comunidad latinoamericana y otros gobiernos del mundo, así como de nada han servido las normas y reglas del derecho internacional. El intervencionismo ha sido contundente y América Latina carece de fuerza y coordinación para imponer el respeto a la soberanía de cada Estado en la región.

El ideal unionista de Bolívar no era fácil de conseguir con Estados incipientes, sometidos al despertar de regionalismos, caudillos, élites dominantes, bipartidismo político y hasta militares aspirantes a gobernar.

Además, los ambientes sociales eran adversos por la clara división en clases heredada de la colonia, con amplia explotación a los trabajadores del campo y la ciudad, y con frágiles democracias censitarias. Argentina estaba más preocupada por el conflicto con Brasil al respecto de la Banda Oriental; Brasil no envió delegados, tampoco Chile; los de Bolivia no llegaron a tiempo; Paraguay prefirió su sui géneris aislacionismo; mientras Estados Unidos y Gran Bretaña solo se interesaron por acuerdos comerciales.

Siguiendo la documentación y las intervenciones, el Congreso no pasó de ser el primer intento real por la unidad continental. Además, la “Doctrina Monroe” postulada por Estados Unidos en 1823, se demostraba más como un instrumento para garantizar su presencia e intereses en el continente. Eso explica la carta que años más tarde dirigiera Bolívar al coronel Patrick Campbell (1829) en la que dejó sentada una frase fulminante: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.

Ese “destino” se repitió, cada vez con mayor claridad, al transcurrir el siglo XIX y alcanzó un agresivo rango con el “Corolario Roosevelt” (1904), que atribuía el “derecho” de los Estados Unidos a intervenir en América Latina con un “gran garrote” para garantizar sus intereses en plena expansión imperialista. Esa orientación condujo a la invasión norteamericana a Nicaragua precisamente en 1926, que fue justificada por la “inestabilidad” política que el gobierno estadounidense consideró que afectaban a su país.

El mismo ideal intervencionista ha revivido con el “Corolario Trump” del año pasado, que marca una nueva fase agresiva sobre la región, que las consideraciones geopolíticas visualizan que tendrá graves impactos durante 2026 y que ha comenzado precisamente en la tierra de Simón Bolívar.

De otra parte, el marco histórico del bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá realza el centenario del nacimiento de Fidel Castro Ruz, el 13 de agosto de 1926. Se trata del líder de la Revolución cubana (1959) orientada por las ideas independentistas y antimperialistas de José Martí, así como por el pensamiento latinoamericanista que se originó en personajes como Francisco de Miranda y Simón Bolívar.

La Revolución en Cuba es el acontecimiento de mayor importancia en el siglo XX latinoamericano y Fidel una figura de valía histórica internacional. Cuba sigue sufriendo el bloqueo de los Estados Unidos, agravado ahora con el Corolario Trump. Es un asunto que ha violentado por décadas el derecho internacional, que ha sido condenado por las Naciones Unidas desde 1992 y que es la causa determinante de los problemas económicos y sociales que mantiene la isla.

Hace un siglo también despertaban los movimientos de trabajadores por conquistar derechos, que la Constitución Mexicana de 1917 los consagró por primera vez en la historia latinoamericana. En varios países se conquistó la jornada de 8 horas diarias y se consiguieron las primeras leyes laborales.

Además, en 1926 en Colombia los indios seguidores del dirigente caucano Manuel Quintín Lame se levantaron contra el Estado; en Guatemala los trabajadores bananeros lanzaron una poderosa huelga; y en varios países como Colombia y Ecuador se fundaron los Partidos Socialistas, mientras ideólogos venezolanos fundaron en México el Partido Revolucionario, un núcleo que condujo a la fundación del Partido Comunista. En Ecuador se inició el Gobierno de Isidro Ayora (1926-1931), quien dio continuidad a las reformas de la Revolución Juliana (1925) a través de la Misión Kemmerer que llegó al país y con la cual se pudieron fundar el Banco Central, otras instituciones económicas e incluso la Caja de Pensiones.

En la coyuntura inmediata, en 2026 habrá elecciones en varios países: Costa Rica, para el Ejecutivo y Legislativo; en Perú, igual; también en Colombia; además en Haití, que vive un verdadero drama institucional; e igualmente en Brasil. La polarización política y social está consolidada en la región entre dos tipos de fuerzas por el poder: de un lado, los grandes grupos económicos que confían en que políticos de derecha garanticen sus intereses manteniendo las políticas neoliberales que se han reproducido por décadas; de otro lado están los sectores medios, trabajadores y populares que aspiran que los políticos progresistas de izquierda logren establecer Estados basados en economías sociales para el bienestar.

Una situación imprevisible, aunque la “marea azul” ha avanzado en América Latina y las izquierdas continúan con divisiones ideológicas y capacidades limitadas para imponer una unidad que conduzca al control del poder para el largo tiempo, como la región demanda.

Además, es claro que de alguna manera actuará el gobierno Trump quien no ha tenido límite alguno para respaldar candidatos, políticos y gobiernos derechistas que considere “aliados” dóciles a los intereses superiores de los Estados Unidos.

Bajo ese marco, no solo los gobiernos derechistas como el de Argentina o Ecuador han saludado el injerencismo estadounidense en Venezuela, sino que está amenazada Colombia y el cerco norteamericano del Caribe tiene un propósito geoestratégico de mayor amplitud para vigilar Brasil y México, con gobiernos que bajo el Corolario Trump son “izquierdistas” y, por lo tanto, peligrosos.

Desde luego, la intervención en Venezuela es un llamado de atención a China, Rusia y los BRICS, pues en “Occidente” no se puede permitir que ellos se conviertan en una fuerza que amenace la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Y, finalmente, a la cabeza de todo, está la concepción de Trump sobre los recursos latinoamericanos y especialmente el petróleo venezolano, que pasan a ser “propiedad” de los Estados Unidos y, por tanto, más tarde o más temprano lo tomarán.

En otras palabras, en el bicentenario del Congreso convocado por Bolívar, nuevamente la Doctrina Monroe con el Corolario Trump es no solo una amenaza sobre toda América Latina sino un hecho real, iniciado con los bombardeos y ataques a Venezuela.

Juan J. Paz y Miño Cepeda para La Pluma. Ecuador 5 de enero de 2026

Editado por María Piedad Ossaba

Publicado por Blog Historia y presente/Cronicón

Visita la red del colectivo Ruta Krítica, el nuevo blog de difusión del pensamiento y la comunicación alternativos