El declive de la hegemonía estadounidense y el surgimiento de un orden multipolar

Este aporte bibliográfico ofrece una visión crítica y profundamente analítica sobre la transformación del sistema internacional. John Agnew demuestra que la hegemonía, lejos de ser un fenómeno exclusivamente militar, es el resultado de una compleja interacción de factores culturales, económicos y políticos.

El año 2025 marcó un punto de inflexión en la percepción internacional sobre el poder de Estados Unidos. Diversos acontecimientos pusieron en tela de juicio la capacidad de Washington para mantener su tradicional hegemonía en el escenario global, especialmente ante el avance de potencias como China y Rusia.

Uno de los síntomas más claros de la debilidad estadounidense fue la intensificación de la guerra tarifaria. Estados Unidos recurrió a imponer aranceles y sanciones a países que se apartan de su esfera de influencia, buscando frenar el avance de sus rivales y proteger su economía. Sin embargo, estas medidas resultaron contraproducentes, ya que muchos países buscaron alternativas comerciales y tecnológicas, disminuyendo su dependencia de Washington y fortaleciendo alianzas con China y Rusia.

Otro aspecto relevante fue el uso reiterado de amenazas de agresión militar. Aunque el Gobierno estadounidense, bajo el errático liderazgo del magnate de tintes fascistas Donald Trump, emitió declaraciones contundentes y advertencias a distintos países, estas amenazas no se materializaron en acciones concretas. La falta de resolución evidenció una merma en la capacidad de Estados Unidos para ejercer presión efectiva y proyectar poder militar a escala global.

En medio de este contexto, el presidente Trump optó por discursos altisonantes y gritos destemplados, intentando reafirmar la primacía mundial de Estados Unidos. Sin embargo, la retórica agresiva contrastó con la realidad de un país que ya no puede sostener su liderazgo frente a los avances de sus competidores. El intento de imponer respeto mediante la fuerza de la voz demostró más desesperación que autoridad.

Mientras tanto, China y Rusia consolidan paulatinamente su posición en los ámbitos tecnológico, económico, comercial y militar. La innovación tecnológica china, el crecimiento económico sostenido, la expansión comercial y la modernización militar rusa superaron ampliamente los logros estadounidenses de ese año. Esta superioridad evidenció el cambio de paradigma en el orden mundial y subrayó el declive inexorable de la hegemonía estadounidense.

El 2025 dejó claro que la era de la supremacía absoluta de Estados Unidos ha llegado a su fin. Las acciones defensivas, la falta de respuestas efectivas y la retórica exacerbada solo confirmaron su debilidad estructural ante el avance imparable de otras potencias. El mundo ha entrado en una nueva etapa multipolar, donde la hegemonía estadounidense es solo un recuerdo de tiempos pasados.

El libro ‘Hegemonía: la nueva forma del poder global’, publicado por Bandes-Celag (Caracas, 2019) de autoría del destacado geógrafo político británico-estadounidense John Agnew, constituye una obra fundamental para comprender los profundos cambios que atraviesa el sistema internacional. En un contexto de creciente incertidumbre, Agnew ofrece un análisis riguroso y multidimensional sobre el declive de la hegemonía estadounidense y la reconfiguración del poder global, abordando no solo la dimensión militar, sino también los aspectos culturales, económicos y políticos que configuran la hegemonía contemporánea.

El texto de Agnew se estructura en torno a una pregunta central: ¿qué significa la hegemonía en un mundo cada vez más interconectado y menos dominado por una sola potencia? El autor examina el ascenso y la decadencia de Estados Unidos como potencia hegemónica, explorando los mecanismos a través de los cuales el poder estadounidense se sostuvo y, posteriormente, comenzó a erosionarse. Agnew argumenta que la hegemonía no se limita al control militar, sino que implica la capacidad de imponer un conjunto de valores, normas y modos de organización que otros actores internacionales reconocen y, en muchos casos, adoptan.

Así, el libro se adentra en el análisis de la globalización, el papel de Estados Unidos en la estructuración del orden mundial, la dinámica geopolítica al comenzar el siglo XXI con el surgimiento de nuevos actores que desafían el statu quo.

Uno de los aportes más significativos de este aporte bibliográfico es el examen de la hegemonía como un fenómeno complejo que trasciende la mera supremacía militar. Agnew señala que la hegemonía implica una combinación de liderazgo moral e intelectual, influencia cultural, poder económico y capacidad política para organizar consensos a escala global.

Estados Unidos, a lo largo del siglo XX, logró articular un modelo de poder que combinaba la superioridad militar con la promoción de valores como la supuesta democracia liberal, el libre comercio y la modernidad tecnológica. Sin embargo, este liderazgo fue posible gracias al reconocimiento y la aceptación de estos valores por parte de otros actores internacionales.

La hegemonía, en este sentido, descansa en el ejercicio del poder blando (soft power), es decir, la capacidad de atraer y persuadir, más que de imponer por la fuerza. Agnew enfatiza cómo la cultura estadounidense, sus productos mediáticos, universidades y empresas multinacionales, contribuyeron a consolidar una red de influencia global. No obstante, el mismo proceso de globalización que potenció el dominio estadounidense abrió la puerta a la emergencia de nuevos polos de poder.

Agnew dedica un análisis detallado a los factores que han precipitado el declive de la hegemonía estadounidense. Entre los elementos principales destaca la imposibilidad de mantener ventajas simultáneas en producción, comercio y capacidad militar, así como el desgaste provocado por intervenciones militares costosas y políticamente contraproducentes, como Vietnam e Irak. Estos conflictos evidenciaron los límites de la proyección militar y la incapacidad de Estados Unidos para imponer su voluntad en contextos complejos y culturalmente diversos.

La crisis financiera de 2008 es otro hito señalado por Agnew, pues expuso las vulnerabilidades estructurales del modelo económico estadounidense y aceleró el desplazamiento del centro de gravedad económico hacia Asia. A ello se suma el creciente unilateralismo de la política exterior estadounidense en el siglo XXI, que ha debilitado alianzas tradicionales y erosionado la legitimidad moral de su liderazgo global.

Agnew introduce una distinción fundamental entre dos modelos de organización del poder global: las redes jerárquicas, basadas en relaciones de dominación y subordinación, y las sociedades integradas, que apuestan por la cooperación y la gobernanza compartida. El autor sostiene que la hegemonía estadounidense se fundamentó en la creación de redes jerárquicas (OTAN, FMI, Banco Mundial), pero que la evolución del sistema internacional apunta hacia esquemas más integrados y horizontales, donde el consenso y la negociación adquieren mayor relevancia.

Este tránsito, sin embargo, está marcado por tensiones y contradicciones, ya que los actores emergentes no siempre comparten los valores ni los intereses promovidos por Occidente. La multipolaridad, por tanto, no implica necesariamente mayor estabilidad, sino la coexistencia de modelos de desarrollo, sistemas políticos y visiones del mundo divergentes.

Irrupción de nuevos actores

En la parte final de su obra, Agnew examina la re-emergencia de potencias como China y Rusia, así como el creciente protagonismo de India e Irán, en la configuración de un orden mundial multipolar. China, con su impresionante crecimiento económico y su ambicioso proyecto de la Franja y la Ruta, representa el principal desafío a la primacía estadounidense, articulando una propuesta alternativa de modernidad y desarrollo que seduce a numerosos países del Sur Global.

Rusia, por su parte, ha logrado reposicionarse como actor estratégico, especialmente a través de su influencia en Eurasia y Medio Oriente, mientras India consolida su papel como potencia regional con aspiraciones globales. Irán, aunque limitado por sanciones y presiones externas, se ha convertido en un actor clave en la geopolítica energética y en la redefinición de alianzas regionales.

Según Agnew, este nuevo escenario multipolar obliga a repensar los mecanismos de gobernanza global y el papel de Estados Unidos en un mundo donde ya no puede aspirar a la hegemonía incontestada.

Este aporte bibliográfico ofrece una visión crítica y profundamente analítica sobre la transformación del sistema internacional. John Agnew demuestra que la hegemonía, lejos de ser un fenómeno exclusivamente militar, es el resultado de una compleja interacción de factores culturales, económicos y políticos.

El declive de Estados Unidos y la emergencia de un mundo multipolar plantean desafíos inéditos, pero también oportunidades para construir un orden internacional más equilibrado y plural.

En definitiva, la obra de Agnew invita a reflexionar sobre la necesidad de repensar el liderazgo global, apostando por modelos de poder inclusivos y cooperativos, capaces de responder a la diversidad y complejidad del siglo XXI. Su análisis resulta imprescindible para comprender los dilemas actuales y anticipar las tendencias que definirán el futuro de la geopolítica mundial.

Acceso al libro

Para acceder al libro en archivo PDF, ingresar al siguiente enlace:

Hegemonía: la nueva forma del poder global