Más de seis décadas después, la Revolución continúa siendo un símbolo de soberanía, resistencia y búsqueda de justicia social.
A 67 años del triunfo de la Revolución cubana, el proceso político iniciado en 1959 continúa siendo un punto de referencia ineludible en los debates geopolíticos de América Latina y el mundo. La experiencia cubana representa, para muchos, un ejemplo de lucha emancipatoria frente a la hegemonía estadounidense en decadencia y el sistema capitalista global en descomposición.
La Revolución cubana surge en un contexto de profundos desequilibrios sociales y políticos en la isla, marcada por la desigualdad, la dependencia económica y la injerencia estadounidense. El triunfo revolucionario en 1959 significó la instauración de un modelo socialista en el hemisferio occidental, desafiando el dominio de Estados Unidos en su tradicional área de influencia. Este acontecimiento se insertó en plena Guerra Fría, generando reacciones inmediatas por parte de Washington, que veía en Cuba una amenaza al statu quo y un posible foco de expansión comunista en América Latina.

Así, la experiencia cubana se convierte en un referente de soberanía y autodeterminación para los pueblos del Sur Global.
Desde 1960, Estados Unidos ha impuesto un férreo bloqueo económico, comercial, financiero, político y mediático contra Cuba, con el objetivo explícito de asfixiar económicamente al país y provocar un cambio de régimen. Este bloqueo ha sido endurecido en diferentes etapas y constituye el sistema de sanciones unilaterales más prolongado de la historia contemporánea, considerado como un crimen de lesa humanidad.
Las consecuencias han sido severas: limitaciones en el acceso a medicamentos, insumos básicos, tecnología y financiamiento internacional, afectando directamente la vida cotidiana de la población y el desarrollo económico de la isla. El bloqueo busca evitar la consolidación de un país que, pese a las adversidades, es considerado por muchos como un ejemplo de dignidad y resistencia mundial.

A pesar del asedio económico, Cuba ha mostrado una capacidad de resistencia notable. La implementación de políticas de sustitución de importaciones, el desarrollo de la biotecnología, la medicina preventiva y la educación gratuita son algunos de los logros alcanzados en medio de la adversidad.
La sociedad cubana ha debido adaptarse a la escasez y a las dificultades, mostrando una resiliencia social y una creatividad colectiva que han permitido mantener conquistas sociales y niveles de cohesión interna. La tenacidad del pueblo cubano, sustentada en valores de solidaridad y justicia social, ha sido clave para enfrentar los retos impuestos desde el exterior.
La resistencia cubana ha despertado la admiración y la solidaridad de numerosos países, movimientos sociales y personalidades a nivel mundial. Organismos internacionales y la mayoría de los Estados miembros de la ONU han condenado reiteradamente el bloqueo, considerándolo una violación al derecho internacional y a los derechos humanos.

Además, la cooperación médica cubana, manifestada en la presencia de brigadas de salud en decenas de países, ha fortalecido la imagen de Cuba como un actor solidario en el escenario global. La isla ha logrado, incluso bajo condiciones extremas, sostener vínculos de amistad y colaboración con pueblos y gobiernos que comparten ideales emancipatorios.
La experiencia cubana sigue inspirando a movimientos y gobiernos que buscan alternativas al degradado sistema capitalista y a la influencia estadounidense. Su ejemplo de dignidad, autonomía y resistencia ha tenido eco en procesos políticos de América Latina y otras regiones, alimentando debates sobre la soberanía, la justicia social y el derecho de los pueblos a decidir su propio destino.
Sin embargo, la situación actual de Cuba es compleja: enfrenta desafíos económicos profundos, agravados por el recrudecimiento del bloqueo y el contexto internacional adverso. Aun así, la resiliencia del pueblo cubano y la solidaridad internacional mantienen viva la esperanza y el ejemplo de que es posible resistir y construir alternativas en un mundo marcado por la desigualdad, el despotismo de la hegemonía occidental en declive y la dominación.
En conclusión, a 67 años de la Revolución, Cuba sigue representando un símbolo de lucha emancipatoria y dignidad mundial, enfrentando con tenacidad las adversidades impuestas desde el Washington y sosteniendo un proyecto político que interpela a quienes buscan caminos de emancipación frente a las estructuras de poder globales.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, dirigió este jueves un mensaje al pueblo cubano en vísperas de un nuevo aniversario del triunfo de la Revolución, cuando restan pocas horas para la llegada de 2026.
Año del Centenario de Fidel Castro

El 67 aniversario de la Revolución cubana coincide con el primer centenario del natalicio del comandante Fidel Castro Ruz.
A través de la red social X, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel señaló que “Año Nuevo en Cuba es sinónimo de triunfo” y convocó a renovar esa tradición en 2026, declarado Año del Centenario de Fidel Castro.
La conmemoración remite a los acontecimientos históricos de la madrugada del 1 de enero de 1959, cuando el dictador Fulgencio Batista abandonó el país ante el avance de las fuerzas rebeldes encabezadas por Fidel Castro. Pese a los intentos de última hora, respaldados por la Embajada estadounidense, de instalar una junta cívico-militar para frenar el proceso, el movimiento revolucionario logró consolidar su victoria.

La rendición de la guarnición de Santiago de Cuba y el llamado del líder histórico de la Revolución a una huelga general, que recibió un respaldo masivo en todo el país, marcaron el desenlace definitivo.
Ese triunfo no solo significó un cambio de gobierno, sino el inicio de un proyecto político y social que redefinió el rumbo de la nación cubana. Más de seis décadas después, la Revolución continúa siendo un símbolo de soberanía, resistencia y búsqueda de justicia social, valores que el Gobierno y amplios sectores de la sociedad reivindican cada 1 de enero como parte central de la identidad nacional.

El mundo imperialista se quebró el 1º de enero de 1959. La Habana era multitud trabajadora soberana. El comandante guerrillero Fidel Castro había declarado ante el tribunal que le juzgaba en 1953 por la toma del Cartel Moncada: “Se nos enseñó que la libertad no se mendiga, sino que se conquista con el filo del machete”, y así ocurrió la Revolución. Desde el intento de asalto de dicho cuartel el “estado profundo” del imperialismo debía contemplar lo que sucedía en Cuba con cierta perplejidad cuando aquel dirigente guerrillero hacía semejante declaración a la espera de su condena. La confianza en sus conocimientos del pasado y su conciencia política daban al luchador por la libertad las palabras finales: “La Historia me absolverá”.
Resumen Agencias/ Cronicón, 31 de diciembre/1 de enero/2025/2026
Editado por María Piedad Ossaba