El nuevo Fascismo

Son por ahora minorías; pero siempre lo fueron; sin embargo, son muy útiles como fuerza de choque para arrinconar a la izquierda, ganar la calle y reservarse todo el espacio de la acción política.

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Los avances de la derecha son catalogados en muchas ocasiones como un resurgir del fascismo clásico; y no faltan razones, aunque el término mismo se presta a tantas interpretaciones que puede diluirse en nada, tal como sucede con términos como terrorismo o populismo, siempre afectados por el interés de quien los utiliza.

De todas formas si es evidente que algunas características del avance de la derecha muestran formas tan similares al fascismo clásico que muchos gobiernos bien pueden ser catalogados como tales o al menos que muestran una clara tendencia en esa dirección.

Los nuevos partidos europeos de extrema derecha utilizan símbolos cada vez más evidentes de su ideología.

El fascismo sería, en todo caso, una de las formas más perversas del orden burgués en la medida en que la clase dominante decide, ante el avance popular o una crisis irresoluble, desentenderse de las reglas básicas del llamado estado de derecho, limitando o sencillamente eliminando derechos y libertades, esas de las que tanto se precia la democracia representativa. Basta revisar las leyes antiterroristas de las potencias occidentales (las “democracias consolidadas”), la eliminación o drástico debilitamiento de la división de poderes y sobre todo el abierto ejercicio del poder real por quienes nunca han sido elegidos para ejercerlo: la gran banca, las multinacionales y el gran capital en general, entidades que ya no mandan de forma indirecta (lo normal en el orden burgués) sino que ejercen el gobierno de la cosa pública de forma abierta y sin complejos.

Grupos fascistas en Europa occidental y central y sus símbolos

En realidad los gobiernos (presidentes y ministros) solo obedecen realmente las órdenes que emanan de estos factores del poder efectivo; los representantes de la rama judicial se cuidan bastante de no legislar de forma que afecte a esos poderes reales y los parlamentarios “deciden” leyes que ya vienen básicamente elaboradas por los equipos asesores del gran capital. Matices, solo matices menores quedan a disposición de juristas y legisladores y no sorprende que en la cabeza del gobierno aparezcan personajes pintorescos, líderes menores de escaso perfil y que la manipulación mediática haya reemplazado por completo el sano debate ciudadano de los temas que a todos interesan, formando una opinión pública a la cual se le vende una alternativa política tal como se vende cualquier producto comercial. Sin duda que el ejemplo de los Estados Unidos resulta ser el más elocuente en esta caricatura de democracia pero la “americanización” de las relaciones políticas afecta ya en buena medida también a las democracias del Viejo Continente.

La crisis no es solo económica aunque su papel es decisivo a este respecto; la crisis es igualmente política y social y afecta de lleno al mismo orden cultural, con manifestaciones patológicas que tocan a sectores nada despreciables de la población: xenofobia, racismo, nacionalismo excluyente y agresivo, victimización de minorías y hasta una resurrección del pasado que caracteriza a los neonazis europeos y a los supremacistas blancos en Estados Unidos. Son por ahora minorías; pero siempre lo fueron; sin embargo, son muy útiles como fuerza de choque para arrinconar a la izquierda, ganar la calle y reservarse todo el espacio de la acción política.

Ultras a las puertas de la reunión de Unidos Podemos en Zaragoza. Foto: Eduardo Santos (Podemos)

El modelo neoliberal es bastante compatible con estas formas del fascismo moderno. Si bien por una lado de reduce el papel del Estado (sobre todo su función equilibradora en lo social) por otro se fortalece todo el aparato represivo generando una atmósfera casi irrespirable en la que la derecha más dura tiene todas las garantías mientras a la protesta social se le cierran todos los espacios. Resulte llamativo como en Estados Unidos regresa sin problemas el KKK (¿Se fue alguna vez?)mientras en Europa renacen por doquier las viejas formas del fascismo clásico y no solo en Alemania (en donde se suponía erradicado este mal); en España vuelven los partidarios de Franco y en los países del Este grupos abiertamente fascistas, herederos de los colaborados del Tercer Reich.

Grupos supremacistas de raza blanca y miembros del movimiento Ku Klux Kan (KKK). EFE, archivo

Y para culminar, el nuevo fascismo tiene su componente central en las aventuras imperialistas. Las de Estados Unidos son ya de vieja data, pero ahora países como Francia o Reino Unido parecen apostar por aventuras militares en África, Asia y la misma Europa (Ucrania, los Balcanes) reviviendo su pasado imperialista, en ocasiones como simples auxiliares de las ofensivas estadounidenses, a veces como intentos propios de regresar a épocas pasadas, a sus viejas “glorias coloniales”.

Juan Diego García para La Pluma, 28 de marzo de 2019

Editado por María Piedad Ossaba