{"id":77953,"date":"2025-04-18T14:18:32","date_gmt":"2025-04-18T14:18:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lapluma.net\/?p=77953"},"modified":"2025-04-18T19:05:11","modified_gmt":"2025-04-18T19:05:11","slug":"77953","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/2025\/04\/18\/77953\/","title":{"rendered":"El inmenso y eterno dolor por la omnipresente muerte"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em><span style=\"font-size: 14pt;\">In memoriam de<\/span><\/em><br \/>\n<em><span style=\"font-size: 14pt;\">Fernando Baeza, Hern\u00e1n Lara Zavala, Baudilio Revelo<\/span><\/em><br \/>\n<em><span style=\"font-size: 14pt;\">y todos mis muertos<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><span style=\"font-size: 14pt;\">Suenan por en\u00e9sima vez los R\u00e9quiems de Berlioz, Faur\u00e9, Mozart, Verdi\u2026<\/span><\/em><br \/>\n<em><span style=\"font-size: 14pt;\">Y la Segunda Sinfon\u00eda de Mahler\u2026<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Aunque muy pronto experimentamos la muerte, y muy pronto nos hacemos conscientes de su car\u00e1cter natural, universal e inevitable, la muerte nunca deja de sorprendernos y estremecernos, nunca deja de herirnos y dolernos, profunda e intensamente\u2026 La muerte\u2026 Nunca estamos preparados para su llegada, nunca lo estaremos, nunca dejar\u00e1 de sorprendernos, y nunca dejar\u00e1 de estremecernos, herirnos y dolernos en lo m\u00e1s \u00edntimo de nuestro ser, en las entra\u00f1as de nuestra alma, en la esencia de nuestro esp\u00edritu, en cada uno de nuestros m\u00fasculos y tejidos, en cada gota de nuestra sangre, en cada gota de nuestras l\u00e1grimas, en cada uno de los muy delicados hilos de nuestras complejas redes nerviosas, en el halo et\u00e9reo de nuestra conciencia, hasta el instante eterno en que dejemos de sentir y experimentar\u2026<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Con la sorpresa, el estremecimiento y el dolor de cada muerte revivimos nuestra primera gran p\u00e9rdida, cuando fuimos expulsados del paradisiaco \u00fatero materno y empezamos a tomar consciencia de la separaci\u00f3n, de la p\u00e9rdida, del vac\u00edo y la soledad\u2026 Con cada muerte revivimos una y otra vez el dolor de la separaci\u00f3n, de la p\u00e9rdida, de la angustia y el temor a la soledad y el vac\u00edo: ya no habitamos en el c\u00e1lido y protector para\u00edso del l\u00edquido amni\u00f3tico y el r\u00edtmico tunt\u00fan del coraz\u00f3n materno, ya no est\u00e1 mam\u00e1 a nuestro lado, y navegamos solos en el reino de la orfandad\u2026<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Con cada muerte recordamos la desaparici\u00f3n de nuestros seres queridos, las voces y los rostros de uno y otro y otro familiar, de uno y otro y otro amigo en una cada vez m\u00e1s larga y pesada y dolorosa \u00a0cadena de muertes en insoportable crescendo, por el c\u00e1ncer, la diabetes, el sida, el covid, los trombos, los paros, los accidentes, la pr\u00f3stata, los senos, la matriz, el coraz\u00f3n, los pulmones, el p\u00e1ncreas, el est\u00f3mago, el cerebro, la vejez y el implacable paso del tiempo, el tiempo, ese que yo digo que no existe\u2026: a nuestro perro envenenado qui\u00e9n sabe por qui\u00e9n y por qu\u00e9, nuestro desolado desconcierto ante su cad\u00e1ver babeando y estremeci\u00e9ndose, solo, en la mitad del patio de la vecindad; los peces inertes en el acuario; el fr\u00e1gil huevecito hecho pedazos en la tierra bajo las ramas del \u00e1rbol donde sus padres p\u00edan impotentes; el pollito que alimentamos y cuidamos y nos sirvieron en el comedor; las ramas, las hojas y las flores secas por falta de agua; el gatito de la hija muriendo en sus brazos; el impactante silencio interminable, las rosas, los gladiolos y los geranios blancos en el patio del colegio en la despedida del compa\u00f1ero en la primaria; las velas encendidas y los rezos; la calle sin los alegres gritos del ni\u00f1o tras la pelota que luego hered\u00e9 y me negu\u00e9 a rodar; al joven maestro que muri\u00f3 ahogado en su luna de miel; al profesor muerto en combate contra la injusticia en la toma del Palacio de Justicia; a la exnovia y la amiga que no soportaron el c\u00e1ncer; a mi hermano Orlando, golpeado salvajemente por tomar en un jard\u00edn una rosa para su novia; a mi hermano Paolo deshaci\u00e9ndose por el sida, aferrado con desespero a la vida; a la suegra Leticia y los cu\u00f1ados Fanny, Nubia y Helio; la \u00faltima conversaci\u00f3n con el negro D\u00e1vila acerca del camino a seguir tras el necesario cambio, rumbo a la tienda de la esquina por unas cervezas, sin saber que pocos meses despu\u00e9s ser\u00eda torturado, rematado y arrojado entre los ca\u00f1aduzales por el ej\u00e9rcito; a Gabriel Bernal, Carlos y Jaime Junca; a los hermanos Due\u00f1as y Felipe Carvajal; a los dos amigos que quisieron pasarse de listos con los narcos y recibieron su abrasante lecci\u00f3n de p\u00f3lvora en sus cuerpos; a Miguel \u00c1ngel rodando cuesta abajo por atreverse a levantar su voz contra los caciques aliados a los narcos en las monta\u00f1as de Guerrero; a los abuelos desvaneci\u00e9ndose en el inexorable paso de Cronos; Pedro Pablo recostado sobre la mesa de su casa en su \u00faltima cena, esperando un vaso de agua que calmara su \u00faltima tos, despu\u00e9s de un d\u00eda y una vida de trabajo, amor y fiesta, el coraz\u00f3n cansado; la \u00faltima charla con mi padre, temeroso, camino a la mesa de operaciones; al muy trabajador y serio Omar, el esposo de mi t\u00eda, derrotado por la diabetes; la id\u00e9ntica mirada de asombro, rabia y desesperanza de la abuela Rosa y el t\u00edo Pedro, conscientes de su muy pr\u00f3xima partida; a mis t\u00edos y primos Perico; a mis primos Mayorga; a mis amigos y c\u00f3mplices en la Semana Cultural de Colombia y la revista <em>La Casa Grande<\/em>: Ra\u00fal Barr\u00f3n, quien me dio a cambio de publicidad decenas de pasajes entre mis dos pa\u00edses, el gran \u00c1lvaro Mutis, el artista pl\u00e1stico Santiago Rebolledo, mi cuate, el escen\u00f3grafo David Ant\u00f3n y el director Rodrigo Casta\u00f1o, los pintores Evert Astudillo y Luis Carlos Barrios; a mis maestros Antonio Alatorre, Jos\u00e9 Luis Gonz\u00e1lez y Ludovik \u00d3sterc; a mis vecinos: Perla sobre el fr\u00edo piso, desnuda, sola, sin poder respirar por el covid, don Ernesto, el peluquero, do\u00f1a Consuelo, la vendedora de flores, don Francisco, el vendedor de peri\u00f3dicos, don Fidel, el vendedor de dulces, y do\u00f1a Mar\u00eda la vendedora de quesadillas, tacos y gorditas; a mis compa\u00f1eros del club de maestros: Armando, Fernando Le\u00f3n y Agust\u00edn Ontiveros, Mike, Miguel \u00c1ngel Garc\u00eda y Lala, Gilberto y Poncho; a mis compa\u00f1eros de la Universidad Aut\u00f3noma de la Ciudad de M\u00e9xico: Gustavo Bautista y Rigoberto Gonz\u00e1lez, Mar\u00eda del Roc\u00edo, Miriam S\u00e1nchez y Manuel G\u00f3mez Vidrio, Jos\u00e9 Luis de los Santos, Gilberto Cardoso y Ang\u00e9lica Nava, Fernando Mej\u00eda, Mario Montalvo, Ra\u00fal D\u00edaz y F\u00e9lix Osorio, Catalina, Lucila y mi tocayo Mario, y, \u00a1ay!, varios j\u00f3venes v\u00edctimas de la violencia y el feminicidio; a tantos camaradas en el sue\u00f1o de un mundo mejor; a mis alumnas del taller literario: Lolita, Rosy y Marielena, Tere, Fabiola, Sara y Rosita; a mis caros escritores y artistas: la gran Celia, la adolorida poeta Mar\u00eda Mercedes Carranza y nuestro genio Gabo, Benny Mor\u00e9 y Daniel Santos, Tito Puente y H\u00e9ctor Lavoe, Paco de Luc\u00eda, Tomatito y Cheo Feliciano, Tom\u00e1s Quintero, Enrique Buenaventura y Octavio Paz, Otto Ra\u00fal Gonz\u00e1lez y Carlos Fuentes, Andr\u00e9s Caicedo, \u00d3scar Collazos, Luis Ospina, Umberto Valverde y Vargas llosa, Joe Arroyo y P\u00e9rez Prado, Armando Manzanero, Jos\u00e9 Jos\u00e9 y Juan Gabriel, Silvia Pinal, Paquita la del barrio, Tongolele\u2026; a los padres, hijos, hermanos y seres queridos de mis seres queridos; al muy joven hijo de Rub\u00e9n, en un atraco; a mi Francesca, Alfredo y Milciades, a mi Patricia y a mi Mar\u00edaC, a Jorge, Armando y Gabriel, y al otro Gabriel, a G\u00e9rrimo, Ra\u00fal y \u00c1lvaro F\u00e9lix Bola\u00f1os, a Gustavo, Jaime y Minny, a Pancho, Mar\u00eda Eugenia, Federico, Jeanne y Jos\u00e9 Vicente Anaya, y a Carlos, el Chino, y a Leonor y a Laura \u2026 Y a mi madre, de nuevo, mi madre, siempre mi madre, \u00a1ay!, ahog\u00e1ndose y y\u00e9ndose muy lentamente por el maldito covid, sin que pudiere ir a verla\u2026<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Y ahora, hoy, de nuevo, una vez m\u00e1s \u2026, \u00bfma\u00f1ana tambi\u00e9n?, \u00bfcu\u00e1ndo m\u00e1s, qui\u00e9n, y cu\u00e1ntos m\u00e1s?&#8230; Nunca dejar\u00e1 de aparecer y sorprendernos, y herirnos, la muy maldita e innombrable que me transporta a las pl\u00e1ticas con Fernando sobre el Quijote, sus cuadros, el coraz\u00f3n, Colombia y los colombianos\u2026, los breves encuentros con Hern\u00e1n en el estacionamiento y los pasillos de Filosof\u00eda y Letras de la UNAM, en las fiestas y las exposiciones de Lourdes Sosa y Arnaldo Coen, en los coloquios y las presentaciones de libros\u2026, y las charlas familiares con Baudilio\u2026<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_77962\" aria-describedby=\"caption-attachment-77962\" style=\"width: 587px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-77962\" src=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Jacarandas-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"587\" height=\"391\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Jacarandas-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/Jacarandas-1024x683.jpg 1024w, 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m\u00fasica naranja de los flamboyanes, ni la roja y fresca carcajada de sand\u00eda, ni el intenso perfume de los nardos y las gardenias, ni la regia victoria, ni el delicado abrirse del tulip\u00e1n, la rosa y la orqu\u00eddea, ni el aleteo est\u00e1tico del colibr\u00ed, ni el canto de la mirla, el canario y el zenzontle, ni los tantos y tantos arrullos, gorjeos y trinos que nos envuelven y acarician, ni el fugaz encuentro del sol y la luna, ni el muy lento girar del girasol, ni la infinita paleta cambiante y h\u00fameda del arco\u00edris, ni el ir y venir de las olas, ni el olor a caf\u00e9, pan, tortillas y arepas, ni la altiva elegancia de la palma de cera, ni la refrescante frescura del viento y la lluvia, ni la niebla levant\u00e1ndose lentamente para descubrir el fascinante teatro de Natura, ni la mesa y las viandas, sus colores, sus olores, sus texturas y sabores, ni los vinos, las cervezas y los aguardientes, ni los versos ni las pinturas ni la m\u00fasica, ni los abrazos ni las cari\u00f1osas palabras\u2026<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La inmersi\u00f3n en nuestras muertes, la necesidad de descansar, la urgencia de sobrevivir, la pulsi\u00f3n de vida hacen que nos acostumbremos y normalicemos, banalicemos y olvidemos, tristemente, el cotidiano horror mortal de las guerras, los feminicidios y los cr\u00edmenes transf\u00f3bicos, los genocidios y la desaparici\u00f3n forzada, los infanticidios y la pedocriminalidad, las muertes por hambre, en medio del despilfarro del consumismo, las muertes por falta de agua, malas condiciones sanitarias y atenci\u00f3n m\u00e9dica, las muertes y la violencia que sufren miles y miles de seres humanos que migran en busca de trabajo y mayores oportunidades, y los cr\u00edmenes de Estado, y los cr\u00edmenes contra los derechos humanos y los ideales humanistas\u2026<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La temida, la eterna, la innombrable, la muy pinche, la muy puta, s\u00f3lo se detiene por breves e intensos momentos en el recuerdo de lo vivido, s\u00f3lo hace mutis en el amor que florece en el recuerdo de la experiencia y la comuni\u00f3n sembradas, regadas y cuidadas con quienes hemos tenido la feliz suerte de conocernos, reconocernos y caminar algunos trechos del gran camino que transitamos desde la matriz del para\u00edso original al gran \u00fatero de la tierra y la naturaleza, para\u00edso eterno del cual no tenemos ni tendremos conciencia ni podemos ni podremos hablar\u2026<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ni la sorpresa ni el asombro ni el dolor ni la ausencia ni la orfandad se curan o se olvidan\u2026 No, no se pueden curar ni olvidar, ni con las ideas y las im\u00e1genes de una vida en el m\u00e1s all\u00e1, ni con las coloridas, dulces y festivas calacas de blanco az\u00facar o negro chocolate, ni con las divertidas calaveras populares, ni con los muy sint\u00e9ticos, cr\u00edticos, sabios y graciosos grabados de Posada, ni con los elaborados y amorosos altares de muertos en comuni\u00f3n con los vivos, ni con las visitas al cementerio, ni con las pinturas, los cantos y las gu\u00edas de viaje al para\u00edso eterno, ni con los rezos y ritos de despedida, ni con los homenajes, ni con los aguardientes y tequilas\u2026, que, \u00a1ay!, s\u00f3lo menguan, ligera y superficialmente, la herida y el dolor que la muerte, la muy pinche, la muy puta nos causa\u2026<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">No, no tienen la capacidad de quitarnos el temor a su visita\u2026 Tampoco la consciencia y la aceptaci\u00f3n de su natural e inevitable llegada\u2026 Sentimos miedo al intuirla cerca\u2026, cuando el piloto aborta el aterrizaje en los \u00faltimos segundos ante otro avi\u00f3n al final de la pista; cuando nos diagnostican c\u00e1ncer de piel; cuando confirman en los an\u00e1lisis de sangre, en las muestras de tejido y en las im\u00e1genes de los esc\u00e1neres el c\u00e1ncer; cuando un carro pasa veloz a nuestro lado, cuando olvidamos nombres, cuando corroboramos la ca\u00edda del pelo, el desgaste de la piel, los m\u00fasculos, los tendones, los huesos y los \u00f3rganos, cuando pensamos en la posibilidad de su arribo\u2026<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El poeta \u00c1lvaro Mutis sol\u00eda recordar la bella idea que los abuelos le transmiten a sus nietos en El P\u00e1jaro Azul (Maeterlinck): Uno muere cuando muere el \u00faltimo ser que lo recuerda a uno\u2026 Los escritores y los artistas, adem\u00e1s, suelen vivir en los lectores de sus obras&#8230; Yo recordar\u00e9 siempre a Fernando Baeza por su amistad, por \u201cEl Quijote\u201d y el \u201cPaisaje\u201d que me regal\u00f3; a Hern\u00e1n Lara por su cordialidad y amistad, por su cercan\u00eda a Colombia y Latinoam\u00e9rica, por sus Charras, Pen\u00ednsula, pen\u00ednsula y Tuch y Odil\u00f3n (para ni\u00f1os y j\u00f3venes), por su recreaci\u00f3n literaria de la guerra de las castas, la violencia estatal y el movimiento estudiantil de su Yucat\u00e1n, y por su vital y literario homenaje a la amistad; a Baudilio Revelo por nuestras charlas sobre sus investigaciones, recuerdos y escritos acerca de los nombres, las costumbres, los cantos y las culturas de los pueblos afro y su herencia en nuestro Pac\u00edfico, en nuestro violento pa\u00eds, y en nuestro ser\u2026, y por sus Cuentos para dormir a Isabella, sus Voces e Im\u00e1genes del Litoral Pac\u00edfico Colombiano, su Di\u00e1logo de Aguas (con Hernando, su hermano poeta), sus Entundamientos del Pac\u00edfico Negro Colombiano, sus Ritos de Orillas y sus Ra\u00edces Africanas en el Pac\u00edfico Colombiano\u2026<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Las cuerdas, las percusiones y los vientos, el arpa, el \u00f3rgano y el piano, las voces de los solistas y los coros de los r\u00e9quiems intentan expresar el gran dolor y la profunda tristeza que nos produce la muerte, y comulgamos en su m\u00fasica\u2026 Pero luego llega el \u00faltimo movimiento de la Sinfon\u00eda No. 2 de Mahler, un canto al renacimiento de la vida y el amor que me hace rememorar con naciente entusiasmo que ante la inevitabilidad de la muerte nos quedan la evocaci\u00f3n, la creaci\u00f3n y la recreaci\u00f3n, y la posibilidad de vivir lo m\u00e1s plenamente posible mientras llega&#8230;<\/span><\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\">Mario Rey para La Pluma<\/span><\/h2>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">M\u00e9xico, marzo\/17 de abril del 2025<\/span><\/h2>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Editado por <a href=\"https:\/\/www.lapluma.net\/nosotros\/editora\/\">Mar\u00eda Piedad Ossaba<\/a><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\">a once a\u00f1os de la muerte de Gabo<\/span><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las cuerdas, las percusiones y los vientos, el arpa, el \u00f3rgano y el piano, las voces de los solistas y los coros de los r\u00e9quiems intentan expresar el gran dolor y la profunda tristeza que nos produce la muerte, y comulgamos en su m\u00fasica\u2026 Pero luego llega el \u00faltimo movimiento de la Sinfon\u00eda No. 2 de Mahler, un canto al renacimiento de la vida y el amor que me hace rememorar con naciente entusiasmo que ante la inevitabilidad de la muerte nos quedan la evocaci\u00f3n, la creaci\u00f3n y la recreaci\u00f3n, y la posibilidad de vivir lo m\u00e1s plenamente posible mientras 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