{"id":70163,"date":"2024-08-16T19:35:22","date_gmt":"2024-08-16T19:35:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lapluma.net\/?p=70163"},"modified":"2024-08-20T11:41:31","modified_gmt":"2024-08-20T11:41:31","slug":"la-calle-de-los-pasos-perdidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/2024\/08\/16\/la-calle-de-los-pasos-perdidos\/","title":{"rendered":"La calle de los pasos perdidos"},"content":{"rendered":"<h5 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">(Nota con gatos de claraboya, perros que no ladran a la luna y un airecito de tango)<\/span><\/h5>\n<figure id=\"attachment_70173\" aria-describedby=\"caption-attachment-70173\" style=\"width: 477px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-70173\" src=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/image-8-225x300.webp\" alt=\"\" width=\"477\" height=\"636\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/image-8-225x300.webp 225w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/image-8-510x680.webp 510w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/image-8.webp 659w\" sizes=\"auto, (max-width: 477px) 100vw, 477px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-70173\" class=\"wp-caption-text\">Calle que cuenta historias y tiene recuerdos en las aceras. Foto Reinaldo Spitaletta<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Me parece estupendo escribir sobre la calle de uno, aunque, en mi caso, son m\u00faltiples las que me \u201cpertenecen\u201d, y no hay ning\u00fan callej\u00f3n, lo que puede ser una carencia. Uno se va volviendo como su calle, como sus casas de siempre, a\u00f1ejas, extempor\u00e1neas, con puertas y ventanas que miran, con un olor a vejeces, a cosas de antes, a tiempos que no est\u00e1n destinados al regreso. O tal vez solo como una memoria.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Me parece que en esa calle, en las calles en las que uno ha habitado, transcurrido, conversado con vecinos, hay algo personal, como una patria, una arteria, un ombligo, un est\u00f3mago, bueno, sin tanta anatom\u00eda, como una ligaz\u00f3n entre el ayer y el ahora.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Como dec\u00eda Naguib Mahfuz, en esas espacialidades, a veces breves, hay algo de uno que se queda, que no puede despegarse. Que se cree conocer y por eso, tal vez, se ama ese segmento, en el que hay asfalto, aceras, casas de otros, la vecindad. Se llega a querer la calle en la que uno ha caminado de ma\u00f1ana, de tarde, de noche y tambi\u00e9n en casos en las madrugadas en las que se ha conocido el rosicler de las primeras luces. Se llega a establecer una conexi\u00f3n fraternal, o ser\u00e1 como de madre-padre e hijos, o como la que se puede experimentar con una mirada voyerista, o con las vigilancias clandestinas en ventanas y claraboyas. La calle tiene sus ojos secretos, sus o\u00eddos dispuestos a tantas m\u00fasicas y a tantos ruidos.<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_70174\" aria-describedby=\"caption-attachment-70174\" style=\"width: 438px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-70174\" src=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/image-9-169x300.webp\" alt=\"\" width=\"438\" height=\"778\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/image-9-169x300.webp 169w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/image-9.webp 494w\" sizes=\"auto, (max-width: 438px) 100vw, 438px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-70174\" class=\"wp-caption-text\">Caminando por calles que cambian y permanecen. Foto Reinaldo Spitaletta<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Se va queriendo esa calle de tantos a\u00f1os, en la que fluye una peque\u00f1a historia, una manera de sentir, unos modos c\u00e1lidos del saludo. Hay un microcosmos, o, desde otro balc\u00f3n, unas microhistorias, detalles en las fachadas, los colores, el perfume de las flores de antejard\u00edn, el destello de un curazao al sol, esas flores que, alg\u00fan poeta de barrio, de calle, me dijo que se parec\u00edan en su textura al papel de globo, o papel de China.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Dec\u00eda que en mi caso los amores han sido repartidos, porque, desde la remota infancia he tenido varias patrias chicas, o grandes, que son las calles en las que ha estado mi casa, una casa m\u00f3vil, gitanesca quiz\u00e1, que tiene traslaci\u00f3n y va pasando de un barrio a otro. Pero uno, puede ser desde estados inconscientes, se siente parte de una calle, de su geograf\u00eda sin abundancia de paisajes, pero con los suficientes para irla observando, como se miraban con asombro las figuras geom\u00e9tricas y deslumbrantes de un caleidoscopio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Se le va queriendo despacito, sin afanes. A veces sin darse uno cuenta de que esas sensaciones s\u00fabitas, otras con lentitudes, son la confecci\u00f3n de una relaci\u00f3n, s\u00ed, de una relaci\u00f3n amorosa, sentimental. Calle de las primeras emociones, de las proyecciones imaginarias trasladas de una pantalla de cine al barrio, de las correndillas en las que hab\u00eda una disposici\u00f3n infinita de posibilidades para que la \u201cloca de la casa\u201d (o de la calle) se lanzara a la conquista de las estrellas, que ca\u00edan al asfalto (a veces no hab\u00eda asfalto) como una lluvia sideral.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La calle, la tuya, la m\u00eda, es un universo a escala, una maqueta de todas las maravillas y tambi\u00e9n, por qu\u00e9 no, de pesares y ausencias. Es un retablo de m\u00faltiples puestas en escena. Verdad que se va queriendo, a veces a gotitas, a veces a torrentes, la calle en la que se ha vivido, o en la que se naci\u00f3 y sucedi\u00f3 el crecimiento. Y en la que tambi\u00e9n han pasado tantas cosas, entre ellas los que estuvieron y ya no est\u00e1n. Calle de vivos y de muertos, de cambios y permanencias. Calle en la que se puede revelar todo el universo, o solo una partecita \u00ednfima, como la mirada de un gato, el ladrar nocturno de un perro (sin que tenga que ladrarle a la luna) o el gui\u00f1o a una muchacha con uniforme de colegiala, parte del paisaje matinal de aceras y esquinas, en las que se escuchan adioses y bienvenidas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">S\u00ed, claro, me ha gustado escribir de calles, de las m\u00edas, de las que ya no est\u00e1n, de aquellas a las cuales jam\u00e1s volv\u00ed. Por qu\u00e9 no. Qui\u00e9n lo puede prohibir. Ah, no, pero s\u00ed ha pasado. Otro poeta de un barrio con una quebrada hist\u00f3rica y lleno de lomas, me advirti\u00f3 hace tiempos que no siguiera escribiendo sobre barrios, eso para qu\u00e9, agregaba con cierta tonalidad despectiva. Y hubo otro, que no es poeta, o por lo que ha dejado ver carece de esas sensibilidades (o, quiz\u00e1, como dice Mahfuz, cultive el arte de ser cretino), me manifest\u00f3 alguna vez que \u00e9l se enardec\u00eda y disgustaba por todos esos escritos referente al bar de esquina, al f\u00fatbol de barrio, a la calle.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pueden tener raz\u00f3n, pero uno elige sus territorios, sus querencias. O, puede pasar, los territorios lo eligen a uno. Y me sigue gustando la calle, sus met\u00e1foras, las sonoridades que emana, el paisaje a veces gris\u00e1ceo, pero tambi\u00e9n su paleta sin ambiciones, que por lo menos cuenta con los colores primarios. Y ya he puesto calles (algunas imaginarias) en libros, en el que tambi\u00e9n inclu\u00ed callejones, que tienen m\u00e1s connotaciones, m\u00e1s misterios, como uno que hubo en Bello, llamado, curiosamente la Calle del Talego, y otro en el barrio Andaluc\u00eda (tambi\u00e9n en Bello), que deslic\u00e9 en la novela de la T\u00eda Verania y en la de Betsab\u00e9 y Betsab\u00e9.<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_70180\" aria-describedby=\"caption-attachment-70180\" style=\"width: 465px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-70180\" src=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/image-11-232x300.webp\" alt=\"\" width=\"465\" height=\"600\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/image-11-232x300.webp 232w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/image-11.webp 681w\" sizes=\"auto, (max-width: 465px) 100vw, 465px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-70180\" class=\"wp-caption-text\">La tarde cae sobre la calle. Foto Reinaldo Spitaletta<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La calle, creo, se queda en uno, aunque uno en ella no permanezca. Tiene voces, silencios, alteraciones, aliteraciones, m\u00fasicas. Hay gente de una sola calle toda la vida. Hay otros, como me ha pasado, cuyas vivencias y otras se\u00f1ales han transcurrido en diversidad de calles, de casas, de esquinas, de ventanas y puertas. Calles de pasos perdidos, calles de serenatas y de alg\u00fan espanto.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\">Uno tambi\u00e9n es la calle en la que vivi\u00f3 o sigue estando, atado a una memoria. Hay calles que marcan, que tienen m\u00e1s archivo que otras, que revelan lo ins\u00f3lito, otras solo lo m\u00e1s cotidiano. Est\u00e1 la calle de los pasos perdidos, la de los amores truncos, las del ejercicio f\u00edsico y mental del ya desaparecido futbolito de pavimento, la de los juegos que desde la distancia uno sigue viendo en las pantallas del recuerdo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hay calles de enso\u00f1aci\u00f3n y otras con infierno propio. Est\u00e1n las del adi\u00f3s y las que, con manos en los balcones, te siguen dando bienvenidas. Georges Perec recomendaba olvidar lo que, sobre ciudad, barrio, calle, dicen soci\u00f3logos y urbanistas. Quiz\u00e1 tenga m\u00e1s sentido lo que declara la se\u00f1ora que antes tuvo tienda y ahora est\u00e1 dedicada a vivir de los ayeres: mi calle es la gente que no est\u00e1 y la que vendr\u00e1, le o\u00ed decir.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Parece que no hay manera (y si la hay, qu\u00e9 importa) de desprenderse de la calle que, m\u00e1s que depender del catastro, es parte de una metaf\u00edsica. Y como dice un poeta de tango, al pie de nuestra ausencia seguiremos viendo la \u00faltima esquina. La \u00faltima calle con su \u00faltimo farol en desuso.<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_70181\" aria-describedby=\"caption-attachment-70181\" style=\"width: 377px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-70181\" src=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/image-10-169x300.webp\" alt=\"\" width=\"377\" height=\"669\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-70181\" class=\"wp-caption-text\">Son otros los d\u00edas, son otras las memorias de la calle de barrio. Foto Reinaldo Spitaletta<\/figcaption><\/figure>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\">Reinaldo Spitaletta<br \/>\n(Escrito en Medell\u00edn el 15 de agosto de 2024)<br \/>\nEditado por <a href=\"https:\/\/www.lapluma.net\/nosotros\/editora\/\">Mar\u00eda Piedad Ossaba<\/a><\/span><\/h2>\n<figure id=\"attachment_70182\" aria-describedby=\"caption-attachment-70182\" style=\"width: 441px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-70182\" src=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/verania-couv-1-211x300.webp\" alt=\"\" width=\"441\" height=\"627\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/verania-couv-1-211x300.webp 211w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/verania-couv-1.webp 559w\" sizes=\"auto, (max-width: 441px) 100vw, 441px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-70182\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #0000ff;\"><a style=\"color: #0000ff;\" href=\"https:\/\/glocalworkshop.com\/es\/producto\/el-ultimo-puerto-de-la-tia-verania-reinaldo-spitaletta\/\">https:\/\/glocalworkshop.com\/es\/producto\/el-ultimo-puerto-de-la-tia-verania-reinaldo-spitaletta\/<\/a><\/span><\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay calles de enso\u00f1aci\u00f3n y otras con infierno propio. Est\u00e1n las del adi\u00f3s y las que, con manos en los balcones, te siguen dando bienvenidas. Georges Perec recomendaba olvidar lo que, sobre ciudad, barrio, calle, dicen soci\u00f3logos y urbanistas. Quiz\u00e1 tenga m\u00e1s sentido lo que declara la se\u00f1ora que antes tuvo tienda y ahora est\u00e1 dedicada a vivir de los ayeres: mi calle es la gente que no est\u00e1 y la que vendr\u00e1, le o\u00ed decir<\/p>\n","protected":false},"author":20,"featured_media":70172,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[19],"tags":[519],"coauthors":[265],"class_list":["post-70163","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura","tag-reinaldo-spitaletta"],"translation":{"provider":"WPGlobus","version":"2.12.2","language":"fr","enabled_languages":["es","fr"],"languages":{"es":{"title":true,"content":true,"excerpt":true},"fr":{"title":false,"content":false,"excerpt":false}}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70163","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=70163"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70163\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":70305,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/70163\/revisions\/70305"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media\/70172"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=70163"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=70163"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=70163"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=70163"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}