{"id":6868,"date":"2019-03-01T04:36:47","date_gmt":"2019-03-01T04:36:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lapluma.net\/?p=6868"},"modified":"2019-03-01T04:37:41","modified_gmt":"2019-03-01T04:37:41","slug":"la-cultura-mafiosa-en-colombia-y-su-impacto-en-la-cultura-juridico-politica-mafia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/2019\/03\/01\/la-cultura-mafiosa-en-colombia-y-su-impacto-en-la-cultura-juridico-politica-mafia\/","title":{"rendered":"La cultura mafiosa en Colombia y su impacto en la cultura jur\u00eddico-pol\u00edtica"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"profile-avatar u-positionAbsolute alignleft\" src=\"https:\/\/0.academia-photos.com\/17581546\/4929620\/5665096\/s200_oscar.mejia_quintana.png\" alt=\"Oscar Mejia Quintana\" width=\"119\" height=\"119\" border=\"0\" \/>RESUMEN<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El presente art\u00edculo aborda el impacto de la cultura mafiosa en Colombia a nivel jur\u00eddico y pol\u00edtico. Sus ejes principales son, sustancialmente, que la cultura mafiosa se basa en una cultura pol\u00edtica tradicional y carism\u00e1tica y que al ser este tipo de cultura pol\u00edtica predominante en Colombia, la cultura mafiosa es parte constitutiva de nuestra identidad nacional. El escrito reconstruye las diferentes perspectivas, te\u00f3ricas y emp\u00edricas, que han intentado dar raz\u00f3n de esta cultura mafiosa en el pa\u00eds<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>INTRODUCCI\u00d3N<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La cultura mafiosa en Colombia es un fen\u00f3meno inocultable cuyo punto de inflexi\u00f3n se produce hace 20 a\u00f1os con el asesinato de Luis Carlos Gal\u00e1n a manos del cartel de Medell\u00edn y, si nos atenemos a las investigaciones en punta, con la complicidad de sectores pol\u00edticos comprometidos ya con el narcotr\u00e1fico. Lo cierto es que a partir de ese asesinato el fen\u00f3meno del narcotr\u00e1fico, cuyos tent\u00e1culos ya hab\u00edan penetrado amplios sectores de la vida nacional, en especial de sus regiones por la producci\u00f3n y el tr\u00e1fico de la droga, se proyecta con fuerza y decisi\u00f3n sobre la vida social y pol\u00edtica del pa\u00eds.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El hecho mismo de que la Constituyente del 91 se convoque en el marco de una crisis sin precedentes donde el Estado reconoce su impotencia para darle salida por los cauces institucionales y que la influencia del narcotr\u00e1fico para prohibir la extradici\u00f3n se hubiera hecho evidente ponen de presente que su influencia ya no era s\u00f3lo clandestina sino que ten\u00eda la clara determinaci\u00f3n de hacerse pol\u00edtica.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Sin abordar los pormenores del proceso que desbordan la intenci\u00f3n inicial de este escrito, lo cierto es que paralelamente ya ven\u00eda consolid\u00e1ndose en Colombia una cultura mafiosa de la que empezaban a dar cuenta periodistas, cronistas, intelectuales y estetas. La cultura de la ostentaci\u00f3n, de los bienes suntuarios, de las mujeres pl\u00e1sticas, del dinero f\u00e1cil se vuelve parte de nuestra cotidianidad y empieza a ser aceptada por sus elites dirigentes como un mal necesario, asumiendo parad\u00f3jicamente muchos de estos desvalores como propios.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El dinero, no importa de donde provenga, se vuelve el rasero de medici\u00f3n m\u00e1s que los m\u00e9ritos o los logros por esfuerzo propio. La narrativa y el cine empiezan a dar cuenta de ello de manera sistem\u00e1tica: los tiempos en que macondo y el realismo m\u00e1gico pretend\u00edan caracterizar la identidad colombiana empiezan a ser reemplazados por una narcocultura que inicialmente viene de la mano de clases y sectores emergentes pero que bien pronto se filtra al conjunto de la sociedad.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Le\u00f3n Valencia lo describ\u00eda, entre jocosa y dram\u00e1ticamente, as\u00ed:<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Aqu\u00ed, en estas tierras ub\u00e9rrimas, en este desbordado r\u00edo de la imaginaci\u00f3n, ha nacido el narc d\u00e9co. Hay un eco franc\u00e9s en esta corriente criolla; tambi\u00e9n ac\u00e1 su influencia trasciende las artes y se afinca con una fuerza en la vida cotidiana. Pasa con fluidez de la literatura, la m\u00fasica y la arquitectura al cuerpo exuberante de las ni\u00f1as de 15 a\u00f1os; se detiene juguetona en la pintura, avanza hacia la manera de vestir de los se\u00f1ores y descansa, por fin, en las salas de cine. Pero los franceses van a palidecer cuando se den cuenta de que sus \u2018a\u00f1os locos\u2019, su belle epoque fue un juego de ni\u00f1os comparado con nuestro estridente cambio de milenio, con nuestra era de carteles, \u2018paras\u2019 y \u00e1guilas. Van a ver que nuestro arte decorativo no se detuvo en los interiores de casas y edificios y, con gran audacia, se meti\u00f3 con el cuerpo y se propuso moldear senos y culos, cincelar caderas y muslos, corregir labios y respingar narices<sup>1<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El presente escrito busca explorar la relaci\u00f3n entre la cultura pol\u00edtica y la cultura mafiosa en Colombia, convencido de que el piso de la segunda se lo da la primera y que es, por tanto, imperativo evidenciar esos nexos. La cultura mafiosa encuentra un caldo de cultivo propicio en la cultura pol\u00edtica colombiana que hoy en d\u00eda podemos entender mejor que hace 20 a\u00f1os. De ah\u00ed el prop\u00f3sito de ofrecer los fundamentos epistemol\u00f3gicos desde los cuales abordar la problem\u00e1tica de la cultura mafiosa en Colombia, tratando precisamente de poner de relieve, m\u00e1s all\u00e1 de los epifen\u00f3menos, los marcos conceptuales y categor\u00edas desde los cuales poder interpretar y explorar el problema en t\u00e9rminos de cultura pol\u00edtica<sup>2<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En esa direcci\u00f3n, la primera parte pretende explicitar los fundamentos epistemol\u00f3gicos que nos permiten plantear una caracterizaci\u00f3n de la cultura pol\u00edtica en Colombia, a partir de sus categor\u00edas b\u00e1sicas y constitutivas, por supuesto desde la tradici\u00f3n cr\u00edtico-hermen\u00e9utica que hemos querido resaltar. Con estos referentes te\u00f3ricos dilucidados y explicitados, en la segunda parte intentaremos una interpretaci\u00f3n de la cultura mafiosa que de cuenta de la misma en Colombia y del estrecho nexo existente entre ambas dimensiones.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>1. Presupuestos espistemol\u00f3gicos<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>1.1. Hermen\u00e9utica de la cultura<\/strong> <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Si intent\u00e1ramos acercarnos a una caracterizaci\u00f3n anal\u00edtica sobre las discusiones en torno al concepto de cultura y la identidad cultural en Am\u00e9rica Latina, al menos en el \u00faltimo siglo, podr\u00edamos distinguir tres posiciones que tanto hist\u00f3rica como estructuralmente han determinado el abordaje de la cuesti\u00f3n. Estas tres caracterizaciones de la cultura han representado tres posiciones universales ante la tem\u00e1tica y han definido su geograf\u00eda epistemol\u00f3gica al respecto<sup>3<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Por supuesto hay que aclarar que este debate, en nuestro contexto, se monta en un segundo momento de la problematizaci\u00f3n sobre la cultura y la identidad latinoamericanas, como bien lo ha observado Leopoldo Zea cuando pone de presente lo que denomina los tres proyectos que caracterizaron el siglo XIX y comienzos del XX en Am\u00e9rica Latina, a saber: el proyecto independentista, el Proyecto Conservador y el Proyecto Progresista<sup>4<\/sup>. El cuarto que nunca alcanz\u00f3 a concretarse, por lo menos en el siglo XX, fue el que denominara Proyecto Asuntivo que, a la manera hegeliana, constituyera en efecto una asimilaci\u00f3n conciliadora de todo nuestro pasado (amerindio, hispano, independentista, conservador, moderno) que dejara de extrapolar y segmentar nuestra identidad y nos permitiera lograr una conciencia hist\u00f3rica y una identidad com\u00fan consolidada y proyectiva<sup>5<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Pero el discurrir del siglo XX va a poner de presente, al tenor de hechos hist\u00f3ricos y din\u00e1micas globales relevantes como la Revoluci\u00f3n Mexicana, la Revoluci\u00f3n Rusa, el Fascismo, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fr\u00eda, y la repercusi\u00f3n de todas estas en el subcontinente en t\u00e9rminos de movimientos pol\u00edticos, sociales y culturales, as\u00ed como por causas plurales y din\u00e1micas abigarradas, tres posiciones en torno a la cultura, la identidad latinoamericana y la cultura popular que bien podr\u00edan resumirse en la identificaci\u00f3n de la misma con la ideolog\u00eda, con los valores y con el s\u00edmbolo y la tradici\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Una posici\u00f3n extendida y predominante en la primera mitad del siglo XX es, sin duda, la de la cultura como ideolog\u00eda. Consecuencia directa del an\u00e1lisis marxista sobre nuestra sociedad, un tanto groseramente se ha considerado aqu\u00ed toda la cultura, capitalista b\u00e1sicamente, como una distorsi\u00f3n y una falsa conciencia que debe ser superada. La transculturaci\u00f3n sufrida por Am\u00e9rica Latina desde su descubrimiento extravi\u00f3 por completo su identidad cultural siendo su cultura en general una ideolog\u00eda dominante con la cual las \u00e9lites dirigentes latinoamericanas han sometido al pueblo, impidi\u00e9ndole una toma de conciencia sobre su realidad y la explotaci\u00f3n de la que es victima. La cultura, pues, como expresi\u00f3n de unas condiciones capitalistas de existencia, es solo un instrumento de legitimaci\u00f3n del sometimiento que el pueblo debe combatir a trav\u00e9s de una toma de conciencia revolucionaria que le posibilite asumir su propio destino, lo que constitu\u00eda un juicio demasiado extremo que no consideraba el papel proactivo de la cultura ni mucho menos de la cultura popular<sup>6<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Pese a que el aporte marxista consisti\u00f3 m\u00e1s en problematizar el concepto de cultura desde la ideolog\u00eda, sin abordar propiamente la relaci\u00f3n que pod\u00eda y deb\u00eda establecerse con la cultura popular, en especial hasta que punto ten\u00eda esta que ser reivindicada o no y cuales eran entonces las condiciones de posibilidad de una cultura e identidad latinoamericanas, la revoluci\u00f3n mexicana y los movimientos de reivindicaci\u00f3n de nuestros valores aut\u00f3ctonos, como el Muralismo en M\u00e9xico, consolidan progresivamente la posici\u00f3n de la cultura como valor, entendiendo por ello la reivindicaci\u00f3n de nuestros valores propios frente a la clara simpat\u00eda e imposici\u00f3n de las elites latinoamericanas por los valores europeos y anglosajones y angloamericanos<sup>7<\/sup>. Esta posici\u00f3n es catalizada por lo que para toda Latinoam\u00e9rica constituy\u00f3 la narrativa, lo que se denomin\u00f3 el boom latinoamericano a partir de los sesentas. La narrativa logra explora nuestra identidad a partir de la recuperaci\u00f3n de los s\u00edmbolos y valores aut\u00f3ctonos, con base en una interpretaci\u00f3n de los mismos en la cultura popular y la memoria cotidiana de los pueblos latinoamericanos<sup>8<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Una tercera posici\u00f3n la representa la reflexi\u00f3n de la cultura como s\u00edmbolo y tradici\u00f3n que buscaba definir nuestra identidad cultural a partir, precisamente, de una recuperaci\u00f3n hermen\u00e9utica de los s\u00edmbolos y tradiciones latinoamericanas. A partir de los setenta, con la consolidaci\u00f3n de los movimientos de la Teolog\u00eda de la Liberaci\u00f3n<sup>9 <\/sup>y de la Filosof\u00eda Latinoamericana<sup>10<\/sup>, recuperando los movimientos culturales reivindicantes de nuestros valores propios y catalizado todo esto por el impacto de la narrativa latinoamericana en su conjunto empieza a gestarse un movimiento muy significativo, sin duda originado por las r\u00e9plicas culturales generadas por el Concilio Vaticano II y sus desarrollos de Medell\u00edn y Puebla, y de all\u00ed su relaci\u00f3n inicial con la hermen\u00e9utica teol\u00f3gica, que introduce con fuerza una versi\u00f3n laiquizada de la misma y consolida progresivamente una hermen\u00e9utica filos\u00f3fica cuyo principal inter\u00e9s ser\u00eda la interpretaci\u00f3n de la cultura en t\u00e9rminos de comprensi\u00f3n de sus s\u00edmbolos constitutivos, sus mitos y tradiciones<sup>11<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En esa l\u00ednea, la cultura latinoamericana debe ser asumida, en primer lugar, como exploraci\u00f3n simb\u00f3lica. Sin retomar el excesivamente amplio concepto de Cassirer<sup>12<\/sup>, sino m\u00e1s bien delimit\u00e1ndolo a las manifestaciones de doble sentido o sentido m\u00faltiple que requieren para su comprensi\u00f3n de una interpretaci\u00f3n hermen\u00e9utica sistem\u00e1tica, tal como lo plantea originalmente Ricoeur<sup>13<\/sup>, el proceso de nuestra identidad cultural exige la interpretaci\u00f3n de toda la simb\u00f3lica primaria precolombina, as\u00ed como su posterior articulaci\u00f3n y adaptaci\u00f3n a las condiciones socio-econ\u00f3micas y pol\u00edtico-culturales impuestas por el descubrimiento, la conquista y la colonia. Los s\u00edmbolos primarios constituyen la realidad m\u00e1s primitiva de nuestra cultura, los cuales subsisten todav\u00eda de m\u00faltiples maneras en la cotidianidad de nuestros pueblos sin que sobre ellos se haya ejercido una acci\u00f3n interpretativa profunda que desentra\u00f1e su sentido y significaci\u00f3n para nuestra \u00e9poca<sup>14<\/sup>. El fundamento de la cultura latinoamericana lo define la triple simb\u00f3lica que cada raza constituyente de nuestro mestizaje (blanca, negra, ind\u00edgena) aport\u00f3 a nuestro perfil cultural.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En segundo lugar, la cultura debe ser concebida como interpretaci\u00f3n de las tradiciones culturales que han caracterizado el desarrollo socio-hist\u00f3rico de nuestro pueblo<sup>15<\/sup>. Los s\u00edmbolos se desarrollan en mitos y tradiciones y es imperativo definir cu\u00e1l ha sido su din\u00e1mica y de que manera se han articulado y arraigadas en el devenir hist\u00f3rico de la comunidad, en qu\u00e9 t\u00e9rminos han prolongado su sentido original y hasta donde han sido deformados por los procesos de transculturaci\u00f3n ejercidos por el sometimiento al capitalismo global. Estas tradiciones inmersas en la realidad cotidiana de las comunidades constituyen la memoria que debe ser asumida, interpretada y recreada como condici\u00f3n de posibilidad de toda identidad cultural que pretenda ser integralmente reconstruida<sup>16<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Por \u00faltimo, la cultura debe ser considerada tambi\u00e9n desde el punto de vista de la deformaci\u00f3n ideol\u00f3gica sufrida. En el proceso de mitologizaci\u00f3n de los s\u00edmbolos primarios<sup>17<\/sup>, el cual se articula en las tradiciones constitutivas descritas, necesariamente se produce una sedimentaci\u00f3n ideol\u00f3gica que empobrece, esquematiza y manipula los s\u00edmbolos y tradiciones culturales originales. En este punto, la influencia de los intereses econ\u00f3micos y pol\u00edticos en la cultura se hace evidente e ineludiblemente tiene que contemplarse su presencia en el desarrollo cultural<sup>18<\/sup>. Ignorar esta dimensi\u00f3n es desconocer precisamente los m\u00faltiples factores que originan la desidentificaci\u00f3n existente, imposibilitando la articulaci\u00f3n hermen\u00e9utica de los tres dominios (trabajo, poder, lenguaje) y la interpretaci\u00f3n integral del fen\u00f3meno cultural. Hablar de la cultura sin hacer menci\u00f3n al papel legitimador que ella representa y los intereses que adem\u00e1s defiende, hist\u00f3rica y estructuralmente, desarma cualquier an\u00e1lisis que pretende seriamente dilucidar una de las causas esenciales de la cuesti\u00f3n<sup>19<\/sup>. En esta l\u00ednea es la propuesta de Ricoeur de fundir la hermen\u00e9utica de la tradici\u00f3n de Gadamer y la cr\u00edtica de las ideolog\u00edas de Habermas en una hermen\u00e9utica cr\u00edtica que se\u00f1alar\u00e1 la direcci\u00f3n de esta interpretaci\u00f3n integral de la cultura en Am\u00e9rica Latina<sup>20<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>1.2. Sociolog\u00eda de la Cultura<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">A partir de todo lo anterior quisiera abordar ahora la cultura pol\u00edtica en lo que considero son las variables que tienen que ser exploradas para una caracterizaci\u00f3n de la misma en el contexto latinoamericano y colombiano, retomando por supuesto su desarrollo hist\u00f3rico-estructural pero intentando dar un paso adelante que permita mostrar la plausibilidad de la misma en t\u00e9rminos disciplinarios pero tambi\u00e9n como instrumento de interpretaci\u00f3n pol\u00edtica sobre la cultura. En ese orden, sin duda hay una serie de problem\u00e1ticas que definen tanto la metodolog\u00eda como el car\u00e1cter que la cultura pol\u00edtica posee en nuestro contexto y que, ya sea abordadas aisladamente o en conjunto, definen lo que, desde una hermen\u00e9utica cr\u00edtica, constituye el estatuto epistemol\u00f3gico de la cultura pol\u00edtica y su situaci\u00f3n y proyecciones actuales.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">1.2.1. Cultura pol\u00edtica y sociedad h\u00edbrida\u00a0<\/span><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-family: verdana; font-size: small;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Una problem\u00e1tica sustancial es la del car\u00e1cter h\u00edbrido de nuestra sociedad que se ha manifestado en tres tipos de subproblemas recurrentemente abordados por el pensamiento latinoamericano: el primero, el del car\u00e1cter de nuestra identidad, polarizada, seg\u00fan vimos en Leopoldo Zea<sup>21<\/sup>, entre dos proyectos hist\u00f3ricos que no han logrado conciliarse: el conservador y el progresista. El segundo, ya desde una visi\u00f3n m\u00e1s pr\u00e1ctica aunque no menos filos\u00f3fica, como en Colombia lo ha presentado Rub\u00e9n Jaramillo o Rafael Guti\u00e9rrez Girardot o en otras latitudes Jos\u00e9 Joaquin Brunner<sup>22<\/sup>, es la tensi\u00f3n entre premodernidad, modernidad y postmodernidad, y, finalmente, desde la sociolog\u00eda de cultura, Garc\u00eda Canclini, con su planteamiento de Am\u00e9rica Latina como una cultura h\u00edbrida<sup>23<\/sup>. En este apartado quisiera mostrar, desde la reflexi\u00f3n sociol\u00f3gica, el fundamento social de esta discusi\u00f3n que constituye el piso emp\u00edrico de las disquisiciones filos\u00f3ficas y el sustrato real de cualquier caracterizaci\u00f3n de la cultura pol\u00edtica.<\/span> <\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Sin duda Am\u00e9rica Latina, hist\u00f3rica, econ\u00f3mica, social y pol\u00edticamente, puede enmarcarse en la categor\u00eda weberiana de sociedad tradicional<sup>24<\/sup>. La sociedad tradicional se encuentra regida por un tipo mixto de dominaci\u00f3n tradicional-carism\u00e1tica que, en t\u00e9rminos generales, se caracteriza por una legitimaci\u00f3n del poder a trav\u00e9s de las tradiciones constituyentes y constitutivas de una comunidad, una estructura patriarcal-vertical obedecida devotamente sin ser susceptible de ser cuestionada, una identificaci\u00f3n afectiva con el orden socio-cosmol\u00f3gico que rodea al agente social, un reconocimiento emotivo de las condiciones de mando del l\u00edder. En este marco, el poder es limitado por normas tradicionales y la autoridad se ejerce a discreci\u00f3n (as\u00ed se disfrace de pseudoformalismos positivizados), acudiendo a la figura del l\u00edder como factor de cohesi\u00f3n estructural, sin un cuadro administrativo profesional y sirvi\u00e9ndose de seguidores y adeptos para el ejercicio de las funciones del Estado, sin una clara distinci\u00f3n de funciones y cargos que reducen la funci\u00f3n del Estado al cumplimiento de los mandatos personales del l\u00edder y la manutenci\u00f3n de privilegios de casta.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La sociedad moderna, por el contrario, fundamenta su legitimaci\u00f3n en una dominaci\u00f3n legal-racional, donde el derecho es estatuido de un modo racional, con arreglo a fines y no a valores, respondiendo a un universo de reglas Abstractas y no personalizadas, donde el mismo soberano (pr\u00edncipe o asamblea) respeta un orden legal impersonal y el dominado respeta, por ese mismo car\u00e1cter el orden institucional representado en el derecho. La estructura de la dominaci\u00f3n se revela as\u00ed como una autoridad que se expresa a trav\u00e9s de pol\u00edticos profesionales, ejercida por cuadros administrativo-burocr\u00e1ticos, libres y calificados, organizados a trav\u00e9s de una jerarqu\u00eda administrativa con funciones delimitadas en el marco de un orden donde ciudadanos y funcionarios obedecen por igual a un orden jur\u00eddico-legal impersonal<sup>25<\/sup><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En este punto, la dicotom\u00eda se da entre un tipo de legitimaci\u00f3n sustantiva y una legitimaci\u00f3n procedimental, b\u00e1sicamente. Pero en las sociedades tradicionales en transici\u00f3n la situaci\u00f3n es mucho m\u00e1s compleja por que a su interior se reproduce no solo las dicotom\u00edas propias del conflicto entre las estructuras tradicionales y las modernas, sino que el proceso de globalizaci\u00f3n proyecta en la periferia las contradicciones que en el mismo sentido vive la sociedad capitalista avanzada en los centros del poder mundial.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Pues bien, adem\u00e1s de la eclosi\u00f3n de concepciones de legitimidad que estallan en el momento en que las estructuras modernas comienzan a horadar la sociedad tradicional, a este de por si extenso fraccionamiento proveniente de la multiplicidad de castas agonizantes, culturas y subculturas, clases y fracciones de clase existentes en esas sociedades en transici\u00f3n estructural, se suma, por el efecto globalizador de la sociedad postmoderna, de parte del mundo postindustrial, y por las pol\u00edticas neoliberales de apertura econ\u00f3mica, de parte del mundo tradicional en transici\u00f3n, un espectro adicional y supremamente problem\u00e1tico y complejo de concepciones y contraconcepciones de legitimidad postliberales provenientes de los centros de poder mundial, bosquejando as\u00ed un choque tect\u00f3nico de placas legitimadoras en tensi\u00f3n al interior de las sociedades tradicionales que no encuentran el instrumento de conciliaci\u00f3n que les permita reiniciar su desarrollo socio-institucional con garant\u00edas suficientes de estabilidad.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En ese orden, el proceso de racionalizaci\u00f3n occidental, conceptualizado por Weber en su primera etapa, no se detiene y, por el contrario, se acelera en el \u00faltimo siglo. En el puntilloso an\u00e1lisis de Habermas se muestra<sup>26 <\/sup>de qu\u00e9 forma la racionalidad instrumental deviene racionalidad funcional y posteriormente sist\u00e9mica, constituy\u00e9ndose en una segunda etapa estructural del proceso de racionalizaci\u00f3n occidental que Weber describiera en sus or\u00edgenes. En este nuevo marco, la dicotom\u00eda weberiana entre legalidad y legitimidad, que caracteriz\u00f3 a la modernidad, se mantiene e, incluso, se reformula en una nueva dimensi\u00f3n: la de la sociedad organizada y concebida como sistema, que el funcionalismo y la teor\u00eda de sistemas han intentado describir e interpretar, mostrando el car\u00e1cter funcional-sist\u00e9mico que el mundo postcapitalita o el capitalismo global postfordista ha adquirido en la \u00e9poca postmoderna<sup>27<\/sup>. Talcott Parsons y, posteriormente, Niklas Luhmann ofrecer\u00e1n versiones complementarias de ese desarrollo en el cual la sociedad se transforma en un sistema social primero fundado en la din\u00e1mica de las funciones de sus subsistemas y, posteriormente, en la complejidad autorreferente de sus sistemas sociales, definiendo con ello los marcos sociol\u00f3gicos b\u00e1sicos desde donde intentar conceptualizar las sociedades en transici\u00f3n estructural y los procesos que determinan la cultura pol\u00edtica a su interior.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Pero es indispensable dar un paso adelante en estos an\u00e1lisis propios de la sociolog\u00eda te\u00f3rica que nos proporcionan los abordajes macrote\u00f3ricos de partida y adentrarse, adem\u00e1s, en las interpretaciones sociol\u00f3gicas de la sociedad postmoderna que nos dan la clave del fen\u00f3meno de la globalizaci\u00f3n y su impacto potencial en nuestra sociedad, para ofrecer la panor\u00e1mica integral de la hibridez latinoamericana y el amalgamiento de tres tipos de sociedad, la tradicional, la moderna y la global, y de tres temporalidades b\u00e1sicas: la premodernidad, la modernidad y la postmodernidad. M\u00e1s que de nuestra soledad, parafraseando a Garc\u00eda M\u00e1rquez en su discurso de aceptaci\u00f3n del Premio Nobel en Estocolmo, tal es la dimensi\u00f3n de nuestra condici\u00f3n hist\u00f3rica.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En efecto, las sociedad(es) contempor\u00e1nea(s) enfrentan desde hace casi medio siglo \u2013en un proceso que el derrumbe del socialismo real en 1989 aceler\u00f3\u2013 una profunda reestructuraci\u00f3n que ha intentado ser conceptualizada desde diferentes perspectivas \u201cpost\u201d: postindustrial, postfordista, postliberal, posthist\u00f3rica, postinternacional, postmetaf\u00edsica<sup>28<\/sup>. Lo cierto es que tras estas transformaciones segmentadas se encierra lo que Lyotard intento sintetizar con su ya famosa expresi\u00f3n \u201ccondici\u00f3n postmoderna\u201d y que el te\u00f3logo progresista \u2013excomulgado por el Papa Ratzinger\u2013 Hans K\u00fcng quiso definir como un concepto heur\u00edstico de b\u00fasqueda de sentido de una nueva edad hist\u00f3rica que, sin duda, por estar en transici\u00f3n no logra ser captada con claridad y transparencia<sup>29<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En los \u00faltimos 15 a\u00f1os, esa condici\u00f3n ha sido abordada sistem\u00e1ticamente por el pensamiento sociol\u00f3gico precisamente para dar cuenta de las fracturas, transformaciones y tendencias que se vienen produciendo, las nuevas condiciones sociales que se evidencian y las subjetividades pol\u00edticas que se manifiestan en tales contextos, en especial en las sociedades del primer mundo que por los procesos de globalizaci\u00f3n que se acent\u00faan desde los 90\u2019s empiezan a hibridizarse en las sociedades perif\u00e9ricas<sup>30<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">A los modelos sociol\u00f3gicos cl\u00e1sicos que intentaban dar testimonio de la situaci\u00f3n moderno-temprana (Weber), transicional (Parsons) y, m\u00e1s recientemente, moderno-tard\u00edo (Luhmann), se suman a partir de los 80\u2019s, estudios que pretenden caracterizar esta nueva sociedad global en toda su parad\u00f3jica y et\u00e9rea complejidad: Giddens, Bauman, Beck, Castels, Offe, Beriain, se acercan a sus diferentes manifestaciones intentando fijar m\u00e1s que una radiograf\u00eda inm\u00f3vil, una secuencia de resonancias que nos revela los flujos de estas nuevas nerviosidades que constituyen la \u00e9poca actual<sup>31<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Podr\u00eda pensarse entonces que nos encontramos ante un abanico de opciones que, como sostiene Beriain, se nos presenta como uno o varios proyectos que confrontan a la modernidad desde uno premoderno, o desde otro postmoderno. Pero aqu\u00ed se revela el car\u00e1cter parad\u00f3jico de la cultura pol\u00edtica contempor\u00e1nea, la ambivalencia que la define, el riesgo mismo que una u otra opci\u00f3n supone o que todas o ninguna suponen ya optando o no por ellas. La modernidad es un proyecto m\u00faltiple, un punto de partida com\u00fan con diferentes puntos de fuga. La modernidad ha impuesto una condici\u00f3n de \u201cno retorno\u201d. De una u otra manera, nos encontramos frente a proyectos que reaccionan frente a la modernidad, en una direcci\u00f3n u otra, pero que no pueden \u2013y en cierto sentido no quieren\u2013 negar la modernidad misma. Se trata m\u00e1s bien de un \u201cgolpe de tim\u00f3n\u201d que la reoriente en una direcci\u00f3n u otra, pero a sabiendas de que en ning\u00fan caso la marcha atr\u00e1s \u2013la historia no lo permite tampoco\u2013 es una posibilidad plausible<sup>32<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">1.2.2. Neodemocracias, cultura pol\u00edtica y autoritarismo<\/span><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La hip\u00f3tesis de trabajo que durante a\u00f1os ha orientado nuestras investigaciones y reflexiones ha sido la siguiente:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La cultura pol\u00edtica latinoamericana en general, como la colombiana en particular, puede caracterizarse por el traslapamiento de tres temporalidades (premodernidad, modernidad, postmodernidad) y sus consecuentes paradigmas pol\u00edticos representativos sin una relaci\u00f3n de continuidad o discontinuidad natural entre las mismas, lo que evidencia el car\u00e1cter h\u00edbrido estructural de nuestras sociedades. Ello genera tanto las tensiones internas entre los paradigmas correspondientes a cada temporalidad como las contradicciones performativas entre las temporalidades entre s\u00ed, lo que se manifiesta en una identidad pol\u00edtico-cultural sustancialmente difusa, en tensi\u00f3n entre los tres v\u00f3rtices hacia los que cada una se inclina, propiciando ya una ruptura conceptual que impide decantar m\u00ednimamente una conciencia pol\u00edtica definida, ya una indiferencia y\/o escepticismo pol\u00edticos que, en ambos casos, se resuelve en la vuelta a formas de legitimaci\u00f3n tradicional-carism\u00e1ticas y, en el marco de lo anterior, a proyecciones autoritarias mimetizadas en posturas pseudoaut\u00e9nticas de car\u00e1cter premoderno, moderno o postmoderno.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Si partimos de la triple condici\u00f3n sociol\u00f3gica de Am\u00e9rica Latina que, desde diferentes miradas, da cuenta de su hibridez, de la coexistencia tanto de tres tipos de sociedades, en t\u00e9rminos de tipos sociol\u00f3gicos, como de tres temporalidades, tenemos que aceptar las tensiones entre los modelos de democracia y ciudadan\u00eda que se infieren de ellos y, en ese orden, los contradicciones entre los tipos de cultura pol\u00edtica que de ellos se derivan.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Podemos establecer tres tipos de tensiones binarias a nivel sociol\u00f3gico entre sociedad tradicional-sociedad moderna, sociedad moderna-sociedad funcional, sociedad funcional-sociedad postmoderna, y por tanto, entre los diferentes modelos de democracia y ciudadan\u00eda correspondientes a cada uno de ellos. Esto \u00faltimo nos lleva a tensiones entre democracia restringida\/ ciudadano virtuoso vs democracia formal\/ciudadano privado, democracia formal\/ciudadano privado vs. poliarqu\u00eda\/elites tecnocr\u00e1ticas y poliarqu\u00eda\/ elites tecnocr\u00e1ticas vs. democracia sist\u00e9mica\/elites globales. Algunas de estas tensiones son m\u00e1s intensas y otras menos, pero en general podemos considerar que constituyen tensiones, contradicciones y conflictos de diferente magnitud al interior de este tipo de sociedades tradicionales en transici\u00f3n estructural.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Esto nos lleva a una situaci\u00f3n an\u00e1loga entre los tipos de cultura pol\u00edtica derivadas de ellos, en una tipolog\u00eda no muy lejana a la sugerida por los estudios de Almond &amp; Verba, tom\u00e1ndola en este caso como una mera pauta heur\u00edstica y proped\u00e9utica. As\u00ed, la cultura pol\u00edtica tradicional (fundada en la autoridad de la tradici\u00f3n o el l\u00edder, la jerarqu\u00eda, la comunidad, la tr\u00edada valores-eticidad-bien com\u00fan, la democracia restringida) se confronta la cultura pol\u00edtica moderna (fundada en la tolerancia, el pluralismo, bienestar general, el Estado de derecho-naci\u00f3n, la triada principios-moral-justicia, la democracia representativa) y con \u00e9stas la cultura pol\u00edtica global (fundada en el reconocimiento, la diferencia, el multiculturalismo, el Estado transnacional y megamercado, la justicia distributiva, la ciudadan\u00eda en tanto opini\u00f3n p\u00fablica global).<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Quisiera traer a colaci\u00f3n una categor\u00eda estructural desde la cual intentar definir esta hibridez para comprender la cultura pol\u00edtica en Am\u00e9rica Latina desde una condici\u00f3n particular:<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">\u2026conviene entender esa identidad como el producto de un campo de fuerza de impulsos no totalizadores y en pugna que se oponen a cualquier forma de integraci\u00f3n armoniosa\u2026 emerge como el punto nodal din\u00e1mico de esas tres fuentes y queda suspendida en el medio de un campo de fuerzas socio-culturales sin gravitar hacia ninguno de sus polos\u2026<sup>33<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La cultura pol\u00edtica latinoamericana puede definirse como suspendida en el v\u00f3rtice de tres fuerzas que la mantienen inmovilizada entre la premodernidad, la modernidad y la postmodernidad pol\u00edticas, sin que se incline hacia ninguno de sus flancos de manera categ\u00f3rica y concluyente. Podr\u00edamos definirla como un balanceo entre sus polos, inclin\u00e1ndose en unas circunstancias sociohist\u00f3ricas y pol\u00edticas espec\u00edficas hacia uno o hacia otro seg\u00fan las particulares condiciones y circunstancias.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El punto en preguntarse cuales son los puntos de fuga que hist\u00f3ricamente tal situaci\u00f3n de tensi\u00f3n e indefinici\u00f3n estructural, que mantiene latentes situaciones de crisis, puede proyectar a mediano plazo. Uno es sin duda la etitizaci\u00f3n de la vida p\u00fablica, es decir, el surgimiento de una eticidad dominante que, catalizando el tipo de legitimaci\u00f3n tradicional-carism\u00e1tica, descolla entre las otras e impone sobre el conjunto su orientaci\u00f3n hegem\u00f3nica.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Una segunda, es la posici\u00f3n de relativismo, escepticismo e indiferencia, propia de las nuevas subjetividades postmodernas, catalizando igualmente el tipo de legitimaci\u00f3n autorreferencial sist\u00e9mica ajena a las din\u00e1micas y reclamos ciudadanos. Entre esas opciones la salida a mediano plazo siempre parecer\u00e1 inclinarse hacia el autoritarismo en cualquiera de sus formas, como la \u00fanica forma de imprimirle una direcci\u00f3n determinada a los procesos pol\u00edticos, y superar las situaciones de inestabilidad y crisis pol\u00edticas consecuentes.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En una investigaci\u00f3n adelantada en lo que los autores denominaron neodemocracias a partir de la d\u00e9cada de los noventa el estudio conclu\u00eda, en id\u00e9ntico sentido, que<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">&#8230; la carencia de una cultura c\u00edvica es la raz\u00f3n gen\u00e9rica que con mayor frecuencia se aduce para tales fracasos, o bien las masas son \u201cpremodernas\u201d en sus formas b\u00e1sicas y en sus marcos cognoscitivos y, por lo tanto, incapaces de sentir empat\u00eda hacia los que no pertenecen a su tribu, clan o culto inmediato y, por lo tanto, tampoco de aceptarlos como ciudadanos con los mismos derechos o bien son \u201cpostmodernos\u201d y tienen sentimientos de solidaridad tan desgastados, identidades tan diferenciadas, subjetividades tan desencadenadas y actitudes hacia la acci\u00f3n pol\u00edtica tan c\u00ednicas, que pierden toda confianza en su propio papel como ciudadanos&#8230;<sup>34<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Offe &amp; Schmitter establecen ah\u00ed lo que denominan paradojas y dilemas intr\u00ednsecos y extr\u00ednsecos que caracterizan este tipo de neodemocracias poniendo en riesgo no solo su estabilidad sino plausibilidad. Entre los dilemas extr\u00ednsecos plantean como la persistencia de oligarqu\u00edas, lo que denominan free riding, los ciclos de mayor\u00edas, la misma autonom\u00eda funcional del sistema econ\u00f3mico, la corrupci\u00f3n y dilapidaci\u00f3n y la sobrecarga e ingobernabilidad ponen en entredicho condici\u00f3n democr\u00e1tica.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Pero igualmente las pone en entredicho lo que denominan dilemas extr\u00ednsecos, tanto de abajo hacia arriba, como de arriba hacia abajo. Entre los primeros plantean la intolerancia, la persistencia de desigualdades agudas, los conflictos \u00e9tnicos, las disputas de fronteras, la seguridad externa y la inseguridad interna, la distribuci\u00f3n capitalista. Entre los segundos, de arriba hacia abajo, las coaliciones, las elites pol\u00edticas, los actores estrat\u00e9gicos perturbadores y los poderes f\u00e1cticos existentes.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El diagn\u00f3stico del estudio emp\u00edrico de Offe &amp; Schmitter y que ata\u00f1e a la cultura pol\u00edtica de nuestras latitudes es que las neodemocracias en proceso de consolidaci\u00f3n a partir de los noventa enfrentan tres tipos de retos: el desencanto y la desmotivaci\u00f3n, la imposibilidad de estabilizaci\u00f3n y un espectro de conflictos culturales, pol\u00edticos y sociales heredados de sus anteriores condiciones dif\u00edcilmente superables a corto y mediano plazo. En ese contexto, puede anticiparse, la salida autoritaria est\u00e1 en el orden del d\u00eda como primera opci\u00f3n ante las crisis institucionales.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La salida hacia el autoritarismo que en esta situaci\u00f3n de indefinici\u00f3n parece caracterizar la cultura pol\u00edtica contempor\u00e1nea requiere una consideraci\u00f3n cr\u00edtica de la tipolog\u00eda del mismo (tiran\u00eda, despotismo, bonapartismo, totalitarismo, dictadura) y en especial el car\u00e1cter de democracias autoritarias de corte schmittoniano que las sociedades liberales, en especial despu\u00e9s del 11\/S, han paulatinamente adoptado. La democracia constitucional empieza a coexistir con formas de autoritarismo que f\u00e1cilmente se mimetizan en el Estado de derecho.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">1.3. Tipolog\u00eda de la cultura pol\u00edtica<\/span> <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La especificidad disciplinaria del concepto para la ciencia pol\u00edtica se la confieren los estudios de A&amp;V que la proyectan como una categor\u00eda estructural para la comprensi\u00f3n de las democracias occidentales. El concepto de partida establec\u00eda la cultura pol\u00edtica como el conjunto de orientaciones espec\u00edficamente pol\u00edticas de los ciudadanos hacia el sistema pol\u00edtico, sus partes componentes y uno mismo como parte del sistema proponiendo un aparato metodol\u00f3gico para la comprensi\u00f3n de la cultura pol\u00edtica con base en la exploraci\u00f3n de tres dimensiones de la relaci\u00f3n agente-sistema pol\u00edtico<sup>35<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El escrito \u2013sin mencionarlo\u2013 es un intento, primero, por traducir a categor\u00edas funcionalistas, en boga en ese momento en la naciente Ciencia Pol\u00edtica en USA, los tipos weberianos de dominaci\u00f3n tradicional, carism\u00e1tica y legal-racional que no hab\u00edan sido asimilados por la disciplina en consolidaci\u00f3n en el contexto angloamericano. Y, segundo, por precisar, desde lo que los autores definen como cultura pol\u00edtica, los presupuestos que a un nivel m\u00e1s primario y fundamental tienen que ser considerados en el an\u00e1lisis de los sistemas pol\u00edticos<sup>36<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El estudio intentaba definir, en primer lugar, la cultura pol\u00edtica:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">\u2026 el t\u00e9rmino cultura pol\u00edtica se refiere a orientaciones espec\u00edficamente pol\u00edticas, posturas relativas al sistema pol\u00edtico y sus diferentes elementos, as\u00ed como actitudes relacionadas con la funci\u00f3n de uno mismo dentro de dicho sistema. Hablamos de una cultura pol\u00edtica del mismo modo que podr\u00edamos hablar de una cultura econ\u00f3mica o religiosa. Es un conjunto de orientaciones relacionadas con un sistema especial de objetos y procesos sociales<sup>37<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Y m\u00e1s adelante precisaban la pretensi\u00f3n interdisciplinaria que, sin embargo, su sesgo funcionalista nunca les permiti\u00f3 potenciar plenamente:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Pero tambi\u00e9n escogemos la palabra cultura pol\u00edtica\u2026 porque nos brinda a posibilidad de utilizar el marco conceptual y los enfoques de la antropolog\u00eda, la sociolog\u00eda y la psicolog\u00eda<sup>38<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Y enseguida puntualizan:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Cuando hablamos de la cultura pol\u00edtica de una sociedad, nos referimos al sistema pol\u00edtico que informa los conocimientos, sentimientos y valoraciones de su poblaci\u00f3n. Las personas son inducidas a dicho sistema, lo mismo que son socializadas hacia papeles y sistemas sociales no pol\u00edticos. Los conflictos de culturas pol\u00edticas tienen mucho en com\u00fan con otros conflictos culturales, y los procesos pol\u00edticos de aculturaci\u00f3n se entienden mejor si los contemplamos en los t\u00e9rminos de las resistencias y tendencias a la fusi\u00f3n y a la incorporaci\u00f3n del cambio cultura en general\u2026 La cultura pol\u00edtica de una naci\u00f3n consiste en la particular distribuci\u00f3n entre sus miembros de las pautas de orientaci\u00f3n hacia los objetos pol\u00edticos<sup>39<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El punto aqu\u00ed era precisar los tipos de orientaci\u00f3n pol\u00edtica y las clases de objetos pol\u00edticos que pod\u00edan definir el car\u00e1cter de la cultura pol\u00edtica propiamente dicha. A&amp;V definen tres tipos de orientaci\u00f3n, entendiendo por esta los aspectos internalizados de objetos y relaciones de la l\u00ednea funcionalista de Talcott Parsons: la cognitiva que define conocimientos y creencias del sujeto frente al sistema pol\u00edtico, tanto en t\u00e9rminos de sus aspectos pol\u00edticos (inputs) como administrativos (outputs); la afectiva, que determina sentimientos en torno a los componentes del sistema pol\u00edtico; y la evaluativa que establece los juicios y opiniones sobre el funcionamiento de las instituciones del sistema pol\u00edtico.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Una vez afinado el instrumento, A&amp;V proced\u00edan a su tipologizaci\u00f3n de la cultura pol\u00edtica en tres modelos predominantes seg\u00fan la aplicaci\u00f3n del mismo: una cultura parroquial donde primaba la tradici\u00f3n cultural frente al sistema pol\u00edtico, una cultura de s\u00fabdito que establec\u00eda relaciones de subordinaci\u00f3n con el agente y una cultura de participaci\u00f3n que propiciaba una relaci\u00f3n activa del ciudadano frente al sistema pol\u00edtico.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Por supuesto, la cultura pol\u00edtica de participaci\u00f3n defin\u00eda la cultura c\u00edvica que no solo determinaba la estabilidad del sistema liberal-democr\u00e1tico (recordemos la importancia de la categor\u00eda de estabilidad para el funcionalismo) sino que se proyectaba como la precondici\u00f3n para la modernizaci\u00f3n pol\u00edtica, una ciudadan\u00eda madura y procesos de democratizaci\u00f3n consistentes. El agente en este tipo de cultura pol\u00edtica tiene un rol activo frente al sistema pol\u00edtico, aunque sus sentimientos y evaluaciones puedan oscilar entre el rechazo y la aceptaci\u00f3n del mismo.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>2. mitos de estado-naci\u00f3n en colombia<\/strong> <\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Otra problem\u00e1tica estructural para la cultura pol\u00edtica sin duda la de los mitos del Estado-Naci\u00f3n que son una variable clave en los procesos de construcci\u00f3n de estos<sup>40<\/sup>. En efecto, los mitos del Estado-Naci\u00f3n se constituyen en una pieza esencial en la consolidaci\u00f3n de los mismos y de ah\u00ed que sean una variable que tiene que ser abordada desde una perspectiva cr\u00edtico-hermen\u00e9utica integral, a diferencia de la otra tendencia para la cual esta no tiene mayor significaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Quisiera tomar como base de esta reconstrucci\u00f3n, la tipolog\u00eda de los mitos que recoge Miguel \u00c1ngel Urrego que nos permite, de una parte, visualizar la panor\u00e1mica que el mito tiene para los Estados-Naci\u00f3n como construcci\u00f3n simb\u00f3lica de los mismos en el contexto latinoamericano y, a partir de all\u00ed, problematizar lo que estos han sido para Colombia, particularmente<sup>41<\/sup>. Podemos establecer varios tipos de mitos del Estado-Naci\u00f3n: los mitos fundacionales, los mitos de combate y los mitos de finalidad.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En primer lugar tenemos los mitos fundacionales o mitos de origen sobre los que se funda el Estado-Naci\u00f3n, esa comunidad imaginada que nos compone. En M\u00e9xico, por ejemplo, anota Urrego, un mito de origen consisti\u00f3 en la creencia \u2013en gran parte cierta\u2013 de que los mexicanos son los herederos de las primeras naciones que habitaron Tenochtitl\u00e1n y del que derivan su particular nacionalismo. Mito que despu\u00e9s va sufriendo un interesante proceso de remitologizaci\u00f3n que puede ser comprendido claramente a la luz de la hermen\u00e9utica del s\u00edmbolo como la han planteado los fenomen\u00f3logos de las religiones y que se manifiesta en la resimbolizaci\u00f3n que igualmente sufre en el mito de la Virgen de Guadalupe, una figura parad\u00f3jicamente anterior a la conquista que logra conciliar el primero con el cristianismo evangelizador que ya era fruto de un proceso de transculturaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Un mito an\u00e1logo lo encontramos en Per\u00fa y el Imperio Inca como s\u00edmbolo de nacionalismo, si bien no tan acentuado como en M\u00e9xico: los incas y su organizaci\u00f3n pol\u00edtica constituyen el fundamento simb\u00f3lico de la naci\u00f3n. Igualmente en Estados Unidos, el mito de la \u201ctierra de libertad y oportunidades\u201d, de origen calvinista, configura la excusa para el genocidio de las poblaciones nativas y m\u00e1s tarde, junto al del \u201cdestino manifiesto\u201d, el de la misma proyecci\u00f3n imperialista norteamericana. Frente a estos, Colombia se revela como carente de un mito fundacional fuerte por la inexistencia misma de cultura amerindia \u00fanica o dominante en nuestro territorio.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En segundo lugar encontramos los mitos de combate, resistencia o conquista, donde tambi\u00e9n caben h\u00e9roes nacionales o m\u00e1rtires de la naci\u00f3n que cohesionan su imaginario simb\u00f3lico. Aqu\u00ed podemos remitirnos a h\u00e9roes de la Independencia, particularmente, a guerras de defensa o agresi\u00f3n, incluso, que permiten consolidar una imagen de naci\u00f3n entre la poblaci\u00f3n. En este punto, las elites colombianas, a juicio de Urrego, igualmente han institucionalizado una idea de la conquista pacifica del territorio con expresiones aisladas de resistencia, raz\u00f3n por la cual hay una carencia de h\u00e9roes prehisp\u00e1nicos pese a ejemplos en contrario (la Cacica Gaitana, por ej.) y un desconocimiento generalizado de acciones de resistencia ind\u00edgena y negra. En ese contexto, al menos para Colombia, la guerra se va consolidando como mito estructural de la naci\u00f3n colombiana (nueve guerras civiles en el siglo XIX) y, m\u00e1s tarde, la violencia misma que ha negado la posibilidad de construir un mito de trascendencia de car\u00e1cter fundacional o de finalidad, se constituye en uno de los mitos por excelencia, con el claro prop\u00f3sito de justificar pr\u00e1cticas autoritarias y modelos de democracia restringida y excluyente sobre la poblaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En tercer lugar est\u00e1n los mitos de finalidad: la idea de un destino nacional predeterminado o por construir, como fuera el caso en Estados Unidos. En efecto, junto al mito fundacional de la \u201ctierra de libertad y oportunidades\u201d, como bien lo muestra Zea<sup>42<\/sup>, iba aparejado \u2013ambos originados en el protestantismo calvinista del colono\u2013 el mito del \u201cdestino manifiesto\u201d. Estados Unidos evidencia as\u00ed una larga elaboraci\u00f3n hist\u00f3rica de conciencia colectiva en la cual el mito de un destino nacional predeterminado o por construir toma fuerza y empieza a ser profundamente interiorizado en la historia nacional. Desde esta mitificaci\u00f3n de su papel, Estados Unidos se concibe como destinado por Dios a defender libertad en el mundo y propagar la democracia liberal. En Am\u00e9rica Latina, varios pa\u00edses han rescatado el elemento ind\u00edgena o nacional de su historia y los proyectan como mito de finalidad, pese a la discriminaci\u00f3n f\u00e1ctica de las poblaciones ind\u00edgenas por parte de las elites, si bien es un proceso que empieza a revertirse con la llegada al poder de gobiernos de arraigambre popular, ind\u00edgena o de izquierda en Latinoam\u00e9rica. En ese \u00e1mbito, tampoco se vislumbra en Colombia la consolidaci\u00f3n de mito de finalidad, salvo el que las elites del pa\u00eds se empecinan en proyectar como aliado incondicional de Estados Unidos.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Sin embargo, una exploraci\u00f3n sistem\u00e1tica sobre los mitos en Colombia \u2013que puede ser tomada en t\u00e9rminos proped\u00e9uticos por los estudios de cultura pol\u00edtica particulares en otros pa\u00edses del subcontinente\u2013 permitir\u00eda comprender la din\u00e1mica adquirida por esta simb\u00f3lica primaria y secundar\u00eda, es decir, m\u00edtica e ideol\u00f3gica, que puede detectarse en la historia del pa\u00eds. En efecto, un recorrido ligero nos permite detectar una serie de mitos que, sin lograr cohesionar a la naci\u00f3n fracturada que compone a Colombia, alcanza determinados y espor\u00e1dicos niveles de consistencia nacional, tanto hist\u00f3rica como m\u00edticamente, gravitando en esa conciencia fragmentada de la nacionalidad desde sus diferentes interpretaciones para sedimentarse finalmente como residuos, muchas veces aislados e inconexos, de una representaci\u00f3n e identidad colectiva por reconstruir. La cultura pol\u00edtica pasa, en cada contexto, por esa tarea de reconstrucci\u00f3n hermen\u00e9utica. De all\u00ed la imposibilidad de intentar pensar toda Am\u00e9rica Latina y simplemente se\u00f1alar, proped\u00e9utica y heur\u00edsticamente, como emprender tal trabajo simb\u00f3lico en cada latitud nacional.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Esto queda claro en la siguiente propuesta de tipificaci\u00f3n. Podemos establecer un mito de naci\u00f3n dominante en la historia de Colombia que se ha ido reciclando a lo largo de su vida constitucional, por lo menos, frente a mitos que, por la periferizaci\u00f3n a que han terminado siendo sometidos, han adquirido, en algunos casos, rango de mitos de resistencia y al(os) cual(es) se han sumado unos submitos democr\u00e1tico-populares, as\u00ed como al mito dominante se le han sumado igualmente mitos autoritario-populares. Cada mito de Estado Naci\u00f3n ha venido aparejado de un modelo de democracia restringido excluyente o incluyente, seg\u00fan el momento y las circunstancias hist\u00f3ricas y pol\u00edticas lo permitieran.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Ciertamente, el mito de la Regeneraci\u00f3n es el mito dominante en la historia del pa\u00eds, si bien es un mito que confronta al primer mito con pretensi\u00f3n nacional: el Mito del Olimpo Radical que constituye el primer proyecto de modernizaci\u00f3n, si no de modernidad, en Colombia: el establecimiento de una sociedad laica y amplias libertades individuales y pol\u00edticas, la ampliaci\u00f3n de la ciudadan\u00eda, la inclusi\u00f3n popular en la naci\u00f3n, el ideario de modernizaci\u00f3n econ\u00f3mica y pol\u00edtica, la separaci\u00f3n Iglesia-Estado, el progreso econ\u00f3mico bajo el modelo moderno europeo-norteamericano, el federalismo como forma del Estado y el impulso a la cultura y la educaci\u00f3n, entre tanto otros sobre los que no me puedo detener, muestran la ambici\u00f3n del proyecto radical. Aparejado a este encontramos un modelo de democracia restringida, como la que siempre ha caracterizado al pa\u00eds, pero de car\u00e1cter incluyente, en t\u00e9rminos simb\u00f3licos.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Frente a este mito por lo menos con pretensiones de modernidad \u2013y as\u00ed queda marcado en sectores y fragmentos del imaginario colectivo\u2013 el mito de la Regeneraci\u00f3n establece la contraparte. Aqu\u00ed queda manifiesto lo que Leopoldo Zea observaba como el conflicto que caracteriza todo el siglo XIX en Latinoam\u00e9rica entre el proyecto conservador y el proyecto civilizador, que en otras latitudes logr\u00f3 triunfar o conciliar pero que en Colombia defini\u00f3 uno de sus rasgos identitarios m\u00e1s representativos: el tradicionalismo, el conservatismo, el autoritarismo. Como bien lo puntualiza Urrego, es la Regeneraci\u00f3n la que establece la instituci\u00f3n del himno nacional, el catolicismo y la hispanizaci\u00f3n como ideal nacional, los s\u00edmbolos nacionales que hasta hoy se reivindican: la \u201cpatria\u201d el Sagrado Coraz\u00f3n, la etitizaci\u00f3n cat\u00f3lica de las virtudes, expresi\u00f3n de una sociedad feudal e intolerante, la negaci\u00f3n absoluta de las doctrinas liberales y socialistas frente a las que se impone al derrotar al liberalismo radical, la simbolizaci\u00f3n del sentimiento nacional (el escudo, el himno, los iconos religiosos) intolerancia religiosa y pol\u00edtica y el respice polum (mirar al norte, a Estados Unidos) en pol\u00edtica exterior como expresi\u00f3n de sometimiento incondicional por parte de las elites y, por extensi\u00f3n, del pa\u00eds al Imperio (la entrega de Panam\u00e1 y el canal, la Guerra de Corea donde es el \u00fanico pa\u00eds latinoamericano que participa, la \u201ctraici\u00f3n\u201d a la solidaridad latinoamericana cuando es el \u00fanico pa\u00eds que no apoya a Argentina en la guerra de las Malvinas, la incondicionalidad vergonzosa y vergonzante en pol\u00edtica exterior a los Estados Unidos). Por supuesto, aparejado con esto va un modelo de democracia restringida excluyente: la hegemon\u00eda conservadora en toda su exuberancia y autoritarismo que se prolonga por 44 a\u00f1os y que, en \u00faltimas, impone en la conciencia colectiva este estigma de identidad definitorio hasta el d\u00eda de hoy de nuestro ser \u201cnacional\u201d.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Posteriormente nos encontramos entonces con un nuevo mito: el Mito de la Rep\u00fablica Liberal que, sin embargo, no logra consolidarse pol\u00edticamente aunque si lo hace simb\u00f3licamente como expresi\u00f3n de contestaci\u00f3n y confrontaci\u00f3n con el conservatismo y su Mito de la Regeneraci\u00f3n, lo que ir\u00f3nicamente no logran catalizar los nacientes movimientos pol\u00edticos socialistas, siempre dispuestos a respaldar los intereses \u201cnacionales\u201d de las elites liberales criollas, lo que termina por definir uno de sus rasgos identitarios. El liberalismo no apuntala una elaboraci\u00f3n simb\u00f3lica moderna y su antinorteamericanismo es apenas parcial durante el primer gobierno de L\u00f3pez Pumarejo. El sentimiento nacional se espacializa en plazas, parques, obras de ingenier\u00eda y arquitectura, etc. (en contraste con el car\u00e1cter carism\u00e1tico del sentimiento nacional tradicional).<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Pero ya aqu\u00ed y desde este momento se empiezan a bosquejar unos submitos autoritarios (ni siquiera populares) que igualmente van a caracterizar dram\u00e1ticamente la identidad colombiana. Adem\u00e1s del Mito de la Violencia, que adquiere la estatura de tal, en el contexto de la violencia que estalla a partir del asesinato de Gait\u00e1n, surgen estos oscuros personajes que encarnaron la violencia oficial y que fueron conocidos como los chulavitas (por el pueblo en Boyac\u00e1, a unas cuantas horas de la capital Bogot\u00e1) de donde proven\u00eda la polic\u00eda pol\u00edtica del r\u00e9gimen pero, de manera m\u00e1s generalizada, los p\u00e1jaros, asesinos reclutados por el conservatismo para asesinar a los liberales en las zonas rurales especialmente. Esa triste figura m\u00edtica ha vuelto a resurgir hoy en d\u00eda con los llamados \u201cparamilitares\u201d en Colombia y, \u00faltimamente, las llamadas \u201c\u00c1guilas Negras\u201d cuya alusi\u00f3n a las aves reedita las semblanzas de los buitres y las aves de rapi\u00f1a que en la d\u00e9cada de los cincuenta seguramente originaron su nombre.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Hay que observar que el Mito de la Violencia adquiere una doble significaci\u00f3n: de una parte, hace referencia a expresiones de violencia primaria (corte de franela, etc.) que evidencian el car\u00e1cter arcaico y premoderno de cultura pol\u00edtica en un pa\u00eds que no ha conocido la modernidad y en tal sentido sus causas han sido prolijamente estudiados por investigadores. Pero, de otra parte, le ha servido a las elites colombianas para, precisamente, convalidar y proyectar la idea de un pueblo violento por naturaleza, primitivo en sus expresiones pol\u00edticas que requiere, por tanto, de la violencia estatal o paraestatal para entrar en sus cauces. El mito de la violencia termin\u00f3 justificando la violencia de las elites contra el pueblo.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El siguiente mito es el Mito del Frente Nacional que institucionaliza un bipartidismo restrictivo (milimetr\u00eda burocr\u00e1tica) en Colombia y recicla no solo el Mito de la Regeneraci\u00f3n sino tambi\u00e9n el modelo de democracia restringida excluyente de nuevo. En el marco de la Guerra Fr\u00eda la agresi\u00f3n externa y el comunismo internacional se convierten en el leiv motiv de la exclusi\u00f3n de toda oposici\u00f3n pol\u00edtica y se inicia en el pa\u00eds otra constante desde entonces: la condena y criminalizaci\u00f3n de la protesta popular. Por contraste a nuestra d\u00e9bil identidad nacional, el nacimiento de la televisi\u00f3n ser\u00e1 el origen de mitos medi\u00e1ticos artificiales de proyecci\u00f3n nacional (la selecci\u00f3n de f\u00fatbol, el Reinado Nacional, las telenovelas, etc.) que intentar\u00e1n afianzar desde sus pautas pseudoculturales un imaginario colectivo que consolida medi\u00e1ticamente un ethos de resignaci\u00f3n e indiferencia, funcional a la dominaci\u00f3n de las elites.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En el discurrir hist\u00f3rico que hemos hecho, surge despu\u00e9s el Mito de la Constituci\u00f3n del 91 que sin prejuicios a todas luces funda un proyecto de modernidad integral en Colombia, con un Estado social de derecho como instrumento de paz y reconciliaci\u00f3n, un cat\u00e1logo de derechos fundamentales y un modelo de democracia participativa incluyente diametralmente opuesto al concebido y realizado por la Constituci\u00f3n de 1886, bandera de la Regeneraci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Como puede quedar claro en este recorrido por los mitos de Estado-Naci\u00f3n en Colombia que gravitan en el imaginario colectivo del pa\u00eds, aunque sus interpretaciones sean las m\u00e1s de las veces polarizantes, expresi\u00f3n de la sociedad tradicional en que vivimos, esta inercia autoritaria que ha caracterizado la cultura pol\u00edtica colombiana y que se revela en los mismos permite comprender las amenazas que se ciernen sobre un proyecto de modernidad como el de la Constituci\u00f3n del 91 y el porqu\u00e9 del desmonte autoritario, lento pero inexorable, de la misma y los retos que tiene para sobrevivir.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>3. Cultura mafiosa en colombia<\/strong> <\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">3.1. Antecedentes<\/span> <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">L<span style=\"font-size: 12pt;\">a cultura mafiosa en Colombia es un fen\u00f3meno inocultable. Se ven\u00eda perfilando desde la d\u00e9cada de los setenta a nivel nacional, si bien ya ten\u00eda antecedentes regionales tanto en la Costa Caribe como en el interior en el contrabando tan propio a las ethos de la primera, como en el negocio de las esmeraldas, en el altiplano cundiboyacense, particularmente. Ambas situaciones se ver\u00edan m\u00e1s tarde catalizadas durante la bonanza de la marihuana tanto, de nuevo, en la regi\u00f3n costera por la famosa marihuana de la Sierra Nevada, como en el altiplano, paso obligado de otra famosa variante cultivada en los llanos orientales.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Alfredo Molano daba esta lectura del fen\u00f3meno en sus or\u00edgenes:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En nuestro medio hay una herencia pol\u00edtica que va de los chulavos y p\u00e1jaros de los a\u00f1os 50, pasa por las bandas de esmeralderos y contrabandistas de los 60 y 70, y entrega su legado a los narcos, llamados m\u00e1gicos \u2013juego burl\u00f3n con la palabra mafia\u2013, que reinan hasta hoy y que ya compraron boleta \u201ca futuro\u201d bajo el nombre de \u201clos emergentes\u201d. Fue sin duda la aristocracia del pa\u00eds \u2013blanca y rica\u2013 la que primero sinti\u00f3, resinti\u00f3 y ridiculiz\u00f3 los s\u00edntomas externos de la mafia, su cultura extravagante, irrespetuosa, presuntuosa, que constru\u00eda clubes sociales completos si le negaban la entrada a uno, que compraba los m\u00e1s lujosos carros, los m\u00e1s finos caballos de paso, las haciendas m\u00e1s linajudas, los jueces m\u00e1s rigurosos, los generales m\u00e1s amedallados, en fin, que se puso de ruana todos los valores de la autodenominada \u2018gente bien\u2019, que descubri\u00f3 pronto, para su propia fortuna, que era mejor asociarse a la mafia que luchar contra ella. Y as\u00ed lo hizo<sup>43<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Ya entonces se apreciaban como expresiones ex\u00f3ticas en este provinciano pa\u00eds esas primeras manifestaciones de la cultura mafiosa que se distingu\u00edan por una ostentaci\u00f3n de mal gusto rechazada por una sociedad todav\u00eda apegada a sus tradiciones y formalismos. Pero lo ex\u00f3tico fue dando paso a lo cuasievidente que, sin embargo, por esa misma pacoter\u00eda de sus \u00e9lites, se intentaba mimetizar con el remoquete casi divertido de los \u201cm\u00e1gicos\u201d, haciendo alusi\u00f3n a que ya el dinero mal habido hacia aparecer de la noche a la ma\u00f1ana lo que se quisiera, aunque el Estado ya ten\u00eda claro, a trav\u00e9s de la ventanilla siniestra del Banco de la Rep\u00fablica, cuanto pod\u00eda ello favorecer a las todav\u00eda exiguas rentas nacionales<sup>44<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La represi\u00f3n contra la marihuana, que parad\u00f3jicamente le abri\u00f3 las puertas a la producci\u00f3n en Estados Unidos, ambienta lentamente la producci\u00f3n de coca\u00edna, no solo en Colombia sino en la regi\u00f3n andina en general, e instaura una cadena que ha sido imposible de desmontar y cuya pol\u00edtica de represi\u00f3n, en la periferia, se ha centrado en sus dos eslabones m\u00e1s d\u00e9biles: la producci\u00f3n y el narcotr\u00e1fico, sin realmente combatir el consumo, la distribuci\u00f3n y la financiaci\u00f3n en los pa\u00edses del centro. Imposible de desmontar como el capitalismo mismo pues que negocio, legal o ilegal, que pueda tener un rendimiento del 6000\/100 \u00bfpuede desmontarse en una econom\u00eda global de mercado? La droga terminaba siendo funcional al capitalismo mismo.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Pero el costo para Colombia, particularmente, por ser un pa\u00eds geogr\u00e1ficamente clave para el procesamiento y tr\u00e1fico de la droga en general ha tenido efectos devastadores. A finales de los ochenta, el narcotr\u00e1fico comprende la importancia de extender sus tent\u00e1culos al interior del Estado y concibe una estrategia, podr\u00edamos decir simple, de penetraci\u00f3n del congreso. En ese momento ya era claro que en el congreso exist\u00edan sectores de parlamentarios con nexos con el narcotr\u00e1fico pero lo que ya se bosquejaba era la intenci\u00f3n de los propios \u201ccapos\u201d por acceder al congreso, sin duda para ampararse por la inmunidad parlamentaria que en ese entonces todav\u00eda imperaba en Colombia. Estrategia que es detenida parcialmente, en especial por la resistencia que represent\u00f3 entonces Luis Carlos Gal\u00e1n y el Nuevo Liberalismo y que le costar\u00eda la vida a Rodrigo Lara, Ministro de Justicia del gobierno Betancur, y m\u00e1s tarde al mismo Gal\u00e1n, l\u00edder del movimiento.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Lo que se da despu\u00e9s consagra el tr\u00e1gico destino de Colombia. La influencia del narcotr\u00e1fico se proyecta dentro de la Constituyente y logra el mandato constitucional de la no extradici\u00f3n que hab\u00eda sido su bandera desde hacia a\u00f1os (\u201cPreferimos una tumba en Colombia a una c\u00e1rcel en Estados Unidos\u201d). Pese a la aparente sumisi\u00f3n de Pablo Escobar, r\u00e1pidamente la farsa de su sometimiento a la justicia queda al descubierto y la alianza del Estado para lograr su recaptura inicia, por la v\u00eda pragm\u00e1tica de \u201cel fin justicia los medios\u201d lo que podr\u00edamos denominar la colonizaci\u00f3n mafiosa del Estado en dos sentidos: primero, por la alianza Estado-mafia que se concreta desde ese momento y, segundo, estrechamente ligada aunque paralela, por la lucha que el narcotr\u00e1fico desencadena contra la guerrilla en el campo que ambienta y concreta su alianza con las \u00e9lites regionales, terratenientes y ganaderas particularmente, que en poco tiempo dar\u00eda nacimiento al paramilitarismo en Colombia<sup>45<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La presencia de dineros calientes en la campa\u00f1a triunfante de Ernesto Samper Pizano en las elecciones de 1994 consagra definitivamente la estrategia de colonizaci\u00f3n concebida por el narcotr\u00e1fico que ya entonces, gracias a las \u201cconvivir\u201d (cooperativas para la administraci\u00f3n de justicia privada con uso leg\u00edtimo de armas largas) y al apoyo e impulso institucional que reciben en la gobernaci\u00f3n de \u00c1lvaro Uribe V\u00e9lez en Antioquia, estrecha lazos con el paramilitarismo en su lucha contra la guerrilla, creando as\u00ed un poderoso dispositivo militar para opon\u00e9rseles<sup>46<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La fallida estrategia del Gobierno de Andr\u00e9s Pastrana Arango por concretar un proceso de paz con las Farc y la doble t\u00e1ctica de \u00e9stos de fortalecerse a su sombra, se cataliza en dos direcciones: la necesidad del narcoparamilitarismo (ya entonces imposible de diferenciar claramente) de combatir a la guerrilla y, segundo, la urgencia de culminar el proceso de colonizaci\u00f3n del Estado que garantizara dos prop\u00f3sitos: primero, derrotar definitivamente a la guerrilla y, dos, garantizar un proceso de paz (l\u00e9ase impunidad) del narcotr\u00e1fico y el paramilitarismo con la sociedad y el Estado.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La reconocida periodista Mar\u00eda Elvira Samper daba cuenta de ello en los siguientes t\u00e9rminos:<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">No obstante los ingentes esfuerzos para derrotarlo, el narcotr\u00e1fico sigue vivito y coleando y no solo demuestra una formidable capacidad de adaptaci\u00f3n a los cambios en el mercado ilegal, sino que hasta ha llegado a negociar directamente con las instituciones a pesar de no tener motivaciones pol\u00edticas. Una capacidad de transformaci\u00f3n mucho mayor que la de las instituciones para entenderla y enfrentarla, lo cual plantea un gran desaf\u00edo a las ofensivas del Estado y a las pol\u00edticas antinarc\u00f3ticos que han sido un fracaso, como ya nadie se atreve a negar<sup>47<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>3.2. La pir\u00e1mide mafiosa<\/strong> <\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En ese contexto y, en especial, a partir de la presidencia Uribe, cuya sospecha de que su campa\u00f1a fue apoyada por el paramilitarismo \u2013como varios de sus cabecillas lo han reconocido en las audiencias respectivas\u2013 nunca se han disipado plenamente y, adicionalmente, a la sombra del proceso de paz con el paramilitarismo que permiti\u00f3 mimetizar como tales a varios sectores de narcotraficantes, se generaliza en Colombia esta cultura mafiosa que, sin embargo, es un fen\u00f3meno que tiene varios niveles de expresi\u00f3n y que no se puede reducir solamente a la captura de un gobierno o, incluso, del Estado sino que hunde sus ra\u00edces en lo m\u00e1s profundo de esa problem\u00e1tica identidad colombiana<sup>48<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El siguiente esquema, que desarroll\u00e1remos m\u00e1s adelante, pretende dar cuenta de ello, utilizando esa figura tan determinante en nuestro medio que han sido las famosas \u201cpir\u00e1mides\u201d, s\u00edmbolo precisamente de esa econom\u00eda cuasi-mafiosa que se consolid\u00f3 en toda la geograf\u00eda nacional, tratando de sugerir con la met\u00e1fora la base sociol\u00f3gica y pol\u00edtico-cultural que esta posee, para denotar que es solo una expresi\u00f3n estructural o superestructural sino que envuelve la realidad entera de nuestra realidad. Incluso una dimensi\u00f3n simb\u00f3lica que gravita pesadamente en nuestro imaginario y que, en mi parecer, es hoy en d\u00eda unos de los factores sustanciales de esta cultura mafiosa que se ha apoderado de nuestra sociedad.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/revistas.unal.edu.co\/index.php\/peju\/article\/viewFile\/36710\/39499\/164795\" \/><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>3.2.1. Sociedad y cultura pol\u00edtica dominante<\/strong> <\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Si nos vamos a los tipos sociol\u00f3gicos weberianos que m\u00e1s arriba hemos presentado, no cabe duda que el tipo dominante en Colombia es el de un h\u00edbrido tradicional-carism\u00e1tico. Colombia, un pa\u00eds donde se ha intentado introducir desde hace 50 a\u00f1os un proceso de modernizaci\u00f3n forzada que ya en la d\u00e9cada de los 30 con la Rep\u00fablica Liberal hab\u00eda sido anticipada y que se frustra con el asesinato de Gait\u00e1n y el periodo de la Violencia que entonces se inaugura, no logra, pese a esta modernizaci\u00f3n desde arriba, alcanzar los m\u00ednimos de una modernidad plena<sup>49<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Pese a los procesos de \u201curbanizaci\u00f3n\u201d, producto m\u00e1s del desplazamiento que de una consecuente pol\u00edtica de ciudadanizaci\u00f3n, Colombia no supera la preeminencia en su cotidianidad de un tipo de legitimaci\u00f3n tradicional-carism\u00e1tica donde la tradici\u00f3n y la figura del l\u00edder priman sobre la de un Estado de derecho neutro e imparcial<sup>50<\/sup>. Epifenomenicamente ello se evidencia en nuestra historia pol\u00edtica con los \u201cistmos\u201d pululantes que han caracterizado a nuestros partidos pol\u00edticos hasta el d\u00eda de hoy: gaitanismo, santismo, galanismo, laureanismo, alvarismo, pastransimo, etc, etc., hasta llegar al uribismo reinante de nuestros d\u00edas. Incluso la \u201cizquierda\u201d que deber\u00eda ser m\u00e1s moderna, mantiene esas divisiones que siguen dando cuenta de mentalidades tradicional-carism\u00e1ticas que se inscriben en una tradici\u00f3n pol\u00edtica espec\u00edfica pero se identifican en ella con la figura de un l\u00edder particular<sup>51<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">As\u00ed que nuestra condici\u00f3n sociol\u00f3gica puede caracterizarse como de una \u201cmodernizaci\u00f3n sin modernidad\u201d, a lo que se suma que los m\u00ednimos de la modernidad pol\u00edtica, la tolerancia y el pluralismo, por supuesto tampoco nunca lograron ambientarse en nuestro pa\u00eds donde prim\u00f3, muy propio a su car\u00e1cter rural y si acaso semi-rural, la exclusi\u00f3n y la intolerancia, como se evidencia a\u00fan en nuestros d\u00edas. Colombia es as\u00ed un pa\u00eds de mucha ubre y poca urbe y nuestras \u201cciudades\u201d son m\u00e1s conglomerados urbanos, ca\u00f3ticos y desorganizados, que ciudades concebidas a partir de planes de desarrollo urbano, una noci\u00f3n relativamente reciente en nuestro ordenamiento\u00a0<sup>52<\/sup>. <\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">De ah\u00ed que esa primac\u00eda de la tradici\u00f3n y el carisma sobre una legitimidad legal-racional que nunca logr\u00f3 consolidarse plenamente no haga extra\u00f1o que, en consecuencia, prime tambi\u00e9n un tipo de cultura pol\u00edtica s\u00fabdita y parroquial sobre una participativa en Colombia. A un tipo sociol\u00f3gico dominante tradicional-carism\u00e1tico corresponde necesariamente un tipo de cultura pol\u00edtica s\u00fabdito-parroquial, frente a una cultura pol\u00edtica participativa, cr\u00edtica y ciudadana, que solo en peque\u00f1os sectores parece existir en Colombia. Todo ello propicia esa forma caracter\u00edstica de nuestra relaci\u00f3n pol\u00edtica que es el clientelismo que, en sus expresiones m\u00e1s rudimentarias, no es sino una pr\u00e1ctica mafiosa de asumir la pol\u00edtica y la relaci\u00f3n con los partidos y el Estado<sup>53<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Son esas relaciones de compadrazgo, en lo sustancial rurales y semi-rurales, la percepci\u00f3n de que el Estado es para ser usufructuado por los \u201cvivos\u201d, de que la pol\u00edtica no persigue un ideal de bienestar general, ni siquiera de bien com\u00fan que es un concepto tradicional, que m\u00e1s bien es la posibilidad de lucrarse en favor propio por debajo del orden legal y que para ello el camino adecuado es una actitud de complicidad, nunca de cr\u00edtica o fiscalizaci\u00f3n, con el poder, lo que se pone de manifiesto con una cultura s\u00fabdito-parroquial como la colombiana. El caldo de cultivo de pr\u00e1cticas mafiosas m\u00e1s elaboradas est\u00e1 dado desde este nivel primario de la pir\u00e1mide social.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Obviamente no es una relaci\u00f3n causal que invariablemente se haya presentado y se presente en todas las situaciones an\u00e1logas pero si es de manera generalizada el fundamento social y el punto de partida de culturas mafiosas que al no tener por encima de ellas constricciones institucionales fuertes que impongan un marco legal claro y contundente, en \u00faltimas a trav\u00e9s de la violencia legitima de un Estado, terminan adoptando esta v\u00eda para-institucional como alternativa a la carencia misma de aquel<sup>54<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">3.2.2. Mafia y pr\u00e1cticas mafiosas en Colombia<\/span> <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La cotidianidad rural y semi-rural colombiana que, adicionalmente, es la pr\u00e1ctica diaria de los conglomerados urbanos que, en muchos casos, no alcanzan a ser ciudades ni a tener una conciencia ciudadana espont\u00e1nea, salvo cuando es directamente garantizada por \u201c\u00f3rdenes respaldadas por amenazas\u201d, esa mentalidad cuasitradicional que ya ha sufrido un proceso de horadamiento convirti\u00e9ndola en un h\u00edbrido malformado que deja de lado sus tradiciones vivas vinculantes rurales para asumir pr\u00e1cticas de sobrevivencia patol\u00f3gicas urbanas, constituye el origen de las pr\u00e1cticas mafiosas, tal como se observan en la mafia siciliana en Italia y en su posterior prolongaci\u00f3n urbana en Estados Unidos<sup>54<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">As\u00ed lo reconoce de nuevo Molano en sus escritos que dan cuenta de este piso sociol\u00f3gico:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La mafia, tanto la siciliana como la criolla, se ha hecho contra la ley, ha construido con sangre sus propios canales de ascenso al poder econ\u00f3mico y pol\u00edtico y, sobre todo, ha impregnado de su cultura \u2013la del \u201cno me dejo\u201d, la del \u201csoy el m\u00e1s vivo\u201d, la del \u201ctodo vale huevo\u201d\u2013 al resto el pa\u00eds, o para ser exactos al 84%. Es la cultura de la fuerza a la fuerza, de la justicia por mano propia, de las recompensas por huellas digitales y memorias digitales, del \u201cv\u00e9ndame o le compro a la viuda\u201d, del \u201cle corto la cara marica\u201d, del \u201cquite o lo quito\u201d. Su escudo de armas: un coraz\u00f3n incendiario. Cuando\u2026 [se] dice que en el pa\u00eds predomina la cultura mafiosa, [se] hace una apreciaci\u00f3n no s\u00f3lo valerosa sino justa. Despu\u00e9s de tomarse las juntas directivas y los directorios pol\u00edticos, la mafia busca ahora imponer sus valores, normas y principios. Es decir, su cultura, m\u00e1s a las malas que a las buenas<sup>56<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La mafia italiana comienza siendo una mafia rural que establece una relaci\u00f3n de sometimiento con sus protegidos, de corte gamonalista en la medida en que son expresi\u00f3n de una jerarqu\u00eda patriarcal donde, adicionalmente, el m\u00e1s fuerte somete al d\u00e9bil pero que, al mismo tiempo, tambi\u00e9n le confiere protecci\u00f3n<sup>57<\/sup>. Una relaci\u00f3n de fuerza y violencia basada en unos c\u00f3digos de honor y silencio (la Cosa Nostra) que ofrece una protecci\u00f3n cautiva, no espont\u00e1nea, por supuesto<sup>58<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Estas caracter\u00edsticas de la relaci\u00f3n mafiosa que, en esencia, provienen de un marco social tradicional de orden jer\u00e1rquico-patriarcal, tienen, adicionalmente, una ambientaci\u00f3n muy especial en la eticidad hispana precisamente por rasgos propios de la misma<sup>59<\/sup>. En efecto, varios componentes axiol\u00f3gicos de nuestro ethos favorecen una conversi\u00f3n a estos talantes mafiosos como ya ha sido evidenciados en varios estudios: el personalismo hispano que configura una peculiar modalidad de individualismo exacerbado que no se sujeta a reglas ni a normatividad, a diferencia del anglosaj\u00f3n, y que, por el contrario s\u00f3lo busca la satisfacci\u00f3n de sus expectativas sin tener en cuenta la colectividad ni el inter\u00e9s general<sup>60<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">De aqu\u00ed provienen otros rasgos an\u00e1logos, que tienen su base en la eticidad hispana pero que el combinarse con condiciones pol\u00edtico-jur\u00eddicas como las nuestras de inexistencia de un Estado Naci\u00f3n fuerte, r\u00e1pidamente asumen desviaciones patol\u00f3gicas neur\u00e1lgicas. Ante la inexistencia de un orden normativo consolidado y unas reglas claras, la acci\u00f3n social tradicional desencantada se retrotrae a la \u00fanica fuente de seguridad ontol\u00f3gica: la familia. Se configura entonces un familismo amoral en la medida en que a la priorizaci\u00f3n de la familia con base del tejido social y de la acci\u00f3n colectiva, los imperativos de supervivencia ante un estado d\u00e9bil desembocan en la prioridad de la familia a cualquier precio, incluso por debajo de las normas \u00e9tico-morales de convivencia. El \u201ctodo por la familia\u201d justifica entonces todo delito contra un inter\u00e9s general amorfo y difuso que cualquiera usufruct\u00faa para su provecho<sup>61<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">De ah\u00ed esa cultura del atajo y del rebusque a cualquier precio que termina siendo pr\u00e1ctica y social en nuestro contexto y que incluso adquiere rango normativo en la vox populi colombiana. A cualquiera que se le pregunte en Colombia cual es el d\u00e9cimo primer mandamiento, contestar\u00e1 sonriendo: \u201cNo dar papaya\u201d, lo que significa no ser c\u00e1ndido y dar la oportunidad para ser robado o para que se aprovechen de uno. Y si le preguntan, cu\u00e1l es el duod\u00e9cimo mandamiento, contestar\u00e1n: \u201cA papaya dada, papaya partida\u201d, es decir, que todo incauto que de la oportunidad de aprovecharse de \u00e9l, o de toda situaci\u00f3n que potencialmente pueda ser aprovechada, incluso contra la ley, debe ser explotada a favor del agente. Estas dos \u201cm\u00e1ximas\u201d que rigen la vida diaria de cualquier colombiano y frente a las cuales, como sujetos activos o pasivos, tenemos que ser conscientes, constituyen m\u00e1ximas de un c\u00f3digo can\u00edbal con las que los colombianos \u2013y los extranjeros que vienen a Colombia\u2013 deben convivir a diario ante la ausencia de instituciones fuertes que obliguen al cumplimiento de la ley<sup>62<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La conclusi\u00f3n, que puede refrendarse en estas m\u00faltiples pr\u00e1cticas, desde las m\u00e1s cotidianas hasta las de corrupci\u00f3n m\u00e1s elaboradas, ya sea en el sector p\u00fablico como en el privado, as\u00ed como en toda la cultura pol\u00edtica del clientelismo que posibilita la mediaci\u00f3n del sistema pol\u00edtico colombiano, es la de la evidencia de una cadena de pr\u00e1cticas mafiosas a todo lo ancho y largo de nuestra eticidad<sup>63<\/sup>. Cadena que se inicia con una legitimaci\u00f3n sustancialmente rural, de car\u00e1cter tradicional-carism\u00e1tico, en la base misma de la pir\u00e1mide social, que sigue con un tipo de cultura pol\u00edtica s\u00fabdito-parroquial catalizada por un personalismo hispano que no logra ser constre\u00f1ido por una institucionalidad coercitiva fuerte y que, por tanto, se desv\u00eda hacia pr\u00e1cticas de clientelismo y corrupci\u00f3n generalizadas en el sistema pol\u00edtico, as\u00ed como una cultura del rebusque y el atajo aparejada con conductas y c\u00f3digos can\u00edbales del \u201ctodo vale\u201d, configurando un ethos proclive a lo mafioso<sup>64<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">3.2.3. Autoritarismo, democracia restringida y \u00e9lites<\/span> <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Obviamente, esta proclividad a lo mafioso se da por varios factores adicionales: la ausencia de una institucionalidad constrictora, una disposici\u00f3n econ\u00f3mico-pol\u00edtica excluyente y discriminatoria y la existencia de unas elites lumpezcas, a nivel regional particularmente, en Colombia65. Factores todos que coadyuvaron a configurar y consolidar una cultura mafiosa en Colombia y, posteriormente, ambientaron y prohijaron la colonizaci\u00f3n mafiosa del Estado que a trav\u00e9s de eso que ha dado en llamarse la \u201cparapol\u00edtica\u201d, la \u201cfarcpol\u00edtica\u201d, la \u201cyidispol\u00edtica\u201d han constituido episodios que dan cuenta de esa terrible captura mafiosa del Estado que hemos tenido en Colombia.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El economista Garay da cuenta tambi\u00e9n, desde su perspectiva, de esta condici\u00f3n:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Lo primero es aceptar que en Colombia no s\u00f3lo hay hechos aislados de corrupci\u00f3n. Aqu\u00ed confluyen factores econ\u00f3micos, pol\u00edticos, sociales y en algunos casos culturales, que cada vez m\u00e1s facilitan el aprovechamiento de intereses p\u00fablicos por parte de intereses privados. De esta forma, la reconfiguraci\u00f3n \u2018cooptada\u2019 del Estado consiste en la acci\u00f3n de organizaciones legales e ilegales que mediante pr\u00e1cticas ileg\u00edtimas, no siempre ilegales, buscan modificar las instancias donde se toman decisiones p\u00fablicas para cambiar las reglas del juego y de ah\u00ed obtener beneficios individuales y validar pol\u00edtica, legal y socialmente sus intereses. A veces lo hacen a trav\u00e9s de los resquicios en la norma con acciones que aunque legales en lo penal, son pr\u00e1cticas socialmente inaceptadas. Esto hace que se alteren los patrones morales de la sociedad. Cuando esto se generaliza, hace que el aprovechamiento de lo p\u00fablico trascienda de la corrupci\u00f3n a formas que involucran m\u00e1s aspectos de la sociedad\u2026 Yo no creo que tengamos un Estado mafioso, como tampoco tenemos una sociedad mafiosa. Lo que hay son grupos de poder, algunos dominantes, que act\u00faan con pr\u00e1cticas y criterios mafiosos para el beneficio propio, entendidos estos no s\u00f3lo en lo econ\u00f3mico, sino tambi\u00e9n en lo pol\u00edtico y en lo social. Lo que lleva a que se est\u00e9 reconfigurando un Estado con pr\u00e1cticas mafiosas<sup>66<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La ausencia de una institucionalidad constrictora tiene en nuestro contexto un subfactor sustancial: la debilidad del Estado-Naci\u00f3n colombiano y, en especial, de un mito de Estado-Naci\u00f3n que hubiera permitido consolidar una identidad nacional cohesionadora<sup>67<\/sup>. La identidad nacional colombiana nunca correspondi\u00f3 a la de una \u201ccomunidad imaginada\u201d que por supuesto supone un proyecto de Estado-Naci\u00f3n concertado consensualmente y legitimado democr\u00e1ticamente<sup>68<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Por el contrario, lo que se dio, tanto en nuestra vida republicana previa como desde 1886, fue la imposici\u00f3n por parte de los vencedores correspondientes de visiones de sociedad de las cuales, finalmente, se impone la de la Regeneraci\u00f3n con la Constituci\u00f3n de N\u00fa\u00f1ez. Ello signific\u00f3 la derrota de proyecto liberal de 1863 y la posibilidad de que la fracturada \u2013b\u00e1sicamente por su geograf\u00eda que hacia inviable una unidad nacional territorial\u2013 sociedad colombiana pudiera nuclearse alrededor de un ideal de modernidad: lo que se da es, en \u00faltimas, la imposici\u00f3n de un proyecto terrateniente de naci\u00f3n, aglutinado alrededor de los valores propios de una sociedad tradicional: la religi\u00f3n, los valores cat\u00f3licos, el autoritarismo de la autoridad no concertada, la intolerancia a la diferencia, el rechazo al pluralismo<sup>69<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Tal fue la \u201ccomunidad imaginada\u201d que se impuso en Colombia desde el siglo XIX y que la Rep\u00fablica Liberal del 30 al 45, pese a su intenci\u00f3n, apenas altera, al desatarse esa reacci\u00f3n tradicional \u2013alentada por la Iglesia y el Partido Conservador\u2013 que, a trav\u00e9s de la violencia institucional, mantiene la inercia autoritaria que m\u00e1s tarde convalida la dictadura de Rojas Pinilla y que, posteriormente, el bipartidismo consagra a favor de una alianza de partidos que conciliaba su lucha al precio se cerrar el sistema pol\u00edtico a nuevas fuerzas sociales e ideol\u00f3gicas.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">De ah\u00ed que no sea extra\u00f1o que la identidad colombiana<sup>70<\/sup>, pese a la Constituci\u00f3n del 91 \u2013el proyecto democr\u00e1tico-social de mayor envergadura en la historia del pa\u00eds\u2013, prefiera apostarle todav\u00eda al autoritarismo<sup>71<\/sup>. \u201cLos esclavos votan por las cadenas\u201d reza el adagio y, en consonancia, la identidad colombiana se inclina espont\u00e1neamente por la autoridad antes que por la democracia, si bien es una autoridad desvirtuada, de favoritismo y sustracciones, de componendas y regateos turbios, de clientelas y clientelismos, pues no de otra manera sino a trav\u00e9s de d\u00e1divas se logra mantener tal imposici\u00f3n: es decir, una autoridad mafiosa<sup>72<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Si esta pseudoidentidad nacional, en \u00faltimas impuesta y hegem\u00f3nica pero imperante, prefigura nuestro imaginario social nacional hacia la tradici\u00f3n y la autoridad y, a trav\u00e9s de ello, hacia el autoritarismo, y las formas mafiosas de relacionamiento, la disposici\u00f3n econ\u00f3mico-pol\u00edtica que le corresponde no podr\u00eda ser otra que un capitalismo dependiente y una democracia restringida<sup>73<\/sup>. En especial la segunda, como forma de articulaci\u00f3n pol\u00edtica de la sociedad, excluyente y discriminatoria, que obviamente termina teniendo en el clientelismo y la corrupci\u00f3n sus poleas de transmisi\u00f3n y de amarre para lograr la lealtad de determinados sectores que son los que le dan su base de legitimidad pol\u00edtica<sup>74<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El fen\u00f3meno de la corrupci\u00f3n en Colombia es inconcebible y se ha acentuado en el \u00faltimo gobierno. Los estudios se\u00f1alan que por lo menos 4 billones de pesos se han perdido por estas conductas que no son, de nuevo, m\u00e1s que pr\u00e1cticas mafiosas al interior y en relaci\u00f3n con el Estado<sup>75<\/sup>. Pero ya esas poleas de transmisi\u00f3n sobre las que se vehiculiza la corrupci\u00f3n son, en esencia, formas consolidadas de cultura mafiosa a nivel pol\u00edtico que por supuesto ambientaban la captura y colonizaci\u00f3n del Estado por parte de la mafia en Colombia<sup>76<\/sup>. As\u00ed lo concept\u00faa otro reconocido comentarista:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">\u2026 a la pol\u00edtica en Colombia se la tomaron en los \u00faltimos a\u00f1os dos fen\u00f3menos que la tienen en cuidados intensivos. De un lado, el caudillismo del presidente Uribe, que eclips\u00f3 cualquier debate distinto al impuesto por su imagen de l\u00edder providencial, y del otro, la ascensi\u00f3n de unas nuevas elites mafiosas sustentadas en el temible poder narcoparamilitar que se fueron asentando hasta lograr un poder pol\u00edtico que hoy la Corte Suprema de Justicia con sus importantes y decisivas investigaciones est\u00e1 intentando develar ante el pa\u00eds. Al caudillismo providencial de Uribe llegamos por cuenta de la intransigencia de las Farc, que es el peor enemigo de la pol\u00edtica, y a la consolidaci\u00f3n de estas elites mafiosas, que en alg\u00fan momento fueron contrainsurgentes, llegamos por cuenta de esa \u00e9tica laxa que ha hecho de estas mafias narcotraficantes el mal menor que hay que asumir en la lucha contra la subversi\u00f3n\u2026. De esas alianzas bipartidistas que consolidaron el cacicazgo tradicional pasamos hace unos a\u00f1os al surgimiento de estas nuevas elites mafiosas que han utilizado a la pol\u00edtica regional para acceder al Congreso y, por ende, al poder y al presupuesto. El problema se agrava aun m\u00e1s cuando estas elites mafiosas y el poder caudillista coinciden en un punto: en su desprecio por los derechos y los principios democr\u00e1ticos que est\u00e1n suscritos y consagrados en la Constituci\u00f3n del 91. Mientras el Presidente quiere acabarla porque no permite su reelecci\u00f3n, a las nuevas elites mafiosas les molesta su talante garantista con las poblaciones que ellos han sometido y desplazado en su pelea por la tierra<sup>77<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">De esta manera, la democracia restringida alienta las formas mafiosas en la medida en que si, por un lado, amarra la legitimidad de determinados sectores a d\u00e1divas que incentiva el clientelismo, por el otro, para los sectores no comprometidos estimula igualmente pr\u00e1cticas de rebusque y corrupci\u00f3n como \u00fanica forma de supervivencia<sup>78<\/sup>. En ambas direcciones se estimula una cultura mafiosa que no respeta el Estado de derecho ni las reglas y procedimientos formales, tanto por el lado de quienes directamente se benefician como por el de quienes se ven desfavorecidos que simplemente van a pretender reemplazar a los privilegiados en las mismas pr\u00e1cticas. Al final, unos y otros terminan convalidando una misma cultura mafiosa.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Pero detr\u00e1s de esto hay un sujeto social pasivo sobre el que recae, indirectamente al comienzo y directamente al final, la responsabilidad de este proceso: la existencia de unas elites, en especial las regionales, que nunca estuvieron a la altura de su papel hist\u00f3rico, unas elites lumpezcas, parafraseando la categor\u00eda de Andr\u00e9 Gunder Frank de \u201clumpenburgues\u00eda\u201d que por su car\u00e1cter dependiente nunca logr\u00f3 consolidar un mercado y un sistema pol\u00edtico que garantizara un m\u00ednimo de desarrollo equitativo y un r\u00e9gimen, por lo menos liberal, que cumpliera con el precepto formal de iguales oportunidades para todos<sup>79<\/sup>. <\/span><span style=\"font-size: 12pt;\">Por el contrario, toda la estructura econ\u00f3mico-pol\u00edtica se concibi\u00f3 para ser usufructuada casi exclusivamente por ellas, sin permitir la m\u00e1s m\u00ednima movilidad social entre las clases lo que posibilit\u00f3 que el narcotr\u00e1fico se convirtiera para muchas capas de la poblaci\u00f3n en un medio de ascenso social que les permiti\u00f3 acceder a donde jam\u00e1s les hab\u00edan permitido llegar<sup>80<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Esa evidencia, aunque se quiera ocultar y no sea de buen recibo en las altas y medias esferas, porque a nivel popular se lo sabe y se lo defiende, incluso con la complicidad de muchos sectores acad\u00e9micos que incentivaron su invisibilidad y que con su silencio y desconocimiento voluntario terminaron convalidando toda esta problem\u00e1tica, ya es inocultable en la sociedad colombiana que, adem\u00e1s, no s\u00f3lo la tolera sino la justifica y la apoya indirectamente al aceptar sin recato ni escr\u00fapulos la corrupci\u00f3n que a nivel tanto del ejecutivo como del legislativo se sigue presentando<sup>81<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Desde hace a\u00f1os, en Colombia, se impuso la cultura de la mafia, que, entre otros defectos, estableci\u00f3 par\u00e1metros del mal gusto y paradigmas de comportamiento chabacano y ordinario, que muchos pobladores, en su alienaci\u00f3n, ven como virtudes. Nada raro es rendirle pleites\u00eda al que dispara (y no s\u00f3lo al aire), al que escucha en sus camionetas polarizadas m\u00fasica (?) a alto volumen. Al que con su cuatrimoto de vereda hace arrojar a un lado a los viandantes. Estamos llenos de arribistas y \u201ccarangas resucitadas\u201d. En el ejercicio de la pol\u00edtica (o politiquer\u00eda) valen m\u00e1s los corruptos. Son dignos de admiraci\u00f3n y respeto. Y de alguna condecoraci\u00f3n oficial o nombramiento diplom\u00e1tico. Mejor dicho, como en un tango, estos tiempos son un \u201cdespliegue de maldad insolente\u201d. \u00a1Cu\u00e1nto da\u00f1o nos ha hecho tal cultura! Penetr\u00f3 todos los estamentos sociales y casi se ha vuelto una \u201cpol\u00edtica p\u00fablica\u201d<sup>82<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">De ah\u00ed las honduras de este fen\u00f3meno en Colombia<sup>83<\/sup>. Tanto desde abajo, con formas tradicional-carism\u00e1ticas que la propiciaban, como desde arriba, con unas elites lumpezcas que jam\u00e1s lograron consolidar un proyecto nacional y una institucionalidad democr\u00e1ticas y fuertes, la cultura mafiosa ha tenido en Colombia un caldo de cultivo ideal para reproducirse<sup>84<\/sup>. De ah\u00ed que hasta las propias clases \u201caltas\u201d hayan ca\u00eddo en la tentaci\u00f3n de lo mafioso, como bien lo ha sabido ver un educador de primer orden:<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Maestros y directivos de colegios privados de estratos altos de diferentes ciudades del pa\u00eds comentan con preocupaci\u00f3n lo que viene ocurriendo en ese segmento privilegiado de la educaci\u00f3n\u2026 Una maestra con mucha experiencia me dec\u00eda que le sorprend\u00eda un proceso que ella llamaba \u201cla traquetizaci\u00f3n de los ricos\u201d, que se manifiesta en las actitudes agresivas y prepotentes de los estudiantes\u2026 Comportamientos de muy mal gusto fueron introducidos por los narcotraficantes\u2026 Compraron fincas, hicieron edificios espantosos, construyeron casas enormes, inventaron zool\u00f3gicos, fabricaron reinas y modelos\u2026. Con ingenuidad cre\u00ed que las segundas generaciones, educadas en los mejores colegios privados y en universidades extranjeras, terminar\u00edan por mimetizarse bajo el ropaje de modales y comportamientos sociales m\u00e1s refinados y decentes y se convertir\u00edan en un par de d\u00e9cadas en empresarios discretos. Pero ocurri\u00f3 lo inesperado: muchos ricos cuyos bienes eran incuestionables asumieron los comportamientos y gustos de los \u2018traquetos\u2019. La discreci\u00f3n con que las familias tradicionales hab\u00edan llevado su riqueza dio paso al exhibicionismo propio de los nuevos ricos. &#8230; Muchas adolescentes aspiran a su primera lipoescultura o a sus implantes de silicona, porque sus madres ya lo han hecho emulando la belleza que fabricaron las fortunas r\u00e1pidas en las muchachitas que, siendo las queridas de los narcos, aspiraban tambi\u00e9n a ser modelos o reinas. En algunos de estos colegios se hizo necesario organizar parqueaderos para las burbujas de los guardaespaldas de los alumnos que, al igual que sus padres, sienten que circular rodeados de personal armado es gran s\u00edmbolo de poder. Lo malo es que estos ni\u00f1os son las v\u00edctimas de unos patrones sociales perversos, sostenidos y profesados como normales por sus padres que, sin duda, detentan buenas cuotas de poder en la sociedad. Y, m\u00e1s tarde, pero mucho m\u00e1s pronto de lo que quisi\u00e9ramos, heredar\u00e1n esa tajada del ponqu\u00e9 repitiendo y agrandando su prepotencia y convirti\u00e9ndose en victimarios<sup>85<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Pero unas elites sin identidad, sin un mito de Estado-Naci\u00f3n fuerte, que desde siempre neg\u00f3 sus ra\u00edces ind\u00edgenas y afrodescendientes, que incluso negaba su piel y el color de su pelo y trataba de \u201cblanquearse\u201d por todos los medios cuando su origen no era \u201cpuro\u201d, siendo como somos todos mestizos hibridizados, no es de extra\u00f1ar pues que unas elites tan d\u00e9biles culturalmente, acomplejadas de s\u00ed mismas, sucumbieran f\u00e1cilmente a lo \u00fanico tangible que hab\u00edan aprendido a \u201ccultivar\u201d: el dinero f\u00e1cil, los bienes suntuarios, el lujo desmedido. De ah\u00ed que cayeran f\u00e1cilmente en la trampa de la cultura mafiosa que ellas mismas hab\u00edan propiciado con su usufructo y discriminaci\u00f3n descomedidos<sup>86<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La presencia de lo mafioso no solo en la realidad sino en el imaginario colombiano es de una contundencia inocultable. Sus pr\u00e1cticas cotidianas, sus referentes simb\u00f3licos, su imaginario social, su identidad nacional gravitan y se define desde la cultura mafiosa y el culto a lo mafioso que las grandes mayor\u00edas ya reivindican sin remordimientos. No es sino o\u00edr a las audiencias, en su lenguaje de intolerancia y discriminaci\u00f3n, defendiendo la exclusi\u00f3n de las minor\u00edas que no se atienen a sus par\u00e1metros de vida, alentando una violencia ciega contra aquellas mientras a s\u00ed mismas se autoproclaman, a la luz de los ejemplos carism\u00e1ticos, portadoras de la verdad de la \u201cpatria\u201d. Verdad mafiosa, por supuesto, del \u201ctodo vale\u201d por encima de cualquiera y de la misma institucionalidad.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">As\u00ed lo recoge Mar\u00eda Elvira Bonilla con justificado pesimismo:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El narcotr\u00e1fico sigue vivito y coleando, imparable fuerza econ\u00f3mica con su m\u00e1quina de lavar d\u00f3lares, que corrompe la pol\u00edtica, las instituciones del Estado y sus aparatos represivo y de justicia; intacto en su capacidad para prostituir toda expresi\u00f3n de cultura, impone la narcoest\u00e9tica en la moda, la arquitectura, la decoraci\u00f3n; construye los nuevos estereotipos, referencias e imaginarios sociales. Se instal\u00f3 definitivamente en el alma colombiana. Los mafiosos, hijos de la ilegalidad y su carga de antivalores, poco a poco dejan de ser objeto de censura o cuestionamiento. Se toleran silenciosamente, complacientemente como grandes consumidores de art\u00edculos de lujo. Amos y se\u00f1ores de los centros comerciales, restaurantes y la clase ejecutiva de los aviones comerciales. Camuflados\u2026 detr\u00e1s de anteojos oscuros, del brazo de mujeres envueltas en diminutas minifaldas, vulgaridad de escotes y descaderados. El capo como referencia de comportamiento social, con toda su rudeza y arbitrariedad, adem\u00e1s de gal\u00e1n de telenovela, es comprador de corazones de reinas, modelitos y chicas de far\u00e1ndula\u2026. Son los nuevos ricos de la \u00e9poca, la clase emergente a la que hac\u00eda referencia el presidente Julio C\u00e9sar Turbay hace ya 30 a\u00f1os, cuando vaticin\u00f3 que sus miembros ser\u00edan los nuevos protagonistas de la vida del pa\u00eds, hoy legitimados por la pantalla televisiva, dispensadora del \u00e9xito y la aceptaci\u00f3n social. La historia tr\u00e1gica del pa\u00eds, con sus muertos y su dolor, su desmoronamiento institucional, va camino a quedar enterrada y olvidada por la extravagancia y la vulgaridad de las tetas y las colas que estimulan cada noche a<\/span> <span style=\"font-size: 12pt;\">machos elementales, en la oscuridad de las alcobas tanto de los distinguidos como de los populares hogares de colombianos<sup>87.<\/sup><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">CONCLUSIONES<\/span><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El presente escrito busc\u00f3 explorar la relaci\u00f3n entre la cultura pol\u00edtica y la cultura mafiosa en Colombia, convencido de que el piso de la segunda se lo da la primera y que es, por tanto, imperativo evidenciar esos nexos. En esa direcci\u00f3n, como lo advertimos al inicio, quisimos en la primera parte explicitar los fundamentos epistemol\u00f3gicos que nos permiten plantear una caracterizaci\u00f3n de la cultura pol\u00edtica en Colombia para, a partir de sus categor\u00edas b\u00e1sicas y constitutivas, intentar en la segunda una interpretaci\u00f3n de la cultura mafiosa que de cuenta de la misma en Colombia y del estrecho nexo existente entre ambas dimensiones.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">B\u00e1sicamente, ayud\u00e1ndonos de fuentes period\u00edsticas que son las que han querido dar cuenta de la cotidianidad de la situaci\u00f3n, mostramos esa pir\u00e1mide de pr\u00e1cticas mafiosas que en Colombia ha terminado por consolidarse. Pir\u00e1mide que en los \u00faltimos a\u00f1os y a la sombra de un gobierno que estos sectores emergentes consideraron casi propio, se afianzo en el pa\u00eds socialmente (econ\u00f3micamente ya lo estaba) e inicio un proceso de colonizaci\u00f3n del Estado, a trav\u00e9s del poder legislativo y el ejecutivo, del que todav\u00eda est\u00e1 por investigarse acad\u00e9micamente su definitiva incidencia.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Las investigaciones judiciales de la parapol\u00edtica dan cuenta de la contaminaci\u00f3n alcanzada en los poderes regionales y en el legislativo pero a\u00fan no llegan plenamente a desentra\u00f1ar sus tent\u00e1culos a nivel ejecutivo, si bien todos los indicios (las interceptaciones ilegales a la Corte Suprema de Justicia y miembros de los partidos de oposici\u00f3n, entre otros, as\u00ed como los cr\u00edmenes de lesa humanidad de los militares mal llamados \u201cfalsos positivos\u201d contra la poblaci\u00f3n civil) permiten adivinar cual es la base de esa punta del iceberg que apenas estamos observando. Pero las proyecciones al d\u00eda de hoy (octubre de 2009) no pueden ser menos que pesimistas sobre el poder y la institucionalizaci\u00f3n de la mafia en Colombia.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Varias conclusiones pueden inferirse de esta reconstrucci\u00f3n. La cultura pol\u00edtica colombiana, en su base y sus pr\u00e1cticas cotidianas es en lo sustancial lo que se denomina s\u00fabdito-parroquial, fundada en sentimientos tradicionales y carism\u00e1ticos. Ese es el caldo de cultivo de pr\u00e1cticas mafiosas, catalizadas por la ausencia hist\u00f3rica de una institucionalidad fuerte, un mercado democratizado y un imaginario nacional proyectivo. Pr\u00e1cticas mafiosas que se expresan en la cultura del atajo y los reconocidos \u201cd\u00e9cimoprimero\u201d y \u201cd\u00e9cimosegundo mandamientos colombianos\u201d: \u201cNo dar papaya\u201d y \u201cA papaya dada, papaya partida\u201d. Esa es la evidencia cotidiana de una cultura mafiosa, tanto de los que la usufruct\u00faan como de quienes nos tenemos que defender de ello.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Sin duda, la muerte de Gal\u00e1n fue el triunfo de la mafia en Colombia, como punto de inflexi\u00f3n hist\u00f3rica. Lo narco se tom\u00f3 la regi\u00f3n, despu\u00e9s se tom\u00f3 los gobiernos locales, despu\u00e9s se uni\u00f3 al paramilitarismo en su lucha contra\u00a0 la guerrilla, despu\u00e9s coloniz\u00f3 el congreso y finalmente captur\u00f3 porciones del gobierno y, a trav\u00e9s del \u00e9l, del Estado en Colombia. Pero esa es una realidad frente a la cual, como el avestruz, hemos preferido hundir la cabeza para no ver lo que est\u00e1 sucediendo. Lo cierto es que el numero de funcionarios p\u00fablicos y parlamentarios investigados, judicializados y condenados es de por s\u00ed la punta del iceberg de un fen\u00f3meno cuya magnitud la sociedad colombiana no ha querido reconocer por complacencia, por complicidad o por miedo.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Adem\u00e1s, los tiempos en que el d\u00e9bil imaginario nacional gravitaba en torno a los triunfos de los ciclistas (los \u201cescarabajos\u201d nos dec\u00edan) o al caf\u00e9, o, en los setenta, al \u201cmacondo\u201d y el realismo m\u00e1gico de Garc\u00eda M\u00e1rquez han muerto. Desde hace 20 a\u00f1os el referente principal, en t\u00e9rminos de la conciencia de identidad que se mide en el cine, el arte, la narrativa, las telenovelas, la m\u00fasica (los \u201ccorrillos prohibidos\u201d, por ej.) pasa por la cultura mafiosa. Referente que las viejas generaciones todav\u00eda pod\u00edan ver cr\u00edticamente pero que para las nuevas se constituye en s\u00edmbolo de identificaci\u00f3n social, adoptando su hablado, su vestir, sus valores ostentosos, su desprecio a la diferencia y las minor\u00edas, su exaltaci\u00f3n de lo rural, de los caballos, de lo burdo, del irrespeto al Estado de derecho.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Finalmente habr\u00eda que recabar en la raz\u00f3n de que lo narco se venda en los medios. Son varias razones: primero, porque lo narco es el espejo de esta sociedad y uno tiene la necesidad de mirarse al espejo para reconocerse y para retocarse. Segundo, porqu\u00e9 hoy por hoy es uno de los referentes m\u00e1s emblem\u00e1ticos de nuestra nacionalidad: al colombiano promedio le gusta auto-percibirse como el \u201cduro\u201d, el que \u201ctodo lo puede\u201d, para el que \u201ctodo vale\u201d, es decir, como un mafioso. Y, tercero, porque a \u00bfqui\u00e9n no le gusta verse retratado en los medios?<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En esto la cultura del espect\u00e1culo no est\u00e1 midiendo responsablemente el rol social y simb\u00f3lico que est\u00e1 jugando, no como denunciante de esta realidad, sino, involuntariamente, como apologeta y catalizadora, en t\u00e9rminos de identidad nacional, de una identidad mafiosa del colombiano, hoy m\u00e1s que nunca apuntalada por la colonizaci\u00f3n mafiosa del gobierno y el Estado en Colombia.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">Notas<\/span><\/strong>:<\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">1.\u00a0Valencia, Le\u00f3n. \u201cEl \u2018narcd\u00e9co\u2019, inadvertida revoluci\u00f3n cultural\u201d, en: El Tiempo, mayo 3 de 2008, Secci\u00f3n Editorial. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">2. Jaramillo Uribe, Jaime. Algunos aspectos de la personalidad hist\u00f3rica de Colombia, en: La Personalidad Hist\u00f3rica de Colombia y otros ensayos, Bogot\u00e1, Biblioteca B\u00e1sica Colombiana, 1997, pp. 131-153; Martz, John. Elementos de la vida nacional, en: Colombia un Estudio de Pol\u00edtica Contempor\u00e1nea, Bogot\u00e1, Universidad Nacional de Colombia, 1969, pp. 13-24. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">3. Ver Henriquez Ure\u00f1a, P. Historia de la Cultura en Am\u00e9rica Hispana, M\u00e9xico, F.C.E., 1979 y Franco, Jean. La Cultura Moderna en Am\u00e9rica Latina, M\u00e9xico, Grijalbo, 1985. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">4. Ver Zea, Leopoldo. El Pensamiento Latinaoamericano, Barcelona, Ariel, 1976; Filosof\u00eda de la Historia Americana, M\u00e9xico, F.C.E., 1978. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">5. Ver igualmente, Guti\u00e9rrez Girardot, Rafael. La cultura de vi\u00f1eta, en: Varios, Manual de Historia de Colombia (T. III), Bogot\u00e1, Colcultura, 1980, pp. 447-536, y Jaramillo V\u00e9lez, Rub\u00e9n. Colombia: la Modernidad Postergada, Bogot\u00e1, Argumentos\/Temis, 1994, pp. 3-50. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">6. Ver Garc\u00eda Canclini, N\u00e9stor. Las Culturas Populares en el Capitalismo, M\u00e9xico, Nueva Im\u00e1gen, 1982, y Cultura y Sociedad en M\u00e9xico, M\u00e9xico, Sep\/Cultura, 1985. 7 Ver Frondizi, Risieri y Gracia, Jorge. El Hombre y los Valores en la Filosof\u00eda Latinoamericana del Siglo XX, M\u00e9xico, F.C.E., 1981.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">7. Ver Frondizi, Risieri y Gracia, Jorge. El Hombre y los Valores en la Filosof\u00eda Latinoamericana del Siglo XX, M\u00e9xico, F.C.E., 1981.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">8. Ver Fern\u00e1ndez Moreno, C\u00e9sar (Coord). Am\u00e9rica Latina en su Literatura, M\u00e9xico, Siglo XXI, 1972, y Bay\u00f3n, Dam\u00edan (Ed.). Am\u00e9rica Latina en sus Artes, M\u00e9xico, Siglo XXI, 1974. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">9. Ver Zea, Leopoldo. Am\u00e9rica Latina en sus Ideas, M\u00e9xico, Siglo XXI, 1986.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">10. Ver Dussel, Enrique. Historia de la Filosof\u00eda y Filosof\u00eda de la Liberaci\u00f3n, Bogot\u00e1, Nueva Am\u00e9rica, 1994; Cerutti, Horacio. Filosof\u00eda de la Liberaci\u00f3n Latinoamericana, M\u00e9xico, F.C.E., 1983 y Demenchonok, Eduardo. Filosof\u00eda Latinoamericana: Problemas y Tendencias, Bogot\u00e1, el B\u00faho, 1990. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">11. Mir\u00f3 Quesada, Francisco. Proyecto y Realizaci\u00f3n del Filosofar Latinoamericano, M\u00e9xico, F.C.E., 1981. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">12. Cassirer, Ernst. Antropolog\u00eda Filos\u00f3fica, M\u00e9xico, F.C.E., 1976 y El Mito del Estado, M\u00e9xico, F.C.E., 1974. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">13. Ric\u0153ur, Paul. Le Conflict des Interpretations, Paris, Du Seuil, 1969. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">14. Durand, Gilbert. L&rsquo;Imagination Symbolique, Paris, P.U.F., 1964.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">15 Gadamer, Hans Georg. Verdad y M\u00e9todo, Salamanca, S\u00edgueme, 1984.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">16 Ric\u0153ur, Paul. La Memoria, La Historia, el Olvido, Madrid, Trotta, 2003. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">17 Ver Blumenberg, Hans. Trabajo sobre el Mito, Barcelona, Paid\u00f3s, (1979) 2003, as\u00ed como Losev, A.F. Dial\u00e9ctica del Mito, Bogot\u00e1, Universidad Nacional de Colombia, 1998. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">18 Garc\u00eda Canclini, N\u00e9stor. Culturas H\u00edbridas, M\u00e9xico, Grijalbo, 1989. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">19 Habermas, J\u00fcrgen. Conocimiento e inter\u00e9s, en: Ciencia y T\u00e9cnica como Ideolog\u00eda, Madrid, T\u00e9cnos, 1984, pp. 159-181.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">20 Ric\u0153ur, Paul. Para una hermen\u00e9utica cr\u00edtica, en: Hermen\u00e9utica y Acci\u00f3n, Buenos Aires, Docencia, 1985, pp. 209-222. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">21 Zea, Leopoldo. Filosof\u00eda de la Historia Americana, M\u00e9xico, F.C.E., 1978. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">22 Guti\u00e9rrez Girardot, Rafael. La cultura de vi\u00f1eta, op. cit. pp. 447-536; Jaramillo V\u00e9lez, Rub\u00e9n. Colombia: la Modernidad Postergada, Bogot\u00e1, Argumentos\/Temis, 1994, pp. 3-50; Brunner, Jos\u00e9 Joaqu\u00edn. \u201cTradicionalismo y posmodernidad en la cultura latinoamericana\u201d, en: Herlinghaus, H. &amp; Walter, M. (Eds.), Posmodernidad en la Periferia, Berl\u00edn, Langer, 1994, pp. 48-82. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">23 Garc\u00eda Canclini, N\u00e9stor. Culturas H\u00edbridas, M\u00e9xico, Grijalbo, 1989. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">24 Ver Weber, Max. Ensayos sobre Metodolog\u00eda Sociol\u00f3gica, Buenos Aires, Amorrortu, 2001.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">25. Ver Serrano, Enrique. Legitimidad y dominaci\u00f3n, en: Legitimaci\u00f3n y Racionalizaci\u00f3n, Barcelona, Anthropos, 1994, pp. 39-52.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">26.Ver, al respecto, Habermas, J\u00fcrgen. Talcott Parsons: problemas de construcci\u00f3n de la teor\u00eda de la sociedad, en: Teor\u00eda de la Acci\u00f3n Comunicativa (Tomo II), Buenos Aires, Taurus, 1990, pp. 281-426.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">27.En general, para lo que se refiere a la Regi\u00f3n Andina, consultar: De Trazegnies, Fernando. El derecho civil como ingrediente de la modernidad, en: Postmodernidad y Derecho, Bogot\u00e1, T\u00e9mis, 1993.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">28.Ver Jameson, Fredric. El Postmodernismo o la L\u00f3gica Cultural del Capitalismo Avanzado, Barcelona, Paid\u00f3s, 1991; o, desde la otra orilla, Drucker, Peter. La Sociedad Poscapitalista, Bogot\u00e1, Norma, 1994.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">29. K\u00fcng, Hans. Teolog\u00eda para la Postmodernidad, Madrid, Alianza Editorial, 1989.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">30. Ver Garc\u00eda Canclini, N\u00e9stor. Culturas H\u00edbridas, M\u00e9xico, Grijalbo, 1989.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">31. Ver el estudio colectivo de Giddens, Beck, Luhmann, Bauman, en: Beriain, Josetxo (Comp.), Las Consecuencias Perversas de la Modernidad, Barcelona, Anthropos, 1996. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">32. Beriain, Josetxo. La noci\u00f3n de modernidades m\u00faltiple, en: Modernidades en Disputa, Barcelona, Anthropos, 2005, pp. 12-29. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">33. Ver Jay, Martin. Campos de Fuerza, Barcelona, Paid\u00f3s, 1993, p.43.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">34. Offe, Claus y Philippe Schmitter. \u201cLas paradojas y los dilemas de la democracia liberal\u201d, en Revista de Filosof\u00eda Pol\u00edtica, No. 6, Madrid, CSIC, 1995, pp. 5-30.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">35. Almond, Gabriel y S\u00eddney Verba. La cultura pol\u00edtica, en: Varios, Diez Textos B\u00e1sicos de Ciencia Pol\u00edtica, Barcelona, Ariel, 1992, pp. 171-202.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">36. Ib\u00edd., p. 173 y ss. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">37. Ib\u00edd., p. 173<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">38. Ib\u00edd., p. 179. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">39. Ib\u00edd., p. 180. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">40. Ver Anderson, Benedict. Comunidades Imaginadas, M\u00e9xico, FC.E., 1993.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">41. Urrego, Miguel \u00c1ngel. \u00ab\u00a0Mitos fundacionales y crisis del estado naci\u00f3n\u00a0\u00bb, en: La Crisis del Estado Nacional en Colombia, Morelia, Universidad Michoacana, 2004, pp. 101-132.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">42. Zea, Leopoldo. \u201cPuritanismo en la conciencia norteamericana\u201d, en: Am\u00e9rica en la Historia, Madrid, Revista de Occidente, 1970, pp. 181-208.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">43. Molano, Alfredo, \u00ab\u00a0Cultura mafiosa\u00a0\u00bb, en: El Espectador, marzo 28 de 2008, Secci\u00f3n editorial.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">44. Kalmanovitz, Salom\u00f3n. \u00ab\u00a0Postcripto. El inicio turbulento del siglo XXI\u00a0\u00bb, en: Econom\u00eda y Naci\u00f3n, Bogot\u00e1, Norma, 2003, pp. 571-592.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">45. Ver Duncan, Gustavo. \u201cLa escuela y la secuela de los paramilitares\u201d, en: Los Se\u00f1ores de la Guerra, Bogot\u00e1, Planeta, 2006, pp. 240-277.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">46. Medina, Carlos. \u201cEl Narco-paramilitarismo. L\u00f3gicas y Procesos en el Desarrollo de un Capitalismo Criminal\u201d, en: Capitalismo Criminal, Bogot\u00e1, Universidad Nacional de Colombia, 2008, pp. 103-142.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">47. Samper, Mar\u00eda Elvira, \u201cCambiar el \u201cchip\u201d, en: Revista Cambio, Bogot\u00e1, septiembre 17 de 2008.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">48. Contreras Joseph, \u201cEl candidato de los paras\u201d en El Se\u00f1or de las Sombras, Bogot\u00e1, Oveja Negra, 2002, pp. 111-150<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">49. Jaramillo, Rub\u00e9n. Colombia: la Modernidad Postergada, Bogot\u00e1, Temis, 1994, pp. 3-70.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">50. Palacios, Marco y Frank Safford. \u00ab\u00a0La violencia pol\u00edtica en la segunda mitad del siglo XX\u00a0\u00bb, en: Colombia, Pa\u00eds Fragmentado, Sociedad Dividida, Bogot\u00e1, Norma, 2002, pp. 629-678.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">51. L\u00f3pez de la Roche, Fabio. Izquierdas y Cultura Pol\u00edtica, Bogot\u00e1, Cinep, 1994, pp. 305-314.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">52 .Palacios, Marco. \u00ab\u00a0El (des)encuentro de los colombianos con el liberalismo\u00a0\u00bb, en: Par\u00e1bola del Liberalismo, Bogot\u00e1, Norma, 1999, pp. 143-236.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">53. Calvi, Fabrizio. El Misterio de la Mafia, Espa\u00f1a, Gedisa, 2004, pp. 59-77.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">54. Gayraud, Jean Francois. \u00ab\u00a0La expansi\u00f3n, el objetivo y las armas\u00a0\u00bb, en: El G-9 de las Mafias Organizadas, Espa\u00f1a, Tendencias, 2007, pp. 67-76, 247-263.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">55. Mosca, Gaetano. \u00bfQu\u00e9 es la Mafia?, M\u00e9xico, FCE, 2003.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">56. Molano, Alfredo, \u00ab\u00a0Cultura mafiosa\u00a0\u00bb, op. cit.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">57. Dickie, John. \u00ab\u00a0La mafia se establece en Estados Unidos (1900-1914)\u00a0\u00bb, en: Cosa Nostra: Historia de la Mafia Siciliana, Barcelona, Random House Mondadori, 2007, pp. 221-240.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">58. Burin, Philippe. Cultures Mafiueses: l&rsquo;Exemple Colombien, Paris, Stock, 1995.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">59. Gambetta, Diego. La Mafia Siciliana, M\u00e9xico, F.C.E., pp. 397-413. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">60. Yunis, Emilio. \u201cSobre la formaci\u00f3n de la mentalidad del colombiano\u201d, en: \u00bfPor qu\u00e9 somos as\u00ed?, Bogot\u00e1, T\u00e9mis, 2003, pp. 103-138. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">61. Ver Camacho, \u00c1lvaro. \u201cMesa redonda: perspectiva sobre el desarrollo econ\u00f3mico\u201d, en: Desarrollo Econ\u00f3mico y Social en Colombia, Bogot\u00e1, Editorial Unibiblos, 2001, pp.520-522.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">62. Kalmanovitz, Salom\u00f3n. Las instituciones Colombianas en el Siglo XX, Bogot\u00e1, Editorial Alfaomega, 2001, pp. 64-66. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">63. Duncan, Gustavo. \u201cLas redes mafiosas en las ciudades\u201d, en: Los Se\u00f1ores de la Guerra, Bogot\u00e1, Editorial Planeta, 2006, pp. 333-348. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">64. Restrepo, Gabriel. \u201cSobre la esfinge y el ladino\u201d, en: Varios, Arte y Cultura Democr\u00e1tica, Bogot\u00e1, Fundaci\u00f3n Lu\u00eds Carlos Gal\u00e1n, 1994, pp. 157-248. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">65. Jaramillo, Rub\u00e9n. \u201cSobre autoritarismo, docencia y el estado precario de la modernidad en Colombia\u201d, en: Problem\u00e1tica Actual de la Democracia, Bogot\u00e1, Ib\u00e1\u00f1ez, 2004, pp. 139-174. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">66. Garay, Luis Jorge, \u201cA los colombianos se nos corri\u00f3 la frontera moral\u201d, en: Revista Semana, Bogot\u00e1, marzo 31 de 2008. Consultado en http:\/\/www.semana.com\/nacion\/colombianoscorrio-frontera-moral\/110547-3.aspx el 31 de marzo de 2008. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">67. Emilio Yunis, \u201cSobre la formaci\u00f3n de la mentalidad del colombiano\u201d, en: \u00bfPor qu\u00e9 somos as\u00ed?, Bogot\u00e1, T\u00e9mis, 2003, pp. 103-138. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">68. P\u00e9caut, Daniel. \u201cCrisis y construcci\u00f3n de lo p\u00fablico\u201d, en: Violencia Pol\u00edtica en Colombia, Medell\u00edn, Hombre Nuevos, 2003, pp. 135-161. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">69. Palacios, Marco. \u201cViolencias\u201d, en: De Populistas, Mandarines y Violencias, Bogot\u00e1, Planeta, 2001, pp. 159-216. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">70. Ver L\u00f3pez, Andr\u00e9s. \u201cNacimiento del narcotr\u00e1fico y su m\u00e1ximo exponente: Pablo Escobar; Los Pepes; y Llora Andr\u00e9s\u201d, en: El Cartel de los Sapos, Bogot\u00e1, Planeta, 2008, pp. 7-26. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">71. Orjuela, Luis Javier. \u201cEstado, sociedad y r\u00e9gimen pol\u00edtico en Colombia\u201d, en: La Sociedad Colombiana en los A\u00f1os Noventa, Bogot\u00e1, Uniandes-Ceso, 2005, pp. 72-86. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">72. Leal Buitrago, Francisco. \u201cFormaci\u00f3n nacional y proyectos pol\u00edticos de la clase dominante en el siglo XIX\u201d, en: Estado y Pol\u00edtica en Colombia, M\u00e9xico, Siglo XXI, 1984, pp. 92-135. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">73. Urrego, Miguel \u00c1ngel. \u00ab\u00a0Un Estado nacional inconcluso y en crisis\u00a0\u00bb, en: La Crisis del Estado Nacional en Colombia, Morelia, Universidad Michoacana de Hidalgo, 2004, pp. 63-100.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">74. Palacios, Marco. \u00ab\u00a0Legitimidad elusiva\u00a0\u00bb, en: Entre la Legitimidad y la Violencia, Bogot\u00e1, Norma, 2003, pp. 237-288.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">75. Ver \u00ab\u00a04 billones pierde el pa\u00eds cada a\u00f1o por corrupci\u00f3n\u00a0\u00bb, en: Revista Cambio, Bogot\u00e1 D.C., octubre 1 al 7 de 2009.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">76. Kalmanovitz, Salom\u00f3n. Postcripto. El inicio turbulento del siglo XXI, op. cit., pp. 571-592.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">77. Duz\u00e1n, Mar\u00eda Jimena. \u201cLas lecciones de Obama\u201d, en: Revista Semana, Bogot\u00e1, noviembre 10 de 2008. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">78. Leal Buitrago, Francisco. \u201cEl sistema pol\u00edtico del clientelismo\u201d, en: Varios, Democracia y Sistema Pol\u00edtico, Bogot\u00e1, IEPRI, 2003, pp. 63-140. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">79. Gunder Frank, Andre. \u201cNeoimperialismo y neodependencia\u201d, en: Lumpenburguesia: Lumpendesarrollo, Santiago de Chile, AG.F., 1969, pp. 89-130.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">80. Estrada, Jairo. \u201cLas instituciones del modelo neoliberal\u201d, en: Construcci\u00f3n del Modelo Neoliberal en Colombia, Bogot\u00e1, Aura, 2004, pp. 141-202. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">81. Garay, Luis Jorge (Coord.), \u201cConstrucci\u00f3n de lo p\u00fablico y ciudadan\u00eda\u201d, en: Repensar a Colombia, Bogot\u00e1, PNUD, 2002, pp. 67-130. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">82. Spitaletta, Reinaldo, \u201cUna (In)cultura mafiosa\u201d, en: El Espectador, septiembre 23 de 2008. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">83. Estrada, Jairo. \u201cCapitalismo criminal: tendencias de acumulaci\u00f3n y estructuraci\u00f3n del r\u00e9gimen pol\u00edtico\u201d, en: Capitalismo Criminal, Bogot\u00e1, Universidad Nacional de Colombia, 2008, pp. 63-78. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">84. Pizarro Leong\u00f3mez, Eduardo. \u201cLa erosi\u00f3n progresiva del Estado, la econom\u00eda y el tejido social\u201d, en: Una Democracia Asediada, Bogot\u00e1, Norma, 2004, pp. 203-254. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">85. Cajiao, Francisco, \u201cLa traquetizaci\u00f3n de los ricos\u201d, en: El Tiempo, diciembre 9 de 2008. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">86. Guti\u00e9rrez Girardot, Rafael, La cultura de vi\u00f1eta, op. cit. pp. 447-452<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">87. Bonilla, Mar\u00eda Elvira, \u201cAlma mafiosa\u201d, en: El Espectador, octubre 5 de 2009.<\/span><\/p>\n<p><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/span><\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Almond, Gabriel y Sidney Verba. La cultura pol\u00edtica, en: Varios, Diez Textos B\u00e1sicos de Ciencia Pol\u00edtica, Ed. Ariel, Barcelona, 1992. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Anderson, Benedict. Comunidades Imaginadas. Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 1993. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Bay\u00f3n, Dam\u00edan (Ed.). Am\u00e9rica Latina en sus Artes, Ed. Siglo XXI, M\u00e9xico, 1974. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Beriain, Josetxo. Modernidades en Disputa, Ed. Anthropos, Barcelona, 2005. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Beriain, Josetxo (Comp.). Las Consecuencias Perversas de la Modernidad, Ed. Anthropos, Barcelona, 1996. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">\u201c4 billones pierde el pa\u00eds cada a\u00f1o por corrupci\u00f3n\u201d, en: Revista Cambio, octubre 1 al 7 de 2009, consultado en <a href=\"http:\/\/www.cambio.com.co\/portadacambio\/848\/%20ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-6245647.html\">http:\/\/www.cambio.com.co\/portadacambio\/848\/ ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-6245647.html<\/a>\u00a0 el 7 de octubre de 2009. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Blumenberg, Hans. Trabajo sobre el Mito, Ed. Paid\u00f3s, Barcelona, 2003. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Bonilla, Mar\u00eda Elvira, \u201cAlma mafiosa\u201d, en: El Espectador, octubre 4 de 2009, Consultado en http:\/\/www.elespectador.com\/columna164899-almamafiosa el 5 de octubre de 2009. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Brunner, Jos\u00e9 Joaqu\u00edn. \u201cTradicionalismo y posmodernidad en la cultura latinoamericana\u201d, en: Herlinghaus, H. &amp; Walter, M. (Eds.), Posmodernidad en la Periferia, Ed. Langer, Berl\u00edn, 1994. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Burin, Philippe. Cultures Mafiueses: l\u2019Exemple Colombien, Ed.Stock, Par\u00eds, 1995. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Cajiao, Francisco, \u201cLa traquetizaci\u00f3n de los ricos\u201d, en: El Tiempo, diciembre 8 de 2008, Consultado en <a href=\"http:\/\/www.eltiempo.com\/archivo\/documento\/%20CMS-4711651\">http:\/\/www.eltiempo.com\/archivo\/documento\/ CMS-4711651<\/a> el 9 de diciembre de 2008. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Calvi, Fabrizio. El Misterio de la Mafia, Ed. Gedisa, Madrid, 2004. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Camacho, \u00c1lvaro. \u201cMesa redonda: perspectiva sobre el desarrollo econ\u00f3mico\u201d, en: Desarrollo Econ\u00f3mico y Social en Colombia, Ed. Unibiblos, Bogot\u00e1, 2001. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Cassirer, Ernst. Antropolog\u00eda Filos\u00f3fica, Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 1976. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Cassirer, Ernst. El Mito del Estado, Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 1974. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Cerutti, Horacio. Filosof\u00eda de la Liberaci\u00f3n Latinoamericana, Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 1983. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Contreras, Joseph. \u201cEl candidato de los paras\u201d, en: El Se\u00f1or de las Sombras, Ed. Oveja Negra, Bogot\u00e1, 2002. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Demenchonok, Eduardo. Filosof\u00eda Latinoamericana: Problemas y Tendencias, Ed. el B\u00faho, Bogot\u00e1, 1990. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">De Trazegnies, Fernando. \u201cEl derecho civil como ingrediente de la modernidad\u201d, en: Postmodernidad y Derecho, Ed. T\u00e9mis, Bogot\u00e1, 1993. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Dickie, John. \u201cLa mafia se establece en Estados Unidos (1900-1914)\u201d, en: Cosa Nostra: Historia de la Mafia Siciliana, Ed. Random House Mondadori, Barcelona, 2007. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Drucker, Peter. La Sociedad Poscapitalista, Ed. Norma, Bogot\u00e1, 1994. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Duncan, Gustavo. \u201cLas redes mafiosas en las ciudades\u201d, en: Los Se\u00f1ores de la Guerra, Ed. Planeta, Bogot\u00e1, 2006. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Duncan, Gustavo. \u201cLa escuela y la secuela de los paramilitares\u201d, en: Los Se\u00f1ores de la Guerra, Ed. Planeta, Bogot\u00e1, 2006. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Durand, Gilbert. L\u2019Imagination Symbolique, Ed. P.U.F. Par\u00eds, 1964. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Dussel, Enrique. Historia de la Filosof\u00eda y Filosof\u00eda de la Liberaci\u00f3n, Ed. Nueva Am\u00e9rica, Bogot\u00e1, 1994. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Duz\u00e1n, Mar\u00eda Jimena, \u201cLas lecciones de Obama\u201d, en: Revista Semana, noviembre 8 de 2008, consultadoen <a href=\"http:\/\/www.semana.com\/opinion\/leccionesobama\/117516-3.aspx\">http:\/\/www.semana.com\/opinion\/leccionesobama\/117516-3.aspx<\/a> el\u00a0 10 de noviembre de 2008. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Estrada, Jairo (comp.). Capitalismo criminal: tendencias de acumulaci\u00f3n y estructuraci\u00f3n del r\u00e9gimen pol\u00edtico, Bogot\u00e1, Universidad Nacional de Colombia, 2008. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Estrada, Jairo. \u201cLas instituciones del modelo neoliberal\u201d, en: Construcci\u00f3n del Modelo Neoliberal en Colombia, Ed. Aura, Bogot\u00e1, 2004. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Fern\u00e1ndez Moreno, C\u00e9sar (Coord.). Am\u00e9rica Latina en su Literatura, Ed. Siglo XXI, M\u00e9xico, 1972. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Franco, Jean. La Cultura Moderna en Am\u00e9rica Latina, Ed. Grijalbo, M\u00e9xico, 1985. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Frondizi, Risieri y Jorge Gracia. El Hombre y los Valores en la Filosof\u00eda Latinoamericana del Siglo XX, Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 1981. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Gadamer, Hans Georg. Verdad y M\u00e9todo, Ed. S\u00edgueme, Salamanca, 1984. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Garay, Luis Jorge, \u201cA los colombianos se nos corri\u00f3 la frontera moral\u201d, en: Revista Semana, marzo 29 de 2008, consultado\u00a0en<a href=\"http:\/\/www.semana.com\/nacion\/colombianos-corrio-frontera-moral\/110547-3.aspx\"> http:\/\/www.semana.com\/ nacion\/colombianos-corrio-frontera-moral\/110547-3.aspx<\/a> el\u00a0 31 de marzo de 2008. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Garay, Luis Jorge (Coord.), \u201cConstrucci\u00f3n de lo p\u00fablico y ciudadan\u00eda\u201d, en: Repensar a Colombia, Ed. PNUD, Bogot\u00e1, 2002. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Garc\u00eda Canclini, N\u00e9stor. Culturas H\u00edbridas, Ed. Grijalbo, M\u00e9xico, 1989. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Garc\u00eda Canclini, N\u00e9stor. Cultura y Sociedad en M\u00e9xico, Ed. Sep\/Cultura, M\u00e9xico, 1985. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Garc\u00eda Canclini, N\u00e9stor. Las Culturas Populares en el Capitalismo, Ed. Nueva Imagen, M\u00e9xico, 1982. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Gambetta, Diego. La Mafia Siciliana, Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 2005. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Gayraud, Jean Francois. \u201cLa expansi\u00f3n, el objetivo y las armas\u201d, en: El G-9 de las Mafias Organizadas, Tendencias Editoras, Espa\u00f1a, 2007. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Gunder Frank, Andre. \u201cNeoimperialismo y neodependencia\u201d, en: Lumpenburguesia: Lumpendesarrollo, Ediciones A.G.F., Santiago de Chile, 1969. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Guti\u00e9rrez Girardot, Rafael. \u201cLa cultura de vi\u00f1eta en Varios\u201d, Manual de Historia de Colombia (T. III), Ed. Colcultura, Bogot\u00e1, 1980. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Habermas, J\u00fcrgen. Conocimiento e inter\u00e9s en Ciencia y T\u00e9cnica como Ideolog\u00eda, Ed. T\u00e9cnos, Madrid, 1984. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Habermas, J\u00fcrgen. Talcott Parsons: problemas de construcci\u00f3n de la teor\u00eda de la sociedad en Teor\u00eda de la Acci\u00f3n Comunicativa (Tomo II), Ed. Taurus, Buenos Aires, 1990. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Henriquez Ure\u00f1a, P. Historia de la Cultura en Am\u00e9rica Hispana, Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 1979. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Jameson, Fredric. El Postmodernismo o la L\u00f3gica Cultural del Capitalismo Avanzado, Ed. Paid\u00f3s, Barcelona, 1991. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Jaramillo, Rub\u00e9n. Colombia: la Modernidad Postergada, Ed. Temis, Bogot\u00e1, 1994. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Jaramillo, Rub\u00e9n. \u201cSobre autoritarismo, docencia y el estado precario de la modernidad en Colombia\u201d, en: Problem\u00e1tica Actual de la Democracia, Ed. Ediciones Ib\u00e1\u00f1ez, Bogot\u00e1, 2004. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Jaramillo Uribe, Jaime. \u201cAlgunos aspectos de la personalidad hist\u00f3rica de Colombia\u201d, en: La Personalidad Hist\u00f3rica de Colombia y otros ensayos, Ed. Biblioteca B\u00e1sica Colombiana, Bogot\u00e1, 1997. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Jaramillo V\u00e9lez, Rub\u00e9n. Colombia: la Modernidad Postergada, Ed. Temis, Bogot\u00e1, Argumentos, 1994. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Jay, Martin. Campos de Fuerza, Ed. Paid\u00f3s, Barcelona, 1993. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Kalmanovitz, Salom\u00f3n. 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Norma, Bogot\u00e1, 2003. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Palacios, Marco. \u201cViolencias\u201d, en: De Populistas, Mandarines y Violencias, Editorial Planeta, Bogot\u00e1, 2001. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Palacios, Marco y Frank Safford. \u201cLa violencia pol\u00edtica en la segunda mitad del siglo XX\u201d, en: Colombia, Pa\u00eds Fragmentado, Sociedad Dividida, Ed. Norma, Bogot\u00e1, 2002. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Pecault, Daniel. \u201cCrisis y construcci\u00f3n de lo p\u00fablico\u201d, en: Violencia Pol\u00edtica en Colombia, Hombre Nuevos Editores, Medell\u00edn, 2003. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Pizarro Leong\u00f3mez, Eduardo. \u201cLa erosi\u00f3n progresiva del Estado, la econom\u00eda y el tejido social\u201d, en: Una Democracia Asediada, Ed. Norma, Bogot\u00e1, 2004. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Restrepo, Gabriel. \u201cSobre la esfinge y el ladino\u201d, en: Collazos, Oscar. Arte y Cultura Democr\u00e1tica, Fundaci\u00f3n Lu\u00eds Carlos Gal\u00e1n, Bogot\u00e1, 1994. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Ric\u0153ur, Paul. La Memoria, La Historia, el Olvido, Ed. Trotta, Madrid, 2003. Ric\u0153ur, Paul. Le Conflit des Interpr\u00e9tations, Ed. Du Seuil, Paris, 1969. Ric\u0153ur, Paul. Hermen\u00e9utica y Acci\u00f3n, Ed. Docencia, Buenos Aires, 1985. Samper, Mar\u00eda Elvira, \u201cCambiar el \u2018chip\u2019\u201d, en: Revista Cambio, septiembre 17 de 2008. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Serrano, Enrique. Legitimidad y dominaci\u00f3n, en: Legitimaci\u00f3n y Racionalizaci\u00f3n, Ed. Anthropos, Barcelona, 1994. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Spitaletta, Reinaldo, \u201cUna (In)cultura mafiosa\u201d, en: El Espectador, septiembre 22 de 2008, consultado en <a href=\"http:\/\/www.elespectador.com\/opinion\/%20columnistasdelimpreso\/reinaldo-spitaletta\/columna-una-in-cultura-mafiosa\">http:\/\/www.elespectador.com\/opinion\/ columnistasdelimpreso\/reinaldo-spitaletta\/columna-una-in-cultura-mafiosa<\/a> el 23 de septiembre de 2008. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Urrego, Miguel \u00c1ngel. La Crisis del Estado Nacional en Colombia, Ed. Universidad Michoacana de Hidalgo, Morelia, 2004. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Weber, Max. Ensayos sobre Metodolog\u00eda Sociol\u00f3gica, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 2001. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Yunis, Emilio. \u201cSobre la formaci\u00f3n de la mentalidad del colombiano\u201d, en: \u00bfPor qu\u00e9 somos as\u00ed?, Ed. T\u00e9mis, Bogot\u00e1, 2003. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Zea, Leopoldo. Am\u00e9rica Latina en sus Ideas, Ed. Siglo XXI, M\u00e9xico, 1986. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Zea, Leopoldo. El Pensamiento Latinoamericano, Ed. Ariel, Barcelona, 1976. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Zea, Leopoldo. Filosof\u00eda de la Historia Americana, Ed. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 1978. <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 12pt;\">Zea, Leopoldo. \u201cPuritanismo en la conciencia norteamericana en Am\u00e9rica en la Historia\u201d, en: Revista de Occidente, Madrid, 1970.<\/span><\/p>\n<p><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">Oscar Mej\u00eda Quintana<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">Editado por <a href=\"http:\/\/www.lapluma.net\/nosotros\/editora\/\">Mar\u00eda Piedad Ossaba<\/a><\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">Fuente: <a href=\"https:\/\/revistas.unal.edu.co\/index.php\/peju\/article\/view\/36710\/39499\">Pensamiento Jur\u00eddico<\/a>, Universidad Nacional de Colombia <\/span><\/strong>(<span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>Sede Bogot\u00e1). Facultad de Derecho, Ciencias Pol\u00edticas y Sociales<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>Pensam. jurid., N\u00famero 30, p. 15-62, enero 2011. ISSN electr\u00f3nico 2357-6170. ISSN impreso 0122-1108, revistas.unal.co<\/strong><\/span><\/p>\n<p><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">\u00a0<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-family: verdana; font-size: small;\">\u00a0<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estamos llenos de arribistas y \u201ccarangas resucitadas\u201d. En el ejercicio de la pol\u00edtica (o politiquer\u00eda) valen m\u00e1s los corruptos.<\/p>\n","protected":false},"author":398,"featured_media":6873,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[216,17],"tags":[3574,3581,3582],"coauthors":[3593],"class_list":["post-6868","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-colombia","category-educacion","tag-cultura-mafiosa","tag-cultura-politica-colombiana","tag-elites-y-estado-mafioso"],"translation":{"provider":"WPGlobus","version":"2.12.2","language":"fr","enabled_languages":["es","fr"],"languages":{"es":{"title":true,"content":true,"excerpt":true},"fr":{"title":false,"content":false,"excerpt":false}}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6868","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/users\/398"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6868"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6868\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6876,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6868\/revisions\/6876"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6873"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6868"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6868"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6868"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=6868"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}