{"id":64109,"date":"2024-03-20T16:21:52","date_gmt":"2024-03-20T16:21:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lapluma.net\/?p=64109"},"modified":"2024-03-20T17:58:15","modified_gmt":"2024-03-20T17:58:15","slug":"64109","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/2024\/03\/20\/64109\/","title":{"rendered":"Manuel Mej\u00eda Vallejo y los nada\u00edstas"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-64113 aligncenter\" src=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Logo-Universo-Centro-300x64.png\" alt=\"\" width=\"605\" height=\"129\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Logo-Universo-Centro-300x64.png 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Logo-Universo-Centro.png 720w\" sizes=\"auto, (max-width: 605px) 100vw, 605px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Desde el comienzo de nuestra irrupci\u00f3n en Medell\u00edn, los nada\u00edstas mantuvimos con Manuel Mej\u00eda Vallejo una amistad llena de reticencias. A veces lindaba con la camarader\u00eda, y a veces con el atentado personal y la vileza. Ahora cuando me dispongo a hablar sobre su persona y su obra hallo en m\u00ed un mont\u00f3n de sentimientos encontrados. Cavilo si centrarme en lo que nos un\u00eda o enfatizar en lo que nos apartaba. Fue un buen amigo de quien nos alejaron muchas cosas. Su entendimiento de lo que debe ser la literatura no compaginaba con lo que nosotros pens\u00e1bamos. Sus \u00eddolos literarios eran Tom\u00e1s Carrasquilla, entre los colombianos, y Eduardo Mallea entre los latinoamericanos. Nuestros maestros eran Rimbaud, Lautremont y Henry Miller y en la literatura nacional apreci\u00e1bamos a Le\u00f3n de Greiff y a Fernando Gonz\u00e1lez y a los integrantes del grupo de Mito, incluido el a\u00fan desconocido Garc\u00eda M\u00e1rquez. Para ajustar, valga la infidencia, Manuel Mej\u00eda y yo nos vimos envueltos en una historia de amor que me hizo sufrir como un condenado, cuando sedujo a mi novia de los quince a\u00f1os, que me abandon\u00f3 obnubilada por su prestigio, su labia de culebrero y su corbata de gal\u00e1n. La comprendo. Yo ten\u00eda dos camisas. Una puesta y otra en un plat\u00f3n con detergente esper\u00e1ndome en alg\u00fan hotelito proletario. Y hab\u00eda empe\u00f1ado mi \u00fanica corbata, la de la primera comuni\u00f3n, por una cerveza. A m\u00ed mis padres no me soportaban. Los suyos estaban muy orgullosos de su muchacho con raz\u00f3n: acababa de ganar un concurso de cuento en El Salvador. Un buen comienzo. Porque despu\u00e9s gan\u00f3 premios en todas partes: en Cali y Manizales e intermedias, para acceder m\u00e1s tarde al Nadal y al R\u00f3mulo Gallegos.<\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-64116 aligncenter\" src=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/manuel-263x300.jpg\" alt=\"\" width=\"465\" height=\"530\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/manuel-263x300.jpg 263w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/manuel.jpg 560w\" sizes=\"auto, (max-width: 465px) 100vw, 465px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">A Manuel lo atra\u00edan las muchachas bonitas, y sobre todo tiernas cuando ya no se cocinaba en dos aguas, m\u00e1s que las mujeres hechas y derechas aunque fueran bellas. Tal vez la afici\u00f3n a las n\u00ednfulas revelara una secreta inseguridad. Un miedo al amor adulto.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Manuel Mej\u00eda era un hombre querible, ten\u00eda eso que los antiguos llamaron bonhom\u00eda. Nosotros lo admir\u00e1bamos por su vida privada que algunos divulgaron, llena de singularidades en una ciudad pragm\u00e1tica que trataba de cogerle el ritmo al siglo con retraso. Dec\u00edan que pintaba al carboncillo con talento, que practicaba el moldeado en barro, que inventaba juguetes artesanales, lo cual hablaba de su candor pero al mismo tiempo de unas cualidades humanas que nos seduc\u00edan, las de la sensibilidad para las actividades in\u00fatiles, porque los hac\u00eda por gusto, sin las intenciones torticeras del comerciante, y ni siquiera para jugar con sus invenciones porque siempre estaba ocupado escribiendo, o bebiendo. O seduciendo las novias de los amigos. M\u00e1s tarde supe que se preocupaba por las t\u00e9cnicas de la impresi\u00f3n de libros. Y que escribi\u00f3 una carta a la casa Heidelberg con una propuesta para mejorar sus prensas famosas en el mundo.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Aunque est\u00e1bamos lejos de sus ideales est\u00e9ticos y su estilo obediente a preceptivas que nosotros hab\u00edamos venido a desprestigiar, Mej\u00eda Vallejo fue un habitual de nuestras tertulias primerizas, uno de esos contertulios que sin pertenecer de coraz\u00f3n al movimiento, ni adherir a sus propuestas renovadoras, lo ve\u00edan con curiosidad y simpat\u00eda. Hab\u00eda otros, pero nos parec\u00edan intratables, como Jorge Robledo Ortiz, poeta de la raza, y como Jorge Montoya Toro, un filisteo que escrib\u00eda sonetos a Jesucristo y a las imp\u00fadicas rosas. Mej\u00eda estaba m\u00e1s pr\u00f3ximo a nosotros aunque su escritura no concordara con las crisis de un mundo que asist\u00eda a las circunvoluciones de los primeros sat\u00e9lites artificiales, con una perra dentro, un mono, o una se\u00f1ora rusa. Y al asco de una nueva guerra, la de Vietnam, que algunos contaban como el primer estallido de una tercera conflagraci\u00f3n mundial hecha de conflictos focalizados.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Su escritura ol\u00eda a bo\u00f1iga y a sa\u00facos en un mundo que se urbanizaba y al que comenzaban a atosigar los vahos de la gasolina. Pero de cualquier modo no era rimbombante como casi todos los poetas del entorno pobr\u00edsimo. Era la primera persona de la sant\u00edsima trinidad literaria de la antioque\u00f1idad. Las otras fueron Carlos Castro Saavedra, un poeta de corte nerudiano dado a las depresiones que cantaba a los carpinteros, y Oscar Hern\u00e1ndez, otro magro disc\u00edpulo de Neruda aunque mezclara a esa influenza la ternura de C\u00e9sar Vallejo, y la tristeza que puso de moda el peruano envenenado en Par\u00eds con la solanina de las papas del mercado de los pobres. Los tres se acercaron a nuestra capilla desabrida, surgida en plan de escandalizar la aldea donde el arzobispo importaba m\u00e1s que el alcalde porque hab\u00eda arrendado al diablo. Castro pronto dej\u00f3 de tratarnos enemistado con Gonzalo Arango por la nimiedad de un ep\u00edteto cari\u00f1oso. Hern\u00e1ndez deb\u00eda trabajar para sostener una familia. Y jam\u00e1s entendi\u00f3 que mantuvi\u00e9ramos una discreta distancia, saludable adem\u00e1s como despu\u00e9s se vio, con la izquierda colombiana, m\u00e1s hecha de sentimientos beatos que de ideas, y de pasi\u00f3n que de marxismo.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-64117 aligncenter\" src=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Eduardo-Escobar-Escritos-en-Contravia-201x300.png\" alt=\"\" width=\"416\" height=\"621\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Eduardo-Escobar-Escritos-en-Contravia-201x300.png 201w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Eduardo-Escobar-Escritos-en-Contravia.png 650w\" sizes=\"auto, (max-width: 416px) 100vw, 416px\" \/><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La prosa de Mej\u00eda Vallejo era clara, tranquila. M\u00e1s pr\u00f3xima a la verdad de la vida para nuestro criterio, as\u00ed nos resultara sospechosa por ordenada y racional, y aunque sus relatos estuvieron plagados de di\u00e1logos sentenciosos y descripciones convencionales fuera de tono para quienes pretend\u00edamos ser absolutamente modernos seg\u00fan el mandato de Rimbaud. Nosotros am\u00e1bamos lo descabellado. Nos parec\u00eda que la misma sintaxis y hasta la ortograf\u00eda eran c\u00e1rceles que justificaban el orden establecido. Y los temas agrestes de sus primeras prosas, <em>La tierra \u00e9ramos nosotros y Tiempo de sequ\u00eda,<\/em> nos sonaban anacr\u00f3nicos a pesar de la sobriedad. \u00c9l se aferraba a la nostalgia del pasado. Nosotros est\u00e1bamos pendientes de un futuro que tem\u00edamos y aferrados al presente existencialista, a la inmediatez de la experiencia. El pensaba que un relato, as\u00ed nos dijo una vez puesto en el plan magistral que en ocasiones adopt\u00f3 al hablarnos con el aire de superioridad del escritor laureado, deb\u00eda comenzar por una panor\u00e1mica del ambiente, y seguir con la presentaci\u00f3n de los personajes, antes de ponerlos en acci\u00f3n. Esas ingenuidades de una preceptiva retr\u00f3grada no nos impidieron quererlo. Para nosotros las novelas y los cuentos pod\u00edan principiar por donde a uno le diera la gana, y carecer de pies y cabeza, y ni siquiera eran necesarias, sino indeseables, las supercher\u00edas aristot\u00e9licas del conflicto, la trama, la peripecia y la anagn\u00f3risis. Pero lo aceptamos distinto como era, vestido de pa\u00f1o, camisa de cuello y corbata, y con la costumbre de visitar al peluquero cada s\u00e1bado para que le puliera las patillas. Nosotros nos dej\u00e1bamos crecer el pelo como los piratas que nos sent\u00edamos, vest\u00edamos bluyines, camisas de colores, mocasines, medias de rombos. A \u00e9l le gustaba hacer el elogio de Asturias, y R\u00f3mulo Gallegos, y estaba decidido a continuar la tradici\u00f3n de Tom\u00e1s Carrasquilla. Nosotros prefer\u00edamos a Joyce, a Becket, a Buttor y a los objetalistas franceses, en cuyas obras no pasaba a veces nada distinto del viento de las hojas al volverlas. Y desconfi\u00e1bamos de los apologistas de lo aut\u00f3ctono. De los nost\u00e1lgicos de los padres indios y los abuelos criollos empobrecidos por las guerras civiles. De los dolores del campesino que hablaba con los p\u00e1jaros de sus amores y llevaba una barbera en el carriel por si se ve\u00eda obligado a cobrar una ofensa de borrachos. El color local nos espantaba, nos declaramos los servidores de una nueva barbarie dispuesta a arrasar los falsos valores de Occidente. Am\u00edlcar empezaba a circular entre nosotros los libros de Nietzsche. A Manuel Mej\u00eda la filosof\u00eda le era indiferente, no ten\u00eda problemas metaf\u00edsicos m\u00e1s all\u00e1 de los caf\u00e9s con leche con bu\u00f1uelo fr\u00edo que com\u00eda con mi exnovia en la Helader\u00eda Donald. Y jam\u00e1s lo vi interesado en nuestras discusiones, las propias de unos muchachos educados en el catolicismo que acababan de descubrir a Bertrand Russell y el existencialismo y a Nicola Abbagnano en los breviarios del Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">A veces lo ve\u00edamos salir de matin\u00e9 despu\u00e9s de ver alguna pel\u00edcula norteamericana de vaqueros que quiz\u00e1s le ayudaba a redondear sus f\u00e1bulas de duelos de matones. Una obra suya se llam\u00f3 <em>El d\u00eda se\u00f1alado<\/em> como una pel\u00edcula norteamericana famosa. Lo cual puede no ser casualidad. Y escribi\u00f3 un cuento que titul\u00f3, <em>La venganza<\/em>, como bien hubiera podido nombrarse un <em>western<\/em> espagueti de Clint Eastwood. A nosotros nos intrigaban m\u00e1s las pel\u00edculas de tesis, el cine de una lentitud infernal de Bergman, el neorrealismo italiano, los dramas pataf\u00edsicos de la nueva ola francesa con sus romances entre seres atrabiliarios y despistados, y sus parlamentos en el lenguaje del retorcido humanismo sartreano, perfectos para calificar el tedio de vivir, el sentimiento del absurdo y la irrefutable inutilidad de todo. Para Manuel Mej\u00eda todo eso no pasaba de ser un capricho de ni\u00f1os burgueses, una impostura que no val\u00eda la pena tomar en serio.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-64128 aligncenter\" src=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Eduardo-Escobar-las-rosas-de-Damasco-227x300.jpg\" alt=\"\" width=\"384\" height=\"507\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Eduardo-Escobar-las-rosas-de-Damasco-227x300.jpg 227w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Eduardo-Escobar-las-rosas-de-Damasco.jpg 725w\" sizes=\"auto, (max-width: 384px) 100vw, 384px\" \/><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">No encaj\u00e1bamos por completo a pesar de los esfuerzos por querernos. Manuel Mej\u00eda naci\u00f3 en 1923, el d\u00eda del idioma espa\u00f1ol: el mayor de los nada\u00edstas hab\u00eda nacido en 1931 bajo el signo de Capricornio que lo hizo sombr\u00edo y proclive a inventarse fracasos. Mej\u00eda Vallejo disfrutaba los bambucos olorosos a toronjil, los despechos de carrilera y los tangos matreros a la hora de sus tragos. Los nada\u00edstas para nuestros festines de mala fama recurr\u00edamos al jazz estridente de New Orleans, a Duke Ellington, a las canciones canallescas de la Piaff y Juliette Grecco. Nos gustaban los tangos, pues eran el folclor urbano de la ciudad industrial de Colombia, pero los escuch\u00e1bamos de distinto modo.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Los padres de los nada\u00edstas eran todos peque\u00f1os funcionarios o comerciantes al menudeo. Con la excepci\u00f3n de Gonzalo Arango, llegado de Andes, y de Am\u00edlcar Osorio, que lleg\u00f3 desde Jeric\u00f3, los dem\u00e1s crecimos junto a las f\u00e1bricas, en medio de los buses urbanos que reemplazaron los <em>trolleys<\/em> y los tranv\u00edas. Tal vez en esta circunstancia radicaron las desavenencias con el autor de <em>La casa de las dos palmas<\/em>. Nosotros hab\u00edamos conocido de o\u00eddas la Violencia. Manuel Mej\u00eda sab\u00eda mejor de las brutalidades de las guerras entre liberales y conservadores. Pero el peor desacuerdo entre nosotros fue causado por la devoci\u00f3n que \u00e9l guardaba por Tom\u00e1s Carrasquilla, un escritor que consider\u00e1bamos injustamente un autor fallido, un costumbrista, el maestro de un estilo marchito.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Algunos entre nosotros empez\u00e1bamos a interesarnos en las ciencias de los pulsares y las estrellas enanas que se derriten sobre s\u00ed mismas, en el comportamiento secreto de los \u00e1tomos, imbuidos en la siniestra amenaza del peligro nuclear que fue la espada de Damocles sobre nuestras cabezas despeinadas. Manuel Mej\u00eda contra las metaf\u00edsicas que estas preocupaciones suscitaban en nosotros albergaba una sola certeza m\u00edstica: que exist\u00eda una ley de la compensaci\u00f3n, semejante al karma, que los nada\u00edstas comenzamos a debatir a partir de la lectura de los textos del budismo, a los que llegamos empujados por los poetas beat, fan\u00e1ticos del dharma. O camino. No hab\u00eda demasiadas contradicciones interiores en Manuel Mej\u00eda. Era un hombre simple como unas tijeras. Y formaba parte del orden parroquial como un adorno. Nosotros \u00e9ramos la imagen del desconcierto y la desconfianza. Ahora que lo pienso, si seguimos siendo amigos a pesar de todo fue por el sentido del humor que compart\u00edamos. Por la capacidad para re\u00edrnos. Aunque \u00e9l solo les aplicara el cauterio de la risa a los dem\u00e1s. Mientras los nada\u00edstas pod\u00edamos re\u00edrnos de nosotros mismos con perfecta impudicia. \u00c9l se tomaba en serio su vida y su trabajo de escritor. Nosotros \u00e9ramos m\u00e1s irresponsables y est\u00e1bamos m\u00e1s confundidos. \u00c9l era un escritor del establecimiento. Nosotros est\u00e1bamos situados al margen. Recuerdo que al principio me impresion\u00f3 un rasgo de personalidad muy escaso entre los c\u00edrculos de los escritores: jam\u00e1s hablaba mal de los ausentes, aunque despu\u00e9s aprendi\u00f3. Pero en general nunca lo vi comprometerse, ni hablar de la pol\u00edtica del d\u00eda, por ejemplo, que es algo que les gusta tanto a los escritores modernos. Era cauto.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Manuel Mej\u00eda fue un detractor injusto del nada\u00edsmo cuando estaba de malas pulgas. Sobre todo le gustaba vapulear al pobre gonzaloarango por lo que dec\u00eda y lo que dejaba de decir. En ocasiones Mej\u00eda se pasaba de cr\u00edtico acerbo con nosotros. Una vez, \u00e9l hab\u00eda envejecido, y yo me hab\u00eda casado y separado, y vuelto a casar por aquellas cosas del eterno retorno y el miedo de la soledad, ley\u00f3 un poema que buscaba, a trav\u00e9s de unas cucarachas, celebrar la m\u00fasica humana y la t\u00e9cnica moderna. Y me dijo sonriendo con iron\u00eda campechana. \u201cEscribirle poemas a las cucarachas es una bobada, hombre\u201d. Y me mir\u00f3 como quien piensa sin raz\u00f3n que las cucarachas solo necesitan insecticidas y no poemas con reminiscencias de Vivaldi y Sch\u00f6nberg y con pormenores sobre la fabricaci\u00f3n de los transistores. No quise decirle que las cucarachas ten\u00edan tanto derecho a ser po\u00e9ticas como los alel\u00edes. Y que hab\u00eda descubierto en un viaje de LSD que son \u00e1ngeles camuflados. Y un portento biol\u00f3gico. No hubiera comprendido.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero al mismo tiempo Manuel Mej\u00eda fue muy generoso con los poetas del nada\u00edsmo que comenzaron a transitar por la carrera Jun\u00edn en los a\u00f1os sesentas y que lo ve\u00edan salir de las pel\u00edculas de la vespertina con sus eternos cartapacios bajo el brazo en busca de un caf\u00e9 tranquilo donde corregir sus obras. No solo participaba en nuestras tertulias con su ingenio c\u00e1ndido, sus recuerdos de la madre Laura con la que guardaba un parecido f\u00edsico, sus memorias de aventurero por Centroam\u00e9rica y su colecci\u00f3n de refranes y d\u00e9cimas y coplas aprendidos con los peones de las fincas donde creci\u00f3. A veces fue magn\u00e1nimo con nosotros de un modo que ahora me permite sospechar de su insinceridad cuando nos quiso y cuando nos desde\u00f1\u00f3. Eso no importa. Es preciso honrar la justicia. Cuando lo nombraron director de la imprenta municipal de Medell\u00edn public\u00f3 all\u00ed el primer libro de Gonzalo Arango, <em>HK 111<\/em> y <em>Nada bajo el cielorraso<\/em>, dos obras de teatro que le permitieron al capit\u00e1n del nada\u00edsmo el sentimiento inenarrable de saborear la gloria de sostener en sus manos su primer libro publicado.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-64129 aligncenter\" src=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/nada-bajo-el-cielo-raso-y-hk-111-300x300.png\" alt=\"\" width=\"432\" height=\"432\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/nada-bajo-el-cielo-raso-y-hk-111-300x300.png 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/nada-bajo-el-cielo-raso-y-hk-111-150x150.png 150w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/nada-bajo-el-cielo-raso-y-hk-111-768x768.png 768w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/nada-bajo-el-cielo-raso-y-hk-111.png 870w\" sizes=\"auto, (max-width: 432px) 100vw, 432px\" \/><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>HK 111<\/em> alcanz\u00f3 el honor de las tablas bajo la direcci\u00f3n de Fausto Cabrera, un activista espa\u00f1ol que despu\u00e9s fue guerrillero mao\u00edsta y acab\u00f3 en la China, un ecl\u00e9ctico que recitaba un d\u00eda <em>Claveles rojos<\/em> o <em>La casada infiel<\/em> y cosas de mayor enjundia de Garc\u00eda Lorca y al otro montaba una broma de Ionesco. Ignoro si lleg\u00f3 a entenderse con <em>Poeta en Nueva York<\/em>, el \u00fanico Lorca soportable para los nada\u00edstas. La obra cont\u00f3 con la actuaci\u00f3n de Santiago Garc\u00eda y M\u00f3nica Silva su mujer entonces. Los tres hab\u00edan fundado el Teatro Experimental El B\u00faho para la divulgaci\u00f3n de las obras de la vanguardia, con la pretensi\u00f3n de fundar un grupo estable que ayudara a la creaci\u00f3n de un teatro nacional moderno que superara las comedias pol\u00edticofolcl\u00f3ricas de Campitos, y las obras del rancio teatro espa\u00f1ol de Jacinto Benavente y Alejandro Casona, autores predilectos de los grupos de aficionados de Colombia antes de que se pudiera hablar de profesionales de las tablas.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>HK 111<\/em> fue puesta en escena en el teatro \u00d3pera de Medell\u00edn despu\u00e9s de una temporada en Bogot\u00e1 y caus\u00f3 estupor en la parroquia. Una escenograf\u00eda escueta con seis varillas simulaba la cabina de un avi\u00f3n, el protagonista amenazaba en el cl\u00edmax de la obra con orinarse en el escenario. Escatolog\u00eda pueril pero inusual para el lugar y los tiempos. Gonzalo Arango les ten\u00eda p\u00e1nico a los aviones. Y pensaba que eran el m\u00e1s terror\u00edfico de los inventos humanos junto con la jeringa hipod\u00e9rmica.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Yo hice el rid\u00edculo al llevar a la gala en aquel calor estival un abrigo ingl\u00e9s de pa\u00f1o que pesaba como el Big Ben y hac\u00eda los efectos de un sauna, propiedad de mi padre que lo hab\u00eda recibido de Laureano G\u00f3mez por interpuesta persona, un primo suyo postizo, un hombre notable durante la presidencia del Monstruo, y que sigui\u00f3 si\u00e9ndolo durante la dictablanda de Rojas Pinilla.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Cuando dediqu\u00e9 a mi padre \u201cEl anticuario\u201d, un poema que pretende reunir (como nadie lo ha notado lo anoto) las ideas afines a las noci\u00f3n de decadencia, Manuel Mej\u00eda me hizo un elogio matizado de sorna: si tu poema de las cucarachas me parece una nadaistada, el que le dedicaste a tu padre deber\u00eda formar parte de la antolog\u00eda de la poes\u00eda colombiana siempre. Se dosificaba. Entre el vituperio y la alabanza. Esa noche celebramos mi poema en la casa de una de mis hermanas. Fue la \u00fanica vez que lo vi borracho. Siempre fue de un aguante ol\u00edmpico. Ya se encaminaba a la bancarrota. Y acab\u00f3 cuan largo era, bocarriba, en la mesa de centro ba\u00f1ado en ron Caldas.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Yo lo quise desde que lo conoc\u00ed. Y \u00e9l tambi\u00e9n me quer\u00eda y hasta admiraba al osado adolescente que yo era cuando comenzamos a tratarnos como vecinos en el barrio Los \u00c1ngeles. Yo era un adolescente con una mala fama merecid\u00edsima. Y con la suerte bendecida por una enorme capacidad para la indiferencia, resignado a vegetar sin rencor ni esperanza, sin prop\u00f3sitos, vac\u00edo por dentro, sin tu\u00e9tanos. La falta de pudor me permite reconocer que tambi\u00e9n me adornaba un cierto \u00e9xito entre las muchachas m\u00e1s bellas de la ciudad de mercaderes con vocaci\u00f3n industrial, a pesar de mis camisas de pobre, mis zapatos rotos y la melena salvaje que extra\u00f1aba el champ\u00fa. Creo que las muchachas se me acercaban seducidas por mi fama de poeta precoz m\u00e1s que por mi cara de \u00e1ngel despe\u00f1ado. Llevadas por alg\u00fan impulso tan\u00e1tico. Porque fui magn\u00edfico como amante a la hora de hacerlas sufrir.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Manuel Mej\u00eda me hizo muy desgraciado cuando se qued\u00f3 con el amorcito de mis primeras experiencias reales de amor, y al fin me arrebat\u00f3 a la sujeta de mis primeros afectos, valido de su aire de Pedro Armend\u00e1riz y de su propensi\u00f3n a ganar concursos de literatura. M\u00e1s tarde, para compensarme, se convirti\u00f3 en mi primer editor. Pues cuando lo echaron de la imprenta oficial por imprimir las obras de teatro del inventor del nada\u00edsmo fund\u00f3 con Oscar Hern\u00e1ndez una editorial que llamaron Papel Sobrante, pues la alimentaban con los desechos de las prensas de los peri\u00f3dicos municipales donde Oscar Hern\u00e1ndez hac\u00eda de todero. Uno de los primeros libros de la empresa fue mi libro Invenci\u00f3n de la uva. Los otros fueron los cuentos primerizos de Dar\u00edo Ruiz G\u00f3mez y de Oscar Collazos.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Medell\u00edn aquellos a\u00f1os viv\u00eda el sopor saludable del Frente Nacional despu\u00e9s las atrocidades de la violencia que prolong\u00f3 las guerras religiosas del siglo XIX. Hern\u00e1ndez, Mej\u00eda Vallejo y Castro Saavedra eran los autores prominentes en la aldea de un mill\u00f3n escaso de habitantes. No hab\u00eda dicho que Oscar Hern\u00e1ndez escrib\u00eda poemas al pan, al trigo y a las amadas, y que fue un mont\u00f3n de cosas, boxeador, futbolista, vendedor ambulante y empresario de una f\u00e1brica de refrescos; que Manuel Mej\u00eda hab\u00eda viajado por Centroam\u00e9rica siguiendo los pasos de Porfirio Barba Jacob, y que Carlos Castro pavoneaba los elogios que le hizo Pablo Neruda a su poes\u00eda cuando estuvo en Chile. Neruda comenzaba a descollar con su obra desigual y profusa, y por el brillo de su glotoner\u00eda verbal, llevado de la mano de los comunistas. Y un espaldarazo suyo era consagratorio. En la casa de poes\u00eda Silva de Bogot\u00e1 hay una fotograf\u00eda conmovedora de un Castro Saavedra, la cara triste y menuda, y con un sombrero hiperb\u00f3lico que le queda como una casa, junto a Le\u00f3n de Greiff que a su lado parece un ogro vikingo con su belfo, la boina y el traje de pa\u00f1o desgalichado de siempre. Sus amigos sol\u00edan preguntarle d\u00f3nde mandaba a arrugar los vestidos.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Manuel Mej\u00eda Vallejo fue el narrador m\u00e1s reputado de Colombia hasta la aparici\u00f3n de <em>Cien a\u00f1os de soledad<\/em>. Yo creo que resinti\u00f3 su publicaci\u00f3n como un desorden inesperado en su honra. Los escritores suelen tener egos frondosos. <em>Cien a\u00f1os de soledad<\/em> confundi\u00f3 la literatura colombiana con sus excesos. De modo que muchos novelistas colombianos apelaron a los recursos del realismo m\u00e1gico en una mimesis c\u00f3mica y servil, y otros, para corregir el rumbo, apelaron al grotesco, a la recuperaci\u00f3n de sus recuerdos familiares o a la novela hist\u00f3rica ideologizada. En el desconcierto prob\u00f3 la novela urbana. Y como hab\u00eda abandonado las tem\u00e1ticas campesinas, invent\u00f3 a Baland\u00fa, que se insinu\u00f3 en sus escritos t\u00edmidamente hasta alcanzar la apoteosis en <em>La casa de las dos palmas<\/em>, que intenta contar una saga familiar como el piedracielista de Aracataca.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Mej\u00eda hizo alguna menci\u00f3n literaria de mi deslustrada persona. Quiz\u00e1s para acallar la mala conciencia del depredador sexual. En <em>La sombra de tu paso<\/em>, donde la novia que me gan\u00f3 se llama Claudia, expresa sus celos. Y le pregunta. \u00bfLo amaste? Y ella. A qui\u00e9n. Y \u00e9l le dice: a Eduardo. Y dice que yo entonces me parec\u00eda a Jesucristo\u2026 cuando lo aporreaban. No s\u00e9 qu\u00e9 quer\u00eda decir con eso de mi barba y mis gre\u00f1as de cobre. Y sin mi novia en aquella Jun\u00edn donde los nada\u00edstas gastamos la adolescencia en el descubrimiento del amor y la poes\u00eda a contramano, cometiendo peque\u00f1os delitos viles, fumando marihuana, emborrach\u00e1ndonos y tragando a pu\u00f1adas barbit\u00faricos de la casa Lilly. Desde ni\u00f1o so\u00f1\u00e9 ser escritor. Pero nunca se me pas\u00f3 por la cabeza que pod\u00eda ser un personaje de novela.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Los que no vivieron aquellos d\u00edas en esa aldea en las faldas de los Andes nunca alcanzar\u00e1n a imaginar c\u00f3mo era entonces la ciudad que fund\u00f3 don Miguel de Aguinaga. Soy un sentimental. No me importa. Medell\u00edn es para m\u00ed la de antes de la Avenida Oriental que cometi\u00f3 el sacrilegio de comerse la casa de Dora Echavarr\u00eda, la suegra de Manuel Mej\u00eda, la abuela de sus hijos, que lo adoraba. Y sent\u00ed mucho el d\u00eda cuando tumbaron el Hotel Europa que era como un Kremlin en chiquito. Al Medell\u00edn de mis recuerdos le luc\u00eda ese edificio con c\u00fapulas negras, como le sigue luciendo un palacio egipcio en la calle Miranda o una portada con leones de bronce en la casa de un magnate en el barrio Laureles. En el lugar que dej\u00f3 el Hotel Europa levantaron la Torre Coltejer, que no sabe a nada, empinando el hocico hacia el cielo empobrecido, aguja ciega, para hacer una met\u00e1fora de sastre. Otros la consideran la marca del comienzo de la decadencia de la familia Echavarr\u00eda, como Babel confundi\u00f3 las lenguas de los israelitas para castigar su arrogancia.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La tragedia del empresariado antioque\u00f1o burgu\u00e9s fue su aniquilaci\u00f3n por el proletariado chino en la guerra comercial del mundo. En la bendita globalizaci\u00f3n galopante los disc\u00edpulos de Mao condujeron a la bancarrota a la ilustre familia paisa, admirada y vilipendiada, que llev\u00f3 a Medell\u00edn a trancazos de tren hasta Puerto Berr\u00edo y de all\u00ed a lomo de mula los primeros telares mec\u00e1nicos. Fernando Gonz\u00e1lez dijo que Medell\u00edn era bueno cuando los Echavarr\u00edas estaban chiquitos. Desconfiaba de los retumbos del progreso. Como todos los metaf\u00edsicos que saben que es imposible conectarse por tel\u00e9fono con lo esencial.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La calle Jun\u00edn era un hervidero de chismes. <em>La sombra de tu paso<\/em>, <em>Y el mundo sigue andando<\/em> est\u00e1n hechos de eso. De murmuraciones. Cuando Manuel Mej\u00eda intent\u00f3 liberarse de los helechos de <em>La tierra \u00e9ramos nosotros<\/em>, los muchachos de entonces estren\u00e1bamos el desali\u00f1o de los existencialistas franceses que superara el dandismo de gomina de la generaci\u00f3n de los cocacolos y sus propias corbatas ya pasando de moda, en una ciudad donde todo el mundo a\u00fan saludaba a los polic\u00edas secretos por sus nombres. Y por sus apodos a los borrachos del Parque de Bol\u00edvar, de alcohol antis\u00e9ptico y pasante de grillo. Mej\u00eda Vallejo y sus amigos, Hern\u00e1ndez y Castro Saavedra, adecentaron el uso del parque. Se reun\u00edan por las noches con sus libros bajo los balsos del de Bol\u00edvar frente a la helader\u00eda San Francisco. Los hombres de bien solo lo usaban cuando iban a embolarse los zapatos. Y los domingos de la retreta.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Manuel Mej\u00eda estaba reci\u00e9n llegado de Centroam\u00e9rica y gozaba de un tibio prestigio por sus cuentos agrestes de gallera, haciendas, venganzas de hermanos y parricidas incapaces del sacrilegio. De cuentos de campesinos que m\u00e1s tarde cambi\u00f3 por cuchilleros de barriada en <em>Aire de Tango<\/em>. En<em> Y el mundo sigue andando<\/em> se estrena de Joyce andino pero no le lucen los experimentos y los retru\u00e9canos se le atoran. Aunque no lo quisiera era sin remedio un representante del machismo latinoamericano en la vertiente andina de la literatura colombiana.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Todo era c\u00e1ndido, liviano y feliz en la calle Jun\u00edn que transitaba Manuel Mej\u00eda Vallejo, tanto que lo \u00fanico posible era que a alguien se le ocurriera inventar el nada\u00edsmo con su sentido tr\u00e1gico y sus amarguras impostadas que despu\u00e9s se tornaron en amarguras y podredumbres aut\u00e9nticas. Mej\u00eda acab\u00f3 por apartarse de nosotros del todo cuando apareci\u00f3 la marihuana en las fiestas. Y comenz\u00f3 a crear su propio entorno de amigos con Dar\u00edo Ruiz, Oscar Jaramillo, Elkin Restrepo, Oscar Collazos y Fernando Gonz\u00e1lez hijo. Y recuerdo que despu\u00e9s del primer manifiesto publicamos un volante supuestamente patrocinado por una inexistente f\u00e1brica de papitas Juan XXIII. Y recuerdo, pero puede ser un falso recuerdo, que a Mej\u00eda Vallejo, que se hab\u00eda regocijado por nuestra irrupci\u00f3n podrida en el para\u00edso de popelina, no le gust\u00f3 el fingido patrocinio. Era un anticlerical respetuoso. No estoy seguro de que no creyera en el diablo. Recorri\u00f3 los caminos de Barba Jacob por Centroam\u00e9rica y escribi\u00f3 un libro sin mucha gracia dedicado al vate de Santa Rosa. Pero la marihuana remota de Barba no era un peligro como la nuestra para \u00e9l.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">A m\u00ed, digo, para comenzar a terminar, m\u00e1s que su ecuanimidad y sus virtudes evidentes me impresionaron en \u00e9l sobre todo los rones triples de la madurez que se echaba en ayunas en su casa de la calle Per\u00fa, cuando comenz\u00f3 a deteriorarse y a dudar de su grandeza, despu\u00e9s de la aparici\u00f3n apote\u00f3sica de <em>Cien a\u00f1os de soledad<\/em>. Como casi todos los escritores colombianos experiment\u00f3 un cimbronazo con ese libro monstruoso que devolvi\u00f3 la novela moderna a sus or\u00edgenes. Las pretensiones de Manuel Mej\u00eda de convertirse en el continuador de la l\u00ednea narrativa de Tom\u00e1s Carrasquilla con un toque de Jos\u00e9 Eustasio Rivera se volvieron obsoletas.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Del nada\u00edsmo se han dicho muchas cosas. Pero bien pudo ser solo una reacci\u00f3n necesaria del alma del mundo en nosotros, en una isla feliz llena de muchachas en flor donde comenzaban a o\u00edrse los primeros rocanroles, a ponerse de moda el cubalibre, en un pa\u00eds convulsionado, corrompido y violento, que se hab\u00eda dado una tregua relativa con el Frente Nacional. Algunos le achacan al Frente Nacional nuestras desgracias actuales. No fue tan malo. El pa\u00eds creci\u00f3 en la realidad y en las estad\u00edsticas. Recuerdo que en mis tiempos el acceso a la universidad era un privilegio. El Frente Nacional comenz\u00f3 a democratizar la educaci\u00f3n. Y la salud. El pa\u00eds mejor\u00f3. Y el nada\u00edsmo fue un s\u00edntoma positivo de los tiempos que comenzaban y de sus crisis. La gente comenz\u00f3 a decir otras cosas en las tertulias de los nada\u00edstas en las cafeter\u00edas de nombres ingenuos como Bambi y Donald. A pensar otras cosas. A nosotros nos toc\u00f3 empatar los \u00faltimos totes del diablo parroquial con el estruendo de los cohetes interestelares. Recuerdo el repeluzno que experiment\u00e9 cuando los peri\u00f3dicos trajeron la noticia de que los rusos hab\u00edan puesto a dar vueltas a una perra en los espacios exteriores a la biosfera. Yo era un exseminarista que no terminaba de solucionar sus problemas con Dios. Y sent\u00ed que se me encrespaba el pelo de la cabeza y los remanentes de la cresta vertebral del anfibio.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Gonzalo Arango que ten\u00eda su toque maligno a pesar de su fama de santo, y ten\u00eda una vieja deuda por cobrar, en una carta me escribi\u00f3, despu\u00e9s de una noche de tragos que Manuel Mej\u00eda gast\u00f3 en llenar de reproches al pobre profeta de la nueva oscuridad: \u201c\u2026de los hombres espero lo peor; sobre todo de los intelectuales, de los literatos. Son de otra raza. Soy una raza opuesta: y t\u00fa, Ed, eres mi mejor alma, mi espejo m\u00e1s transparente. En ti reflejo lo poco que puede ser salvado en m\u00ed, no como escritor, sino como ser vivo\u2026 La agresi\u00f3n del Premio Nadal\u2026 contra el nada\u00edsmo en general\u2026 es un fruto tard\u00edo de su rec\u00f3ndita amargura. Recuerda la noche en el homenaje a Evtuschenko. Somos tan ajenos a sus dioses y a lo que escribe. No me extra\u00f1a: \u00e9l fracas\u00f3 en sus aspiraciones a Maestro de la juventud. Nuestra generaci\u00f3n no lo soport\u00f3, era la flor y nata de la Bondad. Como me dijo una vez Fernando Gonz\u00e1lez, \u2018nunca podr\u00e1 ser un artista, goza de excelente salud\u2019. Podr\u00e1 escribir cien novelas, ganar el Premio Nobel, ser laureado o fuera de concurso en los juegos florales de Manizales, pero nunca osar\u00e1 una locura respetable. Tendr\u00e1 siempre miedo de invertir la l\u00f3gica, de afirmar que DOS M\u00c1S DOS SON EL PRINCIPIO DE LA MUERTE (no recuerdo si esta frase es de Dostoievski o la acabo de inventar, pero vale)\u2026 Eso es \u00e9l, un linotipo que trabaja, que piensa; una ca\u00f1a pensante pero sin la angustia de Pascal. A Manuel Mej\u00eda le tengo afecto precisamente porque est\u00e1 fuera del ring, es campirano, gallero, nost\u00e1lgico de burdelito de Jeric\u00f3 donde perdi\u00f3 su virginidad por un soneto, amigo \u00edntimo del bobo del pueblo, etc. Porque labora sus novelitas como un herrero, y de tanto hacer y rehacer de pronto salta una chispita en su desierto mental, pero no por culpa de su genio, sino de tanto soplar en la forja. Realmente es un buen hombre, aunque literatoso como escritor. \u00c9l defiende su parcela de la plaga nada\u00edsta y es su derecho. \u00c9l sabe que su herencia no tiene porvenir en nuestra generaci\u00f3n, que ser\u00e1 olvidado antes de ser. No puede perdonar que su posteridad est\u00e9 integrada por una pandilla de bastardos como nosotros, desalmados para esas cosas que \u00e9l fabrica, pura cacharrer\u00eda est\u00e9tica para consumo de amas de casa, para entretener una digesti\u00f3n, un desvelo, un idilio parroquial de ventana. \u00c9l nos rega\u00f1a paternalmente y quiere convertirnos a su \u2018seriedad\u2019, reformados en su provecho, en provecho de la literatura bonita, l\u00f3gica, moral y graciosamente filistea en la que trabaj\u00f3 como un minero\u2026 Hay que reconocer que lo hace honestamente, que no da m\u00e1s, que no tiene de d\u00f3nde sacar m\u00e1s. A los 45 a\u00f1os no se puede tomar chocolate en familia impunemente, ni rezar el rosario, ni tocar tiple en reuniones de sociedad intelectual\u2026 Eso tara, da un car\u00e1cter. Su literatura resulta inexorablemente chocolatera, conservadora, de meada en la cama despu\u00e9s que la mam\u00e1 reparte bendiciones. Novelas con susurro de tiple y olor de yerbabuena. Qu\u00e9 esperanza\u2026 Tu y yo lo comprendemos, por eso lo admiramos. Porque es un pobre sufridor de sentimientos; porque se apost\u00f3 todo a la literatura y no dej\u00f3 nada para re\u00edrse de s\u00ed mismo. Por eso est\u00e1 jodido, y yo lo estimo suficiente para no tenerle piedad\u2026 Olvidemos pues sus ofensas; en ellas se consuela, le dan una vaga raz\u00f3n de ser\u2026 Permit\u00e1mosle que tenga raz\u00f3n, que nos injurie y nos abomine si eso lo desahoga. A los nada\u00edstas no nos disminuye su parroquial grandeza. Apliqu\u00e9mosle los santos \u00f3leos y que sea inmortal. \u00c9l vive para la gloria literaria\u201d.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-64112 aligncenter\" src=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/manuel2-240x300.jpg\" alt=\"\" width=\"413\" height=\"516\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/manuel2-240x300.jpg 240w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/manuel2.jpg 560w\" sizes=\"auto, (max-width: 413px) 100vw, 413px\" \/><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La carta resume bien nuestra relaci\u00f3n, pero Gonzalo extrae un corolario, y nos invita a estar vigilantes, a no dormirnos sobre nuestros pobres laureles de adormidera, a estar conscientes de nuestros l\u00edmites, y sobre todo, a la lucidez de no consentir la literatura como el fin de la vida. Y pido perd\u00f3n por la extensi\u00f3n de la cita y por la crueldad que emana, unida a una inmensa ternura por el amigo lejano, pero amigo a pesar de todo.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Manuel Mej\u00eda fue sobre todo un poeta apreciable, un gran poeta, puesto que fue capaz de escribir esta d\u00e9cima:<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Llov\u00edan cielos nublados <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\">por las selvas del Choc\u00f3;<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\">llov\u00eda tanto, que yo<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\">tuve los ojos mojados.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\">En esos tiempos llorados <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\">nunca de llanto se hablaba<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\">aunque la pena sobraba<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\">con tan h\u00famedo rigor,<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\">que no sab\u00eda el amor <\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\">si llov\u00eda o si lloraba.<\/span><\/p>\n<p class=\"txtContenido\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Eso me basta para querer a Manuel a pesar de lo que encontramos en \u00e9l reprensible desde nuestra orilla del mundo, y nuestra orilla del tiempo<\/span><\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\">Eduardo Escobar<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\">Ilustraciones Tob\u00edas Arboleda<\/span><\/h2>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Fuente: <a href=\"https:\/\/www.universocentro.com\/NUMERO112\/Manuel-Mejia-Vallejo-y-los-nadaistas.aspx\">Universo Centro <\/a><span class=\"a_NroPeriodicoInt\">N\u00famero 112, diciembre 2019<\/span><\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"font-size: 14pt;\">Editado por <\/span><a href=\"https:\/\/www.lapluma.net\/nosotros\/editora\/\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Mar\u00eda Piedad Ossaba<\/span><\/a><\/h2>\n<h5><span style=\"font-size: 14pt;\">Lea en La Pluma:<\/span><\/h5>\n<h5 class=\"entry-title\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><a href=\"https:\/\/www.lapluma.net\/2024\/03\/20\/64119\/\" rel=\"bookmark\">Buen viaje Eduardito<\/a><\/span><\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La carta resume bien nuestra relaci\u00f3n, pero Gonzalo extrae un corolario, y nos invita a estar vigilantes, a no dormirnos sobre nuestros pobres laureles de adormidera, a estar conscientes de nuestros l\u00edmites, y sobre todo, a la lucidez de no consentir la literatura como el fin de la vida.<\/p>\n","protected":false},"author":1421,"featured_media":64115,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[8,19],"tags":[26004,26003,26006,25999,16012,26002,26005,25998,3447,26000,26001],"coauthors":[25997],"class_list":["post-64109","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-culture","category-literatura","tag-alberto-escobar-angel","tag-amilcar-osorio","tag-dario-lemos","tag-eduardo-escobar","tag-gonzalo-arango","tag-hk-111","tag-humberto-navarro-lince","tag-manuel-mejia-vallejo","tag-medellin","tag-nadaistas","tag-tobias-arboleda"],"translation":{"provider":"WPGlobus","version":"2.12.2","language":"fr","enabled_languages":["es","fr"],"languages":{"es":{"title":true,"content":true,"excerpt":true},"fr":{"title":false,"content":false,"excerpt":false}}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/64109","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1421"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=64109"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/64109\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":64140,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/64109\/revisions\/64140"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media\/64115"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=64109"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=64109"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=64109"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=64109"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}