{"id":377,"date":"2018-09-06T05:13:03","date_gmt":"2018-09-06T05:13:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lapluma.net\/?p=377"},"modified":"2018-10-03T16:20:30","modified_gmt":"2018-10-03T16:20:30","slug":"literatura-en-voz-alta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/2018\/09\/06\/literatura-en-voz-alta\/","title":{"rendered":"Literatura en voz alta"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-1162 alignleft\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/reinaldo-spitalettaBis.jpg\" alt=\"\" width=\"58\" height=\"70\" \/>En <em>Nadie encend\u00eda las l\u00e1mparas<\/em>, un cuento de Felisberto Hern\u00e1ndez, un hombre lee en voz alta una narraci\u00f3n en la que hay \u201cuna mujer que todos los d\u00edas iba a un puente con la esperanza de poder suicidarse\u201d, pero siempre surg\u00eda un obst\u00e1culo que la hac\u00eda desistir. En el relato del escritor y pianista uruguayo, un autor que, como lo dijera \u00cdtalo Calvino, no se parece a nadie, se recupera la remota memoria de cuando en veladas familiares y de amigos se le\u00edan libros, con muchos escuchas y un lector gu\u00eda.<\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"http:\/\/www.es.lapluma.net\/images\/stories\/celap\/literatura.jpg\" alt=\"literatura\" width=\"575\" height=\"270\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Con mi compa\u00f1era, alias la Mona, colonizamos desde hace a\u00f1os la cocina y el comedor para hacer lecturas en voz alta, m\u00e1s que todo en las ma\u00f1anas, quiz\u00e1 como una forma muy poco ortodoxa de abrir el apetito matinal, y, claro, m\u00e1s que nada para sentir las infinitas m\u00fasicas y descifrar \u2014o al menos, intentarlo\u2014 los misterios de la literatura. No recuerdo cu\u00e1l fue el primer libro que se nos convirti\u00f3 en una suerte de embrujo para tal funci\u00f3n. Porque, es una obviedad, no todos los cuentos y novelas son aptos para dicho ejercicio. Todav\u00eda no lo hemos hecho, por ejemplo, con <em>Ulises<\/em>, de Joyce, aunque alguna vez lo intentamos con el mon\u00f3logo de Molly, ni con las novelas de William Faulkner y Virginia Woolf.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En cambio, ya nos bebimos, de modo metaf\u00f3rico, hasta los venenos de los que se habla en <em>El conde de Montecristo<\/em>, y nos convertimos en espectadores de nuestro propio montaje con <em>Macbeth<\/em> (que pudiera tambi\u00e9n ser una obra con distintos niveles de horror); <em>Ricardo III<\/em>; <em>Otelo<\/em>, <em>Hamlet<\/em>, <em>El mercader de Venecia<\/em>, el <em>rey Lear<\/em> y <em>Sue\u00f1o de una noche de verano<\/em>\u2026 Shakespeare es una delicia para esta rutina dom\u00e9stica. Y luego de leer cada d\u00eda algunas escenas o apartados, el desayuno sabe mejor.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">De cualquier modo, y aunque durante el resto de la jornada cada uno lea por su lado lo que m\u00e1s le interese, se nos torn\u00f3 una necesidad cotidiana este encuentro ma\u00f1anero con distintos autores. El Quijote lo devoramos no s\u00e9 en cu\u00e1ntos d\u00edas, tal vez unos dos o tres meses, como tambi\u00e9n <em>Los miserables<\/em>. A veces, ella, cuando recuerda algunos pasajes de la novela de V\u00edctor Hugo, como decir, por ejemplo, la parte de Waterloo, no cesa su risa de encanto por aquel \u201crend\u00edos, valientes franceses\u201d, que espeta un general ingl\u00e9s, y la respuesta categ\u00f3rica, \u00fanica, impecable, de Cambronne: \u201c\u00a1Mierda!\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">De Isaac Bashevis Singer hemos le\u00eddo la voluminosa novela <em>Sombras sobre el Hudson<\/em>, al tiempo que nos internamos en los d\u00edas luminosos, tambi\u00e9n siniestros, del Renacimiento, con consejas, guerras, conspiraciones, cr\u00edmenes, como suceden en <em>Bomarzo<\/em>, novela del argentino Manuel Mujica L\u00e1inez. En ese mismo sentido, le\u00edmos <em>La agon\u00eda y el \u00e9xtasis<\/em>, de Irving Stone, sobre Miguel \u00c1ngel.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Stendhal nos ilumin\u00f3 muchas ma\u00f1anas (y a veces, una que otra noche) con <em>La cartuja de Parma<\/em>, con su tempo <em>allegro con br\u00edo<\/em>, con las peripecias tanto de amor como de guerra de Fabricio y con personajes no hechos para el olvido como Gina Sanseverina. Tal vez, en estas \u201cveladas diurnas\u201d, la mayor dificultad por las interrupciones furiosas a cada momento contra Emma, de parte de la Mona, nos llevaron por una larga temporada a conversar \u2014a veces, hasta la exaltaci\u00f3n\u2014 sobre el \u201cbovarismo\u201d, la peque\u00f1a burgues\u00eda, la emancipaci\u00f3n de la mujer y otros temas conexos con esta novela excepcional de Gustave Flaubert.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Creo que las lecturas dom\u00e9sticas en voz alta, con todo lo que implica un acercamiento de ese modo a la literatura, sin dejar de lado esas otras maneras de abordarla con la soledad individual, con la meditaci\u00f3n y la concentraci\u00f3n, sin compa\u00f1\u00edas, en fin, es otra posibilidad de encontrarnos con las historias, los dramas y entramados de la condici\u00f3n humana. Y compartirlos. S\u00ed, casi siempre se detiene la lectura para buscar palabras en el diccionario. Para establecer caracter\u00edsticas de \u00e9poca, para hacer anotaciones sobre los caracteres, los conflictos y un largo etc\u00e9tera. Es una aventura hogare\u00f1a que linda con lo maravilloso.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft\" src=\"http:\/\/www.es.lapluma.net\/images\/stories\/celap\/en_voz_alta.jpg\" alt=\"en_voz_alta\" width=\"243\" height=\"160\" \/>Ahora mismo, hemos pasado el primer tomo de una novela monumental como <em>El Don apacible<\/em>, de Mija\u00edl Sholojov, y en la que los cosacos, sus comportamientos, cultura, modos de ser, de cantar, de amar, de beber, nos llevan a conocer de otros espacios y tiempos. A cabalgar por otras geograf\u00edas. Una de las descripciones m\u00e1s impresionantes sobre la guerra puede encontrarse en esta obra que super\u00f3 los mandamientos del dogm\u00e1tico \u201crealismo socialista\u201d sovi\u00e9tico.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Una lectura compartida en casa no deja de tener sus atracciones, como el olor a caf\u00e9 y la calidez de una cocina. Y como en el relato de Felisberto, puede ser una manera sutil para la seducci\u00f3n y otros enamoramientos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>Reinaldo Spitaletta<\/strong><strong> para La Pluma, 5 de septiembre de 2018<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>Editado por <\/strong><a href=\"http:\/\/Editado por Mar\u00eda Piedad Ossaba\"><strong>Mar\u00eda Piedad Ossaba<\/strong><\/a><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Nadie encend&iacute;a las l&aacute;mparas, un cuento de Felisberto Hern&aacute;ndez, un hombre lee en voz alta una narraci&oacute;n en la que hay &ldquo;una mujer que todos los d&iacute;as iba a un puente con la esperanza de poder suicidarse&rdquo;, pero siempre surg&iacute;a un obst&aacute;culo que la hac&iacute;a desistir. En el relato del escritor y pianista uruguayo,&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":20,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[10,8,19],"tags":[],"coauthors":[265],"class_list":["post-377","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-articles","category-culture","category-literatura"],"translation":{"provider":"WPGlobus","version":"2.12.2","language":"fr","enabled_languages":["es","fr"],"languages":{"es":{"title":true,"content":true,"excerpt":false},"fr":{"title":false,"content":false,"excerpt":false}}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/377","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=377"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/377\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1224,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/377\/revisions\/1224"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=377"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=377"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=377"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=377"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}