{"id":37451,"date":"2022-04-20T11:01:44","date_gmt":"2022-04-20T11:01:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lapluma.net\/?p=37451"},"modified":"2022-04-20T11:01:47","modified_gmt":"2022-04-20T11:01:47","slug":"se-robaron-el-oro-y-nos-dejaron-las-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/2022\/04\/20\/se-robaron-el-oro-y-nos-dejaron-las-palabras\/","title":{"rendered":"Se robaron el oro y nos dejaron las palabras"},"content":{"rendered":"\n\n\n<p><strong>A prop\u00f3sito de la Semana del Libro y del Idioma<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al principio fueron las palabras. Con ellas nos aproximamos a las primeras emociones, a los paisajes m\u00e1s cercanos, a un rostro y unos apetitosos senos, a los murmullos, al llanto, a la risa. Al mundo. En ese indescifrable universo de sonidos e im\u00e1genes, en el que fuimos aprehendiendo lo que nos rodeaba, de a poco nos aprovisionamos, sin darnos cuenta, de un caudal de sonoridades significativas. Las palabras nos abrieron las compuertas del pensamiento, de los sentidos, de las ilusiones.<\/p>\n<figure id=\"attachment_37452\" aria-describedby=\"caption-attachment-37452\" style=\"width: 374px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-37452\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/image-2-225x300.png\" alt=\"\" width=\"374\" height=\"499\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/image-2-225x300.png 225w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/image-2-510x680.png 510w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/image-2.png 660w\" sizes=\"auto, (max-width: 374px) 100vw, 374px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-37452\" class=\"wp-caption-text\">Biblioteca Comfama en las instalaciones del antiguo Manicomio de Bermejal. Foto Spitaletta<\/figcaption><\/figure>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Sonaban bien mam\u00e1, pap\u00e1, leche, teta, las vocales, los intentos de pronunciar una palabra dif\u00edcil, el cielo, los juguetes, el viento que m\u00e1s tarde se hizo cometa, las hojas de cuaderno, la pelota. El mundo son las palabras con que lo vamos nombrando. Sin ellas, todo se reduce a una abstracci\u00f3n sin sentido, a un balbuceo. Mientras m\u00e1s palabras iban llegando, m\u00e1s crec\u00edan la imaginaci\u00f3n, los significados, la melod\u00eda de la lengua.<\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-37460 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/Nos-dejaron-las-palabras-300x188.jpg\" alt=\"\" width=\"418\" height=\"262\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/Nos-dejaron-las-palabras-300x188.jpg 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/Nos-dejaron-las-palabras.jpg 700w\" sizes=\"auto, (max-width: 418px) 100vw, 418px\" \/><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Casa, escuela, familia, calle, juego\u2026 hab\u00eda en todas ellas un acercamiento a otros niveles de la vida. Nos \u00edbamos dando cuenta que todo est\u00e1 hecho de palabras, as\u00ed como m\u00e1s tarde, cuando ya hab\u00edamos acumulado cierto vocabulario, jugado con diccionarios, le\u00eddo las primeras historias, escuchado la voz de la maestra, la contundente afirmaci\u00f3n de un pensador antiguo, Fil\u00f3n de Alejandr\u00eda, nos conmover\u00eda con su hip\u00f3tesis singular: \u201cLas palabras crean las cosas\u201d.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">La lengua es la madre. La creadora de identidad. La que nos proporciona car\u00e1cter y nos comunica con los otros. Nos humaniza. Nos socializa. Y tambi\u00e9n nos prepara para las soledades y las despedidas. En un comienzo, cuando lo que nos rodeaba apenas era un breve c\u00famulo de sonidos, una atm\u00f3sfera incomprendida, una luz, una sombra, las palabras eran solo sonoridad, m\u00fasica, ruido, no hab\u00eda a\u00fan aquello del entendimiento y las honduras en toda la extensi\u00f3n y hondura que una palabra abarca.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Qu\u00e9 proceso extraordinario, de la inteligencia, de la sensibilidad, de la capacidad de crear el mundo a trav\u00e9s de las palabras, es ir creciendo en l\u00e9xicos, en significados, en la catalogaci\u00f3n de las cosas mediante un nombre, una designaci\u00f3n. Cuando decimos \u00e1rbol, \u00bfqu\u00e9 \u00e1rbol imaginamos?; cuando decimos, por ejemplo, madre, las opciones disminuyen hasta cerrarse en una sola imagen, quiz\u00e1. Con las palabras nos ampliamos en la cantidad de elementos, en la calidad y composici\u00f3n de la naturaleza, en las conjeturas y experimentaciones.<\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-37453 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/Filon-de-Alejandria-300x223.png\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"223\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/Filon-de-Alejandria-300x223.png 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/Filon-de-Alejandria.png 492w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<h5 style=\"text-align: center;\" data-adtags-visited=\"true\">Fil\u00f3n de Alejandr\u00eda<\/h5>\n<p class=\"has-medium-font-size\" data-adtags-visited=\"true\">Hubo d\u00edas, quiz\u00e1 ya un tanto lejanos, en que jug\u00e1bamos con los diccionarios. El azar nos hac\u00eda abrir determinada p\u00e1gina de ese libro portentoso e ir a una palabra espec\u00edfica. Y entonces al otro, al compa\u00f1ero de diversi\u00f3n, le pregunt\u00e1bamos acerca de ella, qu\u00e9 quer\u00eda decir, y as\u00ed, entre risas y jugarretas, el mundo se nos anchaba, se alargaba, sub\u00eda y bajaba, ten\u00eda extensi\u00f3n, hondura y aparec\u00eda tambi\u00e9n el infinito.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" data-adtags-visited=\"true\">Qu\u00e9 estremecimientos nos invad\u00edan cuando le\u00edamos los primeros cuentos, cuando los escuch\u00e1bamos en la voz de la Scheerezada hogare\u00f1a, de la maestra, de un profesor que narraba\u2026C\u00f3mo se nos abr\u00edan las posibilidades de ir m\u00e1s all\u00e1 de los mares y las estrellas, cuando le\u00edamos en una biblioteca p\u00fablica todos los cuentos posibles, todas las f\u00e1bulas, todos los encantamientos. Las palabras estaban en todas partes. Nos invitaban a ir m\u00e1s all\u00e1 de lo evidente.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" data-adtags-visited=\"true\">Con la lengua, con las palabras, pertenecemos a una cultura, a una manera de ser, a una geograf\u00eda. Somos historia. Somos las palabras de los que ya no est\u00e1n, de los que pensaron y crearon y escribieron y poetizaron. Con las palabras nos comunicamos con los muertos de hace siglos y con los muertos recientes. Con los vivos y con los que vendr\u00e1n. La palabra (as\u00ed, en singular) es un puente infinito, esencial, entre las generaciones.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" data-adtags-visited=\"true\">Qu\u00e9 tremendas son las palabras. Necesarias. Irremplazables. Producen miles de im\u00e1genes. Crean-recrean. Matan. Resucitan. Cantan y tambi\u00e9n salmodian. Dioses y demonios existen gracias a ellas. Las palabras, ya es un t\u00f3pico, nacen, mueren, crecen, engordan, se enflaquecen, cambian sus significados, bailan, aducen, confirman, niegan. Ah, por lo dem\u00e1s, nombran, designan. En este punto, podemos evocar, por qu\u00e9 no, una borgesiana creaci\u00f3n, relativa al nombre.<\/p>\n<h5 data-adtags-visited=\"true\">Si (como afirma el griego en el Cratilo)<br \/>el nombre es arquetipo de la cosa<br \/>en las letras de \u2018rosa\u2019 est\u00e1 la rosa<br \/>y todo el Nilo en la palabra \u2018Nilo\u2019.<\/h5>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Es la primera estrofa del poema El Golem, referido a cabalistas y rab\u00edes, a quienes con la palabra crean un dios o lo destruyen; un poema sobre la creaci\u00f3n de \u201cun aprendiz de hombre\u201d. \u00bfCu\u00e1l es el nombre de Dios o cu\u00e1les son sus nombres? Quien lo sepa, puede convertirse en fuego. O llevar el conocimiento de este elemento antiguo a los hombres para que sean capaces de igualarse con los dioses. O superarlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Las palabras nos pueden conducir, en una suerte de flashback, a preguntarnos, por ejemplo a lo Canetti, cu\u00e1l fue el primer animal que pobl\u00f3 nuestros sue\u00f1os, nuestras iniciales imaginaciones. Para unos pudo ser el lobo (\u00bfquiz\u00e1 el hombre-lobo?); para otros, un tigre. Para una buena porci\u00f3n, el perro, el gato. Nuestras primeras palabras tuvieron que ver con la oscuridad, con el sentirse solo en una cuna, con un lejano canto de p\u00e1jaros matinales.<\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-37454 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/Las-Palabras-Pablo-Neruda.png\" alt=\"\" width=\"308\" height=\"308\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/Las-Palabras-Pablo-Neruda.png 225w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/Las-Palabras-Pablo-Neruda-150x150.png 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 308px) 100vw, 308px\" \/><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" data-adtags-visited=\"true\">Las palabras, la lengua, nos ponen en contacto con las abstracciones. Nos nutren el pensamiento. Qu\u00e9 dispositivos extraordinarios. Qu\u00e9 instrumentos imprescindibles son en la construcci\u00f3n y deconstrucci\u00f3n del \u201cperro mundo\u201d. Me parece que aqu\u00ed ya va siendo hora de recordar un fragmento de un escrito de Pablo Neruda de su libro autobiogr\u00e1fico <em>Confieso que he vivido<\/em>. Y tiene que ver, claro, con las palabras.<\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\">\u201c\u2026las que cantan, las que suben y bajan\u2026 Me prosterno ante ellas\u2026 Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito\u2026 Amo tanto las palabras\u2026 Las inesperadas\u2026 Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen\u2026\u201d.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">El poeta chileno, muerto d\u00edas despu\u00e9s de que la CIA, Kissinger, Nixon, los Estados Unidos, la ITT, en fin, dieran el golpe de estado contra Salvador Allende, sab\u00eda, c\u00f3mo no iba a saberlo, que \u201cTodo est\u00e1 en la palabra\u201d. La vida, la muerte, la ni\u00f1ez, la vejez, la sangre, las guerras, la paz\u2026 todo est\u00e1 en las palabras. Y, pese a todas las crueldades de los b\u00e1rbaros, de los invasores, de los que llegaron a apoderarse del oro americano, de los que, pese a toda su civilizaci\u00f3n no pose\u00edan todas las palabras para comprender ese mundo ins\u00f3lito, deslumbrador, maravilloso, ese nuevo mundo, pero s\u00ed ten\u00edan una lengua, y \u2014lo dice el poeta\u2014 a esos extranjeros \u201cse les ca\u00edan de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aqu\u00ed resplandecientes\u2026\u201d.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Con esa lengua en la que fue escrito el Quijote, con el idioma de esos b\u00e1rbaros barbudos, \u201csalimos perdiendo\u2026 salimos ganando\u2026 Se llevaron el oro y nos dejaron el oro\u2026 se lo llevaron todo y nos dejaron todo\u2026 Nos dejaron las palabras\u201d. Un tesoro, una enorme veta: las palabras<\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-37455 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/El-golen-de-Praga-300x180.jpg\" alt=\"\" width=\"403\" height=\"242\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/El-golen-de-Praga-300x180.jpg 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/El-golen-de-Praga.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 403px) 100vw, 403px\" \/><\/p>\n<h5 style=\"text-align: center;\" data-adtags-visited=\"true\">El golem de Praga. Meyrink y Borges escribieron sobre el tema.<\/h5>\n<p data-adtags-visited=\"true\">\u00a0<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Al principio fueron las palabras. Las mismas que crearon el mundo. Las que contaron sobre sus miserias y grandezas. Las del navegante, las del guerrero, las del sacerdote, las del ar\u00faspice, las del pirata, las del verdugo, las del aedo, las de todos\u2026 las palabras, las que siguen siendo una muestra de la inteligencia y la imaginaci\u00f3n. Las invencibles. Las eternas.<\/p>\n<h4 data-adtags-visited=\"true\">Reinaldo Spitaletta para La Pluma. Escrito en Medell\u00edn el 18 de abril de 2022, al iniciarse la Semana del Libro y del Idioma.<\/h4>\n<h4 data-adtags-visited=\"true\">Editado por <a href=\"http:\/\/www.lapluma.net\/nosotros\/editora\/\">Mar\u00eda Piedad Ossaba<\/a><\/h4>\n<p data-adtags-visited=\"true\">\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al principio fueron las palabras. Las mismas que crearon el mundo. Las que contaron sobre sus miserias y grandezas.<\/p>\n","protected":false},"author":20,"featured_media":37458,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[18500,18499,7241,18498],"coauthors":[265],"class_list":["post-37451","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-culture","tag-el-golem-las-palabras","tag-oro-por-palabras","tag-pablo-neruda","tag-semana-del-libro-y-del-idioma"],"translation":{"provider":"WPGlobus","version":"2.12.2","language":"fr","enabled_languages":["es","fr"],"languages":{"es":{"title":true,"content":true,"excerpt":true},"fr":{"title":false,"content":false,"excerpt":false}}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37451","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=37451"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37451\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":37464,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/37451\/revisions\/37464"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media\/37458"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=37451"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=37451"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=37451"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=37451"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}