{"id":36668,"date":"2022-03-29T12:03:05","date_gmt":"2022-03-29T12:03:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lapluma.net\/?p=36668"},"modified":"2022-03-29T12:03:08","modified_gmt":"2022-03-29T12:03:08","slug":"el-nadador-o-la-ruina-de-un-pequeno-burgues","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/2022\/03\/29\/el-nadador-o-la-ruina-de-un-pequeno-burgues\/","title":{"rendered":"El nadador o la ruina de un peque\u00f1o burgu\u00e9s"},"content":{"rendered":"\n\n\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><strong>Un cuento fascinante de John Cheever<\/strong><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las facultades de la literatura es poner en evidencia, mediante planos que trascienden la realidad y le otorgan a esta otros niveles y perspectivas, expresiones del ser humano, que pueden ser situaciones l\u00edmite, momentos cumbre, de ascenso y descenso existencial. John Cheever, escritor nacido en Quincy, Massachusetts, cuentista y novelista, aunque sus m\u00e1ximas calidades se notan m\u00e1s en el g\u00e9nero que, en la denominada modernidad, invent\u00f3 su paisano Edgar Allan Poe, tiene, entre sus numerosas narraciones breves, una muy particular, que trasciende por su concepci\u00f3n, calidad literaria e intencionalidades.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-36673 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/image-9-169x300.png\" alt=\"\" width=\"321\" height=\"570\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/image-9-169x300.png 169w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/image-9.png 496w\" sizes=\"auto, (max-width: 321px) 100vw, 321px\" \/><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><a href=\"https:\/\/www.academia.edu\/38628818\/EL_NADADOR_John_Cheever\"><em>El nadador<\/em><\/a> es un cuento que pone en cuesti\u00f3n aspectos de la sociedad estadounidense, sobre todo de sectores de la peque\u00f1a burgues\u00eda y aun de las clases altas, comprometidas todas con el arribismo social, la pose y la simulaci\u00f3n. El denominado \u201cSue\u00f1o americano\u201d es puesto en la picota en una narraci\u00f3n que evoca relatos \u00e9picos de la antig\u00fcedad, lo primigenio y fundacional, como puede ser, por qu\u00e9 no, la aventura marina de Odiseo en busca de volver a su casa, tras tantos a\u00f1os de ausencias.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Este cuento de Cheever, un escritor que tuvo crisis en su vida por el alcoholismo y por no poder expresar en pleno su homosexualidad, bucea en los comportamientos consumistas y de vanidosa apariencia de sectores sociales que habitan en las periferias o en zonas suburbanas, en este caso en las afueras de Nueva York, en un condado de Connecticut. Sucede a mediados de un verano y de inmediato el lector penetra en un ambiente de resaca, de residencias de gente acomodada y de piscinas.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">El protagonista, Neddy Merrill, un hombre enjuto que a\u00fan parec\u00eda tener reservas de los d\u00edas de su lejana juventud, al momento de percibir una suerte de epifan\u00eda, una revelaci\u00f3n que seguro tiene que ver con el tiempo, el domingo (que es el d\u00eda en que transcurre la narraci\u00f3n) y las aguas, tiene un trago de ginebra en una mano. Est\u00e1 en la casona de los Westerhazy, adonde ha ido de visita con su esposa Lucinda. Y de pronto, la revelaci\u00f3n le dice a su mentalidad de cart\u00f3grafo que debe ir nadando, de piscina en piscina, de casa en casa, hasta la suya, doce kil\u00f3metros hacia el sur, en Bullet Park.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">El nadador, aunque parezca una perogrullada, es un cuento de las aguas con un r\u00edo imaginario que lleva el nombre de la esposa del protagonista. Hay aguas privadas y aguas p\u00fablicas. Y el lector se topar\u00e1, adem\u00e1s de piscinas, fiestas, reuniones con licor, una pareja de ancianos nudistas, con un balneario p\u00fablico, de mala presencia, con mucho olor a cloro y con guardias ariscos. Neddy, adonde llega, que son gente conocida suya, har\u00e1 inmersi\u00f3n en la alberca de cada casona, y siempre har\u00e1 un largo en estilo crol o libre.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Parece un absurdo, una especie de despiste o de locura, que un hombre, de cierta madurez, salga de una casa, donde adem\u00e1s ya ha nadado en su pileta, en un recorrido incre\u00edble que hace entrando por antejardines, arboledas y carreteras a otras residencias del condado, solo para ir, en ba\u00f1ador, hasta su casa. En el cuento estar\u00e1n, adem\u00e1s de las aguas, presencias como el golf y el tenis, dos deportes practicados no propiamente por los m\u00e1s pobres.<\/p>\n<h5 style=\"text-align: center;\" data-adtags-visited=\"true\"><a href=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/John-Cheever.webp\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-36671 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/John-Cheever-300x180.webp\" alt=\"\" width=\"458\" height=\"275\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/John-Cheever-300x180.webp 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/John-Cheever-768x461.webp 768w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/John-Cheever-870x522.webp 870w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/John-Cheever.webp 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 458px) 100vw, 458px\" \/><\/a>John Cheever, escritor estadounidense<\/h5>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Neddy, que \u201cten\u00eda una clara tendencia a la originalidad y se consideraba a s\u00ed mismo una figura legendaria\u201d, emprende un recorrido de asfalto, autopistas, pero, sobre todo, de piscinas privadas, que lo ir\u00e1n llevando hacia el sur, un punto cardinal que tendr\u00e1 adem\u00e1s una suerte de hermetismo, de misterio, que se ir\u00e1 desvelando en la medida en que el hombre va, de peripecia en peripecia, aproxim\u00e1ndose a su destino final.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Va pasando por casas de las familias Graham, Hammer, Lear, Howland, Crosscup, y pasar\u00e1 por otras m\u00e1s, hasta entrar a la piscina p\u00fablica de Lancaster, y de ah\u00ed por otras casas de conocidos, porque su meta es llegar a la suya por un camino inexplorado, que lo hace sentirse como un viajero, un descubridor, un navegante, un marino, un peregrino. Y como alguien que, en el camino, se ir\u00e1 transformando, sufriendo una metamorfosis que conducir\u00e1 a un final inesperado.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><em>El nadador<\/em>, que podr\u00eda ser tambi\u00e9n el navegante, el que atraviesa un r\u00edo inexistente, como el que \u00e9l ha bautizado con el nombre de su se\u00f1ora, el r\u00edo Lucinda, es un relato conectado con la decadencia, con el olvido y con la ca\u00edda en barrena de un hombre que ir\u00e1 hallando el desprecio y la desconsideraci\u00f3n de los que antes fueron sus pares. Es un cuento que pone en calzas prietas a la familia, esa c\u00e9lula tan importante en la sociedad estadounidense, en la que el \u00e9xito radica en tener dinero, en poder consumir y aparentar.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Hay un tono de iron\u00eda en ese viaje incre\u00edble de Neddy, que hasta se topar\u00e1 en sus \u00faltimas estaciones, con una vieja amante, que ya no lo determina. Se trata de la ca\u00edda fren\u00e9tica de un ser humano, de alguien que pudo ser muy destacado, pudiente y \u201cmostr\u00f3n\u201d, y de su rodada cuesta abajo, o, m\u00e1s bien, a trav\u00e9s de las aguas de particulares, que cada vez ser\u00e1n m\u00e1s turbias. El Nadador va de la luz a la oscuridad.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">En el cuento, que es una experiencia de una ca\u00edda irreversible, tambi\u00e9n aparecen s\u00edmbolos sociales de un establecimiento que ha rendido culto a la m\u00e1quina, al autom\u00f3vil y al dinero. Y ver a un hombre descaecido, que tiene una apariencia final de loco y vagabundo, atravesando autopistas y caminando por separadores, s\u00ed es una visi\u00f3n apocal\u00edptica del juicio final para un ciudadano que ha entrado en crisis en todos sus \u00e1mbitos.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><em>El nadador<\/em>, un cuento extraordinario, una joya literaria, nos hace navegar por aguas en apariencia tranquilas, pero que, como los r\u00edos despaciosos, tiene por debajo una corriente torrencial. Nos conecta con momentos melanc\u00f3licos de una vida que pudo ser exuberante, pero que, por diversas circunstancias (las que hay que imaginar), va rumbo al abismo, en medio de olores a co\u00f1ac, whisky y ginebra. Ah, y tambi\u00e9n con aromas de crisantemos.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Es muy simple y f\u00e1cil decir que <em>El nadador<\/em> es una obra maestra. Me parece que s\u00ed. Y que, con humor negro, con una sutil burla al establecimiento, Cheever logra una radiograf\u00eda de ciertos c\u00edrculos sociales con todos los elementos psicol\u00f3gicos y materiales que caracterizan a gentes superficiales que fundan en el dinero y en el tener cosas, su vida vac\u00eda y artificiosa. Es un cuento triste. Deslumbrante. Sucede en una tarde de veraniego domingo, del mediod\u00eda al ocaso. Y puede que, al final, hasta una l\u00e1grima pueda caer sobre la \u00faltima p\u00e1gina del relato. Solo se podr\u00eda decir, como colof\u00f3n, \u00a1qu\u00e9 cuentazo es <em>El nadador<\/em>, de John Cheever!, escritor muerto en Nueva York en 1982.<\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-36672 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/El-Nadador-207x300.jpg\" alt=\"\" width=\"313\" height=\"454\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/El-Nadador-207x300.jpg 207w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/El-Nadador-707x1024.jpg 707w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/El-Nadador-768x1113.jpg 768w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/El-Nadador-1060x1536.jpg 1060w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/El-Nadador-1414x2048.jpg 1414w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/El-Nadador.jpg 1767w\" sizes=\"auto, (max-width: 313px) 100vw, 313px\" \/><\/p>\n<h5 class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped\" data-carousel-extra=\"{&quot;blog_id&quot;:41662148,&quot;permalink&quot;:&quot;https:\\\/\\\/spitaletta.wordpress.com\\\/2022\\\/03\\\/28\\\/el-nadador-o-la-ruina-de-un-pequeno-burgues\\\/&quot;}\">Un gran cuentista era el escritor John Cheever<\/h5>\n<h4 data-adtags-visited=\"true\">Reinaldo Spitaletta para La Pluma, escrito en Medell\u00edn el 27 de marzo de 2022<\/h4>\n<h4 data-adtags-visited=\"true\">Editado por <a href=\"http:\/\/www.lapluma.net\/nosotros\/editora\/\">Mar\u00eda Piedad Ossaba<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Solo se podr\u00eda decir, como colof\u00f3n, \u00a1qu\u00e9 cuentazo es El nadador, de John Cheever!<\/p>\n","protected":false},"author":20,"featured_media":36675,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[19],"tags":[18069,18063,18060,18065,18059,5582,18067,18066,519,18061,18068],"coauthors":[265],"class_list":["post-36668","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura","tag-caida-irreversible","tag-clases-altas-arribismo-social-posey-simulacion","tag-concepcion-calidad-literaria-e-intencionalidades","tag-cuento","tag-el-nadador-john-cheever","tag-estados-unidos","tag-john-cheever","tag-nadador","tag-reinaldo-spitaletta","tag-sociedad-usamericana-pequena-burguesia","tag-usa-literatura-cuento"],"translation":{"provider":"WPGlobus","version":"2.12.2","language":"fr","enabled_languages":["es","fr"],"languages":{"es":{"title":true,"content":true,"excerpt":true},"fr":{"title":false,"content":false,"excerpt":false}}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36668","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=36668"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36668\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":36678,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36668\/revisions\/36678"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media\/36675"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=36668"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=36668"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=36668"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=36668"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}