{"id":30126,"date":"2021-08-30T16:55:12","date_gmt":"2021-08-30T16:55:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lapluma.net\/?p=30126"},"modified":"2021-09-01T13:06:23","modified_gmt":"2021-09-01T13:06:23","slug":"cometas-de-los-dias-felices-un-vuelo-con-barriletes-pandorgas-y-papagayos-en-los-cielos-de-la-infancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/2021\/08\/30\/cometas-de-los-dias-felices-un-vuelo-con-barriletes-pandorgas-y-papagayos-en-los-cielos-de-la-infancia\/","title":{"rendered":"Cometas de los d\u00edas felices <br><i>  Un vuelo con barriletes, pandorgas y papagayos en los cielos de la infancia<\/i>"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">La cometa es una de las m\u00e1s excitantes maneras de comunicarse con el cielo. El viento es un c\u00f3mplice sine qua non, con el que hay que tener buenas relaciones. Y debe haber, como s\u00e9 que existen, formas para convocarlo en momentos cr\u00edticos en que ni siquiera se mueve una brizna. Es, adem\u00e1s, una extensi\u00f3n de la infancia. O, dicho diferente, no hay infancia sin cometa. Y aqu\u00ed empieza la historia.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">No recuerdo con precisi\u00f3n (aunque un hecho como este deb\u00eda de ser imborrable) el d\u00eda en que elev\u00e9 por primera vez una cometa. De lo que s\u00ed estoy seguro es que estaba hecha de hoja de cuaderno, con hilo que le sustrajimos al costurero de mam\u00e1 y una cola leve de retazos. Le dec\u00edamos la pandorga. Y el ritual inici\u00e1tico fue en una manga cercana a la casa, en la que, muy cerca, hab\u00eda barrancas de tierra amarilla y ol\u00eda a bo\u00f1iga. Despu\u00e9s de unos cuantos intentos, el artefacto fabuloso, al que uno miraba como una especie de nave espacial, contone\u00e1ndose y haciendo cabriolas, logr\u00f3 estabilizarse en el vuelo y nos puso a desvariar.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Y aunque solo era una altura m\u00ednima la alcanzada, apenas sobre los techos de las casas, uno se sent\u00eda en una faena de conquista del sol y las estrellas (que estaban invisibles, en la luz atardecida de qui\u00e9n sabe qu\u00e9 d\u00eda y qu\u00e9 a\u00f1o). El mes s\u00ed puede conjeturarse, aunque no hay precisi\u00f3n: o enero o agosto, cuando los cielos eran muy azules y los vientos generosos.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Pudiera, con las coordenadas de la memoria, establecer que esa pandorga, cuya hoja pudo ser de renglones rectil\u00edneos y no cuadriculados, estaba dirigida hacia el occidente, porque a uno le daba el poniente sobre la cara y la descuadernada hoja volante apenas se notaba en un contraluz precioso. Flameaba la cola y el hilo se curvaba. Sent\u00eda uno el viento en la cara y respiraba con ansiedad, como si acab\u00e1ramos de despegar hacia alg\u00fan astro en una nave de fantas\u00eda.<\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-30127 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Capture-foto-cometa2-224x300.jpg\" alt=\"\" width=\"507\" height=\"679\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Capture-foto-cometa2-224x300.jpg 224w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Capture-foto-cometa2.jpg 412w\" sizes=\"auto, (max-width: 507px) 100vw, 507px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" data-adtags-visited=\"true\"><strong><em>Sue\u00f1o de barrilete, la infancia recuperada<\/em>. Foto Carlos Spitaletta<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Aquel vuelo inaugural de la infancia feliz, cuando todav\u00eda transit\u00e1bamos los caminos de alg\u00fan curso de primaria, nos leg\u00f3 un testamento consistente en ser part\u00edcipes de una emoci\u00f3n sin l\u00edmites y de unas sensaciones irremplazables, que ni siquiera pod\u00edan compararse con las que produc\u00edan los aparatos voladores de la ciudad de hierro. La cometa fundadora de una cauda pasional que estaba por arribar, termin\u00f3 exhausta tras un vuelo sostenido y con final contento y satisfactorio.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Despu\u00e9s hubo otras cometas, las que hac\u00edamos con almid\u00f3n, varillas de ca\u00f1a, papel de China o de seda, con unos armazones atados con hilos, en rituales que eran un cultivo de la imaginaci\u00f3n y las creatividades. Hab\u00eda unos preliminares de ilusi\u00f3n, como era ir hasta orillas del r\u00edo Medell\u00edn, cerca de la estaci\u00f3n del ferrocarril en Bello, atravesar puentes met\u00e1licos del tren, con sus durmientes cuyas distancias entre uno y otro dejaban ver la corriente a\u00fan limpia de quebradas como la Garc\u00eda y el Hato, y, tras estar dentro de los ca\u00f1averales, cortando las varillas, volv\u00edamos con las ansiedades vivas a seguir la confecci\u00f3n de la cometa.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Para elevarlas nos \u00edbamos en patota a los llanos de Niqu\u00eda, o cerca de la finca La Selva, al pie del cerro Quitasol, o a buscar los vientos de Playa Rica o los de Potrerito. Una vez que me fui solo, a una manga entre Pacelli (o Pacheli) y unos bald\u00edos que estaban pr\u00f3ximos a El Congolo, y cuando mi nave hermosa sobrevolaba por encima de tunales, adormideras, chagualos y sub\u00eda en busca de las nubes bellanitas, aparecieron dos o tres tr\u00fahanes, con capadores en sus manos (eran tiras con piedras atadas en sus extremos) y las arrojaron sobre el cordel de mi nave, que se fue desmayando hasta cuando, con el peso insoportable del capador, se vino a pique. Revent\u00e9 el hilo y me qued\u00e9 con un resto del rollo, que se envolv\u00eda en un palo. Luego me enfrent\u00e9 a los asaltantes, en una desigual puja, que hizo que, ante el desequilibrio, tuviera que correr por potreros hasta llegar a la calle, con la impotencia y la desaz\u00f3n en todo el cuerpo.<\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-30132 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Capture-union-de-generaciones-300x226.jpg\" alt=\"\" width=\"585\" height=\"441\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Capture-union-de-generaciones-300x226.jpg 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Capture-union-de-generaciones.jpg 598w\" sizes=\"auto, (max-width: 585px) 100vw, 585px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" data-adtags-visited=\"true\"><strong>Union de generaciones a trav\u00e9s de la cometa. Foto Carlos Spitaletta<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Despu\u00e9s, arribaron las cometas de tela (alguna vez hicimos una gigantesca con hojas de peri\u00f3dico, que fue dif\u00edcil que volara, pero al fin lo hizo), las chinas y era una mezcla de las de papel con las otras, y entonces los cielos de agosto, tambi\u00e9n los de enero, se poblaban de papagayos, barriletes, estrellas, tri\u00e1ngulos, de otras formas preciosistas que imitaban siluetas de animales salvajes o de alguna nave interestelar.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Elevar una cometa era mantener un di\u00e1logo con los vientos, con las nubes, con los p\u00e1jaros y, claro, hasta con los gallinazos, las aves que m\u00e1s bello planean. Nos avivaba las enso\u00f1aciones y nos conduc\u00eda a otros \u00e1mbitos, que seguro ya hab\u00edamos intuido, o presentido en libros y revistas de aventuras. Era un ejercicio de infancia y adolescencia, que, adem\u00e1s, nos socializaba. Cuando hab\u00eda muchas de ellas en el cielo, el colorido era una atracci\u00f3n pintoresca. Un cielo de cometas es un paisaje inigualable.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Pero todo no era paradis\u00edaco. Los malos momentos, los malos vientos, tambi\u00e9n se interpon\u00edan en aquella pr\u00e1ctica de maravillas. Y no solo era el que aparecieran de s\u00fabito los \u201ccapadores\u201d, los ladrones de cometas, que m\u00e1s que robarlas gozaban con da\u00f1arlas, con darlas de baja, sino los accidentes inesperados. Era de una enorme tristeza ver cuando la cometa estaba en sus m\u00e1ximas alturas y de pronto la pita o el piol\u00edn se reventaban y entonces se ve\u00eda la precipitaci\u00f3n desesperada de la \u201caeronave\u201d que iba en picada hacia la tierra.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">O tambi\u00e9n era una herida abierta el hecho de que se enredara en las frondas de altos \u00e1rboles. O en las cuerdas de energ\u00eda. Estas eran el cementerio de las cometas urbanas: ceibas, pi\u00f1ones, pinos, y los cables el\u00e9ctricos eran enemigos del vuelo y la autonom\u00eda de los p\u00e1jaros de papel.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">Despu\u00e9s de pasadas la infancia y la adolescencia, volver a elevar cometas es una especie de resurrecci\u00f3n de emociones perdidas. Tornan como recuerdos ind\u00f3ciles los momentos de alegr\u00eda sin igual que era, tras varios intentos, ver elevarse la cometa. Sin embargo, es, en esencia, irrecuperable la emoci\u00f3n primigenia, los p\u00e1lpitos del coraz\u00f3n, acelerados, cuando iba tomando vuelo nuestro barrilete que ten\u00eda como meta elevarse hasta el infinito; son incomparables aquellos instantes idos. Pero, igual, hay una aproximaci\u00f3n a lo que era la aventura sin igual de entender los vientos y conversar con el cielo.<\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">El tiempo de cometas, el personal, ya pas\u00f3, pero contin\u00faa en la memoria con sus vientos y soles. Y a veces aparece en sue\u00f1os.<\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-30133 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Capture-cometa3-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"660\" height=\"495\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Capture-cometa3-300x225.jpg 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Capture-cometa3.jpg 729w\" sizes=\"auto, (max-width: 660px) 100vw, 660px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" data-adtags-visited=\"true\"><strong>\u00a0La Fantas\u00eda y la imaginaci\u00f3n en una cometa.<em> Foto Carlos Spitaletta<\/em><\/strong><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><em>Escrito en Medell\u00edn el 29 de agosto de 2021, en un d\u00eda nublado y sin vientos propicios.<\/em><\/p>\n<h4 data-adtags-visited=\"true\">Reinaldo Spitaletta para La Pluma, 30 de agosto de 2021<\/h4>\n<h4><strong>Editado por <a href=\"http:\/\/www.lapluma.net\/nosotros\/\">Mar\u00eda Piedad Ossaba<\/a><\/strong><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Elevar una cometa era mantener un di\u00e1logo con los vientos, con las nubes, con los p\u00e1jaros y, claro, hasta con los gallinazos, las aves que m\u00e1s bello planean.<\/p>\n","protected":false},"author":20,"featured_media":30170,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[19],"tags":[14903,14900,14897,14901,14899,14902],"coauthors":[265],"class_list":["post-30126","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura","tag-cielos-azules-vientos-generosos","tag-cometa-extension-de-la-infancia","tag-cometas-vuelo-con-barriletes","tag-historia-de-los-dias-felices","tag-los-dias-felices-comunicacion-con-el-cielo","tag-pandorgas-y-papagallos"],"translation":{"provider":"WPGlobus","version":"2.12.2","language":"fr","enabled_languages":["es","fr"],"languages":{"es":{"title":true,"content":true,"excerpt":true},"fr":{"title":false,"content":false,"excerpt":false}}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30126","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30126"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30126\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":30172,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30126\/revisions\/30172"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media\/30170"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30126"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30126"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30126"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=30126"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}