{"id":28944,"date":"2021-07-26T13:04:37","date_gmt":"2021-07-26T13:04:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lapluma.net\/?p=28944"},"modified":"2021-07-26T13:14:56","modified_gmt":"2021-07-26T13:14:56","slug":"sin-ti-mi-cama-es-ancha-una-novela-de-jorge-calvo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/2021\/07\/26\/sin-ti-mi-cama-es-ancha-una-novela-de-jorge-calvo\/","title":{"rendered":"Sin ti mi cama es ancha, una novela de Jorge Calvo"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"left\"><strong>J<\/strong>orge Calvo, conocido e ilustre narrador nuestro, toma prestado el t\u00edtulo de su reciente novela, (SIGNO Editorial, octubre 2020), de una canci\u00f3n amorosa de Joan Manuel Serrat. Es un buen nombre, que se aprecia mejor al cabo de la lectura de sus doscientas diecis\u00e9is p\u00e1ginas. Calvo escribe al final de la narraci\u00f3n un rango de fechas: Estocolmo1999; Santiago 2016. Cabe la sospecha que trabaj\u00f3 en ella diecisiete a\u00f1os, lo que no constituir\u00eda mayor sorpresa, conociendo la minuciosidad con que aborda el oficio literario, con la paciencia, dig\u00e1moslo, de un topo flaubertiano. S\u00ed, sabemos de textos narrativos suyos que, despu\u00e9s de largu\u00edsimas horas de trabajo, fueron a parar al fondo de un caj\u00f3n polvoriento o terminaron destruidos por la impaciencia o la frustraci\u00f3n creativa del novelista quien, tras su apariencia algo pl\u00e1cida, esconde la exasperada turbulencia del narrador impaciente, a punto de transformar sus palabras en el lanz\u00f3n que rasga sin piedad el aspa de los molinos de viento.<\/p>\n<p align=\"left\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-28947 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/cama-196x300.png\" alt=\"\" width=\"401\" height=\"614\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/cama-196x300.png 196w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/07\/cama.png 505w\" sizes=\"auto, (max-width: 401px) 100vw, 401px\" \/><\/p>\n<p align=\"left\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"left\"><span class=\"style39\"><span class=\"Estilo26\"><span class=\"Estilo29\">\u201cSin ti mi cama es ancha\u201d, de Jorge Calvo<br \/><span class=\"Estilo30\">Editorial Signo, Santiago de Chile, 2020<\/span><\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"left\"><span style=\"color: #0a0a0a;\"><span style=\"font-family: Arial, sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Comprensiva lectora, aquiescente lector, Miguel de Loyola, \u201cnarrador de fuste\u201d, como he dicho de \u00e9l, me reprocha cierta benevolencia, en mis cr\u00f3nicas literarias, con autores chilenos cuyas obras comento. Debo aclarar que son pocos los textos, entre los muchos recibidos, que concretan estas opiniones del compulsivo lector que soy; nunca \u201ccr\u00edtico literario\u201d, categor\u00eda y oficio que escapan a mi competencia y que atribuyo, m\u00e1s bien, a ciertos escribas que sustentan opiniones, tanto si son acertadas como si constituyen dislates, en barrocos diplomas de experticia acad\u00e9mica. Ambos riesgos quedan aqu\u00ed asumidos desde mi irrestricto amor a la literatura y seguir\u00e1n siendo subjetivos, sensibles y apasionados. La imposible objetividad literaria no pasa de ser un intento, m\u00e1s o menos pat\u00e9tico, de emplear jerigonzas estructuralistas, mientras nos hablan de los constructos, las deconstrucciones y los ad-adjetivos. Son \u201caves del gay trinar\u201d, como dijera don Antonio Machado.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"left\"><span style=\"color: #0a0a0a;\"><span style=\"font-family: Arial, sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Cuando un libro no me gusta -tan simple como eso-, no digo nada, no opino ni menos escribo. A veces, los autores o autoras me escriben antes de publicar y me solicitan un pr\u00f3logo. Menuda cuesti\u00f3n cuando un texto no te agrada; ni qu\u00e9 decir con obras donde pululan, como cucarachas desnortadas, las faltas de ortograf\u00eda. Es mejor entonces callar, hacer mutis por el foro, no arriesgarse a represalias verbales, que suelen ser las m\u00e1s enconadas. Tengo claro y lo aplico, un precepto de mi se\u00f1or padre, asiduo lector: \u201cLo menos que se le puede exigir a un libro es que est\u00e9 bien escrito\u201d. Se refer\u00eda a la b\u00e1sica correcci\u00f3n gramatical. Despu\u00e9s, el proceso de la creaci\u00f3n literaria se abre en sucesi\u00f3n interminable de abanicos. Aqu\u00ed se hace pertinente la reflexi\u00f3n de Truman Capote: \u201cCuando me di cuenta de la diferencia que existe entre escribir bien y escribir con arte, estuve a punto de abandonar la literatura\u201d.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"left\"><span style=\"color: #0a0a0a;\"><span style=\"font-family: Arial, sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Esta novela de Jorge Calvo me abri\u00f3 su puerta o portada para que yo caminase por las calles nocturnales de Malm\u00f6, en el gris\u00e1ceo invierno hiperb\u00f3reo, dej\u00e1ndome llevar a trav\u00e9s de senderos y regatos, en el fluir moroso, pero sin pausa, de sus palabras, donde no hay el sobresalto cacof\u00f3nico de los ripios ni el peligro de ahogarse en un remolino urbano. Y es que Jorge Calvo pasa, sin estridencias, del oficio constante y solitario al arte de escribir bien y de entretener al lector, haci\u00e9ndolo parte de la historia, merced a un lenguaje coloquial, de fino humor y contrapuntos emocionales.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"left\"><span style=\"color: #0a0a0a;\"><span style=\"font-family: Arial, sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Los personajes nos resultan conocidos, individuos inefables, siempre aislados, desde el propio territorio insular que cada ser humano habita, exacerbado por esa condici\u00f3n insegura y a menudo tortuosa del intelectual latinoamericano, que busca su norte propio, en este caso, boreal, para lograr lo imposible, sentar cabeza, descifrar el crucigrama de la existencia desde las palabras, el m\u00e1s residual y elusivo objeto con que fuimos dotados -no por Dios, que es \u00e1grafo, para detrimento salv\u00edfico de todos los libros \u201csagrados\u201d-, sino por la explosi\u00f3n de la primera biblioteca, que hoy los cient\u00edficos llaman big-bang y que Borges encontr\u00f3 su s\u00edmil en un subterr\u00e1neo de Chacarita.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"left\"><span style=\"color: #0a0a0a;\"><span style=\"font-family: Arial, sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Jorge Calvo busca una Beatriz Viterbo m\u00e1s real y posible que la de \u201cEl Aleph\u201d, una mujer anhelada en la concreta melancol\u00eda de una cama-isla cuya superficie crece con la ausencia y el abandono. Sus amigos y compinches de la \u201ccolonia\u201d, no se desarraigaron ni siquiera para colonizarse a s\u00ed mismos, sino para buscar y perseguir lo que jam\u00e1s aprehender\u00e1n. Pero en eso concluyen casi todas las vidas particulares -si me permiten- y eso es la literatura, sobre todo la buena, esa capaz de encantarnos y sorprendernos en la aparente nimiedad de lo cotidiano. He aqu\u00ed el logro principal de Calvo, en plena madurez narrativa, que permite un disfrute moroso, una vuelta atr\u00e1s en las p\u00e1ginas, para volver a saborear una frase, para precisar la idea, el contenido, a menudo abierto a la interpretaci\u00f3n m\u00e1s cabal, que es la del lector, juez y c\u00f3mplice insustituible del escritor.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"left\"><span style=\"color: #0a0a0a;\"><span style=\"font-family: Arial, sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">Los personajes son tan v\u00edvidos como veros\u00edmiles. Recrean nuestra propia memoria, la generacional que fue marcada, como las reses, con la yerra al rojo vivo de la dictadura; una marca de propiedad, sociol\u00f3gica, cuya cicatriz reci\u00e9n parece atenuarse, cerca del medio siglo de ocurrencia. En todo caso, Jorge Calvo emplea la mejor arma, el atemporal y siempre eficaz estilete del humor. Y aunque a la mayor\u00eda de lectoras y lectores no le ocurra esto, veo al rostro afable del autor, sus peque\u00f1os ojos p\u00edcaros brillando tras las gruesas gafas, su sonrisa leve, la incerteza de su iron\u00eda con algo de of\u00eddico, que dice m\u00e1s que los signos gestuales de su lenguaje corporal.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"left\"><span style=\"color: #0a0a0a;\"><span style=\"font-family: Arial, sans-serif;\"><span style=\"font-size: medium;\">S\u00ed, Jorge Calvo no es m\u00e1s ni menos que su propia literatura. Y eso lo agradece el lector solitario y gozoso.<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<h2 align=\"left\">Edmundo Moure, 5 de Julio 2021<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"left\"><br \/><br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jorge Calvo busca una Beatriz Viterbo m\u00e1s real y posible que la de \u201cEl Aleph\u201d, una mujer anhelada en la concreta melancol\u00eda de una cama-isla cuya superficie crece con la ausencia y el abandono.<\/p>\n","protected":false},"author":24,"featured_media":28957,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[19],"tags":[14185,5654,14180,14184,14182,14183],"coauthors":[256],"class_list":["post-28944","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura","tag-amor-a-la-literatura","tag-edmundo-moure","tag-jorge-calvo","tag-miguel-de-loyola","tag-oficio-literario-paciencia","tag-topo-flaubertiano"],"translation":{"provider":"WPGlobus","version":"2.12.2","language":"fr","enabled_languages":["es","fr"],"languages":{"es":{"title":true,"content":true,"excerpt":true},"fr":{"title":false,"content":false,"excerpt":false}}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28944","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=28944"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28944\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28960,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28944\/revisions\/28960"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media\/28957"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=28944"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=28944"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=28944"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=28944"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}