{"id":26039,"date":"2021-05-05T10:47:31","date_gmt":"2021-05-05T10:47:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lapluma.net\/?p=26039"},"modified":"2021-05-05T10:48:10","modified_gmt":"2021-05-05T10:48:10","slug":"la-pandemica-transformacion-de-los-rituales-la-peste-universal-y-su-influjo-en-el-repertorio-de-comportamientos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/2021\/05\/05\/la-pandemica-transformacion-de-los-rituales-la-peste-universal-y-su-influjo-en-el-repertorio-de-comportamientos\/","title":{"rendered":"La pand\u00e9mica transformaci\u00f3n de los rituales:  <i> La peste universal y su influjo en el repertorio de comportamientos  <\/i>"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La pandemia \u201cpatasarribi\u00f3\u201d la vida cotidiana. O, visto desde otro balc\u00f3n, la acab\u00f3. Disolvi\u00f3 las relaciones del ciudadano con la urbe. Y con los otros. Elimin\u00f3 el saludo de mano, la ida al caf\u00e9 a departir con los amigos, los partidos de <em>rodillones<\/em> en las escasas mangas sup\u00e9rstites en barrios o en las placas polideportivas. Adulter\u00f3 la conversaci\u00f3n de esquina, el encuentro en el aula, la gimnasia de los viejitos, las misas y otros cultos. Y, adem\u00e1s, como si fuera poco, desaloj\u00f3 a las multitudes de los estadios.<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_26043\" aria-describedby=\"caption-attachment-26043\" style=\"width: 538px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-26043\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/YKSNGAOIJZER3GGI5KN4LIAJXE-300x169.jpg\" alt=\"\" width=\"538\" height=\"303\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/YKSNGAOIJZER3GGI5KN4LIAJXE-300x169.jpg 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/YKSNGAOIJZER3GGI5KN4LIAJXE-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/YKSNGAOIJZER3GGI5KN4LIAJXE-768x432.jpg 768w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/YKSNGAOIJZER3GGI5KN4LIAJXE-1536x864.jpg 1536w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/YKSNGAOIJZER3GGI5KN4LIAJXE-870x489.jpg 870w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/YKSNGAOIJZER3GGI5KN4LIAJXE-895x503.jpg 895w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/YKSNGAOIJZER3GGI5KN4LIAJXE.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 538px) 100vw, 538px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-26043\" class=\"wp-caption-text\"><strong>La peste negra (como otras pestes) influy\u00f3 en la creaci\u00f3n art\u00edstica.<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Si antes casi todo ten\u00eda sus escenarios en el afuera, en las calles, las escuelas, las universidades, las f\u00e1bricas, las oficinas, en fin, el advenimiento de la peste lo revolc\u00f3 todo. Y auspici\u00f3 (seg\u00fan como se observe o entienda) la vida interior, bajo el techo dom\u00e9stico. Y le dio otros sentidos y significados al espacio del adentro. Aument\u00f3 la conciencia (conocimiento) del lar, de las relaciones internas (tambi\u00e9n de sus contradicciones) y puso en evidencia, en casi todas las sociedades, las miserias y las inequidades.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Tuvimos que ir acostumbr\u00e1ndonos a la ruptura de las ritualidades (quiz\u00e1 pudo ser antes una rutina, una repetici\u00f3n autom\u00e1tica, casi tics; esto es discutible, claro), a no ser m\u00e1s lo que \u00e9ramos por el uso de la ciudad, de sus rutas y calles, de sus transportes y v\u00edas. En teor\u00eda, la pandemia no admite el tumulto, el amontonamiento, la aglomeraci\u00f3n. En la pr\u00e1ctica, m\u00faltiples situaciones deben darse, pese a los llamados de la salud p\u00fablica, en revoltura.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Hab\u00eda unas rutas trazadas por las aficiones, m\u00e1s all\u00e1 del mundo laboral. Y por la educaci\u00f3n. En las primeras estaban la del domingo (bueno, tambi\u00e9n s\u00e1bados y en otros d\u00edas de la semana) futbolero, de programaci\u00f3n de partidos en el estadio. Para tantos era una dicha poder asistir, sentarse en una tribuna, corear c\u00e1nticos, desahogarse con palabrotas al \u00e1rbitro o a determinados jugadores. Y celebrar en colectivo un gol del equipo amado. O llorar y lamentarse de una anotaci\u00f3n del rival.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\">I<span style=\"font-size: 12pt;\">r a los establecimientos educativos, al aula, al encuentro entre alumnos y maestros, era otra posibilidad de ir construyendo el mundo con los otros. De estimular sue\u00f1os y tener la posibilidad de la palabra, del encuentro y la solidaridad. De la aventura del saber y del contacto con m\u00e9todos, posibilidades, aspiraciones, experimentos; la emoci\u00f3n del descubrimiento. Un patio de colegio, una cafeter\u00eda universitaria, un sal\u00f3n de clase como una expresi\u00f3n del universo a escala, hac\u00edan, antes de la pandemia, parte del ejercicio de la b\u00fasqueda de saberes y de contacto con el otro.<\/span><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-26044 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/algodon-azucar-241x300.jpg\" alt=\"\" width=\"509\" height=\"633\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/algodon-azucar-241x300.jpg 241w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/algodon-azucar.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 509px) 100vw, 509px\" \/><\/p>\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-1 is-cropped\">\n<ul class=\"blocks-gallery-grid\" data-carousel-extra=\"{\">\n<li class=\"blocks-gallery-item\" style=\"text-align: center;\">\n<figure><figcaption class=\"blocks-gallery-item__caption\"><strong>Los vendedores ambulantes en su labor de rebusque en tiempos pand\u00e9micos. <em>Foto Spitaletta<\/em><\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<\/li>\n<\/ul>\n<\/figure>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El visitar los parques, una historia en una banca al tiempo que se pod\u00eda apreciar el canto de aves, la relaci\u00f3n con los dem\u00e1s en un espacio abierto, la pr\u00e1ctica de los sentidos, tambi\u00e9n se disminuy\u00f3 con la presencia funesta de la peste. De pronto, todo se vaci\u00f3. La insurgencia de una abrumadora soledad comenz\u00f3 a extenderse en las ciudades, en las barriadas, en ciertos territorios, aunque las calles, seg\u00fan su personalidad y car\u00e1cter, no muri\u00f3 del todo. \u00bfPor qu\u00e9? Porque en pa\u00edses como Colombia, desindustrializados, de una cuota muy elevada de desempleados, la econom\u00eda informal \u2014la del rebusque, la de la sobrevivencia diaria\u2014 aument\u00f3 con la pandemia. No era posible ni aconsejable quedarse a la espera de morir de hambre en la casa. Y las carretillas, los vendedores ambulantes, los que circulan por las calles con sus pregones (casi siempre destemplados y sin gracia) y sus ofertas de frutas, verduras y otros productos de la tierra, se regaron por las ciudades y se volvieron parte de un paisaje urbano a veces muy triste, gris, en tiempos de insalubridades.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Se dispararon por los primeros meses pand\u00e9micos las serenatas diurnas. Las urbanizaciones, en particular, tuvieron la presencia de mariachis, tr\u00edos, agrupaciones de m\u00fasicas diversas, que ofrec\u00edan sus voces y acompa\u00f1amientos. Las ventanas y balcones se poblaron de escuchas, que tras las canciones arrojaban sus monedas de reivindicaci\u00f3n a esos juglares citadinos. M\u00fasicas y letras abundaron en esquinas y encrucijadas. Con el tiempo, se desdibuj\u00f3 casi hasta ser apenas una an\u00e9cdota urbana.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">No soy de misas ni cultos ni de ning\u00fan oficio religioso. Pero, me parece que, en medio de una peste universal como la que azota al planeta, se resintieron los rituales de ir a una iglesia, de estar un rato en una ceremonia de ruptura con el mundo de afuera y penetrar en otros \u00e1mbitos, a veces misteriosos. Debe ser para los feligreses de todas las creencias una especie de purgatorio, o quiz\u00e1 una antesala del infierno, el no poder estar en esos espacios haciendo lo que antes sol\u00edan realizar, como los acercamientos, tener al vecino (el pr\u00f3jimo) a pocos cent\u00edmetros, casi pegada piel con piel, de guardar ciertas distancias que rompen con la proximidad, en fin. Una interrupci\u00f3n de las repeticiones, las rutinas, los rezos y sermones en cercan\u00eda.<\/span><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-26045 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/image-246x300.png\" alt=\"\" width=\"480\" height=\"585\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/image-246x300.png 246w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/image.png 370w\" sizes=\"auto, (max-width: 480px) 100vw, 480px\" \/><\/p>\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-1 is-cropped\">\n<ul class=\"blocks-gallery-grid\" data-carousel-extra=\"{\">\n<li class=\"blocks-gallery-item\" style=\"text-align: center;\">\n<figure><figcaption class=\"blocks-gallery-item__caption\"><strong>En las iglesias cambiaron las maneras de congregaci\u00f3n. <em>Foto Spitaletta<\/em><\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<\/li>\n<\/ul>\n<\/figure>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La <em>pandemizaci\u00f3n<\/em> nos encerr\u00f3. Surgi\u00f3 otra vez, con renovada fuerza, el t\u00e9rmino de confinamiento, cuyos imaginarios y representaciones tienen que ver con c\u00e1rceles, prisiones, celdas, rejas, cadenas, penales\u2026 Y en esa esfera, o, de otra forma, en esa casa por c\u00e1rcel en que el coronavirus convirti\u00f3 lo dom\u00e9stico, se pudieron evidenciar para mucha gente fen\u00f3menos de claustrofobia, s\u00edntomas de desesperaci\u00f3n, manifestaciones de desgano. O, como tambi\u00e9n pudo haber acaecido, fue esa condici\u00f3n una especie de acercamiento forzoso, de reflexi\u00f3n en torno a los significados de la casa.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Para algunos, o tal vez muchos, la casa era una manera del dormitorio, un <em>escampadero<\/em>, estaci\u00f3n de paso. Porque la vida y otras variaciones de la misma, suced\u00edan en el afuera. Parec\u00eda estar dividido el mundo interno, casero, entre los que todos los d\u00edas sal\u00edan a sus trabajos, estudios, rebuscamientos, y los que en ese espacio (un problema conectado con la dignidad, la comodidad, la intimidad) estaban all\u00ed en una permanencia m\u00e1s larga. Ah\u00ed caben, por ejemplo, las amas de casa (un concepto semifeudal y patriarcal), las se\u00f1oras del servicio.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Y fue entonces cuando el remez\u00f3n pest\u00edfero puso patas arriba las relaciones caseras. Todo se trastroc\u00f3. Y los que poco tiempo pasaban en el hogar, de pronto se vieron all\u00ed metidos, sin salida, sin horizontes. Hubo, por supuesto, quienes descubrieron un nuevo mundo, nuevas relaciones, una intimidad bonita, quiz\u00e1 el goce de los espacios. Y si gustaban de los libros, la casa se transform\u00f3 en biblioteca placentera, que para algunos \u2014como lo se\u00f1al\u00f3 Borges\u2014 es una manera del para\u00edso o la aut\u00e9ntica expresi\u00f3n de ese estado de felicidad. Para unos (quiz\u00e1 una enorme cantidad) fue una tortura. Un castigo. Qu\u00e9 pereza estas paredes, pudieron haber dicho. Para otros, al contrario, fue el descubrimiento de relaciones diferentes, de dichas in\u00e9ditas.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Y en este punto hay que decir que ese adentro depende de muchas cosas: no solo de la comodidad espacial, que es interesante, sino, adem\u00e1s, de otros factores. Como, por ejemplo, la noci\u00f3n del tiempo. La relaci\u00f3n con los otros habitantes. La construcci\u00f3n familiar. Los afectos. Y, por supuesto, si hay una econom\u00eda s\u00f3lida, o, al menos, que permita un estar adentro con cierta lucidez y resoluci\u00f3n de problemas (pago de impuestos, de servicios p\u00fablicos, mercado, compra de art\u00edculos que sirvan para el desarrollo mental, cultural, etc.).<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Para algunos, pueden ser minor\u00edas \u00ednfimas, no fue un sobresalto ni un trauma. El adentro ten\u00eda condiciones suficientes para una estad\u00eda larga sin tener que estar asom\u00e1ndose al afuera (la ciudad, el barrio, la urbanizaci\u00f3n) y modos de resoluci\u00f3n de necesidades. Hubo, en estos casos, quiz\u00e1 un enamoramiento de esas din\u00e1micas internas. Un avistamiento de otros paisajes interiores.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Para otros, pueden ser vastas mayor\u00edas, la casa era una representaci\u00f3n carcelaria, un reformatorio, una condena. No hab\u00eda condiciones materiales suficientes para una estad\u00eda, por los espacios, por las carencias, porque de otra forma, en medio de la desesperanza, hab\u00eda que salir y buscar horizontes. Sacar la carretilla, ir a surtirla, desplazarla por barrios, pregonar, gritar, ofrecer. Y no solo para este tipo de faenas, sino, en muchos casos, para practicar la desgraciada mendicidad.<\/span><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-18261 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/colombia-traporojo-300x212.jpg\" alt=\"\" width=\"434\" height=\"307\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/colombia-traporojo-300x212.jpg 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/colombia-traporojo-1024x724.jpg 1024w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/colombia-traporojo-768x543.jpg 768w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/05\/colombia-traporojo.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 434px) 100vw, 434px\" \/><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">No era un espejismo el ver izadas en muchas casas las banderas rojas de la hambruna. La casa se erig\u00eda en una erg\u00e1stula infame, sin ninguna posibilidad de mejoras. Era un encierro sin esperanzas ni posibilidades de so\u00f1ar en un mundo distinto. Sin escape. La pandemia revel\u00f3, o evidenci\u00f3 en mayores proporciones, las ingentes miserias y desigualdades sociales. Ha vapuleado sin reticencias a los m\u00e1s desfavorecidos, los mismos que, con esa presencia apestosa, han descendido al inframundo de las carencias.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Otros rituales heridos y desmadejados por la pandemia, pueden estar en el cara a cara. Ya no hay acercamientos, a no ser con mascarillas. Las fisonom\u00edas, que son evidencias de la <em>rostredad<\/em>, de las huellas del tiempo, de su paso inexorable, se escondieron. Los encuentros familiares y de amigos se esfumaron, o pasaron al equipamiento de las nostalgias.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Puede ser que hayamos aprendido a lavarnos las manos y hacerlo con regularidad. Puede ser que la pandemia nos haya dado otras dimensiones de la higiene, de la salubridad, de los cuidados. Y eso puede ser una especie de consuelo. Como tambi\u00e9n, en medio de las desesperaciones, o de las falsas rebeld\u00edas, haya importado un pepino ponerse la m\u00e1scara o agendar bailes en casas. Igual, la presencia inquietante del virus que lleg\u00f3 del Lejano Oriente, desarticul\u00f3 mecanismos y modific\u00f3 procederes.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Quiz\u00e1 en este nuevo estado de cosas se intensific\u00f3 el lavado de platos, se permaneci\u00f3 m\u00e1s tiempo en las cocinas y junto a las pocetas, se pudo entender (a veces con incomodidad) el significado de la domesticidad. La pandemia alter\u00f3 el ritmo de la calle, la manera de viajar, los equipajes. Mostr\u00f3 las relaciones del poder y la salud. Y puso en evidencia el negocio lucrativo de las transnacionales de la qu\u00edmica farmac\u00e9utica. Supimos un poco m\u00e1s de c\u00e9lulas, virus, ADN, vacunas y los miedos aumentaron.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Nuestra cotidianidad se alter\u00f3 con las noticias de allegados, conocidos, parientes, gentes cercanas que el coronavirus se llev\u00f3 a las oscuridades mortuorias. Y nos entristeci\u00f3 la dolorosa situaci\u00f3n de ni siquiera poder asistir a las ceremonias del adi\u00f3s.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La peste lleg\u00f3 de lejos e hizo nido. A algunos nos puso a repasar la historia de las pandemias y a volver a inquietantes libros sobre ellas. Y nos arrim\u00f3 a la virtualidad. A ver en las pantallas rostros indecisos, lejanos, desdibujados. A crear otras relaciones, en el estatus de las apariencias y las fantas\u00edas.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">A veces, en solitarias calles siento la presencia de antiguas alegr\u00edas: muchachos fantasmag\u00f3ricos que juegan con una pelota sobre el asfalto, y de pronto, por unos instantes, el mundo parece ser feliz y solidario. Ilusiones de la pandemia.<\/span><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><em>Escrito en Medell\u00edn el D\u00eda Internacional de los Trabajadores de 2021<\/em><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-26046 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/casa-venezuela-225x300.jpg\" alt=\"\" width=\"511\" height=\"681\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/casa-venezuela-225x300.jpg 225w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/casa-venezuela-510x680.jpg 510w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/casa-venezuela.jpg 661w\" sizes=\"auto, (max-width: 511px) 100vw, 511px\" \/><\/p>\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-1 is-cropped\">\n<ul class=\"blocks-gallery-grid\" data-carousel-extra=\"{\">\n<li class=\"blocks-gallery-item\" style=\"text-align: center;\">\n<figure><figcaption class=\"blocks-gallery-item__caption\"><strong>La casa tom\u00f3 nuevos significados por la pandemia. <em>Foto Spitaletta<\/em><\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<\/li>\n<\/ul>\n<\/figure>\n<div id=\"atatags-26942-6091e2503dffa\" data-adtags-width=\"600\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">Reinaldo Spitaletta para la Pluma, 2 de mayo de 2021<\/span><\/strong><\/div>\n<div data-adtags-width=\"600\"><\/div>\n<div data-adtags-width=\"600\">\n<p><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">Editado por <a href=\"http:\/\/www.lapluma.net\/nosotros\/\">Mar\u00eda Piedad Ossaba<\/a><\/span><\/strong><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A veces, en solitarias calles siento la presencia de antiguas alegr\u00edas: muchachos fantasmag\u00f3ricos que juegan con una pelota sobre el asfalto, y de pronto, por unos instantes, el mundo parece ser feliz y solidario. 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