{"id":25628,"date":"2021-04-20T12:42:30","date_gmt":"2021-04-20T12:42:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lapluma.net\/?p=25628"},"modified":"2021-04-21T19:17:34","modified_gmt":"2021-04-21T19:17:34","slug":"la-calle-como-estadio-un-recuerdo-de-amor-por-la-pelota-y-aquellos-partidos-callejeros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/2021\/04\/20\/la-calle-como-estadio-un-recuerdo-de-amor-por-la-pelota-y-aquellos-partidos-callejeros\/","title":{"rendered":"La calle como estadio<br><i>Un recuerdo de amor por la pelota y aquellos partidos callejeros<\/i>"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Nos dieron la calle por cancha, aunque entonces hab\u00eda bald\u00edos a granel que nos recib\u00edan en patota para la celebraci\u00f3n m\u00e1xima de un picado de f\u00fatbol. La calle, sin embargo, era nuestro estadio, el de los inici\u00e1ticos rituales de gambetear (\u201cperrear\u201d era el sonoro t\u00e9rmino que us\u00e1bamos para ese efecto grandioso de dejar rivales regados a nuestro paso de vencedores), llevando pegado al pie el bal\u00f3n de carey, o a veces uno de tripa que se pelaba de tanta fricci\u00f3n contra la brea asf\u00e1ltica o casi siempre de la calle desnuda, pedregosa, sin pavimento. O tambi\u00e9n, por qu\u00e9 no, una pelota de trapo, rellena de papel peri\u00f3dico.<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_25630\" aria-describedby=\"caption-attachment-25630\" style=\"width: 408px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-25630\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/futbol-calle1-232x300.jpg\" alt=\"\" width=\"408\" height=\"528\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/futbol-calle1-232x300.jpg 232w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/futbol-calle1.jpg 736w\" sizes=\"auto, (max-width: 408px) 100vw, 408px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-25630\" class=\"wp-caption-text\"><strong>Y el f\u00fatbol obr\u00f3 milagros en la calle\u2026<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Lo dijo un poeta argentino: \u201cLa calle por cancha. \/ Se erige la valla \/ con la primera yunta \/ de objetos que se halla\u201d. M\u00e1s que poeta, era un ser sensible que sab\u00eda de las emociones, los recursos, la imaginaci\u00f3n que se extiende en una calleja en la que se ponen dos piedras como l\u00edmite del mundo, o las camisas de dos jugadores, o quiz\u00e1, como era com\u00fan tambi\u00e9n, dos tarros de galletas de ocasi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-25631 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/6d412-futbolcalle-300x221.jpg\" alt=\"\" width=\"543\" height=\"400\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/6d412-futbolcalle-300x221.jpg 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/6d412-futbolcalle.jpg 668w\" sizes=\"auto, (max-width: 543px) 100vw, 543px\" \/><\/p>\n<figure class=\"wp-block-image\"><\/figure>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Piedras, troncos, t\u00famulos de arena, palitos conseguidos al azar y parados con obstinaci\u00f3n, cualquier objeto era posible para delimitar una porter\u00eda, y se sab\u00eda que goles por alto no val\u00edan, todos ten\u00edan que entrar bajo los c\u00e1nones establecidos, a ras de piso. Nada de la media altura. Igual, cada anotaci\u00f3n era un ejercicio de discusiones, la dial\u00e9ctica del barrio, \u201ceso no entr\u00f3\u201d, \u201cno fue gol\u201d y as\u00ed hasta volver a tomar aire para seguir en ese paisaje en que las tribunas estaban en las aceras, en las ventanas, en los balcones, en las caras de se\u00f1oras adustas, en los que pasaban y se deten\u00edan a observar el colosal encuentro de muchachos sin camisa, con camisa, <em>desgualetados<\/em>, con tenis rotos, algunos descalzos, todos parte de un carnaval infinito de danza y griter\u00eda.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Nos dieron la calle por cancha. Y el mundo se deten\u00eda. No exist\u00eda d\u00eda ni noche. Los relojes estaban paralizados. Se inauguraba una especie de estadio universal, en el que solo era posible aquello de \u201cla toco y me voy\u201d, o aquello de \u201ctuya y m\u00eda\u201d, una construcci\u00f3n inefable de paredes, esa belleza que se intuye, que se mentaliza y vaticina antes de su materializaci\u00f3n. Alba\u00f1iles del f\u00fatbol. Edificadores de obras maestras que solo quedaron en una memoria a\u00f1eja, visual, pasajera. Ida.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La calle por cancha. Y no hab\u00eda tiempo. El concepto de infinito se pudo recrear en un cotejo en el que la vida se prolongaba en un tejido de jugadas, de toques, de regates, de picard\u00edas. La noche era d\u00eda y el d\u00eda noche. Del sol a las l\u00e1mparas hal\u00f3genas. Sin l\u00edmite. Que se acaba a los doce goles. No, que a los dieciocho. Y as\u00ed, el que haga el \u00faltimo gol gana. Y tardaba en llegar porque lo que interesaba era jugar en aquel estadio de imaginarios espectadores y alegr\u00eda sin cuartel.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La vida flu\u00eda. Sin l\u00edmites. Ni siquiera los de ciertas mam\u00e1s que a veces aparec\u00edan con su cara de rega\u00f1o a solicitar que, \u00a1por Dios!, todo el d\u00eda jugando, qu\u00e9 es eso. \u201cPa\u2019la casa\u201d. Pelotazos contra ventanales y puertas. Y el terror en la cara de todos cuando la pelota (de carey, de caucho, el baloncito de cascos descosidos y vejiga apretada con una \u201cruana\u201d o parche de refuerzo), s\u00ed, cuando la esf\u00e9rica de los ensue\u00f1os se colaba en la casa de do\u00f1a Lola, la de las hijas bonitas y el car\u00e1cter desastroso. No hab\u00eda ruegos que valieran. Ni embajadas especiales que conmovieran a la indiferente se\u00f1ora. No hab\u00eda devoluci\u00f3n de aquel artefacto maravilloso y la calle se volv\u00eda un infierno (lo mismo que las ventanas de do\u00f1a Lola, con nuestras pedradas).<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Nos dieron la calle como estadio. Y obramos en consecuencia. La convertimos en una sucursal del para\u00edso, en una arcadia, en una sede de la felicidad. El mundo no era ancho ni ajeno. Era nuestro. Lo hab\u00edamos inventado. Lo consent\u00edamos con imaginaci\u00f3n. Una calle a modo de estadio. Un estadio a manera de la contentura colectiva, de los abrazos, los hijueputazos, los desalientos por un gol en contra y las ganas de ganar.<\/span><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-25632 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/literatura-de-la-pelota-300x300.jpg\" alt=\"\" width=\"565\" height=\"565\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/literatura-de-la-pelota-300x300.jpg 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/literatura-de-la-pelota-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/literatura-de-la-pelota.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 565px) 100vw, 565px\" \/><\/p>\n<div class=\"wp-block-image\" data-carousel-extra=\"{\"><\/div>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En 1971 (a\u00f1o en que segu\u00edamos pateando pelotas en la calle-estadio) el poeta argentino Roberto Jorge Santoro realiz\u00f3 una hermosa antolog\u00eda de textos de f\u00fatbol: <em>Literatura de la pelota<\/em>. Una de sus selecciones, de C\u00e1ndido Paz Noya, dice: \u201cPara los muchachos, \/ pelota de f\u00fatbol es cualquier cosa. \/ Basta que, empujada, se mueva, \/ para que detr\u00e1s, \/ encima y alrededor \/ promueva refriega furiosa\u2026 \/ las caras chorreantes \/ de sudor y gestos\u201d. Ah, en 1977, el primero de junio, lo secuestraron los de la dictadura militar. Y Santoro desapareci\u00f3 para siempre.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En rigor, nos tomamos la calle y la convertimos en estadio. Eran los d\u00edas felices, en los que, tal vez, la \u00fanica preocupaci\u00f3n era cuando perd\u00edamos una pelota y hab\u00eda que hacer recolecta para ir al bazar a comprar otra. Entre tanto, aparec\u00edan las fabricadas con medias veladas de mujer, rellenas de peri\u00f3dico y de retazos. Cuando volv\u00edamos del almac\u00e9n con una pelota dura, de pasta, llamadas de \u201ccarey\u201d, el mundo era otra vez nuestro.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Nos dieron la calle como estadio. O, de otra manera, la conquistamos. Era nuestro escenario infinito para el ejercicio prodigioso de la imaginaci\u00f3n desbordada al servicio de un juego colectivo que nos fue ense\u00f1ando sobre los afectos y las solidaridades y nos dio lecciones de c\u00f3mo amar una entidad sentimental, imprescindible: el barrio.<\/span><\/p>\n<p class=\"has-medium-font-size\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La calle como estadio. Nos dieron las posibilidades de crear el cielo en la tierra. Y lo hicimos. Como en un viejo tango, aquello era \u201ccomo un golazo del coraz\u00f3n\u201d. Ah, y con el tiempo cumplido en esas coordenadas, vuelven los recuerdos, porque, como lo escribi\u00f3 Homero Manzi, \u201c<a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=BAaRX4J8xgI\">no ves que est\u00e1 de olvido el coraz\u00f3n\u201d. Y el alma est\u00e1 en \u2018orsai\u2019, che bandone\u00f3n.<\/a><\/span><\/p>\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-1 is-cropped\">\n<figure><strong><strong><strong>(<em>Escrito en la muy futbolera Medell\u00edn, el 19 de abril de 2021<\/em>)<\/strong><\/strong><\/strong>&nbsp;<figcaption class=\"blocks-gallery-item__caption\"><\/figcaption><\/figure>\n<figure class=\"wp-block-gallery columns-1 is-cropped\">\n<p align=\"center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.tlaxcala-int.org\/upload\/gal_24686.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"399\" \/><\/p>\n<\/figure>\n<p align=\"center\">Una cancha callejera en Medell\u00edn.<span class=\"f_a | color_black margin_left uppercase light\"><span class=\"author\">Foto \u00d3SCAR CARDONA<\/span><\/span><\/p>\n<\/figure>\n<div id=\"atatags-26942-607ec414ef77e\" style=\"text-align: justify;\" data-adtags-width=\"600\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">Reinaldo Spitaletta para la Pluma <\/span><\/strong><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\" data-adtags-width=\"600\"><\/div>\n<div data-adtags-width=\"600\">\n<p style=\"text-align: justify;\" data-adtags-visited=\"true\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">Editado por <\/span><a href=\"http:\/\/www.lapluma.net\/nosotros\/\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">Mar\u00eda Piedad Ossaba<\/span><\/strong><\/a><\/strong><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En rigor, nos tomamos la calle y la convertimos en estadio. 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