{"id":16471,"date":"2020-02-13T16:50:10","date_gmt":"2020-02-13T16:50:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lapluma.net\/?p=16471"},"modified":"2020-02-13T17:50:25","modified_gmt":"2020-02-13T17:50:25","slug":"clase-media-mitos-usos-y-realidades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/2020\/02\/13\/clase-media-mitos-usos-y-realidades\/","title":{"rendered":"\u00abClase media\u00bb: mitos, usos y realidades"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-16472 alignleft\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Ezequiel-Adamovsky.jpg\" alt=\"\" width=\"106\" height=\"106\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Ezequiel-Adamovsky.jpg 200w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Ezequiel-Adamovsky-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 106px) 100vw, 106px\" \/>La categor\u00eda \u00abclase media\u00bb siempre fue esquiva para las ciencias sociales. \u00bfEs realmente una noci\u00f3n cient\u00edfica o es, m\u00e1s bien, un t\u00e9rmino ideol\u00f3gico, un mero eslogan pol\u00edtico? No se trata tanto de desechar el concepto como de dejar de asumir a priori la existencia de una clase media y de tratar de comprender los procesos sociopol\u00edticos y\/o discursivos por los que, en contextos espec\u00edficos, se recorta una \u00abclase media\u00bb.<\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-16473 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/clase-media-300x165.jpg\" alt=\"\" width=\"565\" height=\"311\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/clase-media-300x165.jpg 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/clase-media-768x422.jpg 768w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/clase-media.jpg 1000w\" sizes=\"auto, (max-width: 565px) 100vw, 565px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Hace algunos a\u00f1os reflexion\u00e9 en <span class=\"smallcaps\">Nueva Sociedad<\/span> sobre los malos usos acad\u00e9micos de la categor\u00eda \u00abclase media\u00bb <sup>1<\/sup>. \u00bfEs realmente una noci\u00f3n cient\u00edfica o se trata, m\u00e1s bien, de un t\u00e9rmino ideol\u00f3gico, un mero eslogan pol\u00edtico? La expresi\u00f3n \u00abclase media\u00bb tiene una carga ideol\u00f3gica que se activa cada vez que se la emplea. Forma parte de una <em>formaci\u00f3n metaf\u00f3rica <\/em>muy antigua que se ha vuelto sentido com\u00fan<em>, <\/em>por la cual la sociedad aparece comprendida seg\u00fan los t\u00e9rminos del mundo f\u00edsico, como si tuviera un volumen del que pudieran distinguirse un arriba, un medio y un abajo. A su vez, esa imagen mental se asocia a los presupuestos de la doctrina moral del <em>justo medio<\/em>, por la que el lugar intermedio aparece como <em>locus<\/em> de la moderaci\u00f3n y la virtud (por oposici\u00f3n a los extremos de la pobreza y la riqueza exagerada, que ser\u00edan sitio del vicio y del exceso que amenazan el equilibrio social). La tradici\u00f3n liberal sac\u00f3 provecho de esa operaci\u00f3n metaf\u00f3rica de diversas maneras, tanto para plantear visiones de lo social como un todo arm\u00f3nico como para reclamar prioridad para la burgues\u00eda y desacreditar las visiones pol\u00edticas clasistas. Tambi\u00e9n asoci\u00f3 esas nociones a la narrativa de la excepcionalidad europea, seg\u00fan la cual Europa es la \u00abcuna de la civilizaci\u00f3n\u00bb precisamente por haber dado nacimiento, tambi\u00e9n, a una clase media independiente y racional, motor del progreso capitalista y, a la vez, garante de la estabilidad democr\u00e1tica.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Junto a ese sesgo ideol\u00f3gico, que lleva a dudar de su utilizaci\u00f3n cient\u00edfica, est\u00e1n tambi\u00e9n las dificultades metodol\u00f3gicas. La falta de rigor en el uso de la categor\u00eda \u00abclase media\u00bb es bastante habitual. En un sinn\u00famero de investigaciones acad\u00e9micas funciona como una mera categor\u00eda residual. Su contenido queda delimitado menos por la propia unidad y consistencia del conjunto de personas que agrupa que por los bordes de otras clases sociales de las que s\u00ed existen criterios objetivos de definici\u00f3n m\u00e1s o menos acordados. \u00bfQui\u00e9nes ser\u00edan de \u00abclase media\u00bb? Todas aquellas categor\u00edas ocupacionales que no se consideran t\u00edpicamente de clase baja (restando el pu\u00f1ado de las que son propias de la clase alta) o los niveles de ingreso que no son ni muy altos ni extremadamente bajos. Y cabe entonces la pregunta: \u00bfqu\u00e9 elementos permiten afirmar que toda esa numerosa zona de la sociedad conforma una clase? \u00bfNo podr\u00eda ser el caso que sus miembros se agruparan como dos o tres clases diferentes, o que no se agruparan como clase en absoluto? Pocos investigadores suelen detenerse a analizar esa cuesti\u00f3n. La clase media parece tener una existencia tan obvia que no requiere demostraci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p class=\"title\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>Las definiciones \u00abobjetivas\u00bb y sus problemas<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">No han faltado, sin embargo, los intentos de establecer definiciones objetivas de la clase media apoyadas en rasgos sustantivos que, supuestamente, le dar\u00edan consistencia. El principal desaf\u00edo que enfrentan es el de la extrema heterogeneidad de las categor\u00edas ocupacionales a las que, de este modo, se busca conceptualizar como una clase. \u00bfQu\u00e9 rasgos sustantivos podr\u00edan compartir grupos tan dis\u00edmiles como los de los comerciantes al menudeo, los peque\u00f1os productores (urbanos y rurales), los empleados de cuello blanco, los t\u00e9cnicos y cuadros directivos, los profesionales independientes? Sin duda, deber\u00edan ser rasgos lo suficientemente generales como para agruparlos a todos, pero a la vez lo suficientemente espec\u00edficos como para que los distinguieran tanto de la clase inferior como de la superior. La tradici\u00f3n sociol\u00f3gica ha reconocido de diversas formas el escollo y, en consecuencia, ha ensayado distintas maneras de salvarlo, proponiendo sofisticadas argumentaciones te\u00f3ricas, ofreciendo diferentes variantes de desagregaci\u00f3n (clase media \u00abvieja\u00bb\/\u00abnueva\u00bb o \u00abalta\u00bb\/\u00abbaja\u00bb) o, incluso, r\u00f3tulos alternativos para agrupar como clase a algunas partes pero no a otras (\u00abclase profesional-gerencial\u00bb, \u00abclase de servicios\u00bb). Otros, finalmente, se rindieron ante la dificultad, constatando que los sectores que por lo general se agrupan dentro de la categor\u00eda de \u00abclase media\u00bb en verdad est\u00e1n \u00abdisgregados\u00bb o \u00abastillados\u00bb, por lo que debe consider\u00e1rselos estamentos diferentes. Todas estas discusiones son bien conocidas y no tendremos ocasi\u00f3n de exponerlas aqu\u00ed en detalle<sup>2<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Conviene sin embargo detenerse un momento en uno de los intentos m\u00e1s logrados de otorgar consistencia sociol\u00f3gica al conglomerado de los sectores de referencia. En su monumental obra <em>Las fuentes del poder social <\/em><span class=\"smallcaps\">ii<\/span> (1993), el soci\u00f3logo brit\u00e1nico Michael Mann sostiene que la <em>\u00ab<\/em>clase media<em>\u00bb<\/em> no solo existe como tal, sino que desempe\u00f1a un papel central en la vida social desde el siglo <span class=\"smallcaps\">xix<\/span> como baluarte del capitalismo y del Estado liberal. Su car\u00e1cter \u00absegmental<em>\u00bb<\/em> est\u00e1 reconocido desde el comienzo. Para Mann, su posici\u00f3n de clase est\u00e1 definida por tres factores socioecon\u00f3micos diferentes: la propiedad (que recorta el segmento de la peque\u00f1a burgues\u00eda al frente de peque\u00f1os y medianos negocios), las posiciones jer\u00e1rquicas que requieren las corporaciones privadas y la burocracia estatal (que delinea el mundo de los empleados de carrera) y las profesiones que el Estado licencia como tales (dominio de los profesionales universitarios). Ahora, si est\u00e1 claro por qu\u00e9 cada segmento tiene una l\u00f3gica propia, menos evidente resulta por qu\u00e9 considerarlas parte de una y la misma clase. La demostraci\u00f3n de Mann se apoya aqu\u00ed en tres argumentos. En primer lugar, cada segmento ofrece canales de promoci\u00f3n que conectan a las categor\u00edas m\u00e1s bajas con las m\u00e1s altas e imbuyen as\u00ed a todas de un <em>ethos<\/em> en com\u00fan (precisamente, la aspiraci\u00f3n al ascenso). En segundo lugar, los tres segmentos compartir\u00edan <em>pautas<\/em> de consumo espec\u00edficas. Por \u00faltimo, los tres tambi\u00e9n tendr\u00edan la capacidad econ\u00f3mica suficiente como para convertir parte de su renta en capital, mediante la realizaci\u00f3n de peque\u00f1as inversiones. Tal <em>\u00ab<\/em>participaci\u00f3n intermedia segmental en las jerarqu\u00edas del capitalismo y del Estado-naci\u00f3n<em>\u00bb<\/em> configurar\u00eda el lugar espec\u00edfico de la clase media<sup>3<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-16475 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/clase-media1-300x126.jpeg\" alt=\"\" width=\"517\" height=\"217\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/clase-media1-300x126.jpeg 300w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/clase-media1-768x321.jpeg 768w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/clase-media1.jpeg 932w\" sizes=\"auto, (max-width: 517px) 100vw, 517px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Mirado el argumento m\u00e1s de cerca, sin embargo, no queda claro que las din\u00e1micas invocadas aseguren la unidad de los tres segmentos. Tomemos el argumento del <em>ethos<\/em> del ascenso. Entre los empleados de carrera, efectivamente tiene un lugar central que da cohesi\u00f3n a todo el segmento, configurando pr\u00e1cticas y expectativas que son claramente diferentes de las que operan en el mundo popular o en el de la clase alta. En alguna medida esto podr\u00eda hacerse extensivo a los profesionales, pero resulta mucho menos evidente para el mundo de la peque\u00f1a burgues\u00eda: sus aspiraciones de ascenso a trav\u00e9s de la acumulaci\u00f3n de capital y ampliaci\u00f3n de sus negocios, en todo caso, no ser\u00edan diferentes de las de la gran burgues\u00eda (el <em>ethos<\/em> compartido ser\u00eda en ese caso el de la clase alta m\u00e1s que el de los empleados de carrera). Tampoco hay evidencia clara de que los canales de movilidad ascendente dentro de cada segmento tengan su correlato en la posibilidad intensa de desplazamientos horizontales (entre segmentos). Adem\u00e1s, las posibilidades (y aspiraciones) de ascenso desde ocupaciones de trabajo manual hacia los escalones m\u00e1s bajos del empleo de cuello blanco e incluso del peque\u00f1o negocio independiente no son emp\u00edricamente desde\u00f1ables, de modo que el argumento de la especificidad del <em>ethos<\/em> se desdibuja. Por su parte, el segundo argumento \u2013el de las pautas de consumo\u2013 es de alcances limitados, toda vez que el propio Mann reconoce que la clase obrera ha emulado las que alguna vez pudieron ser privativas de la clase media. Quedar\u00eda en pie solo la tercera apoyatura, la de la capacidad de inversi\u00f3n. Para esta, sin embargo, se aplica la prevenci\u00f3n de nuestro apartado anterior: m\u00e1s que recortar n\u00edtidamente fronteras de clase, la posibilidad de reinvertir alguna parte de la renta est\u00e1 desigualmente distribuida seg\u00fan un <em>\u00ab<\/em>gradiente de clase<em>\u00bb<\/em> que no marca fronteras por s\u00ed solo. En fin, a pesar de la sofisticaci\u00f3n conceptual, <em>\u00ab<\/em>clase media<em>\u00bb<\/em> sigue funcionando en la obra de Mann como una categor\u00eda residual sobre la que luego se proyecta una serie de atributos pol\u00edticos o actitudinales (como los de ser baluarte de la democracia liberal y leal sost\u00e9n del capitalismo).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">A estas dificultades, adem\u00e1s, deber\u00edan agregarse las que a\u00f1aden las dimensiones de g\u00e9nero y de raza. El argumento sobre los canales de movilidad ascendente y el <em>ethos<\/em> que de ellos se derivar\u00eda suele ser central en los intentos de definici\u00f3n de la clase media como categor\u00eda objetiva. La evidencia emp\u00edrica, sin embargo, ha mostrado que los sentidos asociados a la pertenencia a una categor\u00eda ocupacional considerada <em>\u00ab<\/em>de clase media<em>\u00bb<\/em> y las oportunidades de ascenso que se abren con ella no son iguales para todos. La posibilidad de escalar posiciones a partir de un empleo de cuello blanco suele ser bastante menor para las mujeres; incluso cuando estas ascienden a altos puestos de carrera o gerenciales, lo hacen en nichos de especializaci\u00f3n que no suponen gran poder de decisi\u00f3n y mando sobre otras personas (a diferencia de los que ocupan los varones)<sup>4<\/sup>. Frente a esta evidencia, la consistencia de las definiciones <em>\u00ab<\/em>objetivas<em>\u00bb<\/em> (e impl\u00edcitamente masculinas) de clase media siempre pod\u00eda salvarse apelando a la noci\u00f3n de <em>\u00ab<\/em>clase conyugal<em>\u00bb<\/em>, aunque todav\u00eda estuvi\u00e9ramos dejando fuera a las mujeres que no est\u00e1n en pareja con varones. Pero las complicaciones reaparecen con m\u00e1s fuerza cuando se introduce la dimensi\u00f3n \u00e9tnica. Desde la d\u00e9cada de 1980 los soci\u00f3logos notaron, en los pa\u00edses desarrollados, la presencia estad\u00edsticamente visible de no blancos en posiciones tradicionalmente consideradas de clase media. Al igual que las mujeres, cuando se trataba de empleos de carrera las perspectivas de ascenso de los de origen africano o asi\u00e1tico eran bastante menores que las de los blancos; adem\u00e1s, all\u00ed donde llegaban a posiciones gerenciales \u2013por lo general, en nichos de especializaci\u00f3n sin mando sobre personas\u2013 su situaci\u00f3n era m\u00e1s vulnerable. Por otra parte, por ejemplo, en el caso de Reino Unido, se ha documentado que los asi\u00e1ticos acceden a la propiedad de un negocio o al autoempleo en proporciones incluso mayores que los blancos. Se trata de estrategias de autoafirmaci\u00f3n social que sin duda suponen un ascenso; sin embargo, el tama\u00f1o de sus negocios sol\u00eda ser menor, menores sus perspectivas de crecimiento, y el autoempleo con frecuencia ocultaba intensas formas de autoexplotaci\u00f3n. \u00bfPertenece realmente a la<em> \u00ab<\/em>clase media<em>\u00bb<\/em> esa porci\u00f3n de no blancos en ascenso? Su elevaci\u00f3n no parece haber sido a una clase media unificada, sino m\u00e1s bien a ciertos nichos en los que contin\u00faan operando din\u00e1micas racializadoras que limitan las posibilidades futuras. Por otra parte, los estudios demostraron la persistencia de patrones de identificaci\u00f3n cultural que los divid\u00edan de sus supuestos \u00abpares<em>\u00bb<\/em> blancos. En fin, as\u00ed es como la definici\u00f3n de \u00abclase media<em>\u00bb<\/em> la presupone impl\u00edcitamente masculina y tambi\u00e9n la considera blanca por omisi\u00f3n<sup>5<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En vista de las limitaciones rese\u00f1adas, \u00bfes posible utilizar con provecho la categor\u00eda de <em>\u00ab<\/em>clase media<em>\u00bb<\/em>, desde este tipo de abordajes <em>\u00ab<\/em>objetivos<em>\u00bb<\/em>, para los estudios hist\u00f3ricos? \u00bfEs verdaderamente \u00fatil partir de un conjunto de categor\u00edas ocupacionales definido <em>a priori<\/em> como criterio suficiente para la delimitaci\u00f3n de una clase a la que luego se supondr\u00e1 un sujeto hist\u00f3rico con rasgos propios?<\/span><\/p>\n<p class=\"title\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>Definiciones \u00abobjetivas\u00bb en la transposici\u00f3n historiogr\u00e1fica<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La utilizaci\u00f3n historiogr\u00e1fica del concepto de clase media ha compartido, en buena medida, los rasgos que acabamos de describir. Antes de la profunda renovaci\u00f3n que comenz\u00f3 hace un par de d\u00e9cadas \u2013de ella me ocupar\u00e9 m\u00e1s adelante en este art\u00edculo\u2013, los historiadores sol\u00edan construir su objeto de estudio a partir de la agrupaci\u00f3n <em>a priori<\/em> de una serie de categor\u00edas ocupacionales, que se supon\u00eda que encarnaban determinados procesos hist\u00f3ricos, tales como la modernizaci\u00f3n y la democratizaci\u00f3n (aunque tambi\u00e9n hubo trabajos que la relacionaban con otros menos auspiciosos, como el ascenso del fascismo u otras formas de autoritarismo).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Un buen ejemplo es el trabajo del historiador alem\u00e1n J\u00fcrgen Kocka, quien fuera considerado el m\u00e1ximo especialista en la cuesti\u00f3n. Como fruto de una larga carrera de investigaciones emp\u00edricas, en 1995 ofreci\u00f3 una s\u00edntesis general sobre la formaci\u00f3n de la clase media, un proceso que localizaba en la Europa de los siglos <span class=\"smallcaps\">xviii<\/span> y <span class=\"smallcaps\">xix<\/span>. En la definici\u00f3n de Kocka, esa clase quedaba compuesta inicialmente por todos los habitantes del mundo urbano que no pertenec\u00edan ni a la nobleza ni al pueblo: mercaderes, fabricantes, banqueros, capitalistas, empresarios, gerentes y rentistas; tambi\u00e9n los intelectuales, profesionales, sacerdotes, cient\u00edficos, profesores, acad\u00e9micos y gente de letras, incluyendo todos aquellos que se desempe\u00f1aran como cuadros administrativos de las burocracias estatales y privadas. Ese ser\u00eda el n\u00facleo b\u00e1sico de la clase media \u00abpropiamente dicha\u00bb, bajo el cual el historiador reconoc\u00eda la existencia de una \u00abclase media-baja\u00bb formada por empleados de cuello blanco de poca monta y por la peque\u00f1a burgues\u00eda, ya en los m\u00e1rgenes difusos con el mundo del bajo pueblo. La consistencia de este grupo tan heterog\u00e9neo quedaba demostrada, seg\u00fan Kocka, de dos maneras. Para empezar, por un an\u00e1lisis relacional: esta clase se recort\u00f3 como tal en el enfrentamiento que habr\u00eda mantenido con otras dos clases, primeramente, contra los privilegios de la nobleza y m\u00e1s tarde contra la posici\u00f3n antag\u00f3nica que representaba la clase trabajadora. En segundo lugar, la cohesi\u00f3n vino dada por el desarrollo de una verdadera cultura de clase distintiva, que compart\u00edan todas las familias de la clase media independientemente de su ocupaci\u00f3n y rango. Esta cultura quedaba definida por rasgos tales como el \u00abrespeto por los logros individuales\u00bb como fuente de las recompensas a las que uno se creyera con derecho; una \u00abactitud positiva hacia el trabajo regular\u00bb; la \u00abpropensi\u00f3n a la racionalidad y el control de las emociones\u00bb; un \u00abpoderoso deseo de independencia\u00bb; la fuerte valoraci\u00f3n de la educaci\u00f3n; un \u00abideal de vida familiar\u00bb basado en lazos emocionales, la divisi\u00f3n estricta de los roles de g\u00e9nero y la autoridad del paterfamilias, entre otros elementos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Tanto por sus enfrentamientos pol\u00edticos como por esa cultura espec\u00edfica, la clase media estuvo llamada a desempe\u00f1ar un papel fundamental en la historia: fue ella la que forj\u00f3 la visi\u00f3n de esa \u00absociedad civil\u00bb ilustrada, poscorporativa, autorregulada, secularizada, en fin, \u00abmoderna\u00bb, que reemplaz\u00f3 a las sociedades del Antiguo R\u00e9gimen. Para Kocka, hay una \u00abafinidad b\u00e1sica\u00bb entre esta cultura generada por la clase media y el liberalismo como proyecto pol\u00edtico. Ambos son a la vez producto y motor de la excepcionalidad europea: solo en el Viejo Continente se dio la especial\u00edsima \u00abconstelaci\u00f3n hist\u00f3rica\u00bb que permiti\u00f3 el florecimiento de un grupo social que, a su vez, garantiz\u00f3 el progreso \u00fanico de esa regi\u00f3n. El siglo <span class=\"smallcaps\">xx<\/span>, de hecho, signific\u00f3 la victoria final de la clase media: la cultura que ella hab\u00eda forjado cuando representaba apenas 5% de la poblaci\u00f3n se termin\u00f3 difundiendo m\u00e1s all\u00e1 de sus fronteras geogr\u00e1ficas y de clase iniciales, imbuyendo de sus valores y estilos la sociedad toda. En el mundo posclasista en el que, seg\u00fan Kocka, hoy vivimos, de hecho la clase media ha perdido su sentido de identidad espec\u00edfico porque sus adversarios ya no existen; la sociedad entera pas\u00f3 a ser de clase media (culturalmente hablando)<sup>6<\/sup>. En esta conclusi\u00f3n, la visi\u00f3n de Kocka coincide con la de Mann.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Vista de cerca, la argumentaci\u00f3n de Kocka no carece de problemas. El primero es el de la periodizaci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 la formaci\u00f3n de la \u00abclase media\u00bb reci\u00e9n comenzar\u00eda avanzado el siglo <span class=\"smallcaps\">xviii<\/span>? Despu\u00e9s de todo, desde mucho tiempo antes exist\u00edan en las ciudades europeas cantidades apreciables de mercaderes, rentistas, profesionales, sacerdotes, etc., junto con una tradici\u00f3n de luchas por la autonom\u00eda urbana contra los poderes de la nobleza. La elecci\u00f3n del punto de partida en verdad deriva de una premisa impl\u00edcita: que existe una relaci\u00f3n intr\u00ednseca entre \u00abclase media\u00bb y \u00abmodernidad\u00bb, por lo que la primera es impensable sin la segunda. Sin embargo, la evidencia emp\u00edrica no apoya esa premisa. Del estudio de las pautas culturales de los empresarios, rentistas, banqueros o fabricantes en la Francia del siglo <span class=\"smallcaps\">xix<\/span>, por caso, no se desprende que la \u00absecularizaci\u00f3n\u00bb u otros talantes \u00abvoltairianos\u00bb estuvieran entre ellas. Por el contrario, como demostr\u00f3 Carol Harrison, la educaci\u00f3n religiosa de los hijos y la religiosidad activa de las mujeres continuaron siendo fuertes mandatos familiares en esos c\u00edrculos<sup>7<\/sup>. Igualmente mitol\u00f3gica resulta la oposici\u00f3n social y pol\u00edtica de esos grupos respecto de la nobleza. Por el contrario, como reconoce el propio Kocka, la evidencia emp\u00edrica muestra fuertes tendencias a la \u00abfeudalizaci\u00f3n\u00bb (por adquisici\u00f3n de t\u00edtulos y tierras y por emulaci\u00f3n de pautas de conducta y criterios de prestigio). En el escenario europeo, antes que el conflicto de intereses, m\u00e1s bien tendi\u00f3 a ser la regla la imbricaci\u00f3n entre la clase nobiliaria y la elite de los negocios<sup>8<\/sup>. Por \u00faltimo, otros rasgos culturales atribuidos por Kocka a la clase media en verdad no son espec\u00edficos de ese medio social, sino parte de procesos m\u00e1s generales que tambi\u00e9n involucraron a las dem\u00e1s clases. Por caso, Norbert Elias ha mostrado en su cl\u00e1sico estudio que el \u00abcontrol de las emociones\u00bb form\u00f3 parte de un proceso de \u00abcivilizaci\u00f3n\u00bb que se origin\u00f3 en la sociedad cortesana y desde all\u00ed fue penetrando hacia abajo, extendiendo sus dominios incluso entre los trabajadores<sup>9<\/sup>. Finalmente otros rasgos, como el \u00abdeseo de independencia\u00bb, dif\u00edcilmente puedan probarse ausentes en las clases altas o las bajas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">En fin, como en el estudio de Mann, la comprobaci\u00f3n de la existencia hist\u00f3rica de una \u00abclase media\u00bb descansa en el agrupamiento aprior\u00edstico de una serie de categor\u00edas ocupacionales de las que no se demuestran elementos compartidos que, a la vez, marquen una frontera de distinci\u00f3n respecto de otros sectores sociales. La aparente consistencia de la clase procede de la atribuci\u00f3n de rasgos culturales o misiones hist\u00f3ricas que o bien no posee en absoluto, o bien est\u00e1n solo presentes en alguna de las categor\u00edas ocupacionales agrupadas pero no en las dem\u00e1s, o bien, por \u00faltimo, son compartidos por grupos de las clases alta o baja.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">La asunci\u00f3n de la existencia de una \u00abclase media\u00bb con suficiente homogeneidad como para actuar como un verdadero sujeto pol\u00edtico de manera similar en diversas naciones tambi\u00e9n ha formado parte de enunciados referidos a la historia del siglo <span class=\"smallcaps\">xx<\/span>. Inicialmente desde el campo de la pol\u00edtica y luego desde el de la sociolog\u00eda, a partir de la d\u00e9cada de 1930 gan\u00f3 terreno la noci\u00f3n de que la \u00abclase media\u00bb habr\u00eda sido la base de apoyo fundamental de los movimientos fascistas europeos o de la derecha radical en otras regiones. El argumento apareci\u00f3 primeramente entre los socialdem\u00f3cratas alemanes y entre algunos republicanos en Italia: el fascismo ser\u00eda una reacci\u00f3n defensiva de los sectores medios, que abrazan el autoritarismo por temor al avance pol\u00edtico del proletariado, en un contexto en el que tambi\u00e9n su bienestar se halla en peligro por la presi\u00f3n del gran capital. La Internacional Comunista, en cambio, consider\u00f3 a ese movimiento una expresi\u00f3n del gran capital, pero de cualquier manera varios de sus principales te\u00f3ricos argumentaron que la peque\u00f1a burgues\u00eda fung\u00eda como su base social. La sociolog\u00eda \u2013en especial la norteamericana\u2013 retom\u00f3 y refin\u00f3 el argumento a partir de los a\u00f1os 30 y con m\u00e1s visibilidad en la segunda posguerra. Seymour Martin Lipset, por ejemplo, desarroll\u00f3 la idea del fascismo y otras formas de extremismo reaccionario como efecto de un \u00abp\u00e1nico de estatus\u00bb que experimentar\u00edan los sectores medios (en especial los m\u00e1s bajos), al ver que sus ingresos se van acercando a los de los trabajadores y que el movimiento obrero crece a expensas de su ascendente pol\u00edtico. En ese tipo de situaciones, los sectores medios abrazar\u00edan ideolog\u00edas antiliberales de derecha, con la ilusi\u00f3n de restaurar as\u00ed una jerarqu\u00eda social que se percibe amenazada. Algunos historiadores, como David Saposs, desarrollaron argumentaciones similares<sup>10<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Sin embargo, tampoco para esta tesis existe apoyatura emp\u00edrica. Como mostr\u00f3 Val Burris, no hay evidencia de que los sentimientos de inseguridad emocional, la confusi\u00f3n ideol\u00f3gica o la personalidad autoritaria \u2013factores asociados al apoyo al fascismo\u2013 se concentren en los sectores medios m\u00e1s que en otras clases. Por otra parte, el acercamiento entre los niveles de ingreso de los trabajadores manuales y no manuales suele ser un rasgo que acompa\u00f1a los periodos de <em>expansi\u00f3n<\/em> econ\u00f3mica; los de <em>recesi\u00f3n<\/em> y crisis \u2013como los que enmarcaron el ascenso del fascismo\u2013, por el contrario, est\u00e1n caracterizados por la tendencia opuesta, hacia el distanciamiento de los niveles salariales. De hecho, en Alemania el peor deterioro relativo de los ingresos de los empleados sucedi\u00f3 durante la Primera Guerra Mundial y la inmediata posguerra, momento en que los trabajadores de cuello blanco mostraban mayoritariamente simpat\u00edas hacia la socialdemocracia. En contra de lo que indicar\u00eda la tesis del \u00abp\u00e1nico de estatus\u00bb, en el momento de mayor poder\u00edo y radicalidad del movimiento obrero alem\u00e1n no se produjo ninguna estampida de los trabajadores de cuello blanco al territorio de la derecha (al rev\u00e9s, se trat\u00f3 del momento de mayor influjo del socialismo entre ellos). El abandono de la socialdemocracia se produce luego de 1923, cuando fracasa la revoluci\u00f3n alemana y esa fuerza se vuelve m\u00e1s moderada. Pero a\u00fan entonces, no existe evidencia de ning\u00fan apoyo en bloque de los sectores medios al nazismo. Los datos sobre la composici\u00f3n del partido nazi tanto como la de su base votante no indican que esos sectores est\u00e9n sobrerrepresentados. Los \u00fanicos grupos que s\u00ed parecieron estarlo \u2013adem\u00e1s de las clases altas\u2013 fueron algunas categor\u00edas de peque\u00f1os propietarios (especialmente los de origen rural y protestante) y el alto funcionariado estatal. Del resto de los sectores medios, no puede decirse que hayan tenido m\u00e1s simpat\u00eda por el nazismo que el resto de los sectores sociales<sup>11<\/sup>. Nuevamente en este caso, tras los esquemas abstractos de comportamiento social y los agrupamientos <em>a priori<\/em>, est\u00e1 la realidad de la heterogeneidad de los sectores medios.<\/span><\/p>\n<p class=\"title\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>Nuevos enfoques<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Para salir de estos atolladeros, desde hace algunos a\u00f1os los estudios hist\u00f3ricos sobre la clase media vienen experimentando una profunda renovaci\u00f3n (que se acompa\u00f1a tambi\u00e9n en la antropolog\u00eda y, en menor medida, en la sociolog\u00eda)<sup>12<\/sup>. En lugar de asumir <em>a priori<\/em> la existencia de una clase media, importa ahora comprender los procesos sociopol\u00edticos y\/o discursivos por los que, en contextos espec\u00edficos, se recorta una \u00abclase media\u00bb. En otras palabras, se busca entender las condiciones en las cuales (y los procedimientos por los que) determinados grupos de personas se agrupan con otras como una \u00abclase media\u00bb, en lugar de aglomerarse con otros sectores, o de conceptualizar su nucleamiento de otra manera. Fijar el momento de inicio de un cambio de paradigma es siempre una tarea azarosa, pero a\u00fan con prevenciones podr\u00edamos proponer como punto de partida mediados de la d\u00e9cada de 1990, a\u00f1os de la aparici\u00f3n de dos textos pioneros, de autor\u00eda de Dror Wahrman y de Geoffrey Crossick, sobre el espacio europeo<sup>13<\/sup>. En el \u00e1mbito latinoamericano, el giro comienza poco despu\u00e9s, con la investigaci\u00f3n de David Parker de 1998 sobre los trabajadores de comercio peruanos<sup>14<\/sup>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Desde el comienzo de esta renovaci\u00f3n, las l\u00edneas de investigaci\u00f3n han tomado dos caminos, con puntos de contacto y zonas grises. Atentos a los argumentos m\u00e1s textualistas del giro ling\u00fc\u00edstico, algunos investigadores han sostenido que la \u00abclase media\u00bb no es otra cosa que una invenci\u00f3n discursiva (un argumento que con frecuencia se hace extensivo a todas las \u00abclases\u00bb).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Desde este punto de vista, el foco de inter\u00e9s pas\u00f3 a estar puesto casi exclusivamente en los discursos pol\u00edticos de los que esta realidad discursiva habr\u00eda emanado, con poco o ning\u00fan espacio para la exploraci\u00f3n de la historia social de los sectores luego englobados en esa categor\u00eda. En l\u00edneas generales, se trata de la aproximaci\u00f3n elegida por Wahrman. Otro grupo de investigadores, en cambio, ha buscado un punto intermedio entre el objetivismo de la tradici\u00f3n sociol\u00f3gica y las posturas textualistas extremas. Para este grupo \u2013en el que podr\u00edamos situar a Crossick y Parker\u2013, se trata de analizar precisamente el punto de encuentro entre, por un lado, los determinantes estructurales y la experiencia de grupos sociales concretos en situaciones hist\u00f3ricas delimitadas y, por el otro, las construcciones discursivas que los convocan a la unidad como una \u00abclase media\u00bb. Despu\u00e9s de todo, no cualquier apelaci\u00f3n se hace carne en la sociedad de manera duradera: los procesos de construcci\u00f3n de identidades son incomprensibles sin tener en cuenta la dimensi\u00f3n discursiva, pero tambi\u00e9n lo son sin el an\u00e1lisis de las condiciones de receptividad de los discursos. Desde este punto de vista, no va de suyo que exista en cualquier contexto y lugar una clase media por la mera presencia de las categor\u00edas ocupacionales que supuestamente la conforman. Quien se interese por investigarla, deber\u00e1 demostrar emp\u00edricamente que, en un lugar y un momento determinados, una porci\u00f3n de la poblaci\u00f3n imagina que habita una posici\u00f3n <em>intermedia<\/em> entre un arriba y un abajo. La pregunta relevante no ser\u00e1 tanto cu\u00e1l es la consistencia material de esa creencia \u2013aunque ese sea un elemento indispensable de la indagaci\u00f3n\u2013, sino cu\u00e1les fueron las causas de su emergencia, cu\u00e1les son sus contenidos espec\u00edficos y qu\u00e9 efectos pol\u00edticos, sociales y culturales produce.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Nota: este texto retoma ideas ya presentadas en E. Adamovsky, Sergio Visacovsky y Patricia Vargas (eds.): <\/span><em><span style=\"font-size: 12pt;\">Clases medias. Nuevos enfoques desde la sociolog\u00eda, la historia y la antropolog\u00eda<\/span><\/em><span style=\"font-size: 12pt;\">, Ariel, Buenos Aires, 2014.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 12pt;\">Notas:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. E. Adamovsky: \u00ab\u2018Clase media\u2019: reflexiones sobre los (malos) usos acad\u00e9micos de una categor\u00eda\u00bb en <em>Nueva Sociedad<\/em> No 247, 9-10\/2013.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Ver Arthur Vidich (ed.): T<em>he New Middle Classes: Life-Styles, Status Claims and Political Orientations<\/em>, New York UP, Nueva York, 1995; Tim Butler y Mike Savage (eds.): <em>Social Change and the Middle Classes<\/em>, UCL Press, Londres, 1995; Nicholas Abercrombie y John Urry:<em> Capital, Labour and the Middle Classes, George Allen &amp; Unwin<\/em>, Londres, 1983; Catherine Bidou-Zachariasen: \u00abLes classes moyennes: d\u00e9finitions, travaux et controversies\u00bb en <em>Education et Soci\u00e9t\u00e9s<\/em> vol. 2 No 14, 2004; Erik Olin Wright: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hay de \u2018medio\u2019 en la clase media?\u00bb en Zona Abierta No 84\/85, 1985.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. M. Mann: <em>Las fuentes del poder social II. El desarrollo de las clases y los Estados nacionales<\/em>, 1760-1914, Alianza, Madrid, 1997, p. 742 y ss.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. Rosemary Crompton: <em>Clase y estratificaci\u00f3n. Una introducci\u00f3n a los debates actuales<\/em>, Tecnos, Madrid, 1994, p. 114.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. Deborah Phillips y Philip Sarre: \u00abBlack Middle-Class Formation in Contemporary Britain\u00bb en T. Butler y M. Savage: ob. cit.; Kesha S. Moore: \u00abClass Formations: Competing Forms of Black Middle-Class Identity\u00bb en <em>Ethnicities<\/em> No 8, 2008; Benjamin Browser:<em> The Black Middle Class: Social Mobility and Vulnerability<\/em>, Lynne Rienner, Boulder, 2007.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6. J. Kocka: \u00abThe Middle Classes in Europe\u00bb en <em>Journal of Modern History<\/em> vol. 67 No 4, 1995.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7. C. E. Harrison: \u00abPutting Faith in the Middle Class: The Bourgeoisie, Catholicism and Postrevolutionary France\u00bb en A. Ricardo L\u00f3pez y Barbara Weinstein (eds.): <em>The Making of the Middle Class: Towards a Transnational History<\/em>, Duke UP, Durham, 2012, pp. 315-334. V. tb. en el mismo volumen el ensayo de Simon Gunn sobre la clase media brit\u00e1nica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8. V. Pamela Pilbeam: <em>The Middle Classes in Europe 1789-1914<\/em>, France, Germany, Italy and Russia, Macmillan, Londres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9. N. Elias: El proceso de la civilizaci\u00f3n, FCE, Buenos Aires, 1993.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10. V. una buena s\u00edntesis de estos debates en V. Burris: \u00abThe Discovery of the New Middle Class\u00bb en A. Vidich (ed.): ob. cit.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11. Ib\u00edd.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12. Sobre esta renovaci\u00f3n, v. S. Visacovsky y Enrique Garguin (eds<em>.): Moralidades, econom\u00edas e identidades de clase media. Estudios hist\u00f3ricos y etnogr\u00e1ficos<\/em>, Antropofagia, Buenos Aires, 2009 y A. R. L\u00f3pez y B. Weinstein (eds.): ob. cit.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13. D. Wahrman:<em> Imagining the Middle Class: The Political Representation of Class in Britain<\/em>, c. 1780-1840, Cambridge UP, Cambridge, 1995; G. Crossick: \u00abFormation ou invention des \u2018classes moyennes\u2019? Une analyse compar\u00e9e: Belgique-France-Grande-Bretagne (1880-1914)\u00bb en <em>Belgisch Tijdschrift voor Nieuwste Geschiedenis <\/em>vol. XXVI No 3-4, 1996.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">14. D. Parker: <em>The Idea of the Middle Class: White-Collar Workers and Peruvian Society<\/em>, 1900-1950, Pennsylvania State up, University Park, 1998.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-16492 aligncenter\" src=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Portada-1-180x300.jpg\" alt=\"\" width=\"329\" height=\"548\" srcset=\"https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Portada-1-180x300.jpg 180w, https:\/\/www.lapluma.net\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Portada-1.jpg 353w\" sizes=\"auto, (max-width: 329px) 100vw, 329px\" \/><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">Ezequiel Adamovsky<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">Fuente: <a href=\"http:\/\/www.lapluma.net\/wp-admin\/post-new.php\">Nueva sociedad<\/a> <span class=\"name\">NUSO N\u00ba 285 \/ Enero \u2013 Febrero 2020<\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"font-size: 12pt;\">Editado por <a href=\"http:\/\/www.lapluma.net\/nosotros\/editora\/\">Mar\u00eda Piedad Ossaba<\/a><\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong>Lea en La Pluma:<\/strong><\/span><\/p>\n<p class=\"entry-title\"><span style=\"font-size: 12pt;\"><strong><a href=\"http:\/\/www.lapluma.net\/2020\/02\/09\/cuantas-clases-medias-caben-en-la-clase-media\/\" rel=\"bookmark\">\u00bfCu\u00e1ntas clases medias caben en la clase media?<\/a><\/strong><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En lugar de asumir a priori la existencia de una clase media, importa ahora comprender los procesos sociopol\u00edticos y\/o discursivos por los que, en contextos espec\u00edficos, se recorta una \u00abclase media\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"author":558,"featured_media":16477,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"footnotes":""},"categories":[17],"tags":[],"coauthors":[8023],"class_list":["post-16471","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-educacion"],"translation":{"provider":"WPGlobus","version":"2.12.2","language":"fr","enabled_languages":["es","fr"],"languages":{"es":{"title":true,"content":true,"excerpt":true},"fr":{"title":false,"content":false,"excerpt":false}}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16471","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/users\/558"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16471"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16471\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16577,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16471\/revisions\/16577"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16477"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16471"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16471"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16471"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lapluma.net\/fr\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=16471"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}