Vuelve Ecuador

Este domingo los ecuatorianos votarán para elegir presidente, legisladores y autoridades locales en medio de un nuevo pico de la pandemia, de una crisis económica y de un escenario político atomizado.

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A pocas horas para que se celebren unas elecciones históricas en Ecuador la media de las encuestas realizadas en enero apuntan a una clara victoria del candidato del correismo, Andrés Arauz, que aventajaría en más de 9 puntos a sus inmediatos seguidores, el banquero Guillermo Lasso y el dirigente de Pachakutik Yaku Pérez.

Si la tendencia alcista de Arauz -que ha ampliado en siete puntos su ventaja desde septiembre- se mantiene, el 7 de febrero rozará la victoria en primera vuelta.

El país vive estas elecciones sumido en una triple crisis. De un lado la crisis sanitaria con más de 3.000 casos de incidencia acumulada de coronavirus por cada 100.000 habitantes. De otro lado la económica, con más de la mitad de los ecuatorianos habiendo perdido más de la mitad de sus ingresos según revelaba la encuesta de Celag de agosto de 2020. Y finalmente la más grave, la crisis institucional que asola el país desde el ascenso al poder de Lenin Moreno, que inició muy pronto una frontal persecución del correismo. Estas son unas elecciones en las que dirigentes políticos del correismo de primer nivel están encarcelados, exiliados o perseguidos como Paola Pabón, prefecta de Pichincha, Virgilio Hernández, Secretario General del movimiento o el propio expresidente Correa. Son unas elecciones en las que el coro mediático ha mostrado una voz monocorde contra el correismo y se han llegado a clausurar medios afines.

Paola Pabón, Virgilio Hernández, expresidente Rafael Correa

Con este escenario sobre la mesa dos hipótesis atraviesan este final de campaña. De un lado el voto oculto. La presión del mainstream podría estar ocultando ante los encuestadores un importante contingente del voto correista. Del mismo modo que en la Bolivia del Gobierno golpista de Jeanine Áñez casi un 10% de bolivianos que no habían declarado intención de votar por Luís Arce -el candidato del MAS- acabó votándolo, en Ecuador este fenómeno podría repetirse.

Otra similitud con Bolivia atraviesa esta elección; la posibilidad de que al final de la noche electoral el margen que defina una victoria en primera vuelta o la convocatoria de un balotaje sea muy estrecho. En este caso la publicación de encuestas en boca de urna y los conteos rápidos de los partidos serán clave para definir la narrativa de la noche electoral. Los sentidos comunes que se instalen al principio de la noche, en un clima de alta tensión, podrían llegar a comprometer la credibilidad final del resultado electoral.

Finalmente la abstención. En el Ecuador pre Rafael Correa la abstención se situaba en torno al 30%. A partir de 2006 cayó al 20%. La Covid-19 podría revertir esta tendencia al aumento de la participación. La creciente abstención, con unas bases populares más proclives a votar para evitar las duras multas, una mayor abstención de las clases medias urbanas podría favorecer al correismo.

En definitiva un escenario complejo y convulso para unas elecciones clave no solo para el país andino sino para toda la región. El péndulo del progresismo giró a la izquierda con las victorias progresistas en México, la Argentina, Bolivia y el referéndum constituyente chileno. Si este 7F se confirma la victoria del progresista Arauz vuelve Ecuador y con él se reabrirá definitivamente la posibilidad de un nuevo ciclo de integración latinoamericana desde una mirada progresista.

Sergio Pascua Peña

Editado por María Piedad Ossaba

Fuente: Telam 6 de febrero de 2021

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